Las nueve musas
Fernando Pastor

Fernando Pastor. Una entrevista de José Luis Zerón Huguet

Sigo sorprendiéndome con todo; emocionándome con todo. No soy un vitalista ¡ya quisiera! Pero busco serlo con toda mi pasión
Fernando Pastor

Fernando Pastor-Mata, pseudónimo de Fernando Pastor Pons (Madrid, 1954) se formó como poeta bajo la influencia de los Indalianos, en la Almería de los años sesenta del pasado siglo, movimiento que encabezara el pintor y escultor Jesús de Perceval, con Miguel Cantón Checa, Luis Cañadas, Juan Cuadrado, Antonio López, Francisco Capulino, Celia Viñas y otros, y que fue inspiración para muchos escritores y artistas posteriores como él mismo. Su actividad cultural ha sido amplia: colaborador de la revista hablada Sureste, de las revistas Albatros y Albox, coincidió con poetas como Juan Berbel, Julio Alfredo Egea y Juan José Ceba. Ha sido columnista de El Diario de Alcalá, colaborador de Onda Cero del Henares y su poesía ha sido incluida en diversas antologías y revistas nacionales y extranjeras con traducciones a inglés, portugués y rumano.

Jesús de Perceval
En la era. 1960 Jesús de Perceval

Además, ha sido director y actor aficionado, ha dirigido teatro y zarzuela; y fue presentador durante varios años de “Música y Palabra de Inspiración”, un programa semanal de música y poesía en un centro cultural de Madrid. Como director musical, dirigió durante seis años un coro y una Coral, también en Madrid.

Participa habitualmente en tertulias, recitales y eventos poéticos en Madrid, Alcalá de Henares, Orihuela, Salamanca y, recientemente, en Cogolludo (Guadalajara) con una presentación sobre poetas femeninas del siglo XVIII. Ha organizado y realizado presentaciones de libros para diversos autores, en homenajes a distintos poetas y, también, ha colaborado como rapsoda en presentaciones para dar a conocer, sobre todo, a algunas poetas injustamente olvidadas.

Sin embargo, casi toda su obra literaria permanece inédita y solo ha publicado dos libros de poemas: Ansiada del aire (Editorial Celesta, Madrid, 2021) y Sempronio se ha dormido (Editorial Sapere Aude, colección Ad Versum, Oviedo 2022), del que nos ocuparemos en esta entrevista.

Rebajas

Mi buen amigo Fernando es, pues, una anomalía, una incomodidad para los críticos tasadores, ya que no encaja en ninguno de los métodos generacionales ni en los historiológicos. ¿Dónde ubicar a un poeta de 68 años que ha publicado tan solo dos libros de poemas y ninguno de reciente factura? Dejo este asunto para críticos especializados y valientes que se atrevan a violentar la metodología canónica. Solo diré que Fernando Pastor empezó pronto a escribir poesía y se ha asentado como poeta en su madurez, hecho poco frecuente, pero no excepcional, pues no es el único poeta que ha alcanzado cierta singularidad en la madurez o incluso en la senectud.

Fernando Pastor ha publicado sus dos libros de poemas en los dos últimos años. Y creo que pocos de sus lectores resistirán la tentación de comparar ambos libros, en apariencia tan distintos. El primero, Ansiada del aire. es más hermético, con un sentido del ritmo muy marcado y más cercano al patetismo que a la ironía, escrito con un notable fragor retórico y henchido de versículos melismáticos de gran firmeza expresiva. El segundo, Sempronio se ha dormido, presenta un verso más contenido y aligerado y una temática accesible, si bien su autor no deja de cantar con profundidad lo esencial del ser humano, sin renunciar a la ironía ni a la risa guasona. Sin embargo, en ambos poemarios hay una notoria pulsión de intensidad, una combinación de tradición y vanguardia, una palabra exaltada, sensitiva, plena de imágenes dinámicas, cierta inclinación al discurso metapoético y al abordaje del lenguaje convencional con un apetito por la polifonía de las palabras, así como una densidad adjetival que no merma la esencialidad sustantiva y un anclaje en el presente si dejar de mirar el pasado.

Sempronio se ha dormido consta de tres partes, más un poema-prólogo titulado «Dedicatoria» y que es una verdadera declaración de intenciones. Todo el conjunto está escoltado por numerosas y bien escogidas citas. Ya en la primera, un epigrama de Marcial, encontramos una defensa de la escritura: «Para que las cosas descoloridas no oscurezcan los ojos cansados, letras negras tinten para ti el níveo marfil». Y es que las referencias a la escritura, más o menos explícitas, están presentes en este poemario. La primera parte se titula «metalario» y tiene como eje central el amor. Son estos poemas ligeros, en su mayoría historias mínimas, desenfadadas, en las que se establece una continua analogía entre la mujer y el mundo de la metalurgia, los minerales y la alquimia. Se trata de una poesía de ámbito cotidiano que no duda en bordear el prosaísmo o lo habitualmente entendido como no poético.

