Las nueve musas
Revista Las nueve musas

El versolibrismo, más allá de la métrica poética

En un reciente artículo publicado en “Las nueve musas” ya traté de El versolibrismo y los versos métricos que esconde.

En el artículo citaba las opiniones de importantes tratadistas, y la mía propia, sobre lo que es realmente versolibrismo y lo que es verso métrico disfrazado de libre, ya que mantiene un ritmo acentual subyacente que impide calificarlo como libre.

También se trataba de esos versos “cuasimétricos” situados en la zona fronteriza, a veces difícil de definir con exactitud, donde el verso fluctúa entre el sostén rítmico y el verso liberado de ese soporte.

En el artículo se comentaban los estudios de los profesores Juan Frau y Mª Victoria Utrera, acerca de la poesía española más reconocida del último cuarto del siglo pasado, que determinan que más del 80% de esos poemas seguían manteniendo un soporte de ritmo métrico, a pesar que en general se considera que la poesía actual está dominada por el verso libre.

También se analizó la clasificación del llamado verso libre que efectuó Isabel Paraíso[1] tanto de los considerados de ritmo fonético como de los denominados de ritmo semántico, aunque el análisis más profundo de estos últimos se dejó para este artículo. Los llamados de ritmo fonético suelen encubrir estructuras métricas o cuasimétricas, tal como se vio en varios ejemplos y como era previsible, ya que el ritmo fonético es un ritmo acentual típico de las estructuras métricas e incompatible con la libertad del verso.

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Por tanto, es en los versos que sólo se sustentan un ritmo semántico dónde se encuentran los ejemplos más representativos del auténtico verso libre, tanto en el paralelístico de recurrencias sintácticas y semánticas entre versos, y que tiende a la prosa poética cuando se alargan esos versículos, como en el de imágenes acumuladas o yustapuestas que se basa en el ritmo de esos conjuntos de imágenes poéticas. Voy en este artículo a profundizar en este tipo de verso de ritmo semántico y colocar unos cuantos ejemplos de versos liberados del ritmo fonético, pero sustentados en ese otro ritmo que los debe permitir diferenciar de la prosa.

En resumen, Paraíso clasifica estos versos que no se sustentan en un ritmo fonético, sino en un ritmo semántico, en:

—Versos paralelísticos

—Menores

—Mayores (de versículo o versículo mayor)

—Versos de imágenes (acumuladas o yuxtapuestas)

Los análisis del verso libre de sustento métrico semántico son bastante subjetivos y las fronteras difusas, tanto entre la diferenciación entre poema y la prosa, como en el de si un contenido es poético, sea en un formato de poema o de prosa. En cambio, cuando se trata de ritmos fonéticos es bastante más fácil establecer unos criterios objetivos, ya que existen unas estructuras acentuales, unas longitudes versales y, a veces, unos finales del verso con rima que se pueden analizarlos de forma objetiva. Además, en esos casos se percibe la armonía sonora entre dichos versos al recitar un poema.

Qué es poético, y qué no lo es, depende en cierta forma de los gustos del autor o receptor del texto, y aunque haya unos cánones establecidos por la crítica, no todo el mundo los comparte y es complejo intentar establecer unas reglas generales. Si ese texto poético es prosa o poema libre sustentado por ritmos semánticos es también algo difícil de determinar objetivamente, sin considerar los gustos personales. Quizá sea por ello por lo que escasean los buenos textos didácticos sobre el versolibrismo; yo destacaría los siguientes de entre los publicados los últimos años.

De Isabel Paraíso: “El verso libre hispánico”[2] que es un libro de referencia que efectúa un completo repaso histórico desde los inicios del llamado versolibrismo, pero que incide poco en un análisis sistematizado de las diferencias entre el verso libre y el métrico y “La métrica española en su contexto románico” [3] donde dedica  el capítulo 11º “Poemas no estróficos II. El verso libre” a un análisis de los distintos tipos de versos que considera libres con ejemplos, y que me parece mucho más concreto e interesante. En mi artículo anterior ya comenté esa clasificación y mi consideración de que los amparados en el ritmo fonético son en general versos métricos o cuasimetricos, por ello me centraré en este artículo en los de ritmo semántico.

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Por otra parte, Mª Victoria Utrera, ha publicado “Historia y  teoría del verso libre”[4] y otro libro muy similar “Estructura y teoría del verso libre”[5], pero que no contiene el capítulo donde analiza la muestra de 950 poemas de referencia del último cuarto del siglo pasado. En dicho estudio, ya citado al inicio de este artículo, se determina que el 68% de dichos poemas son métricos y el 12% tienen una cierta base métrica, o sea que sólo un 20 % pueden considerarse auténticos poemas de versos libres. Utrera sigue, en general, la clasificación de los versos que estableció Paraíso.

