Las nueve musas
La maldad

¿Mal o maldad?… y ¿D/os?

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A lo largo del recorrido del tiempo cronológico, el ser humano se ha preguntado sobre la existencia del mal, el cual parece contrastar con la visión que las religiones le otorgan al máximo poder superior, quien a diferencia de los dioses vengativos griegos, romanos y escandinavos, Él se fundamenta en el Amor y la Misericordia.

Para poder responder, es necesario comprender dos diferencias fundamentales entre las mitologías y la religión, siendo el principal que las mitologías marcan un destino del cual el Hombre jamás podrá liberarse, dependiendo por completo de la buena voluntad de las deidades, mientras que las religiones no reconocen al destino, y lo dejan en el olvido al otorgar a la humanidad la esperanza a través de la cual tanto el hombre como la mujer siempre podrán mejorar su existencia, la cual ya no pende de ninguna deidad sino de ella misma. El otro punto es comprender que las mitologías son subjetivas, pertenecen a lo mortal y a lo inmortal, y las religiones son objetivas emergen de la eternidad, y es en estos puntos fundamentales donde este concepto toma dos significados mal y maldad, por lo que se obtienen respuestas desde la Bondad y Caridad divinas.

La maldad y el mal tienen a su alrededor diversas simbologías, es decir, la maldad está ligada al surgimiento del Misterio y el mal a la cotidianidad, sin embargo, ambas están integradas a las cosas simples del mundo: la maldad está más allá del tiempo y del espacio, y el mal está instalado en la materia, en la Carne.

La maldad y el mal, como lo señalan los Padres de la Iglesia y los Doctores medievales, no es una cosa, no es un elemento, ni una sustancia que tenga un sentido o un significado en sí mismo, ambas se relacionan con la libertad, por ello, es tan difícil combatirlo, porque mientras una pertenece al orden espiritual la otra forma parte de un orden corporal, de ahí que los santos señalen que la maldad no pertenece al mundo, pero se vuelve parte del mundo en el mal. La maldad se va escribiendo en el corazón del ser humano mientras que el mal se forma en el razonamiento, la maldad pertenece a la ética, el mal a la moral. De ahí que lo espiritual se vea influenciado por la historia humana y viceversa.

A partir de estos preceptos Pelagio explica que tanto la maldad como el mal toman sentido en la decisión de cada hombre y mujer, por lo que tanto el mal como la maldad surgen de la libertad de cada persona, de la responsabilidad que esta tiene de su libre albedrío, el cual se lee en el Séfer Bereshit o Libro del Génesis fue otorgada al hombre no en el momento de la caída, sino en el cuándo Yahvé le pregunta a Adam ¿Dóndes estás? Y ¿Cómo sabes que estás desnudo?, es en estas preguntas donde D/os hace que el Hombre se detenga e interiorice, siendo ese el momento en el cual se reconoce libre de la divinidad, D/os ya no le dará las respuestas, ya no responderá por él, a partir de ese instante deberá responder por sí mismo.

Entonces este acto de maldad cometido por el Satán quien no es más que el alma, –sí, el alma es este Satán que se encuentra en medio del cuerpo y del espíritu para ayudar al Hombre a elevarse hacia D/os, porque es a través de la duda provocada por la concupiscencia que éste volverá a la divinidad al hacerse responsable de sus actos– tiene su origen en la ignorancia, convirtiéndose en mal a causa de San Pablo y san Agustín quienes al anteponer la moral a la ética hacen de la maldad un mal, es decir algo interior lo vuelven corporal, al hacer de la reflexión un juicio.

La maldad es una falla en el corazón con la capacidad de discernir, y el mal es un juicio moral que surge del complejo de superioridad, por ello, la maldad no depende del tiempo, a diferencia del mal que se tatúa en él. La maldad tiene su por qué en la bondad, convirtiéndose en conocimiento y trasciende al reflexionarse, en cambio el mal tiene su razón en la justificación.

La economía de las religiones se fundamenta en el acuerdo misterioso de la libertad humana y la gracia divina, es decir, donde la responsabilidad se vuelve la raíz y no la culpa. Es de resaltar que, del mal entendimiento del mal y la maldad, la justicia se vuelve justa o injusta, porque la justicia que proviene del mal, es de decir de la subjetividad de la moral no tiene su fundamento en lo justo sino en lo útil, a diferencia de la justicia objetiva que viene de la ética por lo que es justa, de ahí que no tiene utilidad sino porvenir.

El mal no puede percibirse al hacerse presente en el Hombre sino a partir del daño que puede realizar a una sociedad, provocando que la sociedad nunca se sane, particularmente porque no se elimina la maldad.

De ahí que las leyes se contrapongan a los mandamientos, las leyes responden al mal, los mandamientos a la maldad, las primeras juzgan, las segundas invitan a reflexionar. Las leyes son subjetivas por eso nunca se ejerce la justicia, porque estás están creadas por una parte de la sociedad la cual las desarrolla en base a su perspectiva desde sus alturas, las hace útiles e introduce castigos fundamentados en lo que un grupo cree pertinente, en cambio los mandamientos si ejercen justicia porque responden a la maldad desde la bondad, desde la invitación a la reflexión, no castigan sino que incitan a no hacer daño, por ejemplo, no robarás, no lleva en sí mismo ningún castigo sino que deja a la responsabilidad individual el acto, lo deja al corazón no al miedo, a diferencia de como lo hace la ley.

