Las nueve musas
El versolibrismo y los versos métricos que esconde

El versolibrismo y los versos métricos que esconde

Se dice que una obra poética, un poema, está realizada en “verso libre” cuando hay ausencia generalizada en el verso de los parámetros de longitudes y ritmos armónicos acentuales que distinguen a la poesía métrica.

De todas formas, estas fronteras entre el verso métrico y el libre no son muros infranqueables, sino que existen unas tierras de nadie en que se van diluyendo esos parámetros métricos.

Lo primero que quiero indicar es que, si se efectúa un análisis métrico, se comprobará que bastante de lo que se suele citar como verso libre es un verso perfectamente métrico o como mínimo, tiene un cierto ritmo métrico subyacente, que denomino “cuasimétrico”, circunstancia  que a veces se descubre cortando los versos de otra forma.

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Respecto al verso realmente libre, está claro que si el poema no se sustenta en un ritmo o esquema fónico debe sustentarse en otra cosa para diferenciarlo de la prosa. Se habla entonces de imágenes poéticas (lirismo), figuras retóricas, o a veces de únicamente un efecto estético que da sentido y fuerza a lo escrito.  Al intentar concretar, los análisis o comentarios conllevan bastante subjetividad y cuesta encontrar definiciones claras de lo que es “verso libre”. En cualquier caso, ese versolibrismo suele sostenerse en el subgénero poético lírico. En los otros subgéneros poéticos no líricos, como el épico, el satírico, el popular, etc., en que las imágenes poéticas y recursos retóricos son menos potentes, suele ser más cierto que “sin ritmo no hay poema” y que deberíamos calificar muchos de esos poemas como prosa.

Por otra parte, la incidencia real del auténtico verso libre, no del verso métrico camuflado, no es tan alta como se cree.

Dos estudios realizados los últimos años por dos profesores de la Universidad de Sevilla lo demuestran. Juan Frau[1] ha efectuado un análisis de 1515 poemas recientes (de 1975 a 2001) de los autores considerados más famosos por la crítica y las antologías. En dicho estudio se ha determinado que, aunque la mayoría de los poemas no tiene rima, el 86% mantiene una estructura rítmica expresa o subyacente.

Otro estudio similar con una muestra algo diferente realizado por Mª Victoria Utrera[2] de 950 poemas (de 1970 a 2000) ha dado resultados bastante similares y califica al 68% como versos métricos regulares, al 12% como versos de base métrica con interrupciones y sólo al 20 % como versos fundamentalmente amétricos. Por tanto, el verso realmente libre sigue siendo minoritario en la poesía reciente española más reconocida.

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Sobre el verso libre, ante todo, hay que reiterar lo evidente: por cortar un texto en renglones no se convierte automáticamente en versos. Dice Navarro Tomás[3] que “El único elemento tradicional que el versolibrismo acepta como indispensable es el ritmo”. Antonio Colinas indica: “Desolador es el prosaísmo de los últimos años. Prosaísmo traído en brazos de un verso libre que no es sino prosa cordada caprichosamente (…) olvidando valores tan ineludibles del poema como el ritmo y la armonía”.

Es curioso que León Felipe, en “Versos del caminante”, reivindique el verso libre desde una estructura métrica:

Deshaced ese verso.                                         — 7(3.6)
Quitadle los caireles de la rima,                   (i-a) 11(2.6.10)
el metro, la cadencia                                        — 7(2.6)
y hasta la idea misma.                                     (i-a) 7(4.6)
ventad las palabras,                                      — 7(3.6)
y si después queda algo todavía,                 (-ia)12=5(4)+7(1.6)
eso                                                                           — 2(1)
será la poesía.                                                     (i-a)7(2.6)

Unos versos con rima asonante en los pares y que mantienen una estructura clásica de metros impares armónicos, en la que el penúltimo verso es un puente bisílabo o puede unirse al último como un eneasílabo (1.4.8)

Y esto es una de las primeras cosas que debe analizarse de un supuesto verso libre, ver si en realidad no es un verso de ritmo métrico o cuasimétrico. Dice al respecto Rafael Alberti [4]: “trucamos la métrica, cortando el verso por donde nos conviene, o nos viene en gana, con el fin de ofrecer un verso libre, largo, de más nueva apariencia; verso que leído con picardía no pasa de ser, casi constantemente de once a catorce sílabas”.

