Las nueve musas
Ángel González

Un Ángel comprometido

La poesía de Ángel González (Oviedo, 6 de septiembre de 1925 – Madrid, 12 de enero de 2008) ha sido considerada muchas veces como narrativa o conversacional, complejamente sencilla y sin bisutería retórica.

Todo ello es cierto. Ángel González usaba la retórica, pero no abusaba de ella. Como todo poeta que busca no sólo explicarse, sino que el lector sienta lo que explica antes que entenderlo, Ángel González se sirvió de ese invento de los griegos, la rhetorikè, que puede ayudar a convencer o emocionar al lector si se la usa como medio, pero que puede confundir y exasperar cuando se la usa como fin.

Ángel GonzálezMuchas de las figuras retóricas han enriquecido la literatura a tal punto que hoy es imposible imaginar una poesía o prosa en la que no aparezcan muchas de ellas, como la metáfora, la metonimia, o la sinécdoque, ya que la retórica es anterior a la escritura, y sólo vertida a ésta desde la oralidad. Sin embargo, ya Platón desconfiaba de aquellos sofistas que usaban la retórica no como camino al esclarecimiento, sino a la confusión y aún a la misma mentira.

Ángel González era consciente de los peligros de la retórica y la trató con una prudencia que quedó plasmada en su poesía. Sin embargo, no podemos decir que las figuras retóricas que con más frecuencia usaba en sus poemas se debieran únicamente a una previa reflexión del poeta, sino a un factor fundamental y decisivo en el estilo de todos los escritores: la circunstancia.

En 1956, cuando escribió su primer libro Áspero mundo, la censura franquista se encargaba de eliminar cualquier indicio de pensamiento revolucionario o que abordara cualquier tema tabú, que eran todos los que le molestaban a 1’63 metros de gallego acomplejado. No por ellos los escritores y muchos de los poetas que luego pasaron a conocerse como grupo poético del 50 dejaron de expresar ideas contrarias a la dictadura, sino que hubo que pasar dichas ideas de contrabando para hacerlas llegar hasta los lectores; y el salvoconducto era la retórica. Con su ayuda, y la poca perspicacia (o inteligencia) de los censores, dichas ideas fueron llegando a los lectores en un cifrado poético.

Aspero mundo
  • GONZáLEZ, ÁNGEL (Autor)

En esa tesitura, cada poeta optaba por diferentes figuras retóricas, combinándolas según su criterio, y ello ayudó a forjar el estilo personal de cada uno. En el caso de Ángel González, aparte de la ya mencionada metáfora, empleada por todos los poetas aunque tan diferente en sus formas, las dos figuras retóricas que con más frecuencia emplea y que seguirán siendo una constante en su poesía una vez superado el franquismo y sus trabas, son la reticencia y la ironía.

Eso no quiere decir que, como en el resto de poetas, no se puedan encontrar entre sus páginas otros recursos como falacias antropomórficas, reiteraciones, perífrasis, o prosopopeya, pero desde su primer libro va acentuando y perfeccionando de tal manera la reticencia y la ironía que quedarán para siempre como sello de un estilo muy personal. Las circunstancias le habían obligado a seguir otros caminos para la expresión, pero la decisión sobre el camino a elegir fue suyo, y eso se refleja en la variedad de estilos de los poetas que conformaban el grupo poético de los 50 y otros que sin formar parte de dicho grupo también tuvieron que elegir otros caminos.

No se trataba ya, como en tiempos de Miguel Hernández o Pablo Neruda (mal llamado poeta del amor, cuando el mayor porcentaje de su poesía trata temas sociales o políticos), no se trataba de poesía combativa y directa, a cara descubierta, pudiendo escribir como Miguel Hernández «que me duelen hace tiempo en los cojones del alma», o de hablar de tú a tú al dictador como Pablo Neruda:

Solo, solo, para las lágrimas
todas reunidas, para una eternidad de manos muertas
y ojos podridos, solo una cueva
de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre
por una eternidad maldita y sola.

