Las nueve musas
Pilar Blanco

«Yo escribo la noche», de Pilar Blanco

Universidad Internacional de Valencia

Hace unas semanas tuve el placer de conocer personalmente a Pilar Blanco Díaz en los “VI Encuentros con la poesía” que José Luis Zerón, el genial poeta oriolano, coordina con el apoyo de la Concejalía de cultura de Orihuela y la Fundación Cultural Miguel Hernández, con su director Aitor Larrabide a la cabeza.

Conocía la poesía de Pilar por su libro El jardín invisible (Rialp 2006), que, en su momento, ya me causó un gran impacto, posteriormente he leído otros títulos como Ceniza (Hiperión 2003) o Vigía de tu paso (Chamán Ediciones 2018), pero el motivo de estas líneas se debe a su último poemario publicado hasta la fecha Yo escribo la noche, (título prestado de un verso de Alejandra Pizarnik) publicado el pasado año por Ediciones Chamán, en su colección Chamán ante el fuego.

Rebajas

Estamos ante un libro de una intensa carga emocional, en el que subyace ese simbolismo tan sugerente que caracteriza a la poesía de Pilar Blanco. Plagada de imágenes metafóricas, del empleo continuado de la anáfora y de un uso comedido de neologismos…

La obra se divide en tres partes, en la que la autora aborda diversas líneas temáticas. Pero antes de entrar en la primera encontramos un poema introductorio que es ya una declaración de intenciones: Umbral, que consta de un único poema: “Noche garza”, donde muestra el momento nocturno como el más propicio para llevar a cabo la aventura poética, de ahí también el título del conjunto:

Es la silueta de la noche un pájaro
que apenas se sostiene en su tiniebla;
y es la tiniebla pórtico de luces,
temblor que no eclipsa contra el suelo,
el manantial, la voz que permanece.

Llegados a la primera parte de este tríptico (Ello), vemos cómo la noche sirve como acicate para llevar a la poeta a la producción poética, este hecho se hace cada vez más patente, la temática sigue este hilo conductor de la noche como guía y como impulsora de la creación hasta la luz del alba, algo parecido a lo que hiciera San Juan de la Cruz con su Noche oscura del alma. La autora plantea un bosquejo de situaciones que la llevan a la iluminación poética:

Esta tarde se ha callado la lluvia
y entramos en la noche como en el cuerpo amado,
haciendo luz de la ausencia de luz.

(“A tal pureza”)

También resultan bastante llamativas aquellas composiciones que hacen referencia a la importancia del lenguaje, de la palabra para explicar la realidad que nos rodea. Para la autora la insuficiencia del mismo para dar cabida a todo aquello que pretendemos nombrar provoca cierta impotencia y desasosiego, pero, en definitiva, es lo único que nos sirve para poder explicar el mundo y las circunstancias que circunscriben al yo, ejemplo de ello son títulos como: “Brasa” o “Algo de mí partió”.

Ante toda la vorágine de sentimientos que suscitan los diferentes poemas una temática se alza por encima de las demás: la amorosa, y son varias las perspectivas desde las cuales se aborda.

Podemos destacar algunos títulos como: “El resplandor”, en el que la aparición del poeta surge a partir del deseo amoroso, de su lucha a contracorriente, de la incomprensión de muchos, hasta el punto de tratarlo de loco.

“Pulmones y sal” muestra la importancia del lenguaje para aludir y entender la realidad, de las palabras existentes la palabra amor es la más importante por su relevancia en la vida. Significante y significado van de la mano.

“Leer lenguas” sigue, un tanto, la línea del poema anterior. “Lazo de hiedra”, por el contrario, hace referencia a los lazos invisibles que atan a los amantes; pero destacaré de entre todos: “Marca de espada” el cual nos adentra en una profunda reflexión, el amor implica exposición ante la persona amada, es una apertura hacia el otro. La herida que puede provocar implicaría cerrazón por miedo al dolor, al daño:

El que ama se entrega,
el que ama se desensimisma,
abre su corola para ser mundo, para
ser otro, para dejar de ser.
El herido se pliega, se reencuentra en la herida;
bebe la luz del pozo hasta el caudal del fango.

En la segunda parte del poemario (-S-) diría que una de las temáticas que impera es la de la importancia de la palabra, el oficio arduo que supone hilvanarlas, desentrañar la urdimbre de la pieza poética.

En “Como la aurora al pájaro” presenciamos la noche como el momento que posibilita implosionar, llegar al éxtasis místico, a lo fecundo, a la creación del poema.

“A la medida del olvido ajeno” alude al poder de la palabra, siempre que haya alguien que cuente la realidad le dará relevancia.

“Los dioses ciegos” presenta la poesía como estímulo para encontrar aquello que resulta inaccesible por su inmaterialidad.

