Las nueve musas
Mariano José de Larra

Costumbrismo y crítica social en los artículos de “El Pobrecito Hablador”

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  1. El momento histórico. Europa y España a finales del siglo XVIII e inicios del XIX.

 El periodo de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, significó un profundo cambio en las estructuras políticas, sociales y culturales de lo que hoy llamamos mundo occidental (revolución francesa, independencia de los Estados Unidos, de las colonias españolas y de Grecia, revolución industrial inglesa, reforzamiento de los nacionalismos, fin de la Ilustración, aparición del Romanticismo, etc.).

El pobrecito habladorLas revoluciones que arrasaron Europa[1] a fines del XVIII, no respondieron a las expectativas de los pensadores de la ilustración, y la burguesía comenzó a ver como peligrosos sus principios de libertad e igualdad, que podían incitar a las masas y amenazar la pervivencia de su clase social. Además, la “revolución industrial” inglesa evidenció que el progreso producía mayor miseria y tensión social. Por ello, los intelectuales, que estaban a la vanguardia de esta nueva conciencia, sufrieron una crisis que llevó a la aparición del Romanticismo.

En España este proceso fue algo distinto. La Ilustración fue más débil que en Europa, a causa de la persistencia de un régimen de tipo feudal en que la agricultura y la ganadería primaban sobre la incipiente industria (limitada a zonas periféricas), y en el que la propiedad y la riqueza estaban concentradas en la aristocracia y la iglesia, y la burguesía no tenía el peso que tenía en otros países europeos. Por ello, los ilustrados[2], en ausencia de una burguesía potente, intentaron una revolución social que permitiese el crecimiento de los modelos económicos burgueses, pero esto fue obstaculizado por factores tales como guerras, malas cosechas, competencia comercial europea, reacción del poder, etc., que impidieron su desarrollo.

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  • Larra, Mariano José de (Author)

Aunque la guerra de la Independencia abrió nuevas perspectivas, la Constitución de 1812, de signo más liberal, contaba con un apoyo minoritario y al regreso de Fernando VII se restablecieron las instituciones del antiguo régimen. La crisis económica y social hizo evidente la insuficiencia de esas instituciones y la necesidad de un cambio más en línea con el programa liberal. A ello se sumó la aparición de los Carlistas, aún más conservadores que los conservadores que gobernaban; ante esta amenaza carlista la importancia de los liberales se acrecentó y en la década de los 30 tenían la posibilidad de modificar el equilibrio de fuerzas políticas.

Esta es la base de la aparición del débil y tardío romanticismo español[3]. Edmund King[4], indica que en la década de los 30 los españoles no habían atravesado la crisis espiritual que generase un revulsivo movimiento romántico. No obstante, como cita Kirkpatrick[5]: “A pesar de ello, los cambios operados en la década de los treinta crearon las condiciones históricas que dieron lugar a que ciertos individuos de la vanguardia de la conciencia experimentaran la crisis que había surgido en el Romanticismo. Larra fue uno de ellos”.

En ese contexto, España estaba atrapada por el sistema occidental que ejercía poderosas presiones sobre una economía atrasada. Por ello, las etapas del proceso cultural se condensaron en pequeños lapsos. Las masas españolas vivían en condiciones medievales y se intentaban recetas tradicionales para solucionar los problemas económicos. Las clases dirigentes renovadoras se sustentaban aún en un pensamiento ilustrado, pero a la vez los intelectuales (entre ellos Larra) eran conscientes tanto de las ideas europeas como de los problemas que podía ocasionar su implantación indiscriminada. Por ello, propugnaban la necesidad del cambio, pero estaban inquietos por las consecuencias desagradables que ello podría conllevar.

  1. Breve sinopsis de la vida de Larra hasta la época del “Pobrecito hablador”, y su relación con el momento histórico.

 Mariano José de Larra nace en Madrid en 1809, hijo de un médico afrancesado que tuvo que exiliarse con su familia en 1813 y pudo regresar en 1818. Por ello, su primera fase de instrucción, hasta los 9 años, fue en francés. A su vuelta estudió en las Escuelas Pías de Madrid, posteriormente estuvo interno en Corella (Navarra) y en 1822 y regresó a Madrid ingresando en el Colegio Imperial de los Jesuitas y en los Reales Estudios de San Isidro.