No mereces dormir
aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar
despierto, general, despierto eternamente
entre la podredumbre de las recién paridas,
ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños
descuartizados,
tiesos, están colgados, esperando en tu infierno
ese día de fiesta fría: tu llegada.

No. Se trataba ahora de expresar las cosas sin decirlas, de esconder la evidencia, de decir una cosa y a la vez otra. En su magnífico libro Tratado de urbanismo,  de 1967, se hace evidente el compromiso social del autor. Pero hay un poema que quisiera destacar, como ejemplo de que un poeta comprometido lo puede ser de muy sutiles formas, y prueba de que Ángel González no daba puntada sin hilo. El poema se titula La paloma, y en él se habla de la esperanza representada por dicha ave. Leamos el poema y analicemos luego su contenido.

Tratado de urbanismo
  • González, Ángel (Autor)

LA PALOMA

 …ay que vente conmigo, chinita,
adonde vivo yo.»
(Popular hispanoamericana)

Se habla de la esperanza
últimamente.

…en donde vivo yo

Alguien la vio pasar por los suburbios
de Paris, allá hacia el año
mil novecientos cuarenta
y tantos. Poco después
aparecieron huellas de su vuelo
en Roma. También es cierto
que desde las Antillas voló un día
tan alta, que su sombra
cubrió pueblos enteros,
acarició los montes y los ríos,
cruzó sobre las olas,
saltó a otros continentes,
parecía…

…ay, que vente conmigo
adonde vivo yo.

Años más tarde,
un profesor ilustre
dedujo de unas plumas mancilladas,
halladas entre sangre
cerca de un arrozal, en el Sudeste
asiático, que ahí
estaba
ella:
en el sitio y la hora de la ira.

…en donde vivo yo

No en el lugar del pacto, no
en el de la renuncia,
jamás en el dominio
de la conformidad,
donde la vida se doblega, nunca.

…en donde muero yo.

A primera vista, nada sospechoso. Se trata sólo de una paloma que representa la esperanza. Pero ¿por qué lugares pasa volando la esperanza? Nos dice el poeta que alguien la vio pasar por los suburbios de Paris hacia el año cuarenta y tantos. En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, acontece la llamada Liberación de París, batalla de la Resistencia francesa, la 2ª División Blindada Francesa y los aliados contra la Alemania nazi, en el que participaron además muchos republicanos españoles exiliados. Tenemos aquí la primera referencia social y política; la esperanza estaba allí.

Acto seguido nos dice que poco después de la liberación francesa aparecieron huellas de su vuelo en Roma. En Italia, poco después de la liberación francesa, es ejecutado Benito Mussolini y en 1946 nace por referéndum la República Italiana.

Estas dos primeras alusiones al fascismo deja muy clara la postura del poeta, que hace aparecer a la esperanza en lugares y fechas vagamente concretas. Alude después el poeta a las Antillas, refiriéndose por supuesto a la revolución cubana, que aunque para muchos pueda estar distorsionada por lo sucedido después, no cabe duda de que en su momento fue la lucha de un pueblo por su libertad, que tenía secuestrada un tal Fulgencio Batista, sanguinario dictador, y la lucha por preservarla contra el imperialismo norteamericano. Hay que notar como se refiere a que la esperanza, al volar tan alta, esparció su sombra a otros continentes, es decir que alentó y llenó también de esperanza a los que estaban atrapados en el exilio interior de la dictadura española, que pudieron soñar con que en su país pudiera ocurrir lo mismo.

