Las nueve musas
Sem Tob

Sem Tob, el judío de Carrión, autor de «Proverbios morales»

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Sem Tob fue vecino de Carrión de los Condes, en Tierra de Campos, Palencia. Vivió en un convulso siglo XIV, y aunque la ciudad de Soria le disputa su cuna, lo cierto es que gran parte de su vida transcurrió en la mencionada villa palentina, entonces esplendorosa como lugar de paso de peregrinos y comerciantes en el camino francés a Santiago.

Su nombre Sem Tob o Santob significa en hebreo “nombre santo”. Los sefardíes que actualmente viven en Israel han conservado su memoria y lo conocen como Ardutiel o Sem Tov. En las historias de la literatura que estudié en bachillerato se le anteponía el don: Don Sem Tob, el judío de Carrión, venía enseguida etiquetado así, y apenas se le dedicaban unas líneas, citando, sobre todo, dos de las últimas estrofas de su poema filosófico, la que dice:

Por naçer en espino
non val’ la rosa çierto
menos, nin el buen vino
por salir de sarmiento;

non val’ el açor menos
por naçer en vil nío
nin los enxenplos buenos
por los dezir judío.

Por nacer en espino
no val (e) la rosa menos
y tampoco el buen vino
por salir de sarmiento;

no val (e) el azor menos
por nacer en vil nido
ni los ejemplos buenos
por decirlos judío.

(versión actualizada, por Andrés Acedo)

No val.. no val… El ritmo poético es tan maravilloso que ni siquiera una versión a la moderna así, puede estropearlo. E incluso, una versión en prosa rítmica, y en español actual, es una pieza de poesía y ritmo que suena maravillosa al oído; como se muestra en este fragmento. (Fijaros en la cadencia de siete, que no necesariamente ha de ser exacta en un cuenteo silábico, como tampoco solía serlo la poesía medieval, de raíz oral y adaptada al oído y el canto. La versión es de Ilia Galán):

«No hay día sin noche ni segar sin sembrar, ni calor sin frío, ni reír sin llorar; no hay corto sin largo, ni tarde sin pronto, ni hay fuego sin humo ni harina sin salvado; ni ganar sin perder, ni altura sin bajar; salvo en Dios, no hay poder sin debilidad»

(Proverbios de sabiduría práctica. Santob de Carrión. Traducción, estudio preliminar y notas de Ilia Galán.  p.82. op. cit.)

 Samuel Ibn Sasón, un poeta contemporáneo suyo y, como él, perteneciente a la aljama de Carrión, hizo de Sem Tob esta deliciosa descripción:

   «Caballero eminente en la senda de la sabiduría, que pesa y sopesa sus versos y con su saber confunde a los sabios. Es tan experto en la cría de ganado como en la poesía. Es un escritor que rompe las rocas y habla desde el hisopo hasta el cedro, y sus poemas son hábiles y asombrosos. La vara de los gobernantes está en sus manos y está difundido por todo el reino» (Samuel Ben Sasón).

Ilia Galán es autor de un clarificador estudio del poeta-filósofo y de su circunstancia y época, en las páginas preliminares de la edición que hemos citado arriba, Proverbios de sabiduría práctica (libro publicado por la editorial de Oviedo Ars poetica, en 2017).

El estudio de Ilia Galán precede a su “traducción” o versión en prosa y en español moderno, que hemos valorado una muy interesante experiencia de lectura del poema filosófico de Sem Tob, cuyo original está escrito en una lengua medieval que en parte hoy nos resulta extraña en algunos giros y sentidos de las palabras, aunque, como hemos comprobado, no ha perdido frescura, color ni ritmo, como poesía (a pesar de alguna pérdida de comprensión semántica para el lector de hoy). La versión en prosa rítmica y actualizada al español actual es, casi diríamos, otra forma de gozar la obra de Sem Tob, cuya belleza y deleite no pueden seguir siendo tan poco visitados por los lectores. Ilia Galán recuerda que Sem Tob era un autor leído por los judíos sefardíes aún en el siglo XV y cita el caso de un converso que, acusado por el Santo Oficio, no considera herejía haber leído y memorizado los versos del poeta carrionés. Hermoso homenaje el que se hacía o se hace a un poeta recordando sus versos, no solo leyéndolo; pero más hermosa aún la ingenuidad del lector de poesía que da en creer que no es delito su afición, si fuera incómodo al poderoso lo que dice el poeta.

El primer Marqués de Santillana, el gran escritor y poeta Íñigo López de Mendoza y de la Vega (su abuelo fue un hombre de cultura, don Pero González de Mendoza, contemporáneo de Sem Tob, y más tarde fueron grandes autores otros miembros de su familia, como Gómez Manrique y el genial Jorge Manrique; todos estos procedentes de la tierra palentina; ascendiente, incluso, de Garcilaso de la Vega, por vía de una hermana del Marqués y bisabuela del poeta toledano: una saga familiar que ha marcado la poesía española) consideró a nuestro autor un gran trovador y dejó escrito en su Carta al Condestable de Portugal, primer documento donde se hace historia de la literatura castellana:

«Concurrió en estos tiempos un judío que se llamó Rabí Santo, é escribió muy buenas cosas é entre ellas proverbios morales en verdat de assaz (re)conmendables sentencias«.