En la segunda parte, Sempronio se ha dormido, el autor profundiza en la muerte, reflexiona acerca de la brevedad de la vida y el sentido de la finitud. Aquí el lenguaje se torna más discursivo y profundo. En una entrevista concedida a Ada Soriano con motivo de la publicación de Ansiada del aire (incluida en el volumen No dejemos de hablar 2, Entrevistas a 24 poetas, editorial Polibea, 2022) dice Fernando que «somos seres finitos en un mundo tragicómico que ha permitido que una especie tenga conciencia de su propio existir y desarrolle la inteligencia, ¿qué podemos esperar sino el fin? Somos finitos al igual que toda nuestra obra. Por ello la idea de ese final no debería asustarnos tanto, sino que debería ser comprendida como parte inseparable del haber sido y de todo lo bueno que hayamos dejado entre nuestros coetáneos y nuestros descendientes, pero siempre con la certitud del olvido final». Traigo a colación estas palabras porque creo que tienen que ver con el pensamiento que subyace en Sempronio se ha dormido.

Sempronio se ha dormido
Presentación del libro Sempronio se ha dormido en la librería Códex de Orihuela. Carlos Figueroa Lillo leyendo, en el centro Fernando pastor Mata, a su derecha, José Luis Zerón Huguet

La tercera y última parte, lleva por título «Las estaciones» y reúne cuatro poemas, uno por cada estación del año. En ellos se habla de lo efímero del ser humano y de la naturaleza que en invierno muere para retornar en primavera transformada, aparentemente igual sin ser la misma, pues lo que fue ya no pervive.

En este segundo libro de poemas de Fernando Pastor destaca, sobre todo, el sentido del ritmo, la mezcla de ironía y ternura, de gravedad y coloquialismo, el hábil manejo de los recursos retóricos, la combinación de un lenguaje sencillo y prosaico con otro culto, refinado y a veces rupturista, a través del uso de cultismos, arcaísmos, neologismos, epítetos extraños. y un tono mixto que va de lo epigramático y festivo a lo elegíaco. Como dice Javier Puig en una reseña publicada recientemente en Mundiario, Sempronio se ha dormido «confirma la valía de un autor que, pertrechado de su pericia, de su cultura y osadía, consigue expresar las claves de una profunda sensibilidad, mediante una explosiva contención que se ajusta plenamente al caudaloso flujo que empuja a escribir desde los resortes de lo auténtico».    

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Tienes una obra literaria amplia, casi toda ella inédita, ¿por qué motivo decidiste esperar tanto tiempo para publicar tu primer libro?

Resulta difícil, cuando llegas a cierta edad y miras atrás, encontrar una respuesta sencilla a esa pregunta ¿ha sido la desidia? ¿tal vez el desinterés o el considerar que se trataba de una afición, un entretenimiento?

Lo cierto es que la vida se nos escapa como arena entre los dedos y no somos conscientes de que vamos quemando etapas y, tal vez, el día a día, un trabajo absorbente, los problemas personales, la rutina, las luchas del existir, nos acosan y caemos en procrastinar lo más importante, lo que somos como individuos y que nos hace ser únicos; en nuestro caso, la obra poética. Me temo que, a pesar de las razones que podría darme, se aplica lo que escribí en un poema de mi poemario Traslúcida:

Mañana, también, podré argüir
que hubo razones de peso, imponderables
que me frenaron para acabar lo acometido
y puede que yo solito me lo crea;
me diga y os diga, al razonar
con esa habilidad que, a veces, se me aflora
que ya es mucho lo que logré en este existir.

 Pero, si es tan impecable el argumento
si no falla de error el predicado
¿por qué la conclusión me da esa vaciedad
implícita en todo lo que escribo
y explícita en el rictus de mi boca?

Aparentemente tus dos libros publicados son muy diferentes. Del primero se ha destacado sobre todo el versículo experimental y la expresividad desbordada. En el segundo también hay un ambición experimental, quizá menos visible, pero está. Yo creo que entre las dos obras hay cierto aire de familia.

A menudo, mi buena amiga la poeta Cristina Penalva, me dice que puede saber si algo sale de mi pluma aunque cambie radicalmente de estilo, porque percibe las claves básicas de mi escritura que, según ella, son personalísimas.