La formación inicial de Larra es interesante para su obra, ya que le posibilitó el dominio del idioma francés, a la vez que le enfrentó a un ambiente de intransigente antifrancesismo que, como indica Carlos Seco[6], unió a tirios y a troyanos y constituyó un calvario para quienes durante la ocupación francesa habían colaborado con los invasores. El joven Larra  sufrió esta situación, como hijo de afrancesado; eso marcó su posición en defensa de la innovación y de lo bueno que nos puede venir del extranjero.

En 1825 inició sus estudios en Valladolid, para cursar Filosofía y Leyes, que abandonó rápidamente a causa de un incidente que no está claramente demostrado, pero que pudo marcar la trayectoria futura de Larra. Se dice[7] que Larra se enamoró de una mujer mayor y luego descubrió que era la amante de su padre; ello le supuso una crisis sentimental, familiar y existencial, dejó Valladolid, intentó proseguir otra carrera en Valencia (medicina) pero tampoco la concluyó y ya en 1927, con apenas 19 años, se encuentra en Madrid. Se ha alejado de la formación universitaria, participa en tertulias literarias como “El parnasillo”, compone poesía y tiene sus primeros empleos como funcionario en la Junta Reservada de Estado y la Inspección de Voluntarios Realistas.

Sea cierto o no ese incidente con su padre, el hecho es que Larra, en ese frenético ritmo de vida, acorta las etapas y se inicia tempranamente en la vida literaria. Por la censura de la época, era difícil representar nuevas obras teatrales y se publicaban pocos libros; probablemente por ello, sus inicios son poéticos. Su primera obra, publicada en 1827, es “Oda a la exposición primera de las artes españolas” en la que anticipa la necesidad de abrirse al exterior, elogiando el progreso industrial y la regeneración económica.

Pronto se centra en el periodismo, que será su actividad principal, y en 1828 consigue autorización para publicar una revista unipersonal, “El duende satírico del día”, de la que edita cinco números entre febrero y diciembre de ese año. Larra concedió posteriormente poca importancia a este periodo, pues no lo incluyó en la primera edición de sus artículos[8] y según opina Enrique Rubio[9] no es hasta la aparición del estudio de José Escobar “Los orígenes de la obra de Larra”[10] que se les da la importancia que merecen. ¿Cómo es posible que este adolescente desconocido y afrancesado tuviese recursos y permisos para publicar en esa época de férreo control de imprenta? Luis F. Díaz Larios[11], se responde esta pregunta indicando la protección que tenía de Fernández Varela y la adhesión formal de Larra al régimen fernandino al ser “Voluntario realista” y empleado en la Inspección de dicho Cuerpo. Esto último puede parecer contradictorio con la posición liberal de Larra y su defensa de las corrientes europeas, pero su paso por esos estamentos fue breve y los utilizó para poder sortear posteriormente a la censura.

El pobrecito hablador (Anotado)
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En “El Duende”, Larra, tal como cita Kirkpatrick[12], “se sitúa dentro de la tradición satírica del periodismo del siglo XVIII, la de Asmodeo el duende crítico que observa y ridiculiza las flaquezas sociales”.  Así, anticipa la línea del posterior “Pobrecito hablador” en el que vuelve a aparecer Asmodeo, llevando a Larra en volandas sobre los tejados de Madrid para que pueda ver la hipocresía de sus conciudadanos. El breve periodo de “El duende” acaba por problemas financieros, conflictos con otro periódico “El correo” y dificultades con la censura. El artículo más celebrado del mismo, y que aparece en la mayoría de las Antologías, es “El café”, en el que Larra inicia sus cuadros costumbristas[13]: “prescindiendo de notas coloristas para ahondar en el carácter de esa galería de personajes que desfilan ante el autor”.

En agosto de 1829, a los 20 años de edad, Larra se casa con Pepita Wetoret, y anticipa el título de uno de sus más famosos artículos posteriores “El casarse pronto y mal”. Tuvo tres hijos, pero ya en 1834 vive separado y alrededor de 1932 inicia sus tormentosas relaciones con Dolores Armijo, una de las principales causas de su suicidio en febrero de 1937.

