Las nueve musas
Arte griego

Pinceladas de la pintura griega moderna

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Grecia se ha distinguido por su civilización antigua –de sobra conocida- y a veces mal interpretada, hasta maltratada. Pero pocos extranjeros conocen –si no al fondo, al menos superficialmente- algunas facetas de su cultura de los dos o tres últimos siglos (XIX – XXI).

El arte griego moderno nace y madura en paralelo y en una relación dialéctica con el nuevo Εstado griego tras la Guerra de la Independencia de 1821.

Las únicas formas de arte que se mantuvieron vivas durante el dominio otomano (1453-1821), la iconografía posbizantina y la tradición artística popular, no podían constituir un punto de partida para la creación de una nueva escuela nacional de arte oficial. Por lo tanto, los artistas griegos se vieron obligados a buscar aprendizaje en países extranjeros.

Entre 1836 y 1837 se fundó la Escuela de Artes en el puerto de El Pireo (cerca de Atenas). Los primeros maestros procedían tanto de Grecia, como de otros países (Alemania, Francia, Italia). Posteriormente, debido al rey Otón I y al dominio bávaro, Múnich –que también da nombre a la escuela de pintura de ese período histórico- prevalecerá a lo largo del siglo XIX en el arte griego. Es natural preguntarse: ¿Cuál era el papel del arte en un Estado que acababa de salir maltratado y empobrecido de una larga lucha por la independencia? El arte, por paradójico que parezca, era necesario para moldear y proyectar la imagen del nuevo Εstado, a expresar sus ideales, ambiciones e ideología. El arte estaba redescubriendo su función principal, que era actuar como una fuerza moldeadora de la sociedad.

Arte griego
La Pinacoteca Nacional (Museo de Alejandro Sutzos) en Atenas, Grecia. Foto: Ilías Tampourakis.

Pintura histórica, retrato temprano

 Esto explica el papel ideológico dominante reservado a la pintura histórica en los años del reinado de Otón (1832-1862): la promoción, idealización y conmemoración de la lucha por la liberación eran una reivindicación existencial, vital del nuevo Estado. No es por casualidad que el representante más importante de la pintura histórica sea Teódoros Vryzakis, hijo de un mártir de la “Lucha”.

Theodoros Vryzakis
Germanos de Patras bendiciendo la bandera en el monasterio de Agia Lavra. Pintura de Theodoros Vryzakis (1865)

El retratismo temprano griego –la segunda unidad temática más importante del período- nos ofrece la imagen de la burguesía emergente de la nueva Grecia con los elementos de su origen rural aún evidentes. Los retratistas más característicos de los griegos que vivieron las penurias de la Revolución son Andreas Kriezís y el tirolés Francesco Pige, que trabajó en Grecia.

En cuanto a la técnica, el academicismo allana toda influencia, toda fuente de inspiración, porque se define mucho más por el nivel de los destinatarios del arte (horizonte de expectación) que por los centros que lo iluminan (París, Munich, Roma).

 Andreas Kriezís
Noble Dama de Hidra – Andreas Kriezís 1847

Costumbrismo, bodegones y paisajistas

El segundo período del siglo XIX (1862-1900), definido por la expulsión de Otón I –el rey alemán de los helenos-, coincide con la maduración de la burguesía y el dominio de la Escuela de Munich con sus grandes maestros (Nikiforos Lytras, Nikólaos Gyzis, Gueorguios Iakovides, Simn Savidis, Polyjronis Lembesis entre otros).

G. Iakovidis
Concierto infantil, G. Iakovidis, 1900

Los temas dominantes cambian: el lugar de la pintura histórica lo ocupa ahora el costumbrismo con sus matices (orientalismo) y sus escuelas de Munich, París, etc.

S. Savidis
Encendiendo la pipa, S. Savidis, 1898

El costumbrismo, que es una forma idealizada del realismo, es el refugio de la nostalgia burguesa, su falso paraíso.

Dos excelentes –pero siempre académicos- pintores que trabajaron en París, el orientalista Teódoros Ralis e Iákovos Rizos –quien expresa el espíritu del art nouveau-, dan respuesta a quienes sostienen que la “Ciudad de la Luz” (París) traería más rápido el modernismo a Grecia.