Para más coherencia, la habanera a que alude con el título y la letra repartida en el poema (ese «en donde vivo yo») pertenece a una canción compuesta por el compositor español Sebastián Iradier durante su estancia en Cuba alrededor de 1860. La canción, popularizada más tarde hasta convertirse en una de las canciones más interpretadas de la historia (en varios lugares del mundo se emplea en entierros, fiestas y bodas, y la revista alemana Bild la eligió en 2003 como «hit del siglo»), era una de las preferidas de Ángel González, quien siempre se consideró como un músico frustrado y dotaba de música interna a la mayoría de sus poemas, y que hizo alusión directa en alguno de ellos.

Finalmente, el poema nos cuenta como años más tarde hay indicios de que la esperanza se encontrara en el Sudeste asiático, cerca de un arrozal. Al contrario que en las referencias anteriores, en que la esperanza se encuentra en el lugar de la revolución victoriosa, en esta referencia a la guerra de Vietnam la esperanza se encuentra enmedio de la devastación («en el sitio y la hora de la ira»), quizá en el mismo instante de un bombardeo o de una lluvia de metralla, ya que nos cuenta como las plumas mancilladas de la esperanza se encontraban entre sangre. Si entendemos el verbo mancillar en su segunda acepción (estropear, afear) podemos imaginar que la esperanza fue abatida en pleno vuelo; sin embargo el poeta, que en el momento de escribir el poema aún no podía saber cómo se resolvería el conflicto (el libro en que aparece es editado en 1967), nos cuenta que la esperanza nunca se encuentra en el lugar del pacto o la renuncia, ni en el dominio de la conformidad, nunca donde la vida se doblega. Este final es en sí mismo esperanzador, ya que la vida doblegada puede entenderse como muerte, mientras que la muerte esperanzada puede entenderse como vida, ya que la esperanza, antes de dejar de existir con la muerte del esperanzado, se ha multiplicado en una suerte de contagio espiritual.

Así Ángel González, en un poema más bien corto y que parece a primera vista no tener un componente social, nos muestra su compromiso y nos deja la sensación de haber escrito algo más grande que el espacio físico que dejan las letras sangradas del poema.

El abanico de referencias históricas que abre hace que nuestra imaginación agrande lo leído, rellenando la parquedad con que el poeta alude a los sucesos. Como está seguro del contenido, no necesita abusar de la retórica, y hace que un pequeño poema esté más lleno que el espacio que ocupa. Todo lo contrario de lo que ocurre con los poetas mediocres que, al saberse vacíos de contenido, adornan de retórica sus poemas como si fueran árboles de Navidad, dejando luego la sensación de que el poema es más pequeño que el espacio que ocupa.

Antes de escribir un poema, el poeta lo ha tenido escrito en un limbo emocional, en forma dispersa y no definida, y al volcarlo al papel no la concretará del todo, pues casi nunca el poema escrito es mejor que el poema sentido o pensado. A mayor interiorización, mejor será el resultado, pero el poeta no puede pretender que la escritura aclare por sí sola lo que está enturbiado en su mente.

Ángel González reescribía sus poemas una y otras vez antes de escribirlos; sabía darles su tiempo para que fueran madurando en su interior, y él esperaba paciente, a veces olvidándose de ellos, dejándolos circular libres y sorprendiéndose a veces de no reconocerlos.

Ángel González  fue un maestro que dejó una enseñanza viva en cada uno de sus poemas, y el tiempo no puede sino abrir las aulas de los días para que sus lectores tomen sus libros como alegres alumnos.

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Alonso Pinto Molina

Alonso Pinto Molina

Alonso Pinto Molina (Mallorca, 1 de abril de 1986) es un escritor español.

Aunque sus comienzos estuvieron enfocados hacia la poesía y la narrativa (ganador II Premio Palabra sobre Palabra de Relato Breve) su escritura ha ido dirigiéndose cada vez más hacia el artículo y el ensayo.

Su pensamiento está marcado por su retorno al cristianismo y se caracteriza por su crítica a la posmodernidad, el capitalismo, el comunismo, y la izquierda y derecha políticas.

Actualmente se encuentra ultimando un ensayo.

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