Las nueve musas
Medellín urbana

La estética de La Medellín urbana, breve recuento

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Se buscan los indicios del hacer y pensar plasmado en las obras por parte de autores medellinenses que han publicado a lo largo del Bicentenario de la República de Colombia para valorar las fuentes estéticas, los procesos creativos e intelectuales de sus autores y el papel que juega la ciudad como personaje y espacio de expresión e identidad.

También se pregunta por el ser y el sentido de la ciudad letrada americanista porque se tiene la necesidad de develar la historia más reciente de las comunidades que por medio de redes sociales digitales y plataformas de comunicación emiten gestos de expresión social, cultural y artística que las ayuda a superar los traumas ocasionados por el narcotráfico.

Medellín

La Medellín urbana: antecedentes históricos y culturales

Cada ciudad tiene su espíritu, decimos siempre; cada ciudad tiene su aire, su sello propio”. Pero hay más: el espíritu de la ciudad está en el paisaje que la rodea, y en el trazo de sus calles, y en sus edificios, y en sus jardines, y en las costumbres de su gente; y va aún más lejos: está en la pintura y en la literatura que produce, en la música que canta y toca (Pedro Enriques Ureña: La antología de la ciudad)

Medellín es un extenso valle en el año de 1914 y contaba con una población de 65.000 habitantes que se concentraban sobre la banda oriental del valle para evitar los daños ocasionados por el desbordamiento de ríos y quebradas entre otras el Río Medellín y la quebrada Santa Elena.

La transición de ciudad rural a urbana es tardía en comparación con las grandes ciudades latinoamericanas, sin embargo, sigue el mismo comportamiento de masificación planteado por José Luís Romero (1975) ya que el éxodo rural genera en Medellín una población de 400.000 habitantes para el año de 1938.

Las imágenes fotográficas de artistas como Melitón Rodríguez, Benjamín de La Calle y Francisco Mejía son documentos fidedignos que evidencian el proceso de la transición rural – urbana. Posteriormente Gabriel Carvajal en “Procesos” capta cuadro a cuadro la intervención, construcción y transformación hasta llegar a la realización de la atmosfera urbana. Juan Luís Mejía (1988), al respecto, hace la siguiente presentación al álbum fotográfico:

A partir de los sesenta, el perfil, la silueta de Medellín, experimenta un cambio fundamental. La apacible ciudad que se explayaba perezosamente sobre una porción del Valle, de un momento a otro, se verticaliza. Altos edificios empiezan a ocultar las antiguas construcciones que servían de puntos de identificación y símbolos de poder. El Edificio Furatena pronto minimiza las torres de la Catedral o de la Gobernación. Una aguja de Coltejer se clava en el centro de la ciudad y reemplaza el viejo Teatro Junín. Pero Medellín ha sido afortunada en su memoria visual. Melitón Rodríguez y Benjamín de la Calle dejaron testimonio de la transformación de la aldea en ciudad. Jorge Obando y Francisco Mejía registraron el apogeo de la ciudad consecuencia de su desarrollo industrial. Y don Gabriel Carvajal, como lo demuestra esta exposición, ha sido el testigo de excepción de la más grande transformación de la ciudad. Gracias a estos cinco archivos se puede reconstruir la historia urbana de Medellín calle por calle, edificio tras edificio. Pocas ciudades tienen una memoria visual semejante. (Mejía, 1988).

El tranvía inaugurado en 1921 transformó la configuración espacial de los pobladores que se vieron beneficiados por la facilidad de acceso a todo lo largo y ancho del extenso valle y sufrieron cambios en sus costumbres producto del crecimiento demográfico por la consecuente masificación.

Este aspecto hace que los propietarios capitalistas y los nuevos escuadrones de obreros, en su mayoría inmigrantes campesinos, perciban la ciudad como una zona de lotes propicios para la constitución de los barrios; ahora bien, con el barrio surge el sentimiento de pertenencia y con este aparece el esquema complejo de identidad ciudadana que se percibe en la transición del campo a la ciudad caracterizada por la construcción de obras de gran impacto físico que dan nacimiento a gran cantidad de barrios.