El horizonte de recepción determina tanto las opciones como el estilo o la calidad de una escuela nacional de arte. El retrato urbano maduro, escenificado dentro de su contexto icónico, difiere radicalmente de los retratos posados ​​del primer período. Fue atendida admirablemente por todos los representantes de la Escuela de Munich.

Los bodegones ensalzan los bienes materiales de la nueva burguesía.

El paisajismo deja de ver el mundo a través de los ojos de los viajeros románticos: se vuelve realista, rural, mientras comienza a sentir los primeros rastros del impresionismo.

Konstantinos Volanakis, el pintor del mar más famoso del siglo XIX,  Vasilios Jatzís y mucho más el prematuramente perdido Ioanis Altamuras dieron algunos ejemplos brillantes de obras impresionistas, al igual que Simeón Savidis y, por supuesto, Periclís Pantazís, que trabajó en Bélgica.

 K. Volanakis
La quema de la fragata turca, K. Volanakis, 1837-1907

En su última etapa simbolista, Nikólaos Gyzis, con su visión idealista y su técnica libre, se perfila como un destacado pintor europeo.

N. Gyzis
Bodegón, N. Gyzis, 1890

El siglo XX y el primer modernismo

 El siglo XX marca el cambio hacia una nueva realidad política, social y artística. La mayoría de los artistas se dirigen ahora a París, capital mundial del modernismo.

Dos griegos de la diáspora traerán la primavera a la pintura: Konstantinos Parthenis y Konstantinos Maleas.

K. Parthenis
La apoteosis de Atanasio Diakos (héroe de la Revolución griega), K. Parthenis, 1931

Ambos serán miembros fundadores del progresista “Grupo de Arte” de 1917, que reúne a los pioneros de la época con el apoyo de los liberales y del propio Venizelos –el Primer Ministro de Grecia.

Otro miembro de ella era Nikólaos Lytras, que había estudiado en Munich, pero es uno de los modernistas más atrevidos.

El primer modernismo griego es rural. La nueva jerarquía trae ahora a primer plano una reflexión posimpresionista acompañada de una reivindicación no solo estética, sino también ideológica, tal y como la formula Periclís Yanópulos en “La línea griega” (1904): la interpretación cromática de la luz griega. Además, una característica casi permanente de la retórica que se desarrolla en torno a la creación artística en Grecia es la ideología nacionalista, especialmente cuando están presentes razones históricas, como el Desastre de Asia Menor de 1922.

N. Lytras
El sombrero de paja, N. Lytras, 1923-26

Generación del 30: de la sensación al intelecto

El año 1922 es un hito para el nuevo giro del arte griego moderno en el período de entreguerras.

La humillación nacional del Desastre de Asia Menor será la coartada de un repliegue que también se hace eco del giro de la posguerra hacia el orden y la tradición (retour à l’ordre) que caracteriza a todo el arte europeo del período de entreguerras.

En la década de 1920, se observa un cambio de la sensación al intelecto: de una fase temporal del ruralismo, que se basaba en la observación, los artistas griegos, encabezados por Konstantinos Parthenis, se volvieron hacia una imagen mental interna. Los paisajes espirituales de Spyros Papalukás y las costas de ensueño de Mijail Iconomos expresan este clima.

Este cambio, acompañado de un retorno al antropocentrismo, conducirá en varias direcciones.

Los pintores buscarán fuentes de inspiración tanto en la tradición como en las tendencias modernas. Estas tendencias cristalizarán en la Generación del 30, una generación inquieta y paradójicamente extrovertida (estudia detenidamente lo que ocurre en Europa) e introvertida (quiere validar las lecciones del modernismo refiriéndose a la tradición local).

Es la generación que renovó la tradición literaria y otorgó dos premios Nobel de poesía (Seferis y Elytis). Figuras destacadas en el campo visual son: Fotis Kóntoglu, de Asia Menor, que busca sus modelos en Bizancio, Yanis Tsarujis, que se inspira en muchos períodos del arte griego y de la tradición popular, pero siempre trata de acercarse a ellos a través de la experiencia del arte contemporáneo.