 Antonio Machado nos da su opinión en este breve metapoema:

Verso libre, verso libre…                   8 a (i-e)
Líbraté mejor, del verso                   8 —
cuando te esclavice                            6 a (i-e)

Y eso es lo principal, que el verso no esclavice al poeta, ni al poema, sino que sea un formato que realce el contenido, sin menoscabar la libertad del poeta. De ahí su sarcasmo respecto a la liberación del verso.

Es muy oportuna una frase del poeta Gabriel Ferrater acerca de la contradicción de la palabra versolibrismo: “El verso libre deja de existir en el momento que se hace verso”, ya que la palabra verso proviene del latín “versus” que implica una cierta repetición, que es lo que distingue al ritmo métrico.

Domínguez Caparrós[5] dice que “el ritmo del verso libre se basa en repeticiones no solo fónicas (que pueden estar presentes, aunque no sean las de los esquemas métricos tradicionales), sino también sintácticas y semánticas”

Kurt Spang[6] indica que los versos libres “se burlan de casi todos los intentos de preceptiva, lo que hace aparecer aún más remota toda posibilidad de definición satisfactoria”

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Mª Victoria Utrera, comenta que las definiciones del verso libre son ambiguas y negativas, ya que indican lo que no es verso libre[7], pero en otra de sus obras, que es capital en el estudio del verso libre, “Historia y teoría del verso libre”[8], cita en boca de otros poetas la dificultad y trabajo que requiere el verso libre, así Juan Ramon Jiménez indica que “el verso libre exige más arquitectura interna y externa que el regular y, además, no tolera ripio” y Borges, que creyó en su juventud que el verso libre era más fácil que el regular, se dio cuenta en su madurez que en realidad es más arduo. Respecto a los versículos de Walt Whitman, que muchos críticos consideran el inicio del versolibrismo occidental, Utrera indica que se fundamentan en el paralelismo de la métrica bíblica, y cita la definición de Cernuda de versículo como “verso extenso fundamentado en repeticiones sintácticas y semánticas y no en ritmos fónicos”. Respecto a las tendencias de finales del siglo XX, última época que analiza en su libro, indica que en las últimas décadas del siglo existe una indudable vuelta a la métrica.

Esteban Torre[9] se extraña de que algunos cataloguen el poema de Juan Ramón Jiménez “Siento que el barco mío…” como irregular, o sea fuera de los criterios métricos, cuando para él es una clara silva blanca de impares.

Por último, Isabel Paraíso, que ha tratado del verso libre en muchas publicaciones, como por ejemplo en sus libros[10] “El verso libre hispánico” y en el capítulo 11 de “La métrica española en su contexto románico”, distingue como soporte de ese verso libre, que lo distingue de la prosa, la existencia de ritmo fónico o semántico. Respecto al ritmo fónico, indica que se puede basar en las cláusulas (pies métricos), en el metro, en la rima o en las bases tradicionales y que la mayoría pueden clasificarse como poemas de ritmo métrico o cuasimétrico, ya que se mantienen esas estructuras rítmicas subyacentes que hacen que el verso no sea libre. Por otra parte, destaca el ritmo semántico, sea paralelístico o de imágenes y metáforas, que creo puede ser la base que distinga a los auténticos versos libres de la prosa, pero por ser un tema basado en los contenidos, y no en la forma de los continentes, su análisis es mucho más subjetivo.

Por tanto, en la opinión de los principales tratadistas poéticos, no todo está tan claro en cuanto a lo que es verso libre, ni a su diferenciación con el verso de base métrica y rítmica. Aunque es cierto, que en según qué épocas y tratadistas se ha sido mucho más amplio en la acepción del versolibrismo y en esa diferenciación fronteriza entre lo métrico, lo cuasimétrico y lo libre.