Por esta razón la subjetividad de la filosofía puede en ciertos puntos dañar la objetividad de las religiones al confundir el mal con la maldad.

Anatole France, repite constantemente que es un error pensar que la justicia se vuelve útil entre más equitativa, ya que esto provoca que la justicia se venda por docena, por decirlo de cierta manera, porque al juzgar y sentenciar bajo una misma perspectiva se pierde la objetividad del por qué se realizó dicho mal, es así que la maldad de una persona se debe escuchar desde las causas de la propia historia.

Es decir, para la subjetividad del mal, todo tiene que ser castigo, dejando rastros de culpa y miedo, mientras que para la objetividad de la maldad todo tiene una causa y desde ella se debe de encontrar la solución y restablecerse, porque, ¿es justo pensar que todo acto necesita un castigo, o es más justo pensar que si alguien realizó un acto de maldad es porque carece de algo que la propia sociedad le ha robado siendo lo justo devolvérselo? Especialmente devolverle la dignidad, de ahí que el hinduismo, el budismo, el judaísmo, el islam y las enseñanzas primigenias de Jesús tengan como precepto no juzgar, sino ante cualquier acto de maldad preguntarse, ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que haya pasado esto? Esta pregunta lleva a resolver el problema desde el corazón sanando y no acrecentando el rencor social al castigar.

Aunado a ello, se debe analizar en qué se basa el castigo, cual es su origen, porque la mayoría de las sentencias surgen de un sentido moral donde quienes estipulan las leyes se creen con la calidad y superioridad moral de hacerlo, olvidando la ética y la regla de oro no hagas al otro lo que no quieres para ti, porque todo aquel que juzga y castiga lleva en su propio corazón un látigo, una policía moral oculta.

Antes del castigo es primordial conocer la historia, la causa que es única y personal, además de que quien reprende debe siempre recordar que cuando caiga será juzgado con mayor severidad, porque acaso, ¿no todos hemos hecho actos de maldad? Y es aquí donde toma mayor sentido la objetividad, la maldad es la maldad no importa el grado en el cual se realice, nadie debe dañar a otro, en cambio la subjetividad le da poder al mal, si hice daño, pero fue porque…, es decir lo justifica, por esta razón ante la ley nunca habrá justicia.

Retomando a Anatole France se resalta su voz al decir, las propias leyes son injustas porque no se desarrollan a partir del corazón, sino desde una posición de juicio y moral. Así un castigo aleja de la sociedad a un bribón, pero deja afuera a cientos de corruptos.

 Porque como dijo Jesús, Quien este libre de pecado que tire la primera piedra. Siendo este precepto fundamental para derrocar la maldad de una sociedad, porque la maldad no se alejará de la persona hasta que no se sane con Amor, Bondad y Misericordia. Así quien roba ha cometido un acto de maldad porque ha dañado no sólo a un tercero, sino que se ha dañado a sí mismo y a una sociedad, pero ¿qué ha hecho esta sociedad para que la persona tenga que robar? Al responder al acto desde esta pregunta no sólo se sana a quien cometió el acto, sino que la propia sociedad se regenera porque se reflexiona a sí misma. Siendo esto a lo que invitan las religiones, porque quien castiga en nombre de D/os, lo está prostituyendo, y haciendo de sí mismo un ícono de moral, la cual es tan injusta que divide la ley en civil, moral y religiosa, a diferencia de la enseñanza ética y espiritual la cual responde a todo lo que abarca la integridad del ser humano.

Job esta figura emblemática que muchos sitúan como victima de D/os y del diablo, es una figura donde se trata de hacer de la maldad un mal, sin embargo, la actitud de Job ante este acto es respondida desde el corazón, sanando el origen, por eso, al final la sanación de esta maldad desde la reflexión fortalece su porvenir.

Job nos muestra que la maldad lleva a la reflexión, venciendo a Satán al nunca dudar de la voluntad de D/os, porque si viene de D/os todo es para bien, como esta estipulado en el significado de la sumisión a lo divino, esta prueba hace que Job se responsabilice, no culpa a D/os, no culpa al otro, incluso no se culpa a sí mismo, siendo está responsabilidad lo que lo enaltece y lo que lo lleva a la cumbre de su humanidad, a diferencia del mal, el cual convierte al ser humano en  una persona, es decir, en un personaje falso, lleno de máscaras, quien no puede separarse de ellas porque vive en un mundo subjetivo, moral y no ético y objetivo.

Esto lleva a comprender que el mal depende del Cronos, del tiempo de la criatura, mientras que la maldad aparece, se conserva y se destruye en el Kayros, en el tiempo creatural.

Quizá ahora podemos responder por qué existe el mal, frente a las palabras que cuestionan, ¿Si D/os es todopoderoso, si D/os es bueno, por qué existe el mal?

Tomando en cuenta que nunca la pregunta es ¿por qué existe la maldad?

La maldad existe porque habita en el corazón del Hombre tomando el lugar que le pertenece a D