Las nueve musas
Pelmazo

Atlas elemental de antropología urbana: Juan Pelmazo

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Aun siendo una especie muy difundida, son pocos los estudios, cuando menos rigurosos, que podemos encontrar a lo largo de la historia sobre este personaje que ha poblado la tierra desde que tenemos consciencia de su existencia (de la tierra por tu puesto).

Sin embargo, tan acostumbrados estamos a su presencia, tan familiar nos resulta, que pasa inadvertido por nuestras vidas y solo notamos su presencia cuando nuestra irritación, nuestra colmada paciencia o nuestro estrés nos anuncian un inminente accidente cardiovascular.

Uno de esos infrecuentes estudios (esos de los que anotábamos antes, en el párrafo anterior) es el del célebre profesor ruso de origen canario, Nemesio Isa, conocido en los ambientes científicos canadienses como Héctor Antrovich, que en su magnífico, pero apenas divulgado estudio “Estructura genética de los primeros pobladores de la isla de Ibiza” (1), realizó una minuciosa prospección entre 10 pobladores, llegando a una conclusión ––algunos eruditos piensan que se pasó dos pueblos en la extrapolación––, cuando menos, inquietante: el 23% de la población mundial puede ser englobada en este grupo de gibones. Inquieta más, si nos lo paramos a pensar, el saber que el 77% restante tenemos que padecer los constantes ataques, las insoportables conferencias o los criminales discursos de todos los “Juan Pelmazo” que pueblan la tierra. Claro está ––hay que decirlo con toda la rotundidad–– que nuestra preocupación solo tiene que circunscribirse a nuestro entorno urbano o más cercano.

Es precisamente en ese entorno donde las “hazañas” del señor Pelmazo pueden erosionar nuestra salud mental y, por qué no decirlo, la física. Puede ser nuestro vecino del 5º, nuestro peluquero, nuestro cuñado o nuestro confesor.

Ataca siempre por sorpresa y desafiando toda clase de inclemencias; frío polar, calor africano, lluvia londinense o terremoto belga (no se sorprenda el lector, en contra de lo que pudiera parecer en Bélgica son muy comunes los terremotos, léase el tratado a este respecto del sismólogo y vulcanero jamaicano Alexander Epi Centro) (2), nada impide al felino estar al acecho de la víctima propicia.

En un incunable que se conserva en un estado extraordinario, encontrado en la Capilla Sixtina (durante unas obras de fontanería realizadas a finales del siglo XIX) y atribuido al Cid––si, lo que leen, al Campeador, a ese, a Rodrigo Díaz, no se rían–– con gran dificultad pude leerse (con lupa de gran aumento) el siguiente extracto de un romance que, suponemos, era más largo en su original:

Encontrábase camino
de Villarreal de Medero
un juglar de Argamansilla
al que llamaban Madrazo

Diéronle de orinar las ganas
y se apartó del sendero.
Aqueste preciso instante
cuando el (…) se agarraba
en lontananza observó
que desde un cerro oteando
Juan Pelmazo se encontraba.

Tuvose  Madrazo que huir
(fízole poca gana
el frenar su incontinencia)
pero diose por elegir
miccionar o pa la Habana. (3)

Es nuestro amigo, por lo general, persona muy solitaria (a estas alturas el lector ya habrá adivinado los motivos de tal circunstancia) y gusta de darle a la bebida, bueno, más que gustarle, da la impresión que vive para ella. Viste de manera sencilla, poco llamativa y esto le permite pasar inadvertido entre la multitud y así poder seleccionar a sus presas con más facilidad. De estar casado (o vivir “en pareja”, como dicen los aristotélicos), sufre un enfermizo temor reverencial que le obliga a permanecer callado cuando se encuentra en casa y es capaz de pasar varios días sin hablar y asintiendo a todo lo que su pareja le espeta.

Es curiosa la casi total inexistencia de este espécimen en el género femenino; el analista de mercados financieros Ferdinand Standard y Fitch, durante sus años de investigación en la Dagong Global Credit Rating (agencia de calificación china) y después de haber realizado un minucioso estudio de campo (4) en la Academia Militar de West Point, señala con una osada contundencia ––y a mi entender, con una certera clarividencia–– que la falta de pene en la mujer le hace menos vulnerable a este tipo de patologías.

Múltiples y variadas son las formas de ataque de este devorador de tiempo. Una relación, no exhaustiva, de sus estrategias es la siguiente:

–¿Perdona amigo, puedes decirme la hora?

