Las nueve musas

Autor - José Fernando Suárez Isaza

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En el cementerio y feliz

Voy para Campos de Paz. Tengo el rostro com­pungido y no por el tío Pancracio. Nunca lo conocí: vivía lejos, estaba anciano, enfermo y solitario. Es solo que llevo meses sin empleo. La tris­teza, al menos, se verá...

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Pachito Silba

El viejo Pachito silba y no para de silbar. Tiene oído musical, nadie lo duda, ni el turpial que se in­quieta en la jaula al escucharlo pasar. Lleva en su maltrecha carretilla rosas, claveles, crisantemos, pompones...

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La otra lluvia

Un primer golpe de una arriesgada gota se ex­pandió en el recinto con un eco asombrado; las otras se vinieron en masa. El eufórico aguacero decreció y se mantuvo así, casi llovizna. Puestos en pie re­clamaban su...

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Amargo café

Volarían por los lados de Orito y Puerto Asís, le había dicho. La misión era capturar o dar de baja a alias “Macho”, líder de las disidencias de la gue­rrilla que operaban en la zona. —¿Cuándo volverás? —preguntó su...

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Aleluya

Sus ojos tocaron mi alma al abrir la puerta; hablaban de una angustia profunda, aunque serena. Era increíble que ese cuerpo menudo pudiese albergar semejante voz. La joven bebió medio vaso de leche en dos tragos y se...

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Cubículo siete

Voces discretas se oían en el seis; las cortinas blancas tomaban cuerpo, se ensanchaban en forma de nalgas y codos entrometidos. El tiempo desespe­raba, el calor… y yo, esperando en la camilla unos resultados de...

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¿Quién tiene el poder?

—¡Celu, celu! —gritaba la pulga de cinco años revolcándose frente a la vitrina del almacén. Su mamá, avergonzada con el espectáculo de aquel berrinche, procuraba disuadirlo. —Ven, bebé, ¿quieres un helado? El niño...

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XL

Cuarenta. Era su talla en años desde ese día y un halo maravilloso debía cubrirlo —como a cualquier mortal—, llenarlo de felicidad y buenos deseos. Besos, tarjetas virtuales, un pas­tel hecho emoticón, una copita que...

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Vals del minuto

El piano fluía con rapidez; un impulso irrefrenable del momento, pues ahora la inspiración andaba tras él. Las notas hacían pensar, por su ligereza, en un remolino alocado pre­tendiendo escapar de sí mismo. La...

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Tu cara me suena

Entró decidido al hotel. El joven de recepción notó su presencia —el sombrero panamá, las gafas oscuras, el clavel incrustado en el ojal— justo en el recibidor. —Buenos días, señor Dandy. ¿Durmió bien? —Dame la llave...

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Mal del corazón

Mientras aguardaba en el campero vi un hombre mayor que del otro lado intentaba abrir la puerta de una vieja casa; parecía muy cansado. Cuando finalmente pudo hacerlo, entró y subió despacio por las escaleras adosadas a...

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El filo en la lengua

Ese sol irritante engendrado del calentamiento global parecía querer batir su propia marca. En la oficina, Yolanda pretendía lo mismo con la calen­tura de su lengua libérrima. —¿Supiste lo de Constanza? —decía a...