 Y. Tsarujis
Marinero sentado y hombre desnudo. Una de las obras pictóricas de fuerte tendencia homosexual de Y. Tsarujis, 1948 ( Fundación Yiannis Tsarouchi) LIFO
[Marinero sentado y hombre desnudo. Una de las obras pictóricas de fuerte tendencia homosexual de Y. Tsarujis, 1948,

Nikos Engonópulos crea un surrealismo de estilo griego con elementos extraídos de la enseñanza de Fotis Kóntoglu y la pintura metafísica de De Chirico, mientras que Spyros Vasilíu emerge como pintor-folclorista de la vida cotidiana urbana, especialmente con sus obras de madurez.

N. Engonópulos
El poeta y la musa, N. Engonópulos, 1938 – En el camino de la poesía

Aguínor Asteriadis combina elementos cubistas con formas extraídas del arte popular. Nikos Jatzikyriakos-Guikas, que estudió desde muy joven en París, representa la expresión más europea de su generación con su cubismo fototrópico helenizado.

N. Jatzikyriakos-Guikas
Casas en paisaje seco, N. Jatzikyriakos-Guikas, 1978

Yanis Móralis, uno de los miembros más jóvenes de la Generación del 30, se inspira principalmente en la Antigüedad, especialmente en las lápidas, y crea un estilo clásico y a la vez moderno que destila el “luto mácabro” de sus modelos.

Los atrevidos desnudos de Nikos Nikólaos también provienen de la pintura en cerámica antigua.

Los paisajes oníricos de Gueorguios Gunarópoulos, habitados por ninfas de la antigua Grecia, pueden asociarse con el surrealismo. Valias Semertzidis y Dimitris Yoldasis elogiaron el mundo del trabajo en su obra.

La búsqueda de modelos en la tradición autóctona se debe también al “descubrimiento” y revalorización por parte de la generación homónima del pintor popular Teófilos y de las pinturas de Makryguianis, como sucedió con el áspero lenguaje griego de Stratigós, que fue convertido en la “Biblia” de los escritores, desde que el poeta Seferis había elogiado sus virtudes en 1926.

El expresionismo y la generación de posguerra

 La influencia del expresionismo en Grecia es limitada. Sus pocos representantes nunca alcanzan la brutalidad de expresión de sus contemporáneos del norte de Europa. Guiorgos Buzianis, que estudió y trabajó en Alemania, sigue siendo el expresionista griego más auténtico y original.

La Generación de la Posguerra es, con pocas excepciones, antropocéntrica y epigenética, sujeta a los grandes estándares de la Generación del 30. Muchos pintores de este período abrazaron su lema ideológico: querían dar, cada uno a su manera, la “helenidad” al arte moderno. Alekos Fasianós es un caso emblemático de esta tendencia.

A. Fasianós
El espíritu olímpico, A. Fasianós, 200

La sincronización, finalmente, con las nuevas tendencias abstractas de Europa y América se marca a mediados de los años 50.

Al mismo tiempo, en Grecia pervive siempre una fuerte corriente escénica nada conservadora, ya que incorpora, supeditándolos a sus propias necesidades expresivas, los códigos de la vanguardia.

Los años 60 verán también la génesis de una vanguardia puramente europea, representada por artistas griegos que, dejando atrás la asfixiante Grecia de la posguerra, trabajaron y se destacaron en diversos centros europeos (Roma, París, Berlín). Thanos Tsigos, Dikos Byzantios y Manolis Kaliguianis se encontraron en París en la época de la abstracción lírica y el arte amorfo, y enriquecieron estas corrientes con sus búsquedas personales sin renunciar por completo a la imagen.

Otro grupo se alineó con la corriente del nouveau réalisme, la versión francesa del pop-art estadounidense, nacida de la explosión de la sociedad de consumo. A diferencia de los artistas estadounidenses que utilizan de manera subversiva los propios códigos de la publicidad, sus homólogos europeos se apropian de los desechos del consumismo para crear obras en las que el comentario social no niega la preocupación estética.

Su trabajo se desarrolló en una variedad de direcciones y, a menudo, anunció movimientos que aún no se habían manifestado, como el arte pobre, el arte conceptual y el arte mínimo (arte povera, arte conceptual, minimal art). Yianis Gaítis es un auténtico representante del pop-art con códigos extraídos de la tradición griega.

Tendencias similares siguen los artistas pioneros que trabajan en Grecia, donde destacan Vasilis Skylakos con sus ensamblajes y Stathis Logothetis con sus acciones. La tecnología y las matemáticas guían las actividades plásticas de varios pintores griegos.

