Las nueve musas
Brocal y voraz

Mª Carmen Ruiz Guerrero

Promocionamos tu libro

 «La poesía es para mí un diálogo constante, una forma de plantear preguntas».
Mª Carmen Ruiz Guerrero

Mª Carmen Ruiz Guerrero (Murcia, 1976), profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto de Alcantarilla. ha publicado su segundo poemario, Brocal y voraz, en la prestigiosa editorial barcelonesa La Garúa. El título mismo transmite una gran fuerza simbólica: el brocal, antepecho alrededor de la oquedad tiene resonancias lóbregas, pues asomarse a él es asomarse al abismo, al espejo oscuro, al claroscuro terrible, pero también el pozo tiene un sentido femenino y representa lo iniciático, lo fecundo y numinoso. El adjetivo voraz está relacionado con la pulsión creativa y vital de la autora.

BROCAL Y VORAZ
  • Ruiz Guerrero,Mari Carmen (Autor)

Ya de entrada, nada más abrir el libro, queda demostrado que la dedicatoria también es un arte. Leemos: «a mi hermana Leo, porque las palabras están vivas con ella. A quienes eligen escuchar». Hermosa y pertinente dedicatoria, pues las palabras de este poemario están vivas y quien las escribe se entrega al acto de escuchar con atención y serenamente lo que acontece en su interior y a su alrededor. Los poemas, en su mayoría breves (a veces casi reducidos a un par de versos) y sin título, están estructurados en tres partes estrechamente conectadas con la simbología del aljibe y la voracidad: «Lo hondo», «Nivel del espejo de agua» y «La boca».

El verbo alemán Schöpfen (Crear) en sus orígenes tenía un sentido muy sugerente: «sacar agua del pozo». Toda obra creativa es un acto de inmersión (la imagen del cubo entrando en las aguas profundas y estancadas del pozo) para buscar en lo oculto y sacar a la luz el hallazgo. Toda acción creativa y particularizada fondea en la oscuridad. Es una indagación paciente y no siempre gozosa. Solo así es posible desvelar lo que se resiste a ser manifestado. Tanto el proceso de la búsqueda como el del hallazgo son acontecimientos fascinantes y en ocasiones sorpresivos, pues a veces no encontramos lo que andamos buscando, pero se nos manifiesta inesperadamente una realidad que desconocemos. El gesto poético tiene que ver con la inmersión en el pozo: le supone al poeta confrontarse consigo mismo y con su abismo interior, a fin de sacar a la luz lo desconocido y darle un nombre. Y esa acción inmersiva supone un encuentro intenso con la incertidumbre, el desasosiego y el dolor del extravío, pero también puede hacer posible la plenitud de hallar en la fisura del claroscuro, entre lo visible y lo invisible, la llama viva, la presencia anhelada, la revelación del Ser, el misterio que alumbra todo lo que existe y le da sentido.

Mª Carmen Ruiz Guerrero bucea en los fondos del pozo con una mirada razonada y emotiva que ahorra las emociones inflamables y las radiaciones fulgurantes en beneficio de una escritura hermosa, reflexiva, tersa y a la vez compleja, al calor de dudas y certezas, de tránsitos y derivas, lejos del coloquialismo y la zafiedad. Siente el lenguaje como revelación no solo de lo que es, sino de lo que busca ser y emplea las palabras abiertas para ensanchar o abismar, incluso hasta las más abstrusas y arrumbadas, entregándolas en su carnalidad más plena. No es una autora cotidianista, pero extrae grandes dosis de lirismo de lo ordinario, utilizando un juego de paradojas, ambivalencias, juegos de contrarios y elipsis que dejan que el lector una sensación de misterio más apegado a la tierra, al fango, a las cosas de poco valor o despreciables que nadie mira, que a lo elevado y sublime. En Brocal y voraz la brevedad se torna imaginativa y escurridiza. La poeta nombra unas veces de manera rotunda, sentenciosa, precisa; otras, se expresa de manera oblicua, escueta. No renuncia a una mirada trascendente ni olvida nuestra condición de seres inmanentes y prescindibles: «SOMOS SERES INFINITESIMALES, / en el espacio y el tiempo./ Minúsculos seres con sudario/ de olvido».

