Las nueve musas

Helí Ramírez o «La ausencia del descanso» (1975)

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La ciudad es una especie de animal alimentado minuciosamente de una masa de sufrimiento inexpresado, opaco y casi indiscernible, hecho de negaciones, esperas, humillaciones, y sentimientos impalpables, que recae especialmente sobre miles de hombres marginados, es a lo que damos el nombre de “vida cotidiana”. Quizás por provenir de allí, los poemas de Helí Ramírez son un ojo más objetivo, más expresivamente implacable y justo sobre nuestra ciudad.
Víctor Gaviria: Helí Ramírez o La Ausencia del descanso

El poeta, Helí Ramírez, nace en el municipio de Ebéjico en el año de 1948 y deja información concisa de lo que fueron sus raíces campesinas y populares, también manifestó el por qué, de su impulso temprano por, escribir poesía sobre la ciudad de Medellín periférica y suburbana, terrosa y excluida, la cual fue tema central en su primer periodo como escritor.

Dejó apenas unas cuantas palabras y unas pocas entrevistas a lo largo de tres décadas y murió el 20 de febrero de 2019, en medio de un silencio discreto, muy pocos agentes de la cultura en Medellín se percataron de la partida de este referente histórico de la poesía medellinense.

Entender su biografía da elementos valiosos para interpretar la poética que expresa en La ausencia del descanso, pues se tiene en cuenta que ésta es su primera publicación y que en esta se encuentran los elementos constitutivos de su poética con más trasparencia y frescura: a los cuatro años de edad, Helí Ramírez, sale del pueblo debido a la violencia política que sacó a miles de familias de nuestra patria agraria para lanzarlas al desplazamiento forzado, al destierro que favorece la masificación y la sobreoferta de mano de obra para el crecimiento urbano.

En esta circunstancia se vio sometido a la humillación y la opresión ejercida por las relaciones de poder que soportan las víctimas del conflicto en las ciudades:

Resuena la imagen
de lejos hechiza
está el recuerdo
de almorzar en cuclillas tristeza con sal
resuena la imagen de meter las manos mohosas
entre las rodillas y dormir
sobre la sábana del frío.

La misma violencia que generan los cordones de miseria en las ciudades más importantes de América Latina es la violencia presente en la vida de la República colombiana, la misma que ha tomado, formado y constituido la identidad urbana a gran cantidad de autores representativos que desarrollan su potencial creativo en medio del conflicto rural – urbano. Lo anterior puede ser mezquino, pero en el caso de Helí Ramírez se cumple, y se réplica en el caso de muchos otros artistas a lo largo de los siglos de nuestra historia bicentenaria. De esta forma dolorosa se ha engrosado la literatura y otras manifestaciones estéticas de la cultura colombiana.

Viene a mi guerra en sangre fría…
tanque de guerra entran por cada boca que encuentran abierta
locura explosión siglo veinte narices negras
pupilas rojas posa la guerra de gafas sobre los ojos.

¿Qué sería de Helí Ramírez y su vínculo poético con la ciudad de Medellín si hubiese vivido como campesino en Ebéjico?, si su padre, su abuelo y su tío le hubiesen enseñado las labores del campo. Si su madre no hubiese tenido que levantarse con coraje para sacar sus hijos adelante; ¿Estaría Helí Ramírez en Medellín?, ¿sus sentidos se hubiesen despertado en la poesía?, ¿sería poeta?

Existo tengo el cráneo vuelto un alumbrado
tesas chupadas a la vida…;
mi violento mundo yo
frío y loco… se moja la ropa.