A parte de estos, he podido encontrar pocos textos didácticos que traten en profundidad del verso libre y sus diferencias con el métrico, más allá de algunos artículos puntuales en revistas poéticas y las escasas referencias que se efectúan en los libros básicos de la teoría métrica, como los de Navarro Tomás, Quilis o Domínguez Caparrós[6].

Entrando en el análisis de los versos de ritmo semántico y estructura paralelística, o sea los de recurrencias sintácticas y semánticas entre versos, Paraíso los divide entre menores y mayores y los mayores, a su vez entre los de versículo y versículo mayor.

En los versos paralelísticos menores, que son los que tienen unas longitudes versales normales o sea en general inferiores a las 14 sílabas, se clasifican poemas en los que es fácil distinguir el ritmo producido por la relación paralelística entre versos, sea de respuesta o ampliación de lo dicho. Como ejemplo suele citarse el poema “Heraldos” de Rubén Darío, donde queda claro en ese paralelismo reforzado por las anáforas relacionadas con “anuncia”:

¡Helena!
La anuncia el blancor de un cisne.
¡Makheda!
La anuncia un pavo real.
¡Ifigenia, Electra, Catalina!
Anúncialas un caballero con un hacha.
¡Ruth, Lía, Enone!
Anúncialas un paje con un lirio.
¡Yolanda!
Anúnciala una paloma.
¡Clorinda, Carolina!
Anúncialas un paje con un ramo de viña.
¡Sylvia!
Anúnciala una corza blanca.
¡Aurora, Isabel!
Anúncialas de pronto
un resplandor que ciega mis ojos.
¿Ella?
(No la anuncian. No llega aún).

 Otro ejemplo de verso libre paralelístico de Jorge Luis Borges en su poema “Un poeta oriental”:

Durante cien otoños he mirado
tu tenue disco.
Durante cien otoños he mirado
tu arco sobre las islas.
Durante cien otoños mis labios
no han sido menos silenciosos.

En este caso existe ritmo paralelístico, pero también hay bastantes bases métricas en los versos. Los cuatro primeros tienen un claro ritmo métrico (endecasílabo, pentasílabo, endecasílabo y heptasílabo). El penúltimo, que en conjunto es un decasílabo, se inicia con el repetitivo “Durante cien otoños” (heptasílabo) y “mis labios” se puede considerar un puente trisílabo. Y el último verso es un claro eneasílabo compatible armónicamente con todo el resto de impares. Por todo ello, además del ritmo semántico paralelístico, en este caso se trata de un poema sustentado por ritmo métrico, en que solo se tensa el ritmo del 5º verso.

Los llamados “Versos paralelísticos mayores” se dividen, asimismo, en de versículo y versículo mayor, según sea la longitud de esos versos. En el artículo anterior El versolibrismo y los versos métricos que esconde efectué un análisis para demostrar que, a veces, esos largos versículos ocultan versos de longitud normal, por lo que existe un ritmo métrico subyacente. Así era en el ejemplo de Antonio Carvajal, en que unos versículos de 42, 40, 11, 11 y 29 sílabas, se podían descomponer en 14 versos de longitud normal (como máximo 14 sílabas) que constituían una silva armónica de impares y en que los finales versales respetaban las divisiones sintácticas del texto.

Dejando aparte este tipo de versos métricos encubiertos por una estructura de aparente versículo libre, es difícil distinguir los poemas libres en versículo de los textos en prosa poética. Ese paralelismo entre versículos suele ser bastante subjetivo y cuanto más largos, el caso de los versículos mayores, son más difícil es asimilarlos a un verso. Sí que hay una cierta correlación entre versículos de reiteración o contraposición de ideas, pero, al menos para mí, esos textos están mucho más cerca de la prosa que de un poema en verso. Esto no desmerece en nada la calidad poética de un texto, que puede estar escrito en versos o en prosa, pero creo que es mejor reservar la calificación de “verso” para una línea de texto no demasiado larga y como “poema” a la composición poética formada por versos.

Respecto a los versos de ritmo semántico de imágenes, se dice que esta estructura se basa en una red de imágenes poéticas, normalmente metáforas, con una relación de equivalencia o contraposición. Estos versos libres no han de presentar un ritmo fonético armónico, ya que entonces los clasificaríamos como de base métrica y no como versos libres. Como he citado anteriormente, este vuelve a ser un análisis en que la subjetividad del lector tiene bastante influencia en cuanto si lo considera un poema en verso libre o un texto en prosa cortado en supuestos versos.