Los críticos han debatido sobre la temprana erudición de Larra y Carmen de Burgos llegó a proclamarlo “el Voltaire español”. Otros, por ejemplo Lomba o Caravaca[14], son menos pródigos en sus elogios aunque no ponen en duda su inteligencia, precocidad y perspicacia intuitiva. Tal como indica J. Servodidio[15], Larra recibió su formación académica apresuradamente entre 1818 y 1826, y hasta la aparición de sus artículos de costumbres no tuvo demasiado tiempo ni posibilidades para completar su erudición. Pero a pesar de sus lagunas en la formación académica, era un buen conocedor de los escritores del XVIII y su genio era más producto de una mente lógica y analítica, que poética e imaginativa.

  1. “El pobrecito hablador” y sus artículos de costumbres.

En 1832 Larra vuelve al periodismo y lanza “El pobrecito hablador” del que se editaron 14 números. Han pasado 4 años desde la desaparición del “Duende” en los que fundamentalmente se ha dedicado a la traducción de obras de teatro contemporáneo francesas, a escribir el libreto de una ópera y la poesía de circunstancias, lo que le dio cierto renombre en los ambientes literarios.

Su nueva revista logró una buena acogida, y daba expresión a inquietudes derivadas de la revolución de Julio de 1830 en Francia y sus repercusiones en España[16]. En uno de sus artículos del “Pobrecito” “El hombre pone y Dios dispone”, define al periodista diciendo: “Ha de estar en continua atalaya como el ciervo, y dispuesto como la sanguijuela a recibir el tijeretazo del mismo al que salva la vida”. Vicente Molina Foix[17], dice que Larra no utilizaba seudónimos, sino heterónimos “avant la lettre”: a cada una de sus encarnaciones les daba distinta voz y función, haciéndolas alguna vez pelear entre sí.

 En sus escritos fue un observador atento y sagaz de las costumbres de su tiempo a la vez que crítico de las mismas en sus artículos costumbristas. Estos artículos se diferencian de los de sus contemporáneos en la perspectiva escéptica y crítica, como señala Escobar[18], heredada del XVIII, frente al culto prerromántico por lo pintoresco.

“Considera la sociedad como problema y no como modelo que se observa para reproducirlo. Al no pretender copiar simplemente los objetos de la realidad, sino interpretarla críticamente, el propósito de observar y reproducir lo pintoresco no es necesariamente lo que origina el progreso literario de nuestro autor. La observación costumbrista del Pobrecito Hablador es análisis y entraña preocupación. Instrumento crítico, no descripción colorista de la sociedad.”

Joseph Servodidio[19], ahonda sobre la diferenciación de Larra, respecto a sus coetáneos Mesonero Romanos y Estébanez Calderón y la polémica acerca de quién inició el género del “artículo de costumbres”. Al respecto, les adjudica características comunes, como el deseo de reflejar objetivamente la realidad de la sociedad española para corregir tópicos y manifestaciones equívocas, o su reacción adversa al mundo imaginario de la novela romántica; pero indica diferencias significativas. En Mesonero, ve a un humorista bonachón que describe escenas madrileñas exageradamente preocupado por lo trivial y al que le falta penetración. De Estébanez, dice que se centra en su Andalucía natal y saborea los aspectos castizos o tradicionales, mediante el leguaje y el estilo. Frente a ellos, Larra es más personal y subjetivo, y más dotado para la crítica y análisis. Su preocupación se centra más en las ideas que en las cosas y examina con mayor hondura las causas de los problemas del país. Además, esta dolorosa tarea se ve agravada por su personal desesperación y frustración, lo que explica la amargura y pesimismo de su sátira. Continúa diciendo Servodidio, que los críticos indican que la obra de Larra trasciende de los estrechos límites del clásico artículo costumbrista, practicado por sus coetáneos, y pervive en el tiempo.

En este sentido Escobar[20], afirma que Larra infunde al género literario costumbrista, una intensidad subjetiva y una preocupación social renovadora que trasciende lo circunstancial de la mirada costumbrista, profundizando la observación benevolente y conservadora de Mesonero.