El poemario que nos ocupa está fundamentado en la dicotomía luz-oscuridad, interior y exterior, en constante pugna y reconciliación. Hay también una palpable imbricación entre vida y obra y por tanto un mundo reconstruido desde lo autobiográfico, sin llegar a incurrir en la llamada poesía confesional. La memoria es reflejada en los lugares familiares (sobre todo escenarios naturales), en la soledad y el desamparo, mas también en los momentos de satisfacción. Hay una lucha contra el olvido desde el presente en espacios de ambigüedad e indeterminación, sin hermetismos rebuscados que nos expulsen del poema. La autora escarba en su interior y expresa, sus vivencias más íntimas, sus deseos y frustraciones, sus encuentros y ausencias. Dice haber tenido el «privilegio del amor», «el don al amor feraz», y se transforma en Penélope tejiendo y destejiendo para alejar el final.  Canta a los hombres que vienen de la guerra, doloridos, cagando la tristeza «como maza sobre la espalda encorvada»; habla de las rosas y sus espinas, aludiendo a Oscar Wilde; se identifica con el hombre de Vitubrio «con todos los órganos vitales expuestos»; asegura haber estado en un video de Will Viola…

En resumen, Brocal y voraz es un poemario (o quizá debería decir un poema único fragmentado) imaginativo, fértil, elegante, denso y cargado de sentidos que busca y rebusca en los horizontes luminosos y en los fondos oscuros, en las lejanías y en la tensión de lo cotidiano.

Mª Carmen Ruiz Guerrero
Mª Carmen Ruiz Guerrero

 En muchos de los poemas de Brocal y voraz te diriges a un «» y a veces estableces un diálogo con él. El pronombre en segunda persona crea una perspectiva móvil e impredecible. ¿Te diriges a ti misma en un proceso de desdoblamiento, te refieres a una persona concreta o es la suma de varias? ¿o quizá es un personaje imaginario…?

La poesía es para mí un diálogo constante, una forma de plantear preguntas. En esa suerte de dialéctica, el tú no es siempre el mismo. Tienes razón en que son varios los poemas en los que utilizo la segunda persona para interrogarme desde el otro lado; ver las cosas desde fuera me ayuda a situarlas, al menos a encontrar las preguntas. En otros poemas el tú se refiere a una persona concreta, no siempre la misma, que puede seguir estando cerca o ya no, incluso que me falta. A veces, incluso es un tú que recibe un reproche, a manera de acicate o de revulsivo, pero intento que no sea una constante.

Por lo tanto, son múltiples esos «tús» que recorren los poemas.

Dice la sinopsis del libro: «Brocal y voraz es un libro mujer. Un pozo no solo habitado por la misma autora sino por todo lo que es capaz de albergar la hondura de una existencia consciente: la incertidumbre, la angustia, el dolor, la belleza o la esperanza. Con una poética exquisita y sólida, anima que su sombra transite por los recovecos del aljibe-mujer con que ella se reconoce. Y es voraz. Lo es por habituarse a lo quebrado, por aceptar el simple hecho de serlo y todo lo que conlleva. Permite fluir y expandirse sin guardarse nada. Anhela desde lo más profundo de su condición la libertad como mujer-pájaro, hasta tensar la fractura y demoler esos muros erigidos que tratan, en vano, de contenerla».

 De hecho, todas las citas (por cierto, muy bien escogidas) son de voces femeninas, sin embargo, no aparecen citadas dos autoras que, en mi opinión tienen mucho que ver con tu poética; me refiero a Emily Dickinson y la filósofa-poeta María Zambrano.

No están citadas, es cierto, pero eso no significa que no estén presentes al escribir. Por ejemplo, esa búsqueda de la verdad en el origen, de la poesía como forma de interpretar el mundo y de la presencia de la luz -aunque en mi caso sea de forma intermitente- en María Zambrano. Es imposible compararse, pero quizás se pueden vislumbrar, aunque sea un poco.