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Tomando como base la clasificación del versolibrismo efectuada por Isabel Paraíso en su libro sobre “La métrica española en su contexto románico”, que es la que considero más competa, se pueden distinguir, dentro del verso libre, versos de ritmo fonético y sintáctico. Los de ritmo fonético pueden subdividirse en:

  • Verso de cláusulas libre
  • Verso métrico libre
  • Verso rimado libre
  • Verso libre de base tradicional
  • Silva libre
  • Verso fluctuante libre
  • Verso estrófico libre
  • Canción libre

Y los de ritmo semántico en:

  • Paralelístico
  • Menor
  • Mayor. (Versículo y versículo mayor)

De imágenes acumuladas o yuxtapuestas

Voy a comentar un poco cada categoría, destacando poemas que no considero versos libres, sino soportados por el ritmo métrico. De esta forma espero clarificar lo que realmente es verso libre, y posteriormente analizar el auténtico verso libre en otro artículo.

El “verso de cláusulas libre” está basado en la repetición de estas cláusulas, también llamadas pies métricos, por tanto tiene un ritmo acentual claro y constituye un verso de ritmo métrico, no un verso libre. Un ejemplo típico puede ser “La marcha triunfal” de Rubén Darío, 64 versos de 3 a 21 sílabas sostenidos por pies ternarios anfibráquicos con acento en la 2ª sílaba (- = -) y rimas consonantes alternadas o abrazadas. Los primeros cinco versos son una buena muestra:

Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.
Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, (…)

 Separado en pies métricos queda claro el ritmo del poema:

Ya- vie-ne el<> cor-te-jo!                                                                                               6=2×3(2)
¡Ya- vie-ne el<> cor-te-jo!<> Ya- se o-yen<> los- cla-ros<> cla-ri-nes,         15=5×3(2)
la es-pa-da<> se a-nun-cia<> con- vi-vo<> re-fle-jo;                                           12=4×3(2)
ya- vie-ne, o<>ro y- hie-rro, el<> cor-te-jo<> de los pa<>la-di-nes.              15=5×3(2)
Ya- pa-sa<> de-ba-jo<> los- ar-cos<> or-na-dos<> de- blan-cas<>
Mi-ner-vas<> y- Mar-tes,             21=7×3(2)

Los pies permiten las sinalefas entre ellos, ya que no existen ni hemistiquios, ni sus pausas, y las rimas consonantes finales ayudan a consolidar las divisiones entre versos de longitudes tan variadas.

Como “verso métrico libre” se clasifican poemas formados por versos polimétricos que combinan hemistiquios, de forma que el metro final del cada verso tiene un múltiplo de sílabas del hemistiquio. Un ejemplo de Santos Chocano:

Ave de paso                                                                                         5(1.4)
fugaz viajera desconocida                                                             10=5(2.4)+5(4)
fue solo un sueño, solo un capricho, solo un acaso.(…)       15= 5(1.2.4)+5(1.4)+5(1.4)

Queda clara, también, la base y el ritmo métrico de estos versos.

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Respecto al “verso rimado libre”, en este apartado Paraíso clasifica poemas que, aunque no mantienen una estructura rítmica basada en el metro o ritmo de los versos, tienen finales con rima, lo que hace que se los catalogue como versolibristas. En mi opinión, se trata de un subgénero que ya no se utiliza, los ejemplos son de inicios del siglo XX, y hoy solo lo aceptaríamos en la poesía popular, ya que un poema de este tipo nos parecería de rimas ripiosas.

El “verso libre de base tradicional” es un verso que recuerda la estructura rítmica del verso métrico, pero no mantiene totalmente esos recursos de metro y acento que caracterizan el ritmo de dichos versos métricos. Esta definición nos muestra que en muchos casos nos hallamos en esas zonas fronterizas en que el poema podrá calificarse de métrico o de cuasimétrico, según la subjetividad de quien lo juzgue. Dentro de este grupo Paraíso distingue: Silva libre, Verso fluctuante libre, Verso estrófico libre y Canción libre.

