Las nueve musas
Milei

Milei, misántropo vintage

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“¿Por qué habría de creer que todo va a cambiar de pronto?… Simple, nada va a cambiar, excepto yo mismo.”
(Fragmento de mi novela Morbi Dei, Ed. Corregidor)

La vida siempre fue y será una hipótesis de supervivencia, enmarcada en ese «algo» que denominamos realidad, que no será resuelta en el juego del conocimiento ni del pensamiento, elevando a deidades apócrifas, a fetiches… Donde nosotros, sujetos del destino, en nuestras prácticas de relación, no nos encontramos fuera sino dentro de los términos de la ecuación.

Milei

Debemos admitir, los que aún no aceptamos el simulacro como forma de vida, que en este tiempo de cambios en el relacionamiento, donde lo falaz se ha asimilado a la deconstrucción de la vida, los individuos se relacionan a través de las imágenes que se construyen en la virtualidad, tal el caso del misántropo vintage Milei, que se proyecta como el superhéroe de un film que no se ha producido aún… Desea vendernos una imagen del Marlon Brando en «The Wild One», disfrazado de rebelde, disidente, en ocasiones vistiendo agrietada campera de cuero (que no oculta sus adiposidades corporales, asimiladas a las mentales) utilizando de modo pornográfico, todo lo que el sistema neoliberal nos ofrece, cual bagatelas de ocasión, la banda bola de cebo libertaria y anexos, pretende consumamos con fruición su bizarro comic, sólo para trepadores de la pirámide de internet profundo.

Con la inestimable ayuda brindada por las monopólicas corporaciones económico mediáticas y no de la experiencia viva, es la forma en que las comunidades consumen un menú de «fast-food» de la matrix y aceptan una construcción artificial y dirigida del sentido del mundo como si fuese nuestro medio natural.

El espectáculo, como está planteado hoy, cumple en este sistema anacrónico y en esencia genocida, una función equivalente a la que cumplía la religión en las civilizaciones de todos los tiempos o el arte en la formación del capitalismo, cual justificación de ser y estar ante el vacío existencial que producía la ausencia de emociones y sensibilidad del instante, a quienes se negaban a ser explotados y sojuzgados.

La lógica paradojal del misántropo Milei consiste, como en el “porno”, hacer de la representación que muestra algo más real que la experiencia vivida, más real que nuestras propias necesidades, reduciendo al individuo a la condición de espectador en la política, la cultura, en el acontecer del mundo… En la producción y el consumo, en la aceptación del estado de cosas existente, por cierto pudibundo y procaz, como la imagen del megalómano Milei, vetusto y bienvenido por las fuerzas del averno, que aplauden el festín que se llevará a cabo con la fagocitación de Argentina y sus habitantes.

La única manera de combatir ese sesgo es tener un sistema en paralelo para concederse una cierta excepcionalidad porque el sistema, por nuestro comportamiento gregario y por la igualdad democrática, jamás aplicada, tiende a premiar la conducta adaptativa, la que jamás disiente, cristalizada en los legisladores que nos ofrecieron el deprimente show el otro día de votar en mayoría por la ley ómnibus, degradante, sin sentido vital y móvil: sedimento de deposiciones pesadillescas…

Incluso un legislador, a quien no mencionaré, antepuso la traición a la irrelevancia, elevando a la primera casi como ejemplo a seguir, ausencia de dignidad, ética, incluso devenida en delictiva, nadie lanzó la palabra cual contragolpe constitutivo a la aberración expresada por ese geronte legislador… Y la irrelevancia es irrelevante, hasta que pueda meditarse y trascender quizás en algún acto heroico.

Los serviles mediocres, cobardes, oportunistas, ignorantes que conforman el Club de la Obsecuencia del cerdo Milei, para ayudarse unos a otros, de ese modo se aseguran devolverse favores, por las dudas se modifique el rumbo de sus vidas, experimentadas a distancia de sí mismos, e irán cimentando el poder del ghetto, que va creciendo, sin resistencia alguna, y atrayendo a sus pares, que se cuentan por cientos de miles en esta Argentina que no alcanza a ser redimida, por seres plenos de conocimiento, experiencia de vida en movimiento, sensibilidad innata por ser y estar en este mundo.