De Emily Dickinson, me gusta su forma de condensar la frase poética, de decir tanto con tan pocas palabras, la naturaleza, la profundidad de la poesía en lo cotidiano. Sin embargo, yo no puedo estar quieta, y menos encerrada, y me pregunto cuál -o cuáles- de los motivos que se plantean sería el que la llevaría a permanecer tanto tiempo recluida en casa.

En cuanto al hecho de que todas las citas del libro sean de escritoras, el principal motivo es que estaba leyéndolas en ese momento, y son poetas que me conmueven, de las que aprendo constantemente. Además, decían justo lo que necesitaba leer. Por otra parte, en el libro anterior, en Solo esto. Poesía en des-orden, todas las citas son de poetas varones (Valente, Ángel González, Hierro), excepto una de Carmen Martín Gaite. En este libro quería darles un lugar a las poetas que leo y disfruto, no podía ser de otro modo.

Entre las figuras literarias que utilizas me llama la atención la personificación o prosopopeya, que afianza y enriquece esa visión telúrica que transmite Brocal y voraz. Transcribo como ejemplo estos dos poemas completos:

VUELVO AL TACTO, VUELVO

al suelo, al frío de abrazo
mineral que ronronea
y al oído me nombra.

 NADIE SABRÁ LOS LUNARES

que salpican el paladar de la nieve.
seguirá escondido el vello sedoso
de la axila de la anaconda.
Durante cinco lunas se ocultará
el canto de la roca de sílice.
Será después. Justo en la luz suspendida
de la esquina del aire. Y vendrá conmigo.

Las preguntas en el libro se dirigen también a la naturaleza, incluso si no están formuladas como preguntas, y necesito que sea un interlocutor activo. Es una realidad que me ha acompañado desde niña, de mano sobre todo de mis padres. No sé por qué, pero el contacto con la tierra, con los árboles, incluso con los hierbajos, me hace sentirme en el lugar al que pertenezco. He llegado a pensar si me estoy volviendo algo animista.

He observado que, a pesar de la carga lírica que contienen tus poemas, hay también una apariencia aforística, una búsqueda de la profundidad conceptual, del fogonazo intelectual, en la línea de la razón poética, y volviendo a Zambrano. También comparto tu capacidad interrogativa sin eludir lo sensorial y lo aproximativo. Te haces muchas preguntas, algunas grandes preguntas para las que no hay respuestas, pero que la poesía no debe renunciar a plantear.

Como dices, probablemente la poesía no sirva para responder a estas cuestiones, pero, desde luego, es un camino para interrogar e interrogarse. Y encontrar qué preguntas hacerse es a veces muy difícil. Se necesita salir del lugar en el que te encuentras para observar desde fuera.

Siendo la tuya una poesía de contenido filosófico no evita la fisicidad. Hay una reivindicación del cuerpo precisamente ahora que las nuevas tecnología lo escamotean. El cuerpo, sobre todo, el femenino, aparece continuamente en tu poemario. Destaco este breve poema de gran fuerza expresiva y contenido simbólico:

LAS PALABRAS ALOJADAS EN LA MATRIZ. ÚTERO

 madre, útero sementera. Dar a luz
la palabra primera y su fruto.

Me han comentado en otras ocasiones, también hablando entre amigos, que una de las características de mi poesía, tanto de la anterior a Brocal a voraz como de la de este libro, es la presencia de lo sensorial. La referencia a los sentidos, sobre todo al tacto y al oído es constante. Necesito especialmente el tacto, con las personas que tengo cerca -lo que se hizo tan difícil en el periodo del confinamiento y en el miedo provocado por la pandemia-, la piel, la calidez; y con todo lo que me rodea (el suelo, las paredes, los objetos). Siento un poderoso impulso relacionado con el tacto. Y luego está la música, que es imprescindible.

La poesía del cuerpo, llegar a la realidad y a la profundidad y al sentido a través del cuerpo, se relaciona a menudo con la poesía escrita por mujeres. Es un tema muy interesante para dedicarle tiempo.