Para mí, toda obra, exige un proceso de trabajo que consiste en, primero, elegir el tema que quiero tratar; es decir, me planteo el poemario como un novelista plantea su novela.  Segundo, me pregunto cómo, con qué tipo de estilo debe tratarse el tema ¿rima? ¿verso libre? ¿prosa poética? ¿debe ser comprometido socialmente? ¿debe hablar de hechos o de ideas? ¿tal vez (como en el caso de Ansiada del Aire) experimental y opaco o más transparente y lumínico?

Tal vez sea tan sólo una pose, pero me suelo enorgullecer de esos cambios formales, aun cuando soy consciente de que mi ADN queda en cada uno de esos poemarios. ¿Cuál es ese ADN? ¡Ni idea! Como siempre digo, yo escribo poesía; pero no soy ni lingüista ni crítico.

La elegía a Ricardo García Arranz, Sempronio, da título al libro y a la segunda parte del mismo. De esta manera se convierte en la médula del conjunto, ¿quién era Sempronio? Háblanos un poquito del personaje.

Háblanos también de Hero, nombre recurrente en este libro. ¿Representa un personaje real, o es solo un arquetipo?

Ricardo fue un amigo de vida.  Juntos emprendimos muchos proyectos culturales, espirituales y juntos nos divertimos. Ricardo era un vitalista, un hombre bueno en el sentido más amplio de la palabra.  Una desafortunada enfermedad mental, mal diagnosticada y peor tratada, lo llevó a un punto de fragilidad en que su cuerpo no pudo continuar luchando.  Su pérdida fue, no sólo para su mujer y sus hijos sino, también, para quienes le queríamos, un inconmensurable zarpazo.

Hero es un arquetipo porque es una persona real.  Para mí, representa todo lo ideal que se puede ansiar en tu pareja; el equilibrio en el desasosiego continuo. Mira que no hablo de perfección, porque somos humanos, meros homínidos pensantes, llenos de incongruencias, defectos o manías y no cabe buscar ninguna perfección. Pero Hero, a quien amo, es mi cómplice, mi amiga y apoyo, como yo espero ser el suyo.

Aunque el libro es ante todo un canto al amor en todas sus variantes (y también a su pérdida) en el que se cruza lo celebratorio y lo elegíaco, hay una rica variedad de registros formales y temáticos.

Sempronio está dividido en tres partes que están (espero) muy diferenciadas entre sí en lo formal y, aparentemente, en lo pretendido.  Pero eso no es cierto; Metalario y Sempronio, van conduciendo a ese lapidario final que dice:

¿Quién sabe si habrá algo
tras esta noche oscura?

y, en ese punto, arranca Estaciones que no es sino un epílogo para confirmar, sellar, lo dicho anteriormente: que somos, que estamos vivos por un corto período de tiempo y que dejaremos de ser, como se afirma en la estrofa que cierra esta parte y el libro:

Cerramos los ojos con el último estertor
que nos entrega al frío helero
de un invierno insondable

 Puede parecer un mensaje pesimista, pero lo que pretende es recordarnos el aquí y el ahora; que debemos disfrutar del presente, del gozo de las pequeñas cosas, de la empatía y la bondad con quienes nos rodean porque, este ahora, es lo único que es real y existe. Pero, al cabo, creo que no se debe buscar qué quiso decir el poeta sino qué nos dice a nosotros, que nos susurran esos versos ¿nos recuerdan algo vivido? ¿nos son de utilidad en alguna forma? La obra, una vez entregada, necesita de la interiorización del lector, que es el tercero en construir el poemario.

En las tres partes del poemario hay una abundante presencia de topos clásicos: beatus ille, carpe Diem, amor post mortem, ubi sunt, tempus fugit, descriptio puellae, homo viator…

Seguramente, ahí es donde reside esa marca, ese ADN de mi poesía porque navego en esas temáticas que son mi fijación; es evidente que no pretendo inventar nada nuevo porque casi todo se ha dicho infinidad de veces pero, a la par, sí pretendo decirlo con un lenguaje diferente, con una voz personal. Si hay algo que ansío, probablemente, es esa voz que me distinga para no parecer al lector—porque el lector de poesía no busca entretenimiento, sino que indaga en una búsqueda—ni aburrido ni reiterativo.

Llama poderosamente la atención en este libro en particular, y en toda tu poesía en general, la presencia de los mitos griegos y latinos actualizados, y dada tu experiencia viajera la presencia de otras culturas. Hay un protagonismo de dos ciudades emblemáticas con son Lisboa y Nueva York.