Fígaro. Artículos
  • Larra, Mariano José de (Author)

En cuanto a la estructura de sus artículos, en ellos la introducción y la conclusión vuelven sobre las implicaciones de la anécdota central, haciendo una apelación al gusto corriente del público a la vez que conllevan su espíritu crítico y didáctico característico. Todo ello utilizando un estilo divertido, basado en la sátira y la ironía, y en ocasiones en la forma epistolar, que le permite enfrentar al ingenuo “Bachiller de las Batuecas” con el sofisticado y escéptico “Andrés Niporesas” de la capital. Esos dos puntos de vista son el punto de partida de la estructura irónica, en la que Larra adapta y desarrolla un modelo ya iniciado en España el siglo anterior por Cadalso en sus “Cartas Marruecas”. Varios críticos han relacionado la obra de Cadalso con la de Larra, por ejemplo, Azorín en su prólogo de 1917 a las Cartas Marruecas o un interesante artículo de Rusell P. Sebold[21] donde analiza una serie de semejanzas entre la vida y obra de ambos personajes.

La sátira que emplea Larra en “El pobrecito”, como indica Kirkpatrick[22], refleja la confianza en la razón, en el libre intercambio de ideas y el conocimiento positivo de los sentimientos y dogmas que defiende en los artículos, a la vez que procura ser claro para un público inexperto, ilustrándola con anécdotas entretenidas y convincentes. Larra quiere ser un puente entre una élite avanzada que podía entender las alusiones más sutiles y un público más amplio, aún no convencido de la urgencia del progreso y las nuevas ideas.

En sus artículos de costumbres, trata de condenar los males sociales que observa en la sociedad española, para minar el despótico régimen político existente. Cree que la revisión de las grandes instituciones no se podrá efectuar sin antes efectuar un cambio en las unidades menores, la familia y el individuo. Al enfocar esta crítica al individuo, irresponsable o poco colaborador, elude también al censor (al descargar de culpa al Gobierno), pero a la vez incide en la necesidad del examen de conciencia individual, previo a la concienciación de la necesidad de un cambio político. Dijo Clarín[23] de él que: No sólo se adelantó a su tiempo, sino que aún en el nuestro los más de los lectores se quedan sin comprender mucho de lo que en aquellos artículos de aparente ligereza se dice, sin decirlo”.

  1. Los principales temas tratados en los Artículos de “El pobrecito hablador”

 Para la realización de este resumen sobre los temas tratados en los artículos de “El pobrecito” se han analizado los artículos que más comúnmente aparecen en las antologías, y que son, ordenados por fechas: “¿Quién es el público y dónde se encuentra?” (VIII-32); “Carta a Andrés escrita desde las Batuecas por el Pobrecito Hablador” (IX-32); “Empeños y desempeños” (IX-32); “Costumbres. El casarse pronto y mal” (XI-32); “El Castellano viejo” (XII-32); “Vuelva Vd. mañana” (I-33); y “El mundo todo es máscaras. Todo el año es Carnaval” (III-33).

Los temas principales tratados son: Las características del público en general. Los protagonistas del proceso literario y sus gustos o excusas (lectores, autores y libreros editores). La mala educación y formación de la juventud. La importancia de mantener las apariencias. El equilibrio entre las costumbres españolas y extranjeras. Lo “patriotero” y la zafiedad de la clase media, su mala educación y urbanidad. La pereza española y su rechazo a la innovación y a lo extranjero. La hipocresía. Los desarrollo uno a uno a continuación:

Las características del público en general.

 Este es el tema básico de “¿Quién es el público y dónde se encuentra?”[24]. Larra, en su alter ego del pobrecito bachiller, inicia estos artículos y se pregunta “antes de dedicarle nuestras vigilias y tareas quisiéramos saber con quién nos las habemos”. Así paseando por la ciudad y recogiendo impresiones suyas o de con quién conversa va indicando que: “el público pierde el tiempo”, “que tiene mal gusto”, “que es caprichoso”, “que le gusta hablar de lo que no conoce”, que tiene gustos dispares”, “que es una excusa para quien lo cita”, etc. Concluye resumiendo su opinión, tras repasar las notas del día, en que el público es un pretexto tapador de los fines individuales, hasta de los suyos propios “so pena de tener que confesar que escribo para mí”. Además, indica que no existe un público único, que cada uno tiene el propio y que este es heterogéneo como los hombres que lo componen. Este público puede ser: intolerante y sufrido; rutinario y novedoso; preferir sin razón y decidir sin motivo, amar sin porqué y aborrecer sin causa; maligno, malpensado y mordaz; sentir en masa distinto de en particular; atraído por la medianía intrigante y charlatana; olvidadizo con facilidad; ingrato de los servicios importantes; y premia a quien le lisonja y le engaña. También indica que se identifica a este público con la posteridad, y ésta casi siempre revoca sus fallos.

