Las nueve musas
Categoría gramatical

Apuntes para un estudio de las categorías gramaticales

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El concepto de categoría gramatical es parte constitutiva del vasto repertorio nomenclatural de las ciencias del lenguaje. En este artículo compartiremos algunos apuntes sobre el tema.

  1. Términos en disputa

En la siempre creciente bibliografía de las ciencias del lenguaje, el término categorías gramaticales viene utilizándose de diversas maneras. Esto, en principio, no parecería ser demasiado grave, ya que los problemas terminológicos nunca son los realmente importantes. Algunos autores emplean este término para designar los conceptos relacionados con los morfemas flexivos (género, número, persona, tiempo, aspecto, etc.); otros, para aludir, no solo a los conceptos que acabamos de citar, sino a cualquier unidad de la gramática (partes de la oración, funciones sintácticas, etc.). No obstante, un acuerdo básico subyace en la mayoría de los tratados sobre el tema, y es que el término en cuestión remite, sobre todo, a dos conceptos: las clases sintácticas de palabras (sujeto, predicado, complementos, sustantivo, verbo, adverbios, etc.) y las llamadas categorías sintagmáticas (sintagma nominal, sintagma verbal o sintagma preposicional).

Alguna vez se ha señalado que las discrepancias que existen entre los gramáticos especializados en sintaxis son ciertamente asombrosas si se las comparan con las que existen entre fonetistas o fonólogos, o entre especialistas en semántica léxica, morfología o pragmática. Claro, estos investigadores también tienen sus diferencias, pero puede decirse que son mínimas.

Si nos preguntamos por qué es posible una cooperación productiva entre investigadores tan alejados entre sí (cuando no prácticamente incomunicados), como los que se han especializado en el campo de la fonología o la semántica, y por qué esta cooperación es más bien nula entre los que estudian la sintaxis, nos toparemos con una respuesta evidente, aunque poco satisfactoria: al margen de algunas cuestiones metodológicas que afectan al grado de especificidad del trabajo científico, las unidades básicas de análisis se comparten con pocas diferencias entre los estudiosos de aquellas disciplinas, lo que no sucede entre los expertos en sintaxis, quienes tienen muy pocas coincidencias en sus puntos de análisis, más allá de los marcos teóricos de rigor que la sintaxis les impone.

  1. Gramáticas y más gramáticas

Hasta hace pocos años existía (si es que no existe todavía) una concepción de la gramática muy difundida en los libros de estudio, en los espacios áulicos y hasta en los núcleos académicos más selectos, que se caracteriza por dividir las teorías gramaticales en «gramática tradicional», «gramática estructural» y «gramática generativa». Con el paso del tiempo, la diferenciación se hizo menos eficaz, ya que cada vez aparecían más teorías lingüísticas que no correspondían a ninguno de los tres grupos. Si bien es cierto que, en su momento, esta diferenciación tripartita pudo haber resultado ventajosa, también es cierto que no dejaba de ser engañosa desde otras perspectivas. Como sabemos, lo que distingue los juicios que tengamos de los pronombres interrogativos, los artículos o los infinitivos no es su eventual adscripción a la gramática tradicional, estructuralista o generativa. Por el contrario, tanto su relevancia como su falta de interés no vienen dadas por la escuela de pensamiento en la que nacen, sino por su propia hondura, por el alcance explicativo de las generalizaciones presentadas y, naturalmente, por su nivel de claridad.