Más tarde, la mucho más joven Opy Zouni se sumará a estos artistas con sus “gimnasios en perspectiva” (bosquejos), una expresión personal del op-art. Artistas como Mijalis Katzurakis con sus grotescas construcciones monumentales se incluyen en el arte minimalista.

Al mismo tiempo, numerosos pintores griegos consiguen imponerse en el difícil mercado de los grandes centros como Nueva York: Teódoros Stamos, que pertenece al grupo del expresionismo abstracto, así como el escultor Mijalis Lekakis, Jrysa y Antonakos, que son inspirados en sus monumentales esculturas a partir de los rótulos luminosos del neón publicitario, y Lucas Samarás, que crea su propia poética narcisista con la fotografía como punto de partida. John Christoforou se destacó en París, mientras que Dimitris Perdikidis hará carrera en España. Yanis Kounelis, procedente de Italia, ganará reconocimiento internacional como el principal representante del arte povera con sus evocadoras instalaciones.

D. Perdikidis
“Helenidad”, D. Perdikidis, 1976 – Fuente: Fundación Aikaterinis Laskaridis

Los nuevos realistas griegos

 El golpe militar de 1967 iba a interrumpir violentamente la primavera pionera que acababa de comenzar. Medió un deliberado y elocuente silencio de los creadores espirituales, como forma de resistencia a la junta de los coroneles.

Este silencio creó las condiciones para un nuevo giro en el arte griego.

Mientras algunos artistas de vanguardia reajustan sus códigos para denunciar el totalitarismo y la censura (yesos y claveles de Vlasis Kaniaris), surge una nueva corriente artística: los Nuevos Realistas Griegos, que se manifiestan como grupo con su exposición en el Instituto Goethe en 1972. Sus miembros son G. Valavanidis, K. Digkas, K. Katzurakis, J. Bótsoglu, G. Psyjopedis.

Es la versión griega del hiperrealismo americano y las correspondientes corrientes europeas. Los realistas griegos usan la imagen mediatizada de la fotografía, como sus contemporáneos extranjeros, para hacer un comentario político mordaz sobre el régimen. Muchos pintores figurativos que no pertenecían al grupo se expresaron con códigos similares, creando obras memorables como D. Mytarás, y Sotiris Sórogas, entre otros.

S. Sórogas
Barca. S. Sórogas – fuente: paspartú

La restauración de la democracia en 1974, anulando la coartada del discurso político, libera a los artistas griegos y les deja un campo abierto para que elijan y sigan su camino privado. A menudo autobiográfica, la pintura de la transición política lleva a los artistas de la generación de la dictadura a veces a inmersiones existenciales (Bótsoglu), a veces a la expresión de una libido latente (Psyjopedis) o incluso a un comentario social lúdico sobre la sociedad emergente de los nuevos ricos de Atenas (D. Mytarás). Al mismo tiempo, aparecen nuevas fuerzas en el primer plano de la escena visual. Entre ellos destacan dos maestros de la Escuela de Bellas Artes, Triantáfylos Patraskidis con su atlética humanidad expresionista y Tasos Jristakis, con su evocador y poético minimalismo en blanco y negro.

La diversidad de las últimas décadas

 Los años 80 fueron testigos de profundos cambios en el horizonte del arte griego. Los cambios en el personal, el plan de estudios y en la orientación de la Escuela Superior de Bellas Artes favorecen el surgimiento y visibilidad de los jóvenes, tendencia que también se observa en el resto del mundo. Nuevos profesores con diversidad de conceptos didácticos, un bombardeo de información sobre lo que ocurre en el exterior y algo más que resultó decisivo: la instauración de la presentación diplomática como propuesta expositiva completa.

Muchas de estas presentaciones-exposiciones terminaron en galerías asegurando un reconocimiento instantáneo a los nuevos egresados ​​de la Escuela. Varios estudiantes iniciaron sus carreras con su trabajo de licenciatura, como los profesores Mijalis Manusakis, Marios Spiliópulos y el escultor Guiorgos Lappas, así como los pintores bien establecidos, como Stéfanos Daskalakis y Eduardos Sakayán, por nombrar solo algunos ejemplos. A partir de estos pocos casos, se puede adivinar la diversidad de tendencias imperantes en el panorama artístico de Grecia en las últimas dos décadas.