También, al inicio de “El mundo todo es máscaras”[25], cita la dificultad de escribir cada día para el público y contentarlo, cuando hay tantas clases de públicos distintos: necios y discretos, cuerdos y locos, ignorantes y entendidos, dichosos y desgraciados.

Los protagonistas del proceso literario y sus gustos o excusas (lectores, autores y libreros editores).

 Se trata este tema en la “Carta a Andrés”[26]. Inicia el artículo con una duda: ¿No se lee en este país porque no se escribe o no se escribe porque no se lee?, que le da pie para exponer sus ideas y concluir convirtiendo la pregunta en afirmación: En este país no se lee porque no se escribe, y no se escribe porque no se lee. Por tanto “aquí ni se lee ni se escribe”, y con su fina ironía colige que ello es de agradecer a Dios para el bien y eterno descanso de los incultos habitantes de “las Batuecas”.

Comienza repasando las opiniones de los partícipes de este círculo vicioso. Dice el librero que no hay buenos autores, ni público comprador; el autor que no hay libreros que paguen lo justo, ni público comprador; y el posible lector dice que no hay buenos autores nacionales y aunque tenga dinero no compra libros, lo más los toma prestados. Aquí Larra introduce un tema discordante con otras posiciones suyas, en cuanto a que lo único que interesa, si es que interesa algo, son autores extranjeros. Parece que el pueblo español reacio a las ideas del exterior no lo es tanto en cuanto a la literatura y teatro.

Otro tema, que cita con relación a la lectura, es que esa clase media adinerada piensa que la cultura es para los pobres, obligados a trabajar en oficios que no dan dinero pero necesitan de esa cultura (literatos, médicos, abogados, herbolarios, funcionarios, etc.), subestimando los dañinos efectos de su ignorancia.

 La mala educación y formación de la juventud. ¿Costumbres españolas o extranjeras?

 Aparece en “Empeños y desempeños”[27] y “El casarse pronto y mal”[28] . Al inicio del primer artículo mencionado, describe en su supuesto sobrino los vicios de esa juventud de Madrid que de nada sabe y de todo quiere hablar; que no sabe llevar sus cuentas y prefiere que se las lleven sus acreedores; que no tiene dinero para el tren de vida que quiere llevar y que es capaz de empeñar lo que no es suyo para disimular y mantenerlo; que sólo ha aprendido a bailar y a montar a caballo; que maltrata el español e intenta hablar en su mal francés o italiano; que no cree en Dios, por querer ser ilustrado y cree en rufianes; que tiene tal pundonor que por una bagatela da una estocada a su mejor amigo; que con todo ello ocupa su lugar en la corte y es un adorno de la sociedad de buen tono de la capital; y que, además, son ingratos cuando se les hacen favores.

En “El casarse pronto y mal”, trata de las malas consecuencias de esta deficiente educación y formación, y de los excesos de la educación “liberal” que lleva al libertinaje y al desastre. En su final moralizante, otro supuesto sobrino después de haber matado a su mujer y su amante, antes de suicidarse, encomienda el cuidado de sus hijos a su madre y le pide que los instruya mejor que a él. Así mismo el autor, en su conclusión, aboga por no imitar en todo a los extranjeros, sino en lo bueno y a la vez a mantener las buenas costumbres españolas. No hay que querer ir demasiado rápido ni demasiado lento, ni excesivamente ilustrados ni conservadores y, aunque seamos criticados por unos y por otros, hay que buscar la vida media, ni avanzados, ni retrógrados. Este artículo constituye una parodia y una sátira de aquellos “afrancesados” que creen que imitando indiscriminadamente esa cultura y sin el espíritu de sacrificio que caracteriza a las naciones progresistas, se conseguirá mejorar la situación española.

La importancia de mantener las apariencias.

 Tema central de “Empeños y desempeños”[29], en el que efectúa una sátira despiadada de la buena sociedad madrileña que, para mantener sus apariencias, no duda en empeñar sus joyas o sus pieles a personajes rufianescos a los que suplica e invita a sus fiestas, y a las que los prestamistas acuden con las pieles empeñadas por sus anfitriones. Larra describe la vanidad y el orgullo por mantener falsas apariencias de esa clase aristocrática, irremediablemente venida a menos ante el ascenso de la burguesía, por mucho que ellos no lo quieran reconocer y, en una espiral sin fin, empeñen e hipotequen bienes y patrimonios. Por el artículo desfilan esos personajes, enseñando sus miserias, para poder seguir aparentando en público.

