Las nueve musas
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“Crossovers” en la música culta

La música culta vive en la actualidad una natural e inevitable inercia, por incluir distintas influencias o géneros musicales en su repertorio. A esta acción la conocemos popularmente como un crossover musical y consiste en experimentar con distintos estilos de música, para fusionarse creando algo nuevo.

Lo que hace que sea posible un crossover en la música clásica, es la combinación de esta misma, con la que gravita alrededor de ella.  Cabe aclarar que estas influencias anteriormente eran consideradas polarizantes, pero hoy en día se reconocen como algo que puede  nutrir de originalidad al género mismo.

Esta “transgresión” se ha ido cada vez consolidando como una realidad, ya que a través de los años se ha ido esclareciendo, que estas influencias son “válidas” o suficientemente dignas, para ser incluidas en la música clásica, o al menos utilizadas por los compositores de las nuevas generaciones.

Hoy en día no es extraño encontrar entre los perfiles de los compositores, lo que antes podía resultar un perfil contradictorio, ya que estos vienen en grandes porciones de distintos entornos como el rock, jazz, música latina, funk, punk música electrónica, entre otros géneros y estos no se limitan sólo a un estilo de música o género para componer. Por ejemplo, el polifacético compositor británico Jonny Greenwood, hace música para cine además de componer para otros entornos, componiendo música clásica tonal, atonal, música contemporánea, música espectral, experimental entre otras cosas, además de participar en uno de los grupos más importantes de rock de nuestro tiempo que es Radiohead.

El avecindamiento de las nuevas influencias ha llegado también a la ópera, creando así el crossover de Rock/ópera. De acuerdo al musicólogo de la Universidad de Toronto Ken McLeod (2001, p,191), “la ópera, para bien o para mal, está reclamando activamente su estatus de música popular”, aunque también afirma que “el público y los fanáticos de cada género a menudo se mantienen inmóviles en sus gustos y frecuentemente sospechan profundamente [el uno del otro], incluso se muestran resentidos cuando existen este tipos de fusiones”. Esto no ha detenido a los músicos a crear estas fusiones en un sinnúmero de obras

Desde los años 60 vislumbramos intentos de llevar la ópera al rock por ejemplo en las “Rock operas”, que han llegado a escenarios en Broadway o incluso a hacerse películas que han sido muy exitosas. Y aunque poco tienen que ver con el formato mismo de la ópera tradicional decimonónica, son movimientos importantes de la creación de fusiones. Entre estas están “The Wall” (1979) de Pink Floyd, “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” (1972) de David Bowie, “The Lamb Lies Down on Broadway” (1974) del grupo Genesis, “Too Old to rock ‘n’ Roll: Too Young to Die!” de Jethro Tull, “Six Degrees of Inner Turbulence” (2002) de Dream Theater, hasta  la punk opera de  Green DayAmerican Idiot” (2004), entre varias otras más.

Durante los años 90 también se lleva la ópera al rock, no necesariamente en forma de ópera, por ejemplo lo vemos en la canción de “Barcelona” de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, o “Pavarotti and Friends” con la participación de artistas como Sting, Cranberries y otros como U2 con “Miss Sarajevo”. Pero quizá el ejemplo más simbólico sería el famoso “Bohemian Rhapsody” (1974) de Queen, en su álbum “A Night at the Opera”, que utilizó más de 180 grabaciones de coro para simular el efecto sónico deseado (Mcleod, 2001) y que fue descrita en Inglaterra como un “simulacro de ópera” (Hodkinson 1995, p. 202. Citado por Mcleod).

También existen obras operísticas que han sido influenciadas por el rock, por ejemplo la ópera minimalista “Holy Blood and Crescent Moon” del baterista Stewart Copeland o “The Forest” (1991) de David Byrne, entre otras (Mcleod, 2001).

Y encontramos fácilmente la influencia del jazz en la ópera y otros formatos dentro de la música culta, por ejemplo en obras como “Blue Monday” (1922) o “Porgy and Bess” (1935) de George Gershwin, “A Light for St. Agnes” (1925), de W. Frank Harling’s, “Jonny Spielt Auf” (1927) de Ernst Krenek o incluso en “Regina” (1949) de Marc Blitzstein. Hoy en día también vemos influencia de hip hop, música electrónica, canto gregoriano renacentista, entre otras cosas, presentes en la ópera, como lo es “Angel’s Bone” y otras óperas.

De acuerdo a la musicóloga Jennifer Ottervik (1995),  en las obras de hoy en día se ve desde el uso de “Blue notes, ritmos fox-trot hasta el uso de instrumentos de jazz y el empleo de elaborados pasajes de improvisación” (Ottervik, 1995).

Y en el Rock, también la ópera ha impactado a solistas, por ejemplo surgió el movimiento del post-punk avant garde, en donde la cantante alemana Nina Hagen adoptó desde entonces técnicas operísticas como el sprechstimme de Schöenberg y técnicas utilizadas en óperas de Alban Berg, además de adaptar arias completas de óperas y oratorios como el “Sansón” de Handel, o Purcell, adecuándose a su estilo y acompañándose con sintetizadores (Mcleod, 2001)

Es importante reconocer y recordar, que la música clásica conserva la herencia de varias civilizaciones, desde la creación  y evolución del canto gregoriano durante la Edad Media y Renacimiento, hasta las tantas danzas barrocas que Bach utilizó en sus piezas como formas compositivas, hasta el modernismo de Debussy y las aportaciones de cubismo, neoclasicismo, entre otros, de Stravinsky,  por lo que no nos debe resultar extraño el hecho de que hoy en día, se le sigan abonando influencias a la tradición clásica de nuestro tiempo. Hoy simplemente tenemos medios más pronunciados como el internet que hacen más notorios los cambios o influencias que suceden en el momento y que se van adecuado a las convenciones y necesidades del escucha.

Es importante mencionar que de acuerdo a un estudio hecho en España en relación al consumo de música clásica y música popular, se descubrió que aunque no son el mismo tipo de personas las que escuchan música clásica o música popular en todas las regiones de España, sí existe un consumo significativo de ambos géneros en nuestro tiempo y se consideran actividades urbanas (Prieto-Rodríguez, Fernández-Blanco, 2000). Por lo que se puede concluir que estamos más acostumbrados a escuchar fusiones de géneros en las nuevas estructuras en nuestro tiempo.

En suma, cada vez son más las fusiones y ejemplos que podríamos nombrar para ejemplificar lo que sucede en nuestro tiempo, pero es posible considerar que precisamente son todas estas influencias —provenientes del XX y XXI— las que hacen que la música clásica o culta continúe viva sin perder su carácter.

Consistirá en la destreza de quien las use para que sus obras sean originales o no. Pero es importante reconocer al menos esta nueva realidad en la música clásica, el crossover, la cual nos ubica en el centro del postmodernismo.


Mcleod, K. (2001). Bohemian Rhapsodies: Operatic Influences on Rock Music. Cambridge University Press. Popular Music, Vol. 20, No. 2 (May, 2001), pp. 189-203.

Ottervik, J. (1995). The Use of Jazz in Opera (Tesis de maestría)

Prieto-Rodriquez, J., Fernández-Blanco, V. (2000).  Are Popular and Classical Music Listeners the Same People? Journal of Cultural Economics 24: 147–164, 2000.


 

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Alfonso Molina

Alfonso Molina

Alfonso Molina (b.1980) compositor mexicano de ópera, música orquestal, música de cámara, teatro musical, música de cine y otras artes visuales, de Sonora, México.

La música de Molina utiliza elementos y técnicas expresivas del siglo XXI, así como influencias populares impulsadas desde el pasado, para crear música. Mientras vivía en Nueva York, Molina estableció numerosos trabajos de colaboración con coreógrafos, compañías de teatro y cineastas. Realizó sus estudios profesionales con Rudolph Palmer y David Tcimpidis en The Mannes Conservatory, The New School for Music y obtuvo su Maestría en Música, estudiando con Richard Danielpour y Marjorie Marryman en la Manhattan School of Music. Los estudios adicionales incluyen estudios con Samuel Zyman y Ladislav Kubik y tiene un doctorado de la Universidad de Arizona que estudia con Daniel Asia.

Sus trabajos han sido realizados en Nueva York, California, España, Brasil, República Checa, Arizona, entre otros lugares por la Orquesta de Philarmonia de MSM, la Filarmónica de Jazz, el Cuarteto de Mivos, AtonalHits, Músicos Asociados de Create New York (AMF Local 802) / RMA, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA), la Orquesta Sinfónica de Sonora (OFS), los jugadores de cámara de la Orquesta Filarmónica Checa y varios solistas. En México, sus obras se han realizado en el Palacio de Bellas Artes, el Museo Tamayo, entre otros lugares.

Su primera ópera titulada "Alienidad ilegal" (2014) ganó reconocimiento internacional en los Estados Unidos y en México desde su estreno en Arizona. La ópera trata temas de inmigración como la xenofobia y el derecho a la propiedad privada y recibió el Premio a la Defensa por parte de la Boston Metro Opera (BMO) y es parte de los programas educativos en curso de Boston. En 2016, se realizó en Alamos, México, como parte del Festival de Música Ortiz Tirado (FAOT). Molina también escribió un musical titulado Monarch, un musical mexicano-estadounidense, sobre Dreamers en los Estados Unidos, así como las luchas que los latinoamericanos enfrentan hoy en día en los Estados Unidos mientras son perseguidos.

Molina ha recibido numerosos premios, entre ellos, ASCAP, la Fundación Carolina, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México (FONCA-CONACYT), entre otros. Sus trabajos incluyen bandas sonoras como “De Nadie-Border Crossing (2006) Ganador del Premio del Público en Sundance, Proof of Birth (2007) y otros.

Actualmente, Molina está haciendo una residencia en Barcelona España, gracias a una beca de la Fundación Carolina, en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), que trabaja con Artes Visuales Musicales.




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