Soy hijo de mi tiempo; rememoro las clases de latín con mis temidos o amados, según los casos, profesores. Muchos años después de acabar el bachillerato, seguía traduciendo a Cesar, a Salustio o a poetas como Ovidio, Virgilio, Catulo, etc. tan sólo por divertimento; ¡eso deja poso y marca! Los griegos son otra cosa; apenas estudié un año de griego en el bachillerato y mi acercamiento a ellos ha sido después de la juventud, a partir de los treinta años; me hice un devoto de Arquíloco, por el que siento una profunda admiración; Safo, Anacreonte y más.  Desafortunadamente, debo leerlos en castellano por culpa de mi ignorancia.

Seguramente, esa presencia de los grandes mitos grecolatinos es otra pista de aquello que decía Cristina Penalva de mi poesía y de cómo es capaz de reconocer mi poesía aún sin saber quién lo ha escrito.

En cuanto a Lisboa y Nueva York, existe una plena antítesis porque amo Lisboa y temo Nueva York; conozco Lisboa porque la he andado decenas de veces y por Nueva York sólo he pasado camino a otros destinos.  Decía recientemente el escritor, profesor e investigador Francisco Peña Martín, al hacer una maravillosa e impresionante revisión de este libro, que existe una influencia de «Poeta en Nueva York» en este «New York desde Newark» por las referencias a la miseria que se oculta de la primera mirada a la ciudad y por la forma algo surrealista del poema; sinceramente, me encantaría que fuese así ¡quién no lo querría!

Por lo dicho en el enunciado de mi pregunta anterior y por la presencia de abundantes cultismos, neologismos, arcaísmos, palabras científicas y procedentes del mundo de la tecnología, así como la inclusión en el interior de los poemas de palabras y frases (sobre todo en griego antiguo y portugués) y las citas que encabezan las secciones y poemas en las que aparecen poetas clásicos griegos y latinos, del siglo de oro español y contemporáneos (algunos injustamente olvidados, como es el caso de Mariano Roldán, buen poeta y admirable traductor de poesía en latín), por todo ello, digo, se te podría calificar de culturalista, pero no te ubico del todo en esa categoría. Creo que has creado una poética personal que es a la vez un canto a la diversidad.

Permíteme comenzar con esa referencia a Mariano Roldán, poeta al que admiro pero que, además, inspiró la idea de esa dedicatoria primera que va dirigida a Hero, naturalmente, aun cuando no se menciona; me atrevería a decir que «Dedicatoria» es una segunda lectura del propio poema de Roldán, desde el mayor de los respetos.

En cuanto a dónde me ubico, nunca he buscado, incluirme en grupos o seguir modas; lo que sea como poeta, lo deben decidir quienes me hacen el honor de escuchar o leer mis poemas; pero lo que soy como sujeto, debo construirlo yo mismo y siempre he tratado de ser un renglón torcido, de no seguir a nadie y beber de todos.

No quiero que se me interprete mal. Siento profundo respeto por todos los escritores que nos precedieron; me empapo en sus obras con respeto casi religioso, sin juzgar a nadie, ni sus vidas ni su obra, pero quedándome con aquello que me engrandece el alma, sean formas o sean contenidos.  Siempre debemos aprender del pasado, pero construir nuestro propio presente.

También diría que en Sempronio se ha dormido hay una mixtura de realismo y ensoñación, pero en ningún momento el pensamiento sucumbe a sus propias ensoñaciones.

Seguramente, mi sentido prosaico de la realidad, mi sentido empirista de la vida, crea esa tensión; desde niño he mirado mi entorno con una mirada idealista (me avergüenza decir que, de poeta, como un haijín mira la naturaleza) Creo que se puede escribir poesía magnífica sin ser poeta o ser poeta sin escribir grandes poemas, mas teniendo esa mirada poética en todo lo que tocamos. Con toda la humildad digo esto: así me siento yo; vivo como poeta desde la niñez, sin que tenga que ver si mi obra es buena, regular o mala.

Hay un poema, «mediciones», que supone una poética en sí mismo. Destaco los tres versos finales: «De qué modo se puede medir/ si no una distancia inmensurable/ con las burdas herramientas que tenemos»?

Podemos medir lo físico, lo material, pero ¿cómo medimos (al menos hasta hoy en día) la profundidad de un dolor en la enfermedad? ¿cómo el de una pérdida? ¿cómo la grandeza de un amor?

También hay en este poemario una acertada combinación de densidad y ligereza. Algunos poemas son reflexivos, y en ellos asoma el sentimiento oscuro de la finitud o el ramalazo agridulce de la melancolía, sobre todo en la segunda parte (estoy pensando en «la joven del granado», «Nocturna», «Clepsidra»), mientras que los de la primera parte son más festivos y leves, que no fútiles. También abunda el sentido del humor que es más amable que satírico o sarcástico, por ejemplo, en los poemas «Ebriana” o «Ataraxia». Me atrevo a decir que en tu nuevo libro conviven la espontaneidad sensitiva y la cogitación, la pincelada lúdica y la mirada existencialista.