Este rasgo se acentuará, en “El mundo todo es máscaras” y derivará en hipocresía, como se comentará posteriormente.

Lo “patriotero” y la zafiedad de la clase media, su mala educación y urbanidad.

 Tema central de “El Castellano viejo”[30]. El protagonista, Braulio, es la expresión del “patrioterismo” español, de que todo nuestro es bueno y lo de fuera malo. Es también un modelo de la zafiedad de la clase media y baja española. No sabe lo que son los usos sociales (más allá de unas frases hechas de cortesía), ni el respeto mutuo, ni delicadeza de trato, ni decir lo que agrada y callar lo que ofende y se muere por “plantar cara al lucero del alba”. Para Braulio, cumplimiento es cumplo y miento, urbanidad es hipocresía, decencia son monadas y a toda cosa buena le aplica un mal apodo. Pero este no es un hecho aislado, los comensales de que se rodea son similares a él.

Cuando “Fígaro” —y aquí ya aparece el seudónimo que utilizará Larra posteriormente— consigue escapar de la horrible comida, pasa por su casa para cambiarse de ropa y se va a ver a sus amigos y así “olvidar tan funesto día entre el corto número de gentes que piensan, que viven sujetas al provechoso yugo de una buena educación…” Larra trata de decir, que las buenas maneras y el refinamiento, son ingredientes de esenciales de toda cultura civilizada.

Este artículo se debe contemplar dentro del contexto de la época; hoy sería políticamente incorrecto cargar en un periódico con tal dosis de ironía contra los bajos gustos o educación de las clases más numerosas. Por ejemplo: la gran audiencia de los teleprogramas basura, la exaltación desaforada de los triunfos deportivos en vez del “fair play”; el éxito editorial de obras mediocres convertidas en “best sellers”; etc., etc. Probablemente, Larra podía efectuar esas feroces críticas porque las clases criticadas no leían nada, ni sus artículos.

 La pereza española y su rechazo a la innovación y a lo extranjero.

 Tema de su artículo más conocido “Vuelva Vd. mañana”[31]. La pereza, vicio español por antonomasia: “No comerán por no llevarse la comida a la boca”, “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”, y rizando el rizo Larra implica al lector y a él mismo en el vicio nacional, “¿Habrá el perezoso lector llegado hasta aquí” (hasta el final del artículo), “lector de mi alma, te declararé que de tantas veces estuve desesperanzado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza” y al final confiesa hasta su pereza en escribir este artículo que lleva ya tres meses de elaboración.

En el artículo se enfrenta la actividad europea, representada hasta por el nombre del francés “Monsieur Sans-delay”, con la inercia y pereza española. La frase “vuelva Vd. mañana”, ha trascendido de su época y entorno, para convertirse en una muletilla nacional y demostrar la vigencia actual de Larra. Lo que se dice de la pereza, la vagancia, la incompetencia del genealogista, del traductor, del escribiente, del sastre, del zapatero, de la planchadora, del sombrerero, y del oficial de registro, piensan muchos que aún es aplicable en la España actual, y posiblemente exageran, pero si exageran es que algo hay de verdad en eso y en la vigencia de Larra.

Larra aumenta su tono irónico al indicar las razones de la denegación del permiso: Las cosas se han de hacer como siempre, aunque estén mal, para no perjudicar a los que las hacen mal. Hay que poner obstáculos a todo lo bueno. Tenemos el loco orgullo de no saber nada, de querer adivinarlo todo, de no reconocer maestros, de rechazar a los extranjeros y sus innovaciones.

Frente a ello, el narrador defiende que los extranjeros no vienen a llevarse el dinero del país, sino que se establecen, hacen negocios, y al cabo de unos años, ya no son extranjeros, porque sus intereses y la familia les ligan al país. Toman cariño al lugar donde han hecho fortuna y al pueblo donde han escogido compañera. En vez de llevarse el dinero han venido a crear riqueza y han dejado su talento que vale más que el dinero. Han dado de comer a los naturales del país y han contribuido al aumento de población. Los gobiernos sabios y prudentes, no el español, han dado hospitalidad a los extranjeros.