Sí que hay dos aspectos que creo vale la pena destacar: las asonancias en los finales versales y si dichos finales versales se corresponden con finales de frases sintácticas o hay encabalgamientos.

Respecto a las asonancias, creo que en un poema libre la existencia de muchas asonancias en los finales versales produce un sonsonete rítmico que desmerece la principal cualidad del verso libre, o sea su libertad fonética. De alguna forma se está produciendo una rima irregular que choca con esa pretendida libertad.

Respecto a los encabalgamientos o divisiones arbitrarias de las líneas versales sin tener en cuenta la sintaxis del texto, también opino que no son convenientes en un poema libre y que si se efectúan solo es por un efecto estético en el poema. Un tema distinto son los encabalgamientos en un poema de base métrica, ya que en ese caso la consistencia del ritmo métrico sostiene al verso y permite esa libertad entre la sintaxis y el verso. En este caso de poemas métricos, teniendo cuidado con los encabalgamientos abruptos, los encabalgamientos pueden dar alas a un texto encorsetado por la esticomitia versal, por lo que existen muchos poemas isométricos rimados, a los que dichos encabalgamientos permiten que se evite un ritmo fonético demasiado repetitivo. En el verso libre, en cambio, esos encabalgamientos solo tienen el efecto de resaltar una frase o dibujar una composición gráfica determinada, pero dificultan la correcta lectura del poema, ya que nunca hay que olvidar que al final del verso debe de existir una pausa versal, que sólo se minimiza en encabalgamientos en los que el verso se soporta por rima, por metro o por ritmo fonético.

Con lo dicho anteriormente no quiero desmerecer la calidad de textos cortados de esa forma, simplemente indico que para mí el objetivo de un poema es trasladar a su lector un relato poético. Por eso, esa partición versal dificulta esa comprensión y lo asemeja más a un efecto visual que a uno fonético, ya que nunca hay que olvidar que la palabra y las oraciones son las unidades básicas que construyen el relato; relato que debe poder transmitirse por la voz, más importante en este caso que la imagen de su composición gráfica.

Vuelvo a repetir, que no quiero que de lo anteriormente expuesto se deduzca que estoy en contra del verso libre. He citado casos en que el verso no era libre, sino métrico, que ese verso estaba mal dividido, lo que dificultaba su lectura, o que era prosa que se había querido disfrazar de verso.

Voy a comentar varios ejemplos que, tras todo lo dicho, considero auténticos versos libres sustentados en el ritmo semántico de imágenes. El primero de Elvira Sastre[7], una de las más conocidas voces nuevas de la poesía española. Este es el inicio de su poema “Reina de mi castillo de aire”

Siento una urgencia extrema                                                        7(1.4.6)
de no decirte nada,                                                                          7(4.6)
como si en mi pecho                                                                         6(1.5)
cabalgaran ambulancias en silencio.                                         12(3.7.10)
Debe ser que a veces                                                                        6(1.3.5)
me da por pensar                                                                              6(2.5)
que este olvido me queda algo grande:                                    10(3.6.9)
se me cae de los dedos,                                                                  8(3.7)
empapa mi pelo como una tormenta,                                       12(2.5.7.11)
anuda mi estómago y ata mis manos.                                      12(2.5.8.11)
Me sobra olvido                                                                                 5(2.4)
por los pies cuando paseo                                                              8(3.7)
y llego a tu casa                                                                                 6(2.5)
y observo tu buzón                                                                           7(2.6)
que me grita todo lo que no nos contamos. (…)                    4(3)+9(1.5.8)

Aunque hay una mayoría de versos metro par, los dodecasílabos tienen distinto ritmo interno y dos de ellos son de ritmo mixto, algo difícil para mantener la armonía métrica en versos largos. Respecto a las asonancias, solo hay una perceptible entre los versos 3º y 4º, y los versos tiene un soporte sintáctico al no existir encabalgamientos. El ritmo de imágenes metafóricas en un texto de calidad y la ausencia continuada de ritmo fonético, hacen de estos versos un buen ejemplo de versos libres.

Otro ejemplo, este de Pura Salceda[8], que también mantiene el soporte sintáctico y combina versos de distinto metro y ritmo, con potentes imágenes líricas y con una sola asonancia perceptible entre el antepenúltimo y el penúltimo verso.