Véase por qué, a partir de este reconocimiento por el Marqués de Santillana del libro y del autor como uno de los grandes escritores del siglo XIV, la obra se conoció con el título de Proverbios Morales.

Ilia Galán, que sigue la magnífica edición crítica que realizó Agustín García Calvo, maestro de maestros, transforma el título tradicional de la obra por el de Proverbios de sabiduría práctica, atendiendo a que los temas de los versos no son solo morales, ni principalmente morales, sino gnoseológicos, antropológicos, teológicos, políticos, pedagógicos y, por supuesto también éticos y filosóficos en sentido de una filosofía mundana o del saber práctico. (Creemos, sin embargo, que el título de Proverbios morales no está de mal como cifra de la obra, atendiendo al estilo literario, al proverbio o sentencia en verso, que usará, en homenaje a Sem Tob, un poeta tan alejado en el tiempo y tan próximo a este, como Antonio Machado).

En la traducción que propone esta edición, en prosa rítmica, maravilla de maravillas, se conserva el sentido del verso y del periodo (inclusive, a veces, las rimas asonantes o las rimas casuales consonantes, que tan graciosamente puntean el original poemario de Sem Tob, quien de un modo casi involuntario, o vaya usted a saber si consciente, naturalizó el verso asonante heptasílabo, al separar en dos el clásico alejandrino del Mester de Clerecía del siglo anterior, aprovechando la pausa o cesura entre los dos hemistiquios del verso culto de catorce sílabas).

Los versos de Sem Tob destilan belleza y sabiduría. «Ni fea ni hermosa cosa puede alcanzar el hombre en el mundo sino es con su revés». (p. 81).

Tal es el mundo. Tal hay que aceptarlo, pero no para someterse a la injusticia ni al mal, al contrario, para aprovechar las oportunidades. Y, sobre todo, para no aumentar la desdicha e infelicidad pensando que pudiera ser diferente y todo perfecto. No hay mal sin bien, ni rosa sin espinas. Pero qué bonito lo dice: “ni harina sin salvado”. Hemos creído que el pan cae del cielo, a base de no ver de dónde viene, de la tierra y el sudor, como diría Miguel Hernández. Muy actual, don Sem Tob.

En el fondo, el poema filosófico de Sem Tob es una invitación a la acción. De ningún modo el ser humano puede ser dócil, inerte o pasivo ante las circunstancias; la aventura humana (término este de aventura muy querido por Sem Tob, pues vivió él en un siglo consciente del papel del azar o fortuna cambiante y caprichosa en los designios de cualquier omne (hombre), desde el rey al más mísero)  sale a batallar con la imperfección y mezcla del mundo pero, con un sentido estoico, ese saber del límite lo convierto en una baza (moral), en un cierto saber útil, para no incurrir en mayor infelicidad; pues al final la batalla arroja un saldo de felicidad o infelicidad, que es lo realmente importante. Pero la felicidad tiene “ayudantes”, o compensaciones la infelicidad, como queramos ver.

Son los placeres, y las virtudes.

La virtud del saber y del obrar bien. El placer de la amistad, de la conversación, y del trato con los libros, la poesía y la filosofía.

Es un gran acierto, desde este sentido, el título de la obra: Proverbios de sabiduría práctica, para un lector moderno, o de hoy, más concretamente. Para un lector conocedor, el calificativo de Morales es equivalente, dado que el término moral, en la filosofía práctica, desde Aristóteles a Séneca y Epicuro, indicaba ese «cuidado» del alma para logar la felicidad en un mundo donde todo le podía venir a contrario.

Ilia Galán sugiere, siguiendo a otros comentaristas de la obra de Sem Tob, que esta puede ser considerada como una autobiografía; al menos, en parte, lo es, entiende este lector. Hay momentos bellísimos y profundos, en los versos de Sem Tob, en que notamos la voz directa de la experiencia del autor; y desde luego, a lo largo de toda la lectura de los Proverbios no dejamos de oír directamente la voz del viejo poeta, una voz a veces compasiva, a veces irónica y a veces didáctica, maestro, confesor y a veces cómplice en astucia, otras compañero y animador de aventuras, como el Ulises, de Homero y de Kavafis:

«Del mundo decimos mal, y en él no hay otro mal sino nosotros mismos, ni monstruos, ni otras cosas».  (p. 119).