Este mensaje de Larra mantiene su vigencia en épocas de expansión. No obstante, en épocas de crisis, los gobiernos y sus votantes, tienen la tendencia de aplicar medidas proteccionistas, que no suelen ser la solución, porque aislando no se mejora, no se “pueden poner puertas al campo”. ¡Ojalá fuese hoy Larra vigente, en estas visionarias líneas, frente a proteccionismos autárquicos que sólo logran “encastillarse” temporalmente hasta que los otros toman la fortaleza, que ya no vale nada de aislada que ha estado del mundo real!

 La hipocresía

 Tema de fondo de “El mundo todo es máscaras”[32]. Después de mostrar los bailes de máscaras, como una alegoría de la sociedad española, describe su uso para engañar y las confusiones que se producen, e introduce su tema de fondo, indicando que la mejor careta de los personajes no es la que se ponen sino la cara que llevan puesta normalmente, su hipocresía que quieren ocultar.

Hambriento y soñoliento, se duerme y sueña que Asmodeo (El Diablo cojuelo, inspirador de “El duende”) se lo lleva en un viaje por el cielo de Madrid para que vea el auténtico Carnaval que dura todo el año con disfraces o engaños mayores que los de los bailes de máscaras: Viejos y viejas que se disfrazan de jóvenes; abogados que ocultan su ignorancia con una librería de consulta; moribundos que se arrepienten falsamente de sus pecados; médicos que embroman con su disfraz de sabios; entierros con gente afligida, que cuentan los días en que ya podrán volver a divertirse; militares que alardean de batallas perdidas por el enemigo y ganadas por la casualidad; amigos… esposas… amantes…; y ,al fin, la hipocresía del teatro, con personajes que actúan y luego llevan una vida completamente distinta. Resumen, hay máscaras todo el año ya que la hipocresía domina.

  1. Conclusiones

 Como indica Escobar[33], con Larra el costumbrismo recibe un nuevo impulso y un sentido especial. Mientras otros rechazan la intención satírica, Larra acepta la responsabilidad literaria y moral de la sátira, con la intención de escribir con un espíritu reformista según el concepto dieciochesco.

Concluye Servodidio[34], que Larra en su llamada hacia una completa transformación de valores, revela su afinidad con una trayectoria de escritores españoles de Quevedo al 98 (y podría continuar), que han expresado su insatisfacción con lo realizado en su país a través de la disección de la psique nacional. Larra, a diferencia de otros costumbristas, no considera la descripción de los hábitos y costumbres nacionales como un fin en sí mismo, sino como un medio para denunciar lo que nos aleja del progreso de la patria y su europeización, tomando lo bueno del exterior, pero no como una simple copia sino con el esfuerzo regenerador necesario.

La mejor prueba de la vigencia de su obra, con las salvedades derivadas de los casi dos siglos transcurridos, es que se le sigue leyendo con amenidad y con las traslaciones correspondientes muchos de los vicios denunciados siguen vigentes. Sirva como ejemplo un artículo de Sabino Méndez[35] donde dice (que Larra y Cicerón): “conservan una modernidad envidiable porque hablaban de pasiones y errores humanos y esos siguen inmutables desde Homero ya que el mundo es muy antiguo y el hombre muy viejo”. Continúa diciendo que: “Además, Larra, buscaba siempre el punto de vista del hombre sensato; aquel que piensa que hasta el asunto más endiablado puede solucionarse debatiendo, sin llegar a las manos. Leyéndolo se aprende muchísimo. Uno ve que Larra habría estado muy cómodo hoy en día entre aquellos que en la globalización no ven una amenaza sino la posibilidad de una globalización de lo razonable”. Creo que esta cita de alguien (Sabino Méndez), a quién se podrá discutir su calidad e importancia en el mundo literario, pero no su relevancia en los movimientos juveniles de finales del siglo XX, refuerza desde otra vertiente la vigencia actual de la obra costumbrista de Larra.

Es importante conservar la vigencia de este autor dos siglos después y no depositarlo en la vitrina de los escritores célebres, de quienes muchos hablan, pero pocos leen si no tienen la obligación de preparar un trabajo académico. Por ello animo al lector a disfrutar de los artículos de Larra.