Estoy en esa delgada frontera                                                     11(2.7.10)
cuando las manos dibujan                                                             8(1.4.7)
gemidos en el aire                                                                             7(2.6)
y las palabras que no te digo                                                        10(4.7.10)
se ahogan en las sombras del verano.                                      11(2.6.10)
Camino hacia ese dulce precipicio                                               11(2.6.10)
al que me doy                                                                                     5(4)
cayendo entre tus dedos y mis sueños                                      11(2.6.10)
con todos los sentidos al vuelo,                                                    10(2.6.9)
esperándote.                                                                                      4(3)

Por último, un ejemplo de García Lorca, “La aurora”[9] de su libro “Poeta en Nueva York”, que suele considerarse un ejemplo de poesía surrealista y libre. Las dos primeras estrofas están formadas por versos libres con ritmo de imágenes poéticas y, además, un cierto paralelismo al referirse al inicio de cada estrofa a la “aurora”:

La aurora de Nueva York tiene                                                      9(2.7.8)
cuatro columnas de cieno                                                               8(1.4.7)
y un huracán de negras palomas                                                10(4.6.9)
que chapotean las aguas podridas.                                           11(4.7.10)

 La aurora de Nueva York gime                                                     9(3.7.8)
por las inmensas escaleras                                                            9(4.8)
buscando entre las aristas                                                             8(2.7)
nardos de angustia dibujada.                                                       9(1.4.8)

Hay que destacar que los versos 1º y 5º se tensan algo en el recitado por la existencia de dos sílabas tónicas contiguas en 7ª y 8ª posición, lo que obliga a una pequeña pausa intermedia. En cierta forma, por la pequeña variación en las longitudes podría considerarse una estructura de “versos fluctuantes libres”, descrita en mi anterior artículo sobre el versolibrismo con un ejemplo de “Soledades” de Antonio Machado. Sin embargo, en este caso por la ausencia de cualquier tipo de rima y asonancias, y los distintos ritmos internos de los versos, creo que es mejor considerar estas estrofas como de verso libre de ritmo semántico de imágenes con una cierta estructura paralelística.

En cambio, el resto de estrofas del poema mantiene una estructura métrica formada por versos alejandrinos blancos, con dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno, y ninguna asonancia entre los finales versales.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

 Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

 La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

En resumen, métricamente el poema mantiene un inicio libre para acabar con una armonía métrica muy marcada y cuida especialmente que no existan ni rimas ni asonancias irregulares.

Espero que con este artículo, y el anteriormente publicado, haya podido recopilar y transmitir lo que considero verso libre y lo que creo que sigue siendo verso de base métrica, aunque a veces las divisiones versales lo oculten o las modas prefieran denominarlo como libre. Ya he indicado que entre el versolibrismo y la prosa poética hay unas fronteras difusas que suelen depender de los gustos de autores, críticos y lectores. Para mí, para que el verso sea libre no debe sustentarse en estructuras de ritmo fonético, aunque sean subyacentes, y sí que debe mantener un ritmo semántico, que en la poesía versolibrista actual suele ser de imágenes. Asimismo, considero que el verso libre debe evitar el exceso de asonancias y ser respetuoso con los encabalgamientos.


[1] Isabel Paraíso. La métrica española en su contexto románico. Arco libros. Madrid, 2000. Pag. 191

[2] Isabel Paraíso. El verso libre hispánico. Editorial Gredos. Madrid, 1985.

[3] La métrica española en su contexto románico. (ver nota 1).

[4] Mª Victoria Utrera. Historia y teoría del verso libre. Padilla libros. Sevilla, 2001

[5] Mª Victoria Utrera. Estructura y teoría del verso libre. CSIC, 2010.

[6] —Tomás Navarro Tomás. Métrica española. Ed. Labor. Barcelona, 1991. —Antonio Quilis. Métrica española. Ed. Ariel. Barcelona, 1997. —José Domínguez Caparrós. Métrica española. Ed. Síntesis. Madrid, 2000.

[7] Elvira Sastre. “Ya nadie baila. Reina de mi castillo de aire”. Valparaiso ediciones, Granada, 2015. Pag. 101.

[8] Pura Salceda. “Versos de perra negra. Precipitarse”. Sial ediciones. Madrid, 2005. Pag. 50.

[9] Federico García Lorca. “Poeta en Nueva York. La aurora”.  Obras completas. Galaxia Gutemberg. Barcelona, 1996. Pag. 536.


 

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, SIAL Ediciones, 2011.
Islario de Pasiones (plaquette bilingüe español – griego, traducida por Maira Furnari), 2015
La palabra es mágica, 2010-2016

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos, Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos, Bebookness, 2016 (edición digital)







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