¡Hombre, en estos tiempos que corren, no darse cuenta de que esta pregunta solo puede indicar, o que es Juan Pelmazo o que nos van a pedir la billetera a punta de navaja, significa que no estamos preparados para vivir en sociedad!

—¿Podría indicarme por donde voy a la calle…?

Pregunta muy común en los periodos estivales, cuando la afluencia de turistas se hace insoportable. Puede ser que paguen justos por pecadores, pero ante esta pregunta lo mejor es que sigas tu marcha como si no la hubieras oído o bien le indiques una calle que se encuentre a varios kilómetros de tu situación (utiliza el Google Maps de tu Smartphone), esto tiene la ventaja no solo de que quedas como un ciudadano educado, también sirve para no correr el riego de que te vuelva a encontrar en un futuro. Otra solución es que pases la patata caliente a otro transeúnte y te largues (en Villadiego, “tomar las de…”).

—Caluroso día. ¿Verdad?

Es comprensible que se apodere de ti un odio irrefrenable. Treinta y cinco grados a la sombra, llevas toda la mañana de compras absurdas con tu señora esposa, te acaban de comunicar que tu hija se ha fugado con un armenio a Miami, el mayor que tienes en casa (cuarenta y cinco añitos) le acaba de pegar un leñazo a tu Mercedes y, cuando consigues en el, aparentemente solitario parque, un banco a la sombra ¡zas!, aparece Juan Pelmazo afirmando una verdad tan irrefutable como las gotas de sudor que, cual cascada, discurren por toda tu cabeza y axilas. ¡No hay derecho! te dices a ti mismo, es decir, mismamente a ti, o “No hi ha cap dret”, que dicen en Esplugues De Llobregat (Cataluña, ¿España?); pero te lo dices con esa impotencia, con esa sensación de batalla perdida que provocan las varices que padeces y que impiden que puedas levantarte y huir.

En fin, no deseamos abrumar al lector con una larga y tediosa lista de frases utilizadas por nuestro Juan para atacar con éxito.

Finalmente unos consejos para poder evitar el posible ataque de este esfirénido: no se pare en la calle, no hable en el ascensor, no frecuente parques y jardines, no devuelva sonrisas a los desconocidos, no haga preguntas al taxista, mantenga siempre un rictus de mala leche y encono y si es necesario, solo como último recurso: utilice el grito de Tarzán. Eso sí, con mesura; no vaya a terminar sus días en con un edema pulmonar.

¡Qué razón tenía Pancho Villa (el boxeador; tranquilos) cuando dijo aquello de “un hombre parco en palabras es un tesoro”!


(1) Editorial No llores por mí Argentina – 1995. Colección Cuando el río suena.

(2) Tratado de complicaciones falleras en la ciudad de Bruselas. Editorial Lotaringia – 2001

(3) Utilizando la prueba del carbono 14 se sabe que este incunable data de 1088 por lo que es poco creíble que en la época se conociera la existencia de La Habana (Cuba). Gracias a los descubrimientos del profesor Bruno Cerciórate (Habaneras de la Giralda – Editorial La Guayabera – Sevilla 1935) sabemos que en la provincia de Badajoz (Hispania), en el sur, hay una población llamada Habana que se hizo famosa por contar como hijo predilecto con un tal Madrazo, oriundo de Argamansilla, juglar y personaje citado en un romance descubierto en un incunable en la Capilla Sixtina durante unas obras de fon… Está claro: es nuestro Madrazo.

(4) Sostenibilidad y amenorrea en los sargentos de artillería. Usos y clasificaciones. Editorial Bush & Bush. Massachusetts, 2005 (descatalogado)

José Rico

José Rico nace en Oviedo (España) en 1956.

Estudia en la Universidad de su ciudad natal, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, pero no finaliza ninguna de las dos dedicándose durante muchos años a tediosos y poco edificantes trabajos de seguros, transportes, venta de fitosanitarios, construcción y productos financieros.

Lector apasionado por la poesía desde muy joven es, en la actualidad, Gestor cultural.

Fundador y administrador de la desaparecida red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

Entre octubre de 2015 y finales de 2016 dirige el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo. Blog que se trunca al año de su nacimiento dada la insistencia de la viuda del poeta en censurar los contenidos del mismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores.

Desde al año 2015 es Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones y a finales del 2020 con el Directorio Cultural Hispano

Ha publicado el poemario "Ayer soñé que calvo me quedaba" (Las nueve musas ediciones - 2020)

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