Dentro de la “Silva libre”, o sea de composiciones polimétricas, generalmente sin rima, hay que distinguir las que mantienen la armonía métrica, ya que las longitudes de sus versos o hemistiquios lo son. Por ejemplo, las mezclas de longitudes impares en las que los versos de más de 9 sílabas tienen estructuras binarias, como en el poema de Antonio Praena,  “Instante”, que analicé en otro artículo, que tiene una perfecta estructura métrica. Otro ejemplo de verso perfectamente métrico estructurado como silva de impares es “Primer día de vacaciones” de Luis García Montero. En el total de los 40 versos de este poema hay: 4 alejandrinos, 13 endecasílabos, 3 eneasílabos, 19 heptasílabos y un pentasílabos y todos los versos o hemistiquios de 9 o más sílabas tienen ritmo binario o cuaternario, no existiendo ninguno ternario, por lo que se mantiene la armonía del ritmo métrico en esta silva blanca de impares.

Hay otro tipo de silvas, que mezclan longitudes pares e impares, en las que sí que parece que se pierde el ritmo métrico, pero de momento estoy analizando lo que se ha clasificado como verso libre y no lo es. En resumen, hay que analizar con cuidado las “silvas libres”, ya que las de longitudes impares o pares suelen conservar la armonía métrica, salvo que los versos de más de 9 sílabas combinen ritmos binarios y ternarios.

Los “versos fluctuantes libres” eran corrientes en los inicios de la poesía en castellano, por ejemplo en el “Cantar del mío Cid”, cuando se perdía en bastantes versos la longitud estándar del poema. En la poesía moderna es un efecto buscado para liberar al poema del formato isométrico con una fluctuación en más o menos de la longitud típica del poema.

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También en este caso hay que analizar los versos con cuidado. Por ejemplo, estos versos de las “Soledades” de Antonio Machado, combinan eneasílabos y decasílabos, lo que no parecería métrico:

El sol es un globo de fuego,                                           9(2.(3).5.8)
la luna es un disco morado.                                           9(2.(3).5.8)
Una blanca paloma se posa                                           10(3.6.9)
en el alto ciprés centenario.                                           10(3.6.9)
Los cuadros de mirtos parecen                                     9(2.5.8)
de marchito velludo empolvado. (…/…)                    10(3.6.9)

Pero efectuando el análisis del llamado “periodo rítmico interno” que constituye la parte nuclear del verso y que descarta las silabas átonas anteriores y posteriores de dicho verso, todos estos periodos tienen la misma estructura 7(1.4.7), lo que da una cierta armonía a los versos. Pongo como ejemplo los dos últimos:

<cua-dros- de- mir-tos- pa-re>                                   7(1.4.7)
<chi-to- ve-llu-do em-pol-va>.                                     7(1.4.7)

Y además, unas rimas arromanzadas en (a-o) sostienen ese ritmo, que como mínimo hace considerar al poema como cuasimétrico.

Como “verso estrófico libre”, Paraíso denomina a poemas libres que mantienen una estructura estrófica uniforme que los distingue, como podrían ser los cuartetos o tercetos. No suele ser una forma poética muy corriente y me parece que en cualquier caso es mejor estudiar estos versos independientemente de sus estrofas, para ver si pueden o no considerarse libres.

Por último, como “canción libre” se agrupan estos poemas de versos cortos (como máximo endecasílabos) que suelen surgir de la raíz del folklore. Es común que tengan algún tipo de rima asonante, normalmente arromanzada, y de ellos hay variados ejemplos de Lorca o Alberti. Lo que nos suele marcar la libertad o no de los versos es si se respeta en la forma polimétrica las estructuras de pares o impares, ya que en esos casos mantienen el ritmo métrico. Si mezclan longitudes pares o impares, habría que analizar los periodos rítmicos internos, ya que si son similares los calificaría como “cuasimétricos” y también si se repiten estructuras fijas.

Por ejemplo, la canción 51 de “Baladas y canciones del Paraná” de Alberti, que cita Paraíso:

En un verso de ocho sílabas                           -8(3.5.7)
¿qué no cabrá,                                                    a5(1.4)
si es una y tan sólo en ella                              -8(3.5.7)
cabe el mar?                                                        a5(1.4)
Ocho sílabas son muchas                                -8(1.3.7)
para cantar.                                                         a5(4)
Me basta una que tenga                                -8(2.4.7) (hiato en “basta una”
por dentro el mar.                                             a5(2.4)

Para mí es un poema con ritmo métrico, además con rima aguda prácticamente consonante, que repite octosílabos y pentasílabos que actúan como pies quebrados.