A lo largo de esta segunda parte encontramos una poesía cada vez más reflexiva si cabe, la cual se adentra en aspectos relacionados con la existencia, con la búsqueda, a veces inútil, de la felicidad, el paso del tiempo, la vida como eterno retorno, el dolor como llave para valorar la alegría…

Sobre esta idea se inicia la tercera parte (Ella), ejemplo de ello son “Para que la cicatriz respire”, en el que se percibe la vida como un padecimiento que provoca heridas que irán cicatrizando y dejando recuerdos como el de la infancia, recuerdo, en este caso, balsámico; o “Lava leve” en el que se entiende la vida como continua sobreposición a los avatares, utilizando la poesía como paliativo, como respuesta ante el inevitable naufragio:

La poesía no es consuelo para pájaros. Si acaso voz
unísona, dolor contra el dolor tentando el equilibrio.
Si acaso compañera de inmensidad,
de tabla en el naufragio irreversible.

En esta tercera parte también cabe destacar aquellos poemas que hacen referencia a la mujer; la voz poética femenina aparece mucho más potenciada en este apartado en poemas como “Del tamaño del nido”, en el que se hace una reivindicación de la voz femenina, la cual tiene ese ojo avizor, expiatorio, para dar con la esencia de lo minúsculo, de lo fútil, y dotarlo de la importancia que merece. Otro de los poemas de esta serie es “Mujeres como laúdes de sal”, en el que se hacen múltiples alusiones a grandes mujeres de la literatura (Emily Dickinson, Virginia Woolf, Rosalía de Castro, Anne Carson, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni…), las cuales -tras conocer la poesía de Pilar- sabemos que forman parte de su acerbo literario. También encontramos piezas en las que se habla de personajes femeninos de la literatura pasados por el prisma poético de la autora como La Maga, de la famosa novela de Cortázar, o la Ofelia shakesperiana en “Siempre La Maga” y “Y no estar loca” respectivamente.

Otros poemas que mantienen una línea temática común asociados a la feminidad y a la importancia de la mujer en la literatura son: “La página se ha vuelto un hormiguero”, en el cual se reivindica la literatura femenina y feminista, en este caso con alusiones a Doris Lessing; “Contramujer” en la que la poeta se identifica con el dolor de otras muchas mujeres; “Mujer ventana”, donde se defiende a la mujer como aquella que posibilita la creación, siendo esta la llave para vislumbrar la luz al final del túnel, la ventana para mirar al futuro.

Para finalizar destacaré el poema que cierra el libro: “Resistir en la luz”, donde, al igual que en otras muchas composiciones, en un breve poema Pilar Blanco es capaz de aglutinar una gran carga emotiva y una intensidad lírica que demuestra, nuevamente, sus altas capacidades poéticas:

Cada mirada sea intensidad.
Cada fuego sea fuego, esa inocencia
de quien se entrega al límite de la luz.
Luego venga la muerte a cumplir sus consignas.
Muere
solo lo que ha vivido:
la alta llama.

La poesía de Pilar Blanco es profunda, un tanto melancólica, sugerente, a veces apriorística y sobre todo nos invita a vivir con intensidad, pues, a sabiendas de que la muerte será inevitable e implacable solo nos queda aspirar a que la llama de la vida sea cada vez más viva, más alta. Así que hagámoslo, leamos a Pilar Blanco, evitemos estar muertos en vida.

Fernando Mañogil Martínez

Última actualización de los productos de Amazon en este artículo el 2021-09-21 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Fernando Mañogil Martínez

Fernando Mañogil Martínez nace en Almoradí (Alicante) el 26 de agosto de 1982

Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante y profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Los Montesinos-Remedios Muñoz.

Ha publicado algunos libros de poesía como Del yo al nosotros (Sevilla 2010), Viento en contra (Devenir, 2015) y Volver (Selección de poemas 2013-2018).

También ha realizado el trabajo de investigación sobre las relaciones poéticas entre César Vallejo, Gonzalo Rojas y Juan Gelman.

Su último libro de poemas publicado hasta la fecha es La musa y el silencio (Devenir, 2019).

Reseñas literarias

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • El resurreccionista
  • El precio del agua
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • mela-300
  • la-gracia-del-delfín
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • El sueño del escultor
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • Hombre Korsacoff, Los umbrales y el tanka sordo, Piel atópica
  • sociología-y-literatura
  • Espacio disponible para tus productos o servicios

Mensaje de AdBlocker

Nuestro sitio web muestra anuncios en línea a nuestros visitantes. Es una gran ayuda para la supervivencia del mismo. Considere apoyarnos desactivando su bloqueador de anuncios.
espacio reservado

Contacto

Formulario de contacto
Asunto
Privacidad
Responsable Las nueve musas. Finalidad Moderar los comentarios. Responder las consultas. Legitimación Tu consentimiento. Destinatarios Raiola Networks. Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos. Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la privacidad.