El laicismo y el eclecticismo del arte posmodernista favorecieron la explosión y coexistencia de muchas formas de expresión diferentes. La condición posmoderna también trajo consigo muchos prejuicios de la vanguardia, como su hostilidad hacia la tradición, ya que una de las características principales de la posvanguardia es la recolección selectiva y el uso libre de elementos de toda la historia del arte.

Retorno, (en griego homérico: “nostos”), ha sido una palabra clave para los creadores posmodernos. Además de la tradición, la nueva tendencia favorece el interés ecológico en la naturaleza amenazada. Una fuerte corriente representacional coloca a los artistas más jóvenes de la generación de los ´80 bajo el mismo techo con los mayores que insisten en tratar una pintura de la mirada, renovando su técnica y expresión, como hemos visto recientemente en las pinturas de Jronis Bótsoglu y de muchos otros.

J. Bótsoglu
Proceso de evaporización, J. Bótsoglu, 2008 – fuente: CITRONNE

Hoy en Grecia conviven todas las corrientes, desde las instalaciones y los ambientes hasta las acciones y los videos y desde el graffiti hasta la ironía del kitsch, merecidamente representado por el polifacético e inventivo Ánguelos Papadimitríu.

En Grecia se había creado en los últimos años un próspero mercado del arte, sustentado no solo por coleccionistas, sino también por una clase media que aspiraba a rodearse de las obras de artistas reconocidos.

La crisis económica ha dañado gravemente este auge. Esperemos que no afectará negativamente a la propia creación artística.

 

Ilias Tampourakis

Ilías Tampourakis Malamatinas nació en Atenas (Grecia) y creció en el seno de una familia griega con raíces internacionales.

Ha enseñado español y portugués en la Escuela de Idiomas de la Universidad Nacional I. Kapodistrias de Atenas y en los seminarios culturales de la Unesco en Grecia.

Traductor en el Cuerpo Diplomático de América Latina en Atenas, registrado en la lista oficial de traductores e intérpretes de la Embajada de España en Atenas, y escritor de artículos y libros con temas culturales.

Representa al Comité de Arte de la Alianza Sociocultural Latinoamericana y Española en Grecia y era durante varios años columnista del boletín social africano en Atenas. Es, también, jefe de la sección de antropología en “Las Nueve Musas” –revista de artes, ciencias y humanidades– y registrado en el Directorio Cultural Hispano (España).

Ha dedicado un largo período al estudio de las civilizaciones de Asia, la filosofía y la naturaleza de este continente. Además, ha estudiado el análisis morfosintáctico de 12 idiomas –entre los cuales el runasimi de los quechua, los descendientes actuales de los antiguos incas-, investigando la mentalidad cultural que ellos revelan.

Certificado de los seminarios de paleografía española y oriental de las Universidades de Harvard (EE.UU.) y Complutense (Madrid); depositó (el año 2014, en colaboración con la Universidad de Colorado, EE.UU) su obra pertinente en los archivos estatales de Plasencia (España).
Premio de la Unesco (Grecia) por el Entendimiento y la Paz entre los Pueblos.

Premio Mundial a la Excelencia Literaria 2019-2020, otorgado por la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) / World Nations Writers Union y por la Municipalidad Provincial de Urubamba – Cusco (Gobierno del Perú).

Un texto de él, sobre la vida de los latinoamericanos en Grecia, fue publicado en el boletín del Cuerpo Diplomático de América Latina en Atenas, y formó parte del examen de la lengua española en el marco de la selectividad del Ministerio de Educación de Grecia, para el ingreso de los candidatos en la filología hispánica de la Universidad Nacional de Grecia (2021).

Ha sido guía turístico en Grecia para los grupos de la Comunidad de Castilla y León (Gobierno de España).

Ha estado viajando durante 30 años por 78 países del mundo,
fotografiando y coleccionando piezas musicales y otras curiosidades.

Estuvo viviendo una larga temporada con su familia en Costa Rica (América Latina), trabajando como docente, y visitó varias veces el Perú, recopilando la poesía oral de los Incas.

Cree que el conocimiento es substancial solo cuando se combina con la experiencia, y se niega a conformarse con cualquier tipo de opresión.
Considera que el hibridismo cultural proyecta varios elementos interesantes pero que, a la vez, corre en sus venas el dolor.

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