Te hago una pregunta utilizando un verso tuyo: «¿Es preciso habituarse a lo quebrado?»

A mí me ha hecho falta. Aceptar que lo irrecuperable forma parte de la vida y que es necesario incorporarlo. La lucha constante contra lo que se ha roto es muy dura, y puede resultar infructuosa. El dolor, por ejemplo, llega muchas veces para quedarse. Afortunadamente, poco a poco se puede ir transformando en un rumor; si la intensidad fuera siempre la misma, sería insoportable, pero está ahí. Aprender a convivir con él sabiéndolo, con la memoria como aliada, puede permitirnos continuar y encontrar la alegría, aquella que defendían José Hierro o Carmen Martín Gaite.

Este poema que reproduzco completo podría leerse como una poética, ¿estás de acuerdo?:

ACEPTAR LA IMPERFECCIÓN

como imperdible clavado en la carne,
arrugar el poema y devorarlo
para que esté vivo.
Saber que el insecto sin patas
vendrá a visitarme en la noche.

Está relacionado con el tema del que hablábamos en la pregunta anterior. El libro es sobre todo una reivindicación de la memoria, también de la memoria que duele, pero sobre todo de la posibilidad de la memoria como recuperación de nuestra historia personal y en cuanto comunidad. Cuando sufrimos un revés, cuando de repente nos falta una persona a la que queríamos, se bloquea la memoria de lo que vivimos que nos hizo felices a su lado; nos quedamos con la intensidad del dolor y perdemos esa capacidad de recordar, porque lo acentúa. Volver a ella es un proceso. La complejidad de la memoria que me acompaña me hace ser quien soy, y la construyo a través de la poesía.

 

Acerca de Brocal y voraz afirma el profesor Javier Díez de Revenga, y estoy completamente de acuerdo con él, «que está cohesionado por la dialéctica establecida en sus versos entre las dos grandes realidades que reflejan la ansiedad de la autora: la pugna constante y mantenida entre la luz y la oscuridad, signo definitivo de todo el argumento del poemario». Yo añadiría que también conviven la ternura y el temor, la delicadeza y la convulsión, la incertidumbre y la revelación. Hay en mi opinión un pesimismo cordial. A veces agradeces la vida, te sitúas del lado de lo vivo; otras, predomina en tu voz un tono elegíaco, de dolor ante la pérdida y de constatación de la existencia como zozobra e intemperie, pero todo ello expresado sin quejas, sin patetismo ni grandilocuencias. ¿Dirías que la construcción de los poemas de tu Brocal y voraz, así como la estructura del conjunto va de lo más hondo y triste hacia lo positivo y esperanzador?

No es solo un recorrido vertical, de «salida del pozo» hacia la luz. Me temo que ese recorrido se parecería demasiado a lo que ofrecen los libros de autoayuda, y no creo en esa forma de percibir el conflicto. Brocal y voraz es un reconocimiento del lugar en el que se está, y el camino no es en un solo sentido, sino que es un viaje de ida y vuelta, una vez y otra. Aun así, es cierto que los poemas -aunque esa esperanza o esa «posibilidad» está presente desde el primer poema- van sumando elementos positivos conforme nos acercamos a la boca del pozo, en la tercera parte. No hay un salto hacia afuera, pero la presencia de la luz se va haciendo más nítida.

En la presentación con Mariano Peyrou de su antología El mar hospital es el mar aeropuerto, hace unos meses en Libros Traperos, estuvimos reflexionando sobre este concepto de la verticalidad. El autor defendía la necesidad de la horizontalidad, más cerca de su concepción de la poesía. Y releyendo después Brocal y voraz me ha sorprendido encontrar poemas donde precisamente esa horizontalidad está muy presente. Es curioso cómo los propios poemas van volviéndose a escribir desde una nueva perspectiva de lectura.