El consenso de los difusores culturales de Medellín, de quienes trabajan día a día por el desarrollo de la cultura; los que realmente conocen esta historia,  porque se han fundido en ella viviéndola; tanto los gestores reconocidos como los que trabajan de manera infatigable y silenciosa, dicen que Helí Ramírez les mostró esa ciudad real y marginada, que la dio a entender, que la pintó y la cantó con los ritmos del corazón; que el poeta expresa dolor, pero no todo es doloroso, también ha mostrado dignidad y belleza en medio de la carencia. Esto lo constata el poeta y director de cine, Víctor Gaviria, uno de los difusores culturales más valiosos en la actualidad:

Ese gesto en apariencia simple es en el fondo una escogencia moral que sin saberse mina nocivamente la existencia de una clase, de un grupo, de una generación. Esa negación es geográfica: aún hoy, esos barrios: son para nuestra imaginación manchas borrosas, lugares presentidos e inexistentes. Y nada es tan implacable como nuestra imaginación geográfica. Como la apertura a una calle secreta, a un alma secreta, que ninguno de nosotros hubiera podido hacer por mano propia, ese mundo se hace escuchar por el camino doble, exigente y tolerante de la poesía. (Revista Acuarimántima, 1978: 35).

La poesía de Helí Ramírez ha suscitado críticas literarias y comentarios interpretativos por parte de expertos conocedores de la literatura nacional. Cuando aparecieron sus primeros poemas en la Revista Acuarimántima, en la que hizo parte del comité editorial y publicó En la parte alta abajo (1979).

La rica poesía cargada de sensaciones, imágenes y reflexiones sociales que ha sido leída con interés y rigor por los críticos y por los poetas de su generación. Raúl Pineda Botero publica en el Suplemento dominical de El Colombiano una crónica en la que destaca la capacidad estética del poeta para trazar, representar y poetizar la cotidianidad de su barrio y su ciudad marginada: la que en las calles del centro se fusiona con los ciudadanos de a pie; donde nos vemos y nos encontramos todos de manera impersonal, en la que Helí  Ramírez se expresa allí por los más disimiles planos de lo semiótico (El Colombiano, 1976).

En el mes de febrero de 1978, Víctor Gaviria, perteneciente a la misma generación del poeta, presenta un documento crítico en la Revista Acuarimántima; que tiene la finalidad de entregar elementos de interpretación al lector común, aún no cercano al estilo revolucionario y a la temática novedosa que resultaba  ser La ausencia del descanso como producto poético. En los años 1979 – 1980, Isaías Peña Gutiérrez escribe en El Espectador, en su columna “Lecturas desobedientes”, dos reseñas críticas sobre los libros; En la parte alta abajo y Cortinas corridas (1980). Este suceso es crucial, pues, el interés del crítico por la poesía de Helí Ramírez apuntala la propuesta estética del autor urbano de la mejor manera en el entorno nacional, a pesar de que su estilo tiene muy poco que ver con el “gusto refinado” o con el “verso silábico” de la poesía canónica colombiana.

Tra tra tratra experimentos atómicos
Tra tra tratra…
…tratraquetra asfixia
y me desconcierta un llanto en proveta
frente a una mano pidiendo limosna
…tra tratra
ra…a…tratra
tratrapum…tratrata…
el hombre continua vivo en la ciudad.

Isaías Peña Gutiérrez encuentra las siguientes características en la poesía de Helí Ramírez: “Es una poesía en términos generales, antilírica (casi regida por el sujeto y formas verbales sustantivadas), es antimetafórica, desobedece la incansable tradición adjetival colombiana, no es, tampoco una poesía de tono narrativo.” (El Espectador, 15 de noviembre de 1980).

Gracias a la información histórica y crítica que se ha reseñado sobre La ausencia del descanso, el presente estudio puede iniciar la valoración de la obra en un terreno abonado desde la descripción y la interpretación. Se entra entonces de lleno a las características generales de la obra:

La ausencia del descanso (1975)

Ees una publicación de setenta poemas, que han sido numerados, la mayoría no tienen título, por lo tanto, para mayor facilidad en el análisis, se utilizará la numeración para la correspondiente interpretación. Los setenta poemas se destacan por los metalogismos de expresión. Helena Beristain en su Diccionario de retórica y poética prescribe:

Corresponden en la tradición a las figuras “de pensamiento” afectan al contenido lógico de las oraciones. Los metalogismos resultan de operaciones no gramaticales, efectuadas sobre la lógica del discurso y que afectan al significado, pero trascienden el nivel léxico y requieren para la lectura un conocimiento previo del referente mismo que puede hallarse en el contexto discursivo, o bien, puede corresponder a un dato extralingüístico (como ocurre en la hipérbole, la ironía, o la paradoja). (Beristain, 1990, p.p. 321-322)