El ingeniero Fabio Botero en Cien años de la vida de Medellín lo describe como la “mancha urbana”, la cual se expande por todo el valle, tomándose la montaña. Esta contrastaba con la noción de hábitat proyectado en el Plan Piloto. Los asentamientos suburbanos obedecieron a otras necesidades, pues estaban conformados por inmigrantes campesinos desarraigados. Fabio Botero presenta una visión calificada sobre el Plan Piloto que fue, como su nombre lo indica, el primer plan regulador urbanístico de la ciudad. Este plan fue contratado por la Alcaldía con los señores Paul Wiener y José Luís Sert, planificadores urbanísticos, quienes tenían su oficina en la ciudad de Nueva York.

La contratación para el diseño del Plan Piloto se da en el año de 1948. Los asesores urbanísticos entregan el plan dos años más tarde, en 1950. Como lo anota Fabio Botero: “este plan llegó en el momento crucial y preciso”. En resumen este plan configura una parte de la ciudad que hoy conocemos:

  • El desarrollo del Área Metropolitana de norte a sur, que comprende los municipios de Caldas, al sur, y de Girardota, al norte.
  • La Rectificación y canalización del Río Medellín.
  • La ubicación de las zonas industriales en las periferias norte y sur.
  • El desplazamiento del centro administrativo de la Candelaria y la Veracruz hacia la actual zona de la Alpujarra.
  • El diseño de las calles de occidente a oriente, que comprende las principales avenidas: la 30, la 33, la 35, la Calle San Juan y La Calle Colombia. De norte a sur, las circunvalares 80 y 81. El plan también contempló la construcción de la Avenida Oriental.

Ciudad de Medellín

Este Plan Piloto entró en desarrollo a partir de la década de los años sesenta. La transformación de lo rural a lo urbano está cifrada en el orden social y productivo: lo que se ve reflejado en la concepción de los espacios, en la trasformación del diseño arquitectónico y en la creación de nuevos espacios culturales, en los cuales se gesta Medellín como una metrópoli urbana. Cabe anotar que para el período de 1964, la ciudad de Medellín tiene un crecimiento demográfico de 772.887 habitantes y para 1973 cuenta con 1’077.252 habitantes. Este dato corrobora la pertinencia de dicho período para la vida cultural de la ciudad de Medellín.

La expresión literaria en una Medellín que transita hacia la urbe

En lo literario puede seguirse la estela de la ciudad expresada por los poetas y escritores antioqueños a lo largo del siglo XIX en la Revista Oasis y luego en Antioquia literaria de Juan José Molina, donde se encuentran las diferentes dedicatorias a la ciudad. Dichas odas a la ciudad difieren tanto en calidad como en extensión. Entre las más destacables se encuentra la dedicatoria de Gregorio Gutiérrez González “A Medellín desde Santa Elena” (1850); Helena Faciolince “A Medellín” (1866); Domingo Díaz Granados “A Medellín” (1863); Epifanio Mejía “La ceiba de Junín” (¿?), José Antonio Toro “A Medellín” (1871). Es pertinente contrastar entre la poesía del siglo XIX y la poesía de inicios del siglo XX, ya que autores como Arcesio Escobar, Gregorio Gutiérrez González, Epifanio Mejía, entre otros, describen una pequeña villa tranquila, rodeada de maravillas naturales. El siguiente verso de Arcesio Escobar publicado por el año de 1832 sirve como ejemplo:

Y Medellín en la mitad del valle
como una virgen sobre verde alfombra,
de palmas y de sauces a la sombra,
y bajo un cielo hermoso de cristal (…)

El poeta canónico de Antioquia en el siglo XIX es Gregorio Gutiérrez González, en contrapartida, el poeta canónico de siglo XX es León de Greiff. En un intervalo exacto de sesenta y cuatro años entre las publicaciones de: “A Medellín desde Santa Elena” (1850) y “Villa de la Candelaria” (1914) puede observarse la profunda ruptura de nuestra poesía. Jorge Alberto Naranjo Mesa en su estudio La temprana literatura de Medellín hace caer en cuenta que si bien en la poesía está vigente la visión de la ciudad como paisaje virginal durante el siglo XIX, en el relato temprano, autores como Emiro Kastos y Gregorio Gutiérrez Gonzales, en el periodo de 1850 a 1857, crean personajes que critican ese aspecto negativo de nuestra sociedad antioqueña y medellinense (Naranjo, Mesa; 2009).