O a veces, como Platón, nos recuerda nuestra prisión, la caverna:

«Bajo el cielo en todo momento yacemos encerrados: nos hace noche y día, y nosotros cosa no sabemos. A esta lejanía pusimos por nombre: «mundo«». (p. 119)

Y véase cómo, a la vez, esa misma voz nos eleva por encima, tomando distancia del mal gracias a la palabra consciente.

El elogio de la palabra, de la «virtud» del saber y del obrar bien (como en Calderón, que no se pierde aun en sueños) es otro de los corolarios que se desprenden de la filosofía escéptica y estoica, y en suma práctica e incluso utilitaria, de Sem Tob. Compensan toda la paleta de los males esos verdaderos placeres, de la palabra, el saber y el recto obrar con generosidad siempre tasada, pues tampoco hay que ser tontos (sólo el rey, dice entre irónico y pedigüeño, puede permitirse, por sus enormes riquezas, derrochar y alargar su generosidad; en cambio, para el común, lo virtuoso es el justo medio, como dijo el gran Aristóteles). El libro está dirigido al rey Pedro I, en busca de protección y amparo económico: llegó a ser conocido y titulado como «Consejos y documentos al rey don Pedro». Detrás de la petición individual, hay claramente una apología de la comunidad hebrea en peligro (aunque aún no había conocido ésta el momento de grave persecución y matanza de judíos que ocurriera en 1391, después de la muerte de Sem Tob).

Sentob
Retrato de Pedro I por Joaquín Domínguez Bécquer.

Hay páginas que, extraídas de su contexto, son auténticos poemas modernos, casi surrealistas; como la oda a las tijeras, hermosísima y heraclítea metáfora de la amistad:

«Quien buena hermandad quisiera aprender y tuviese gusto en usar buena amistad, siempre debería observar las tijeras, que cuando las pienso no encuentro en las gentes cosas tan derechas como ellas; parten al que la parte, y no por vengarse sino con el gran deseo que tienen de unirse; como en río tranquilo, el que se metió entre ellas, metió su dedo entre dos ruedas de molino. 

Quien recibió mal de ellas, él mismo se lo busca, que por su gusto ellas no buscarían mal nunca: desde que de entre ellas sale, con eso ya están contentas, que no hacen nunca mal en cuanto están juntas: yacen boca con boca y manos sobre manos: tan semejantes nunca vi yo hermanos. Tan gran amor se tuvieron leal y verdadero que ambas se ciñeron con una sola cinta por estar siempre ambas en uno y hacer de dos uno, hacen de uno dos«. (p. 109).

El elogio de la amistad se sitúa en el contexto de una reflexión muy profunda sobre el placer.

«Placer que toma el hombre con quien no entiende, tiene por nombre «medio-placer«». (p. 106). Sem Tob prefiere los placeres con seres que entienden, es decir, con personas, no con cosas que no entienden. «Placer duradero puedo decir del buen amigo: entiendo lo que él me dice y él lo que yo le digo«. (106). Los placeres sencillos, de la conversación, por ejemplo, son los superiores. Olvidar eso, hoy en día, nos lleva al frenopático.

En otro momento del poema de Sem Tob, se hace el elogio del libro. Pocas cosas hemos leído tan hermosas, y con tanto acierto en su contenido.

«No hay en el mundo tal caudal como el saber (…) no hay tan noble ni tan buena ganancia, ni mejor compañero ni similar como el libro, y tomarle afición vale más que la paz…

Los sabios muy granados que uno deseaba y codiciaba ver, filósofos honorables, ¿qué era sino leer sus letras y sus versos?» (pp. 93-94).

Si algo nos enseñan hoy los Proverbios de Sem Tob es la conveniencia de hacer el balance vital, de estimar el tesoro de la felicidad moderadamente alcanzada en esta vida, sin hacerse muchas ilusiones ni albergar esperanzas que se vuelvan vanas, y sin esperar a tener escrita la última página.

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Fulgencio Martínez

Fulgencio Martínez

FULGENCIO MARTÍNEZ LÓPEZ nació en Murcia; es editor y director de la revista Ágora-papeles de Arte Gramático.

Profesor de filosofía, poeta, ensayista y autor de relatos. Ha publicado, entre otros, los poemarios La segunda persona (Sapere aude, Oviedo, 2021), Línea de cumbres (Madrid, ed. Adarve, 2019), Cancionero y rimas burlescas (Renacimiento Sevilla, 2014), León busca gacela (Renacimiento, Sevilla, 2009), El año de la lentitud (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013).

Ha publicado la antología La escritura plural, 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura, con textos en cinco lenguas españolas: vasco, catalán, gallego, español y sefardí. (Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ars poética, Oviedo).

Es autor de un ensayo sobre la filosofía de Antonio Machado, publicado en la revista Symposium de la Universidad Católica de Pernambuco (Recife, Brasil). Y del libro de relatos El taxidermista y otros del estilo (Diego Marín, ed. Murcia).

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