Más adelante, la autora hace énfasis:

En este apartado de los metalogismos aparecen pues, tanto en las figuras de pensamiento antiguamente clasificados, por ejemplo, como lógicas (la gradación), pintorescas (la antítesis), patéticas (el apostrofe); como los tropos de sentencia o de pensamiento (alegoría, litote, ironía). (Beristain, 1990, p.p. 321-322)

Por esta razón, Helí Ramírez le exige al lector que conozca el contexto de su lenguaje argótico, expresado con creatividad en su poesía, dicho contexto en sí es la expresión de la ciudad urbana contrastante con la posición del yo lirico. Es decir, los tropos o figuras de pensamiento, donde el yo lírico trasmite el despertar de su conciencia en la ciudad de Medellín que es su entorno vital. Los siguientes tropos que están presentes en la obra son manejados con acierto. Por razones de espacio sólo se mencionan los más recurrentes por su incidencia dentro del conjunto del texto poético:

Ambigüedad: el yo lírico utiliza este recurso para trasmitir la perturbación de los sentidos, el desgaste emocional, el cansancio físico, etc. Desea generar la expresión del caos que hay en el entorno, utiliza constantes juegos de palabras que no tienen sentido, pero que expresan un trauma emocional.

Anacoluto: el desajuste sintáctico es provocado constantemente por las ideas elípticas: es decir, hay una constante ruptura entre las imágenes y las ideas.

Antítesis: hay presencia de esta, pues el yo lírico y los elementos urbanos van siempre en dirección contraria a la supuesta racionalidad, por ejemplo, en el poema 18; “afuera repican los sonidos descansan los sonidos” o en el poema 9, en la siguiente imagen; “la lluvia alumbra la alcoba”, de esta manera, se desentraña y se evidencia el caos urbano.

Apostrofe: el yo lírico manifiesta agonía. La posición existencial es psíquica, no hay pathos romántico, se padece de manera real.

Automatismo: hace uso de gradaciones y degradaciones enumerativas o por acumulación. Se persigue una totalidad rápida y esencial.

Desconexión: constantemente el yo lírico pasa de una imagen a otra, de una idea a otra, apela a ideas que no van en la línea de la exposición que se inicia. Es evidente que lo ficticio es calculado.

Ironía: el yo lírico apela constantemente a este recurso con la finalidad de manifestar sus emociones más dolorosas, la carencia constante, la angustia.

Metonimias: se evidencia todo tipo de metonimias en la obra, esto se da porque se percibe la finalidad del yo lírico por animar los objetos, por darle vida a la ciudad misma.

Mímesis: el yo lírico hace un esfuerzo constante por entregar la voz poética a la ciudad, al entorno que se confunde con el tono de la voz poética.

Paréntesis: está presente con la finalidad de generar singularidad expresiva. Constante incidencia y reincidencia del yo lírico sobre la construcción de las imágenes.

Zeugma: el yo lírico busca una singularidad expresiva, constantemente se recurre a la unión de palabras autónomas sin conexión gramatical para explotar sus significados y su propio sentido.

En el nivel semántico: al analizar el título de la obra, se observa que La ausencia del descanso, que indica la carencia, la necesidad, la angustia. Este signo está compuesto por un significante que predispone el tono y la posición emocional del yo lírico, de la misma forma, el lector acucioso tiene una idea en relación con el mensaje y su contenido emocional que se desarrolla a través del texto poético.

La ciudad figura como tema principal

Se hace una lectura con la finalidad de determinar en qué porcentaje la ciudad figura como tema principal y el análisis arroja la significativa presencia de la atmósfera urbana, también está insertado el sentido negativo del yo lírico, que está cercano al realismo y a las vanguardias de Siglo XX. Si se tiene en cuenta el antecedente de la alabanza y el vituperio presentes en Medellín a solas contigo, como una comparación inicial; puede observarse que la carga emotiva en La ausencia del descanso es directamente negativa, que no hay equilibrio entre el amor y el odio, entre la vida y la muerte.  La ausencia del descanso está constituida por la fuerza plástica de las imágenes, las que dan referencia de colores fuertes y vivos, los cuales excitan los sentidos; los sonidos y las luces, que son referencia de la crisis y el caos individual y colectivo. Los siguientes cuadros pueden ejemplificar estas características plásticas de la obra:

Isotopías presentes en La Ausencia del descanso

IsotopíasTambién están las descripciones urbanas a manera de frescos o retratos. Se tienen en cuenta algunas descripciones de las muchas que están presentes en el texto poético: con unas cuantas se puede ejemplificar ampliamente como el yo lírico recrea cuadros urbanos donde aparece la ciudad en medio de la cotidianidad; el yo lirico permite al lector observar a través de un libre fluir de la conciencia imágenes crudas, estáticas, fragmentadas. En el poema 9 por ejemplo: las imágenes de la ciudad urbana están acompañadas por la presencia de la lluvia que embellece la arquitectura, la hace resaltar; también hay conciencia auditiva, pues se escuchan los motores; el sentido de la vista desde las primeras páginas está acompañando toda la obra. Constantemente el yo lírico alude a las luces que se convierten en alucinaciones, a los sonidos que se convierten en ruidos.

Lo anterior es una muestra de cómo en la Medellín urbana la característica común es la celeridad cotidiana. El yo lírico también alude a las prácticas en los diferentes oficios, nos da una idea de las condiciones de trabajo, de la masificación:

vuelve a llover
las gentes escampan abarrotadas en las puertas frías
luego llega un solecito
las gentes reanudan
su recorrido la cojinería del bus está helada/hace mil siglos de rato
/que dejó de llover.

En el Poema 27, se observa una descripción de la ciudad que se transforma, que es transgredida, el yo lírico alude a la tragedia que respira en la nuca de una sociedad que se aproxima al desangre:

Cometas de furia desde la manga del barrio hoy edificio de ocho pisos
aparece y desaparece grito sin uniforme eludiendo voces de: alto…
ausencia de sangre brava en los parques y avenidas
anudando el odio en la garganta.

“La ciudad es un océano de sangre” (poema; 11): el yo lírico constantemente hace mención directa, hace un llamado a la sociedad, para que abra los ojos ante una realidad social, ya que la violencia y la criminalidad estaban por agudizarse con la inserción del narcotráfico. En el poema 49 un recorrido en un bus es el escenario ideal para describir los pobladores de la ciudad. Las imágenes se constituyen en frescos urbanos.

Sentado tronco derecho respiración normal
una radiopatrulla que pasa y el aire adquiere sombras negras
el bus marcha con una velocidad más o menos rápida […] van cuchos oliendo mal
y el cuello de la camisa negro
van para el camello […] van cuchas embarazadas
a esperar eternidades en el hospital
van policías directamente de uniforme
van pegados al bus
como una lata más
van ratas mirando de reojo a los bolsillos y me miran y me miran
y me matan el ojo […] me bajo no se donde estoy
ni quién es esa gente
enorme de gente que pasa junto a mí.

En el poema 50 está la descripción de las calles, por el espacio  fluyen las palabras, hay conciencia de las magnitudes: navegación, avenida, dimensión:

en la lágrima resbalada por la acera vendiendo confites
me da recordar
junto a pensar
el barillo en la esquina vieja
el barrio en la esquina vieja
mirando a la esquina nueva por si aparece la nevera
parecerá rosa
el filo de la colina en digestión/importa un pito
tomar un pocillado de ira.

Debe destacarse el código hermético, el lenguaje argótico perteneciente al camaján: ‘barillo’ = cannabis; ‘la nevera’ = patrulla policial. Se observa también la ubicación espacial, el barillo en la esquina vieja. También el referente histórico descrito en el lenguaje: el barrio en la esquina vieja mirando a la esquina nueva por si aparece la nevera. A través del yo lírico en la Ausencia del descanso se observa la mirada perdida en el centro de la ciudad que va en busca de un oficio porque el yo lírico está angustiado por la carencia, no va tras la existencia, tan sólo subsiste.

El yo lírico está en la periferia, vive en lo alto de la montaña  —pero, en el caso contrario del yo lírico de: “Medellín a solas contigo”—; este yo lírico que se encuentra “en la parte alta abajo”, donde la naturaleza no puede llenar la carencia de las cosas materiales, donde la necesidad básica es el alimento:

lejitos de allá
aterriza un sonido en llanto

La presencia de la radio narra los sucesos caóticos de la ciudad. “La última noticia de radio cristal”—: desde la periferia expectante el yo lírico observa la calma engañosa y dice:

Oh mi Medellín colgado de una gota de silencio
o
pronto canción de soledad patinando las calles de Medellín
sin un labio de ternura en sus bolsillos”, (Poema: 70).

La ciudad registrada por el autor toma conciencia y expresión debido a la presencia de figuras de pensamiento como la mímesis, el anacoluto, las metonimias, y la desconexión, entre otras. La ciudad urbana está mimetizada en la voz poética que toma vida para narrar la historia cotidiana y su crecimiento en medio de los ásperos contrastes que trae el desarrollo. Las imágenes que el yo lírico presenta se observan como frescos que con el pasar de los años se convierten en retratos de época de la historia del hábitat cotidiana en la ciudad de Medellín por la década de los años setenta.

La poesía de Helí Ramírez tan rica poéticamente debido a los recursos del lenguaje: en la construcción de imágenes, en la descripción de emociones, ha  nacido no de los fines estéticos, sino de los medios sociales. Helí Ramírez con su primera publicación: La ausencia del descanso, se gana el derecho de acceder a un medio ilustrado, bastante esquivo y excluyente.

Su obra nace de la necesidad individual por expresar un mundo y un entorno negativo que se reconoce en la descripción de la Medellín Urbana. Sólo queda por decir que, si ésta es la cualidad del autor, se puede pensar en una poesía realista, que desautomatiza el lenguaje, que lo deconstruye con criterio. Helí Ramírez publicó siete obras hasta el año 2000 y mantuvo una actitud combativa y critica frente al modelo de ciudad gentrificadora que se impone gracias a ese espíritu mercantil que hoy se disfraza de innovación para la captación de dineros de cualquier procedencia, mientras que en los márgenes y en lo alto de las laderas en las que emitió su canto, se concentran cuatrocientas mil personas que no tienen para comer un alimento al día:

La ausencia del descanso. Universidad de Antioquia (1975). En la parte alta abajo. Ediciones. Hombre nuevo (1979). Cortinas corridas. Cooperativa de Trabajadores del ISS (1980). Golosina de sal. Ediciones Celeste (1988). La ausencia de su desvelo. Ediciones Autores Antioqueños (1987). La luz de acá se hace de la oscuridad de aquí. Universidad de Antioquia (1991). Para morder el cielo. Universidad de Antioquia (1999). Estas publicaciones son tan dignas como la primera publicación.

Su obra más reconocida es En la parte alta abajo (1979), que tuvo una reedición en el año 1991 por la editorial El propio bolsillo. Su lenguaje poético con el pasar de las décadas ganó belleza sin perder la fuerza expresiva alcanzada con base en ausencias y necesidades, por el contrario, su pulso emocional mantuvo la tensión constante, el sabor añejo que otorga la madurez y la experiencia, esta opinión puede corroborarse en Para morder el cielo (1999), publicado por la editorial Universidad de Antioquia. Se deja entonces proyectado en el tiempo – espacio de la Medellín urbana al “Poeta de la comuna” y su legado.

Referencias

Beristain, H.. (1985). Diccionario de retórica y poética. Ed. Porrúa.

Botero, P. R. (1976). Helí Ramírez o la Ausencia del descanso. El Colombiano.

Gutiérrez P. I. (1980). Poesía de la locura. El Espectador.

Naranjo, J. A. (2005) Lo que se escribe en Medellín es elocuente para el dolor y mudo para la alegría. Ciudad vivida.  La Hoja.

Ramírez G, H. (1979). La ausencia del descanso. Acuarimántima.

Restrepo, E. (1973-1983).  Revista Acuarimántima. [36 publicaciones]. Acuarimántima.

Vahos, G. Ma. (1992). Imágenes de un poeta de la realidad. UPB.

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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