También aparecen el cambio de mentalidad y de expresión, como lo anota Luz Mary Giraldo:

Durante el presente siglo y especialmente en la segunda mitad, tanto el concepto como la imagen de ciudad han evolucionado de manera considerable en nuestra literatura, al pasar de representación de mundo ideal a mundo real y degradado; de mito deformante a mito cultural; de espacio arquitectónico a forma de vida; de disolución de identidad a descentración y pulverización del sujeto; de espacio cotidiano a espacio imaginario, etc. (Giraldo, 2000, p. 118)

“Villa de la Candelaria” (1914) de León de Greiff presenta por primera vez en nuestro entorno esa ciudad negativa y romántica:

Vano el motivo
desta prosa:
nada…
cosas de todo el día.
Sucesos
vánales.
Gente necia,
local y chata y roma.
Gran tráfico
en el marco de la plaza.
Chismes.
Catolicismo.
Y una total inopia en los cerebros…
Cual
si todo
se afinca en la riqueza,
en menjurjes bursátiles
y en un mayor volumen de la panza.

“Villa de la Candelaria” expresa el síntoma; señala el desencuentro entre la ciudad y el poeta. Esta emoción negativa se convierte a lo largo del siglo XX en una constante tensión por parte de los autores con respecto a la ciudad.

Otro poeta importante para nuestro entorno es Carlos Castro Saavedra quien aludió de manera directa el tema de la ciudad en la década de 1940 en el poema “Mi corazón y la ciudad” que dice:

Voz de bolsistas y de capitalistas
que se pasan la vida de espaldas al paisaje
chapoteando entre charcos los billetes sangrientos
mientras el pueblo rueda, vencido por el hambre
sobre esa flauta roja de la tuberculosis
que tiene sus metales hundidos en la muerte.

El poema de Carlos Castro Saavedra prefigura desde lo social y lo cultural la explosión caótica en las ciudades latinoamericanas, en nuestro caso, lo que se estaba gestando en las jóvenes generaciones de poetas antioqueños. Especialmente con Gonzalo Arango, quien en “Medellín a solas contigo” sostiene y ahonda el tono poético y la crítica social hasta alcanzar en algunas líneas y pasajes cierto solipsismo filosófico:

Quisiera vivir en medio de este esplendor de fuerza, sol y poesía. Pero tal vez no. Esta violencia desencadenada terminaría por matarme, es demasiado inhumana. Mi alma también ama la pobreza, la aridez y las piedras. Mi dicha muere en el exceso. Y esta belleza es perfecta. La felicidad tendría aquí su reino, pero también una muerte melancólica. El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo (Arango, 1969).

La voz poética de Gonzalo Arango recoge el desconcierto de las anteriores generaciones. Como lo anota Jaime Jaramillo Escobar en Doscientos años de poesía antioqueña:

(…) no dejó muchos ni muy buenos poemas pero cambió la poesía en Colombia. Le hizo dar el paso a la narrativa, del costumbrismo y lo rural a la temática urbana y social, y en el periodismo su combatividad y lucidez heredada de los panfletistas, causó verdadera conmoción nacional (1987, p. 275).

Gonzalo Arango trata de expresar el cambio de la sociedad medellinense que ha perdido irreversiblemente la concepción purista de los ancestros y por esto el soneto tradicional es dejado atrás para darle paso al verso libre. Así con el experimento prosaico se antepone la imagen a la sonoridad obligada. “Medellín a solas contigo” aparece como una crónica en verso libre, que funda la “poesía urbana” en una Medellín realmente urbana.

Nuevos autores y nuevas pulsiones en la Medellín urbana

La antigua ciudad de Medellín está escriturada para la posteridad por Tomás Carrasquilla en “Hace tiempos” (1896), luego, la villa fue punto de encuentro de movimientos literarios como Los Panidas (1914 – 1915); Los Nadaístas (1958 – 1964); Acuarimántima (1973 – 1983). Una característica constante de estas corrientes es la relación tensa que tienen con la ciudad y los medios de producción estéticos y culturales. Esta línea de tensión sigue presente e influye en un estilo retórico como lo es el vituperio que expresa la relación dual de amor – odio y de vida y de muerte:

En   todo   caso, el espacio urbano de los años recientes se fragmenta y explota en una rezonificación imaginaria, que reproduce lo que los dirigentes de la ciudad pusieron en sus normas urbanas: la doble ciudad, la del norte y la del sur, de los pobres y los ricos, de la gente bien y los delincuentes, en las que los habitantes de las comunas del norte se desplazan diariamente al resto de la ciudad, mientras que los habitantes de clase media y alta no conocen la mitad de su ciudad. Esta imagen delincuente y a veces bohemia de barrios como Castilla o Manrique se refleja en la literatura (Melo, 1993).