Mª Carmen Ruiz y José Luis Zerón
Mª Carmen Ruiz y José Luis Zerón durante la presentación del libro Brocal y voraz en la librería Códex de Orihuela

Tu relación con Dios es muy conflictiva. A la vez que lo invocas lo niegas…

El catolicismo es una constante en nuestra cultura, en nuestras tradiciones y en nuestra manera de ver el mundo. Hay actitudes que nos acompañan desde que somos muy pequeños, que no nos planteamos porque nos han enseñado que esa es la realidad. Después empezamos a cuestionar esos principios y no es raro que salten por los aires. Saltaron, pero queda el rescoldo, y la costumbre, contra los que me rebelo.

En tu nuevo poemario hay también un asomo de onirismo, de irracionalidad visionaria, pero sin dar la espalda a la realidad cotidiana.

La realidad tiene muchas caras, no solo la que se ve, y la poesía permite darles voz, o al menos indagar en ellas. Me llama poderosamente la atención el surrealismo, y también creo necesario tener los pies en la tierra, así que voy de un lugar a otro.

Tu lenguaje es elíptico, pero no para enredar u ocultar sino para desentrañar la realidad poliédrica en la que vivimos. Por otra parte, es la tuya una palabra sincera en la que palpita el concepto de Aletehia (verdad) en contraposición a tantos poetas que renuncian a la sinceridad y se ponen máscaras y reivindican el fingimiento y la impostación.

Se escribe poesía desde tantos puntos de vista diferentes. Prefiero leer poesía que nazca desde la sinceridad, pero quiero aprender de cada poeta con quien me tropiezo y de su forma particular de entender la poesía. Cuando se elige escribir utilizando una máscara, intento buscar la razón, entender cuál es el punto de partida.

En mi caso, necesito saber desde dónde escribo, y no pocas veces he tenido que detenerme para tenerlo claro. Si no, mi propia voz me resulta falsificada.

¿Qué obras en particular, pero no exclusivamente poemarios, leíste durante el proceso de escritura de Brocal y voraz? ¿Qué fuentes, qué referencias están especialmente en tu obra literaria?

Leo cosas muy diferentes de manera bastante desordenada, así que me cuesta a veces ubicar una lectura concreta. En cualquier caso, durante el tiempo que estaba escribiendo los poemas de Brocal y voraz leía a Isabel Bono, Violeta Gil, a Miriam Reyes, a Laura Casielles, a la lorquina Inma Pelegrín, a María Sotomayor… Son las poetas a las que cito al inicio de cada parte. Leía a Francisca Aguirre. Fue también cuando empecé a leer a Ángela Figuera, que ha regresado después de la mano de María Sánchez-Saorín (qué bien sienta que sean las voces más jóvenes las que tracen ese puente). Otros poetas que forman parte de mi canon personal son José Hierro, José Ángel Valente o Ángel González. La lista sería interminable. Aparte de la poesía, que es al género al que quizás dedico más tiempo, me lleva a escribir de manera compulsiva la lectura de Mircea Cărtărescu, la combinación de realidad y onirismo, no saber nunca qué lugar va a convertirse en un laberinto. En ese momento me acompañaba El ala izquierda, el primero de los libros de la trilogía Cegador, que había sido precedido de El ojo castaño de nuestro amor y de Nostalgia. Tengo a El ala derecha esperando a que llegue el verano; me lo traje a casa una de las últimas veces que visité La Montaña Mágica. A Cărtărescu tengo que traérmelo de allí.

Como docente en secundaria, ¿crees que la poesía despierta el interés del alumnado en los institutos? ¿Ves en las nuevas generaciones la posibilidad de que en un futuro surjan voces poéticas nuevas?

Aún les sigue dando vergüenza reconocer que leen o, aún peor, que escriben poesía. Es casi una confesión. Sin embargo, ahí están, esperando la oportunidad o el valor para hacerlo. Me gusta llevarles a clase poetas que descubro, o que ya me acompañan desde hace mucho, y leerles poemas porque sí, sin pedirles nada a cambio. No voy a decir que siempre sea fácil, ni en todos los grupos, pero hay veces en las que se producen silencios mágicos. Confío en que sea un germen que encuentre lugar para crecer.