Si aceptamos estos razonamientos, serían irrelevantes preguntas como «¿cuál es el análisis del participio según la lingüística estructural?», «¿qué función cumple el artículo en la gramática generativa?» o «¿cuál es el comportamiento de los pronombres átonos en la gramática tradicional?». En primer lugar, no existe un «análisis tradicional», «estructural» o «generativista» de estos u otros fenómenos. Los marcos teóricos se caracterizan porque introducen unidades de análisis que les son propias, pero que no vulneran ni condicionan la independencia de los conceptos fundamentales de la gramática en un sentido amplio. Las polémicas que existen y existieron a lo largo de la historia entre las distintas corrientes lingüísticas no discutían sobre lo básico, que era, en cierta forma, su lengua común.[1]

Ahora bien, nadie puede negar los aportes de la llamada «gramática tradicional» al estudio (y posterior entendimiento) de nuestro sistema lingüístico; del mismo modo, todos deberíamos reconocer que muchos de los instrumentos de análisis de los que se vale esta «escuela» no tienen la exactitud de otros que se manejan desde otras perspectivas. En este punto, y aunque no es habitual hacerlo, nos parece imprescindible distinguir entre «gramática tradicional» y «gramática escolar». La primera es la gramática de los gramáticos tradicionales, como Cuervo, Lenz, Fernández Ramírez o Gili Gaya; la segunda es la gramática que se enseña en las escuelas y colegios, haciéndola pasar por la primera. ¿Qué sucede con esto? Bien, la mayor parte de los textos «escolares» que pretenden ser «tradicionales» presentan habitualmente groseras simplificaciones, que, como es de suponer, no hubieran sido aprobadas por los gramáticos citados.

  1. No hay teorías superadas

En las no pocas cuestiones que nos propusimos abordar en este artículo intentamos preconizar una unidad fundamental en el estudio de la gramática, a la que, con astucia y seriedad, deberán someterse los que se ocupan de analizarla para entenderla mejor. Es indudable que los instrumentos de análisis los aporta el mismo marco teórico elegido por los estudiosos de turno, pero no es menos cierto que, si lo que nos interesa es profundizar en el conocimiento del sistema lingüístico, la eficacia de estos aportes deberá evaluarse según los niveles de elucidación alcanzados a posteriori.

Andrés Bello decía que «la Gramática está bajo el yugo de la venerable rutina». Estas palabras son válidas incluso hoy, no tanto porque hayan estado dirigidas contra métodos de análisis más tradicionales que los suyos, sino porque cuestionaban cualquier otro método por mecánico o inamovible.

En definitiva, así como muchas de las observaciones de los gramáticos tradicionales siguen siendo vigentes, también lo siguen siendo sus dudas, ya que no podemos obligar a esos gramáticos a contestar preguntas que no podrían haberse planteado en su momento. Admitido esto, podríamos decir que no tiene mucho sentido aplicar el calificativo de superada a una determinada teoría lingüística, pues en esta noble disciplina, como bien lo explica Ignacio Bosque, «debe aceptarse que las teorías científicas no están destinadas tanto a “superar” los análisis anteriores cuanto a servirse de ellos como punto de partida»[2].

[1] Puede recordarse que A. Martinet publicó, desde la lingüística estructural, una dura crítica a ciertos principios de la glosemática, o que, desde la misma lingüística estructural, sostuvo una importante disputa con Jakobson sobre principios elementales del análisis fonológico; que Trubetzkoy no compartía algunas de las principales propuestas de Saussure, o que, por citar ejemplos más nuestros, Fernández Ramírez y Gili Gaya disentían en muchos puntos sobre cuestiones gramaticales, o que la gramática académica no aceptaba algunos análisis sintácticos de Andrés Bello que otros autores han retomado desde concepciones diferentes de las tradicionales.

[2] Ignacio Bosque. Las categorías gramaticales: relaciones y diferencias, Madrid, Editorial Síntesis, 1989.

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Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con seis libros de poesía publicados, los dos últimos de ellos en prosa:
• «Por todo sol, la sed» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2000);
• «La gratuidad de la amenaza» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2001);
• «Íngrimo e insular» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2005);
• «La ciudad con Laura» (Sediento Editores, México, 2012);
• «Elucubraciones de un "flâneur"» (Ediciones Camelot América, México, 2018).
• «Las horas que limando están el día: diario lírico de una pandemia» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Tiene hasta la fecha dos trabajos sobre gramática publicados:
• «Del nominativo al ablativo: una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).
• «Me queda la palabra: inquietudes de un asesor lingüístico» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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