Es pertinente citar a Dewey para hablar del término “expresión” en los planos estético, artístico y cultural, ya que la “expresión” es enunciada como un acto que “depende de la existencia de condiciones que impiden su manifestación directa, y lo reconducen a través de un canal en donde se coordina con otras impulsiones” (Dewey, 2008, p. 95).

Ahora bien, la estética urbana de Medellín cuenta en la actualidad con la expresión de la imagen en movimiento gracias a realizadores audiovisuales que representan tradición y futuro: “Rodrigo D., no futuro” (1987); “La mujer del animal” (2017) de Víctor Gaviria (1955); “Matar a Jesús” (2018) y “Los reyes del mundo” (2022) de Laura Mora (1981); y “Los nadie” (2016) de Juan Sebastián Mesa (1989).

Víctor Gaviria, primer hito audiovisual de la marginalidad en la Medellín urbana

El intervalo de tiempo entre Rodrigo D., no futuro y La mujer del animal es de 30 años; por esta razón el registro de imágenes ofrece indicios sobre el crecimiento urbano y su correspondiente sentido estético que horada las primeras tragedias del poblador campesino, desplazado por la violencia, que se asentó de manera irregular en las laderas inaccesibles de Medellín entre los años 1970 a 1990. Ambas historias nacen en la localidad de El Popular 1 en la Comuna Nororiental. Este ciclo se caracteriza por la agudización de la violencia política debido al control territorial y al papel del narcotráfico que exacerbó el rito tanático en los jóvenes de toda la ciudad.

La reacción te espera
y todo te desespera:
te echan del trabajo, sales del carril
ya tienes el cáncer que te da la vida,
te da una venérea nada te funciona,
te cantan los tombos: Pobre Porquería.
Toma mi consejo y hallarás salida:
no te desanimes matate,
¡no te desanimes matate!

(Mutantes, 1988)

De este carnaval sangriento entre milicias populares, paramilitarismo, combos, bandas de narcotráfico y delito común quedan los sonidos y las imágenes del género musical Punk que juega un fuerte papel generacional porque reproduce el sentimiento contracultural del gueto juvenil por aquellos años ochenta.

Puede observarse la iconografía de la carátula del álbum musical que muestra esa ciudad oscura y confundida, excluyente e intolerante, que lucha entre la vida y la muerte para adaptarse a las nuevas dinámicas urbanas. En esta medida aparece Querido diario notas de campo de Ramón Correa, un joven de 16 años, que participó en el proceso de realización de Rodrigo D (este archivo fue publicado en Universo Centro por Ignacio Piedrahita y Guillermo Melo en 2012).

Debe tenerse en cuenta que las producciones de Víctor Gaviria se fundamentan en el papel del actor natural. De esta manera se plantean obras de ficción con un fuerte componente actoral que tiene un lenguaje y un gesto realista. Por esta razón un espectador de otra nación o idioma puede tener gran dificultad en el disfrute de la obra. Sin embargo, la estética de Víctor Gaviria se acerca al cine neorrealista italiano y, ¿por qué no?, a esa plástica pasoliniana que narra y se narra poéticamente en el proceso de realización.

En Rodrigo D., que ha sido remasterizado, se puede observar el fresco natural de la ciudad marginada y la llegada de los primeros pobladores al territorio montañoso sin vías de acceso o servicios públicos básicos. A pesar de los obstáculos, la ciudad se asienta en los márgenes y crece aunque le cuesta escucharse y leerse aunque se narre constantemente.

En la actualidad El Popular 1 cuenta con una alta inversión en infraestructura. Por ejemplo, el Metro Cable facilita el acceso a toda la Comuna Nororiental de Medellín y el Parque Biblioteca España, que pronto estará reabierto a la comunidad y a los visitantes, le brinda un pulmón cultural y social a un territorio con una densidad poblacional mayor a los 130.000 habitantes y con los indicadores más bajos de la ciudad en cuanto a las dimensiones del desarrollo humano (INDER, 2022).

La mujer del animal se realizó en un asentamiento de invasión conocido como La Mano de Dios, en el municipio de Bello, en el área metropolitana del Valle de Aburrá. Esto se hizo con el fin de mantener al máximo el retrato de época de la ciudad y del Popular 1 por la década de los años 70 (léase La Ciudad del Animal).