¿Como es tu proceso creativo? Escribes impulsivamente, o recreas concienzudamente lo escrito, ¿Tienes una conciencia clara del poema, o son partes de una experiencia difusa, fantasmagórica, soñada? ¿cómo superas los bloqueos?

Depende del poema, y del momento en el que escribo. Hay poemas que se plantan de un tirón, nacen ya con una forma definitiva o casi definitiva. Otros se resisten, y diez años después sigo sin encontrar la palabra justa que dice exactamente lo que quiero decir. No hay un método que siga de forma repetida. La idea sí suele aparecer repentinamente, como una imagen, o como una sensación; el camino que siga después puede depender de variables diferentes.

Con respecto a la sensación de bloqueo, no sé si la he sentido alguna vez como tal. Sí es cierto que hay periodos más creativos que otros. Lo que hago entonces es dejar que pase el tiempo hasta que llega el momento propicio, la necesidad de escribir. Y leer siempre.

¿Qué es lo que le pedimos a la poesía hoy? ¿No crees que la belleza, el misterio, el poder de transformación de la conciencia misma han quedado anulados por el peso de lo práctico, que mucha poesía publicada no parece marcarse ningún objetivo más allá de las transiciones descriptivas, agradables o desagradables que acumula la dicción realista?

El panorama poético actual es muy diverso -y me refiero solo a lo que podemos considerar buena poesía, aunque no sea lo mismo para todo el mundo-. A la poesía le pido que me despierte, que me erice la piel, que me haga reflexionar, que no me ponga las cosas fáciles, que me suscite preguntas nuevas, que me acompañe. Encuentro ese tipo de poesía constantemente, y lo que me gustaría es tener más tiempo para ella.

En cuanto a la poesía crítica, con una fuerte carga social, me parece necesaria, y admiro profundamente a quienes son capaces de escribirla consiguiendo conmovernos y a la vez mantener la tensión poética. Hay grandes poetas actualmente que lo hacen: José Daniel Espejo, Cristina Morano, Raúl Quinto, Mª Ángeles Pérez López, Giovanni Collazos. Ya me gustaría a mí saber.

Eres una poeta muy poco prolífica, algo poco habitual en nuestro tiempo, pues hasta los poetas más jóvenes ya acumulan varios libros publicados. ¿Qué va a venir a partir de Brocal y voraz? Háblanos, por último, de tus nuevos proyectos literarios.

He publicado poquito, tienes razón. Algún poema en revistas digitales y fanzines, Solo esto. Poesía en des-orden en 2019 y Brocal y voraz en 2023. No significa que no escriba más, no paro de escribir desde que era una niña; no siempre al mismo ritmo, eso sí, pero con continuidad. Solo esto lo publicamos directamente nosotros porque su diseño es un poco particular y ni siquiera nos planteamos proponérselo a una editorial. Es un recorrido por veinte años de poesía; un poco ingenuo, quizás, pero que llegó con mucho cariño en el proceso. Me acompañaron Tóbal Sánchez, con el diseño de la caja, de las tarjetas y del polidíptico que sirve de introducción -enseguida entendió lo que quería y lo que hizo es una maravilla- y Enrique Escolar, que me regaló las ilustraciones que acompañan a algunos poemas. Realmente, Brocal y voraz ha sido el primer libro que he presentado a una editorial, y es un privilegio que su casa sea La Garúa.

Y luego, tengo por ahí dos o tres proyectos de libros, uno anterior a Brocal y voraz que no sé si dormirá el sueño de los justos, porque estoy lejos de ese planteamiento poético ahora, y otros dos, uno contemporáneo y otro de un poquito después. Esperan.

En cualquier caso, también están los poemas que publiqué en Instagram, en @laesquinaplegada, y que no escribí expresamente para esa red social, pero que terminaron ahí.  Se han quedado los pobres quizás un poco huérfanos.

Última actualización de los productos de Amazon el 2024-04-13 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Foto del avatar

José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

informes de lectura

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

salud y cuidado personal