En los versos libres que se fundamentan en un ritmo semántico es dónde se encuentran los ejemplos más representativos del auténtico verso libre, tanto en el paralelístico de recurrencias sintácticas y semánticas entre versos, y que tiende a la prosa poética cuando se alargan esos versículos, como en el de imágenes acumuladas o yustapuestas que se basa en el ritmo de esos conjuntos de imágenes poéticas.

Ya he indicado que el objetico de este artículo era sólo plantear un panorama global de lo que se denomina verso libre y descartar lo que, aunque se clasifique así, no lo es, y que en un posterior artículo analizaría auténticos poemas en verso libre, por ello no voy a profundizar en estos poemas de ritmo semántico. No obstante, sí que he de realizar un comentario sobre los versículos, versos largos de más de 16 sílabas que en algunos casos tienen muchas más, ya que algunos de ellos ocultan estructuras métricas que el poeta ha escondido en esas largas líneas, y que salen a la luz si se cortan en versos más cortos.

Por ejemplo, este poema de Antonio Carvajal que Utrera[11] comenta cuando analiza poemas de la muestra del estudio que he citado al principio de este artículo. Los primeros versículos son de ese poema son:

Te busco en esa esta última mañana del verano, tan grata a los sentidos, con jazmines en ramas y en el suelo, y evoco tu dolor y tus gozos /
que pobremente fueron míos. Oigo el rumor del mundo, algo lejano, que no apaga ni mis pulsos ni mi respiración y sé que vivo /
por tu recuerdo, porque tú me hiciste /
de ti, fruto de amor y de esperanza, /
y yo me sé nacido de ese amor hacia otro y de ese otro que se fundió contigo y sois mi vida./ (…)

 Estos versículos de 42, 40, 11, 11 y 29 sílabas, pueden escandirse en versos de metro y ritmo métrico. Yo lo he realizado de una forma algo distinta a Utrera, respetando todo lo posible las divisiones y pausas sintácticas del texto, que mantiene un profundo ritmo que hace posibles distintos cortes versales. Veamos la longitud versal y la posición de las sílabas tónicas:

Te busco en esa esta última mañana del verano,                 14=7(2.4.6)+7(2.6)
tan grata a los sentidos,                                                                7(2.6)
con jazmines en ramas y en el suelo,                                         11(2.6.10)
y evoco tu dolor                                                                                  7(2.6)
y tus gozos que pobremente fueron míos.                                13(3.6.8.10.12)
Oigo el rumor del mundo,                                                              7(1.4.6)
algo lejano, que no apaga                                                             9(1.4.8)
ni mis pulsos ni mi respiración                                                      11(3.10)
y sé que vivo por tu recuerdo,                                                       10=5(2.4)+5(4)
porque tú me hiciste de ti,                                                              9(3.5.8)
fruto de amor y de esperanza,                                                     9(1.4.8)
y yo me sé nacido                                                                              7(2.4.6)
de ese amor hacia otro y de ese otro                                         11(1.3.6.8.10)
que se fundió contigo y sois mi vida.                                          11(4.6.8.10

Todos estos versos forman una silva blanca de impares que rompe los largos versículos plasmados en el poema original y que descubre el ritmo métrico subyacente y, además en general, adecúa las pausas versales a la sintaxis del texto. De estos versos el más tenso es el 5º que podría escandirse de otra forma junto al 4º:

y evoco tu dolor y tus gozos                          7(2.6)+4(3)
que pobremente fueron míos                      9(2.4.6.8)

Si como parece, el segundo verso se subordina al primero, “dolor y gozos”, esta división y sus pausas serían más adecuadas sintácticamente, y ese verso de 7+4, aunque extraño y algo tenso, mantiene su ritmo marcado por la aguda “dolor” y el seudohemistiquio tetrasílabo.