Última puntada

La producción audiovisual de la Medellín urbana en este periodo (1987 – 2022) tiene como elemento común las diferentes situaciones truculentas que se dan en los callejones de las barriadas de las dieciséis comunas y sus corregimientos. Aparecen por tanto diversidad de voces y códigos generacionales, rurales y urbanos, que se cruzan naturalmente. Esta es la hibrys que construye una identidad americana con base en una narración intensa, digresiva especularmente, que busca homenajear sentidamente a los caídos por la violencia durante este proceso de masificación y gentrificación que hemos vivido y padecido los medellinenses.

Se quiere y se respeta a los muertos, sin embargo, las historias de la Medellín urbana no son un réquiem, por el contrario, son acción y resistencia por el derecho a la vida digna y a la justicia. Se piensa especialmente en aquellos ciudadanos aguerridos que en los años ochenta y noventa sobrevivieron a un período difícil y cruento con frías estadísticas que manifiestan la muerte de  80.000 ciudadanos de ambos sexos, la mayoría en un rango de edad entre los 15 y los 30 años. Toda esta vitalidad, toda esta sangre derramada en un período de 20 años.

En contraposición aparece el imaginario pujante y comercial que excluye la expresión senti – pensante en el arte, la academia y la política; como lo explica Castro García, la poética urbana de Medellín nace de:

(…) la necesidad de sacar de los paréntesis o de los márgenes aquello que grita la poesía, que delata el lenguaje, que desenmascara el arte y la literatura, y que se debate en murmullos y no se dice: la miseria espiritual de nuestra época, la cual ha ido acomodándose o enquistándose en todas las instancias del poder, de la educación, de los medios, de la cultura, de la política, y hasta de los espíritus inquietos de este país (…) (Castro García, 2001, p. 79.)

La Medellín Urbana a partir de la mitad de Siglo XX hasta la actualidad es la expresión de una hibrys mestiza que rompe con la visión decimonónica impuesta por el afán europeizante que apela a una cartografía plana y al discurso de las clases y razas, por el contrario, la nueva corriente de expresión e identidad fluye en el Siglo XXI como una nueva mundanidad (Link, 2021) que se enfrenta a la imposición global de un entorno neoliberal que homogeniza al individuo y a las comunidades.

Cabe observar que esta nueva mundanidad se caracteriza por la búsqueda del valor cultural y estético que descoloniza procesos impuestos por la mirada apologética del desarrollismo gracias a una elaboración apolínea que nace en el seno de los centros urbanos latinoamericanos durante su primera centuria como repúblicas.

Referencias bibliográficas

Arango, Gonzalo. (1991). Todo es mío en el sentido que nada me pertenece. Plaza y Janés.

Botero, Fabio. (1998). Cien años de la vida de Medellín. Universidad de Antioquia.

Castro, G., Oscar. (2001). La poética de la ciudad en la obra de la ciudad de Luis Iván Bedoya. Revista: Estudios de literatura colombiana. Universidad de Antioquia (9).

Dewey, J. (2008). El arte como experiencia. Paidós Estética.

Escobar Jaramillo, J. (1987).  Doscientos años de poesía en Antioquia. El Colombiano. [Separata especial de los setentaicinco años] (9) p. 236.

Giraldo Luz, M. (2002). Las ciudades escritas. Convenio Andrés Bello.

INDER. (2022). Caracterización del Popular 1. Alcaldía de Medellín.

Link, D. (2021). Pedro Henríquez Ureña y la expresión “expresión”. [Cátedra libre de Estudios Filológicos]. Universidad de Buenos Aires.

Mejía, Juan., L. (1988). Gabriel Carvajal Procesos. Separata cultural Banco de La República.

Melo, Orlando J. (1993). Medellín: historia y representaciones imaginadas [Seminario: Una mirada a Medellín y al Valle de Aburrá]. UNAL, p.p.13-20.

Molina José, J. (2000). Antioquia literaria. Colección de autores antioqueños.

Naranjo, M., Jorge, A. (2009) La temprana literatura antioqueña. Revista Con – textos, (42), p. 36 – 57.

Romero Luís, J. (2001). Latinoamérica, las ciudades y las ideas.  Siglo XXI.

Ureña, P. (1928). Seis ensayos en busca de nuestra expresión. Babel

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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