Ante la prisa del momento, que no admite esfumados ni críticas, la opción sería la construcción de culturas paralelas en los márgenes del sistema: crear una situación en acto pleno de enfrentamiento y “doble poder”… Construir la “obra de arte total”, que habría de ser la transformación del sistema, la creación de situaciones que incluyan a los que transitamos nuestro propio sendero de vida, libres de adoctrinamientos delictivos, que el neoliberalismo a destiempo impone, por obra y gracia de mediocres, tan competentes a la hora de traicionar, de dejar muertos en el camino.

Apocalipsis metaforizado por miserables ignorantes, elegidos al azar y la épica queda amarrada a lo vacuo. Olvidar lo esencial esclaviza. El lenguaje es base de la narrativa de suma utilidad para construir una propuesta plural, política y antiautoritaria… Equidad y unión siempre, en antípodas al régimen de Milei…

Javier Milei, personalidad con rasgos narcisistas, sin descartar signos histriónicos, con total ausencia de conocimiento y pensamiento propio acerca de la cultura de todos los tiempos, simplemente remitido a una pueril teoría regurgitada de economía del pasado eliminado. Una comorbilidad franca que se expresa en una persona seriamente disfuncional a nivel social. Quienes ven franqueza en este sujeto, no son más que carencias de alguien con ideas fijas espectrales, conflictos de larga data que devienen en tomar venganza con un chivo expiatorio que lo eligió como presidente, pues la casta es el pueblo, insisto… ¿Hay dudas?

La situación de la sociedad argentina, en medio de la confusión de leyes, jamás aplicadas, hábitos taciturnos, deseos jamás legitimados, impulsos reprimidos, instintos sofocados, se ha hecho tan azarosa, arbitraria, trágica, grotesca, que nunca ha tenido la literatura tanta facilidad para inventar construir una realidad obtusa, como en este tiempo de seres apócrifos, llegados de un mundo de espectros.

Estamos rodeados de feroces epizoóticos a quienes el menor choque hunde en interminables convulsiones criminales aplicadas a los más débiles, los hambreados, los indigentes.

En este tiempo donde los pregones de los dictadores, travestidos de demócratas, tal el caso del cerdo Milei, repercuten en todas direcciones, son promocionadas por las redes de la web, como el gran hallazgo del milenio, alucinaciones de masas abigarradas tras el lucro, el porno y la fama y se preguntan en acting guionado, desde los medios que catapultaron a la bestia, ¡De qué manera ha tomado espacio la figura de este orco por excelencia!, no se equivoquen en lanzar en espejo lacaniano este término, responde a toda la banda que compone este gobierno de crueles narcisistas, cocinados en laboratorios clandestinos de usinas de pastelerías al paso.

Financistas Pro, radicales, kirchneristas, marxistas, fascistas, peronistas, es decir, todo el espectro de la política argentina degradada, están de acuerdo en un solo punto: «represión, muerte y esclavitud al pueblo, por la innoble desigualdad», proclamada a viva voz por el grotesco Milei y su maestro, el «pelagatos» Benegas Lynch, frustrado sembrador de ideas fragmentadas de autores apócrifos, funestos destructores de ideas e ideales fundacionales.

Benegas Lynch
Benegas Lynch

Ellos no sabrían qué hacer con una ciudadanía genuinamente amante de la libertad y de la paz. Pues si el dictador y los gobiernos del mundo hayan llegado a un acuerdo tácito de acción unificada de tierra arrasada, es posible que, después de todo, la líbido del hombre se haya cristalizado en una forma de suicidio colectivo.

Tengo conciencia de que nos hace falta una teoría de los sistemas auto organizadores y de los ecosistemas, mientras estemos a tiempo, pues el planeta se derrumba y malogra, es decir, es necesario desarrollar una bioantropología, una sociología básica y una ecología generalizada… Ya no hay espacio para un juego de alusiones, ya no… Y que la velocidad no consuma al invasor, pues es precisa la confrontación dialéctica, para de una vez por todas dejar desnuda la batalla.

Eduardo Ssnguinetti

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