Me satisface ese análisis porque eso es lo que he pretendido. Como decía anteriormente, he tratado de caminar desde lo anecdótico, que no intrascendente o banal, a las preguntas existenciales de la vida, por una senda angosta que nos haga meditar en la importancia de ser felices, de no esperar a la muerte para gozar. La vida ya nos da suficientes varapalos, heridas tremendas, como para no buscar la felicidad de esos momentos especiales.

En este poemario, también en toda tu obra poética, al menos hasta donde alcanza mi conocimiento, destaca un hondo respeto por la música del poema. El ritmo, la musicalidad, no nace tanto de la métrica canónica, si bien hay tiradas de versos medidos y algunas estrofas clásicas. Sobre todo, destaca una sonoridad creada a través de aliteraciones (a veces suaves, otras bruscas casi cacofónicas), repeticiones, anáforas, paralelismos y una percepción de la realidad de una manera muy sensitiva en la que caben recursos como la sinestesia, la metáfora, y la imagen insólita, ¿podrías ahondar más en ello?

Me nacieron en Madrid, pero me siento almeriense, porque me adoptó aquella ciudad y aquellas gentes, hoy, muchos ya fallecidos. La luz, la música de las olas y del viento están impresos en mi alma; además, como siempre digo, me siento humilde seguidor del movimiento cultural indaliano y busco aquella luminosidad de las pinturas o de los escritos de aquel “grupo de los siete”: con Jesús de Perceval a la cabeza, Francisco Capuleto, los ‘migueles’ Rueda y Cantón Checa, Antonio López Díaz, Francisco Alcaraz o Luis Cañadas, hermano de mi admirado poeta Aureliano Cañadas.  Otros como Juan Berbel, Julio Alfredo Egea, etc. que no recuerdo más nombres…

De ellos, viene esa sonoridad, que es el brillo, la transparencia de nuestra tierra y, luego, el mar, el apacible sisear de las olas en la arena; esos son los sonidos que busco. Además, el estudio continuo para conocer y utilizar todos los recursos literarios posibles, recuperando arcaísmos, jugando con neologismos.

He observado que, aunque hay alguna mirada al pasado y cierta resonancia nostálgica, predomina el momento presente, el hic et nunc, la necesidad de atrapar el instante vivido en un locus amoenus o en la intemperie con sus sombras e incertidumbres, y si bien no falta una mirada contemplativa en algunos de los poemas, predomina en todo el conjunto el movimiento, la acción.

Tus palabras confirman lo que he dicho previamente: busco este instante, el ahora. Pero no pierdo de vista que el pasado debe estar en nuestras mentes porque debemos recordar; si no recordamos, dejamos de ser.  Como mantengo, este es un sendero por el que transitamos; es el camino de la vida.

Querría que, para acabar, nos contaras cómo ha evolucionado tu poesía en los últimos años y tu vida como lector y qué proyectos creativos llevas entre manos.

Sigo aprendiendo; sigo queriendo saber más; leer, oír, gozar.  Así evoluciona todo lo que hacemos y la poesía, no es distinta.  Cada acontecimiento, por intrascendente que nos parezca, nos marca, nos enseña; ¡ya no digo cada lectura! Lo que leemos, sea positivo o negativo, bueno o maligno, se adentra en nuestro ser y, en cierto sentido, nos aliena.  Por eso sigo sorprendiéndome con todo; emocionándome con todo. No soy un vitalista ¡ya quisiera! Pero busco serlo con toda mi pasión.

De proyectos, lo primero es ser leal con mis editores (Editorial Sapere Aude y tratar de que Sempronio se ha dormido, se distribuya tanto como sea posible.

Además, tengo pendiente un poemario que, según algunos amigos, es el mejor que tengo y que es una búsqueda del paraíso perdido, de la Ítaca de Odiseo o del Jardín de las Hespérides; se trata de Traslúcida un recuerdo de mi idílica Almería, aquella que fue y ya no es.

Luego, si la vida no nos trastoca los planes, vendrían, El crisantemo azul, Inacabado Viaje a Ítaca, Un Remanso de Paz en la Agonía, Poemas a un Amor de Silencios Menudos, Rizomas, etc., porque hay más.  Pero no creo que lo que nos queda de vida, me deje publicarlo todo.

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

Directorio Cultural Hispano

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