  1. Bibliografía principal consultada

 Las principales obras y estudios consultados han sido:

  • Joseph V. Servodidio, Los artículos de Mariano José de Larra. Una crónica de cambio social, New York, Eliseo Torres & Sons, 1976
  • Susan Kirkpatrick, Larra: El laberinto inextricable de un romántico liberal, Gredos, Madrid, 1977
  • Mariano José de Larra. Artículos, Ed. Enrique Rubio, Madrid, Cátedra, 1981
  • Alejandro Pérez Vidal. Artículos de M.J de Larra. Laia, Barcelona, 1983
  • J. de Larra. Artículos de costumbres. Ed. Luis F. Díaz Larios, Madrid, Austral, 1989
  • Sabino Méndez. Larra. La razón, 30.3.2009
  • Vicente Molina Foix. Larra y su yo. El País, Babelia 2.5.09
  • José Escobar. Introducción a la biblioteca de Larra. Biblioteca Cervantes Virtual.
  • Russell P. Sebold. Cadalso y Larra: una inseguridad romántica en dos tiempos. Biblioteca Cervantes Virtual

[1] Susan Kirkpatrick, Larra: El laberinto inextricable de un romántico liberal, Gredos, Madrid, 1977. pp. 99-100

[2] Idem nota 1, pp.105-106

[3] Idem nota 1, pp. 107

[4]  En “What is the Spanish Romanticism?” SIR, 2 (1962) pp. 1-11 afirma que la real toma de conciencia romántica en España no se produce hasta el movimiento krausista de 1850.

[5] Idem nota 1, pag.108

[6] Carlos Seco, Obras de Mariano José de Larra, BAE, Madrid 1960, Vol. I, pag. VIII

[7] Carmen de Burgos, Fígaro, Madrid, 1919, pag. 40.

[8] Fígaro, Colección de… , Madrid, Imprenta de Repullés, 1835.

[9] Mariano José de Larra. Artículos, Ed. Enrique Rubio, Madrid, Cátedra, 1981.

[10] José Escobar. Los orígenes de la obra de Larra, Madrid, 1973

[11] Mariano José de Larra. Artículos de costumbres. Ed. Luis F. Díaz Larios, Madrid, Austral, 1989, Pag. 14.

[12] Idem nota 1, pag. 29

[13] Idem nota 9, pag. 67

[14] José R. Lomba, M.J. Larra,: cuatro estudios que le abordan o le bordean. Madrid. Tip. de archivos, 1936, Pag. 307. F. Caravaca,  Notas sobre las fuentes literarias del costumbrismo de Larra. Revista Hispánica Moderna XXIX (1963) 2-4

[15] Joseph V. Servodidio, Los artículos de Mariano José de Larra. Una crónica de cambio social, New York, Eliseo Torres & Sons, 1976, pp. 12-13

[16] Alejandro Pérez Vidal. Artículos de M.J de Larra. Laia, Barcelona, 1983, pag. 37

[17] Vicente Molina Foix. Larra y su yo. El País, Babelia 2.5.09. pag.. 2

[18] José Escobar, El pobrecito hablador de Larra y su intención satírica, pp.8-9

[19] Idem nota 15. pp. 16-18

[20] José Escobar. Introducción a la biblioteca de Larra. Biblioteca Cervantes Virtual.

[21] Russell P. Sebold. Cadalso y Larra: una inseguridad romántica en dos tiempos. Biblioteca Cervantes Virtual

[22] Idem nota 1, pp. 227-228

[23] Idem nota 16. pag.11

[24] Idem nota 11, pp. 75-86

[25] Idem nota 11, pp. 165-180

[26] Idem nota 11, pp. 87-100

[27] Idem nota 11, pp. 101-112

[28] Idem nota 11, pp. 113-128

[29] Idem Nota 18

[30] Idem nota 11, pp. 129-142

[31] Idem nota 11, pp. 143-156

[32] Idem nota 11, pp. 165-180

[33] Idem nota 10, pp. 269-270

[34] Idem nota 15, pp. 173

[35] Sabino Méndez. Larra. La razón, 30.3.2009

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Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras. Sial Ediciones, 2011.
Islario de pasiones. Amazon, 2020
La palabra es mágica. Lapalabraesmagica.com, 2010-2020

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos. Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos. Luz Azul ediciones, 2019 (edición digital)

Tratados didácticos

Métrica poética del español. Amazon, 2020

Corrección de textos
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