En resumen, cuando se habla de “verso libre” hay que ver si dicho verso aún mantiene estructuras rítmicas internas, en cuyo caso no es libre, y hay que tener en cuenta que en muchos casos nos moveremos por zonas fronterizas en que el verso fluctúa entre el sostén rítmico y el verso liberado de dicho sostén. Se pueden realizar análisis métricos, como los que he realizado yo en algunos de los poemas para distinguir las estructuras métricas, pero lo más importante es recitar el verso y escuchar ese ritmo que acompaña a los poemas de base métrica y en todo caso utilizar los análisis para corroborar y cuantificar lo que el oído nos ha indicado.

Comentados los distintos tipos de versos libres y vistos unos cuantos casos de versos denominados libres que no lo son, en un posterior artículo trataré del auténtico verso libre y citaré algunos poemas libres que sí que escapan de los ritmos métricos.


 [1] Juan Frau. La rima en el verso español: Tendencias actuales. Revista Rhythmica nº2. Pag. 109.

[2] Mª Victoria Utrera. Historia y Teoría del verso libre. Cap. VI. El verso libre en la poesía española de los últimos 30 años. Pag. 281 a 315. Padilla libros. Sevilla, 2001

[3] Tomás Navarro Tomás. Métrica española. Ed. Labor. Barcelona, 1991 Pag. 454 “El único elemento tradicional que el versolibrismo acepta como indispensable es el ritmo. Por lo menos en ese punto se reconoce que el verso libre no es enteramente libre. No se trata, sin embargo, del mero ritmo acentual y silábico producido por la proporcionada regularidad en los tiempos marcados. En el verso libre el factor que coordina artísticamente las palabras es sus grupos respectivos se funda en la sucesión de los apoyos psicosemánticos que el poeta, intuitiva o intencionalmente, dispone como efecto de la armonía interior que le guía en la creación de la obra (…/…) Con mayor riesgo que cualquier otro metro de forma definida y corriente, el verso libre pierde su virtud si sus cambios, divisiones y movimientos carecen de ritmo perceptible o resultan vanos e injustificados en el desarrollo de la composición

[4] Rafael Alberti, Poemas diversos (1945-1956). Poesías completas, Buenos Aires, Editorial Losada, 1961, p. 790.

[5] José Domínguez Caparrós. Métrica española. Editorial Síntesis. Madrid, 2000. Pag.185

[6] Kurt Spang. Ritmo y versificación. Universidad de Murcia, 1983

[7] Mª Victoria Utrera. Ritmo y sintaxis en el verso libre. Rhythmica, I, 1, 2003 Pag 303: Las definiciones que poetas y estudiosos han dado a lo largo del tiempo del verso libre suelen presentar problemas por su ambigüedad, por la imposibilidad de ser aplicadas a distintas manifestaciones del verso libre y, muy especialmente, porque son en buena medida definiciones negativas, es decir, definiciones que no vienen a explicar el verso libre por sus valores y elementos distintivos respecto al verso regular, sino que sólo niegan la existencia de determinados elementos de éste en aquél. Definir el verso libre por negación del concepto de verso es implícitamente definir la prosa. Ante este hecho evidente, poetas y estudiosos afirman repetidamente que, fuera de las convenciones métricas tradicionales, a las que el verso libre escaparía, aún queda en él el ritmo. Pero, de nuevo las formas de entender el ritmo se multiplican, (…)

[8] Mª Victoria Utrera. Historia y teoría del verso libre. Padilla libros. Sevilla, 2001 Referencias a J.R Jiménez y Borges (pag. 52), Whitman (pag.65 y 71), Cernuda (pag.73)

[9] Esteban Torre. Sílabas y acentos. Fundamentos fonéticos y fonológicos del ritmo. Rhythmica I, 2003 Pag. 281

[10] Isabel Paraíso. El verso libre hispánico. Editorial Gredos. Madrid, 1985 y La métrica española en su contexto románico. Arco libros. Madrid, 2000 Capítulo 11” Poemas no estróficos: El verso libre” Pag.185

[11] Mª Victoria Utrera. Historia y teoría del verso libre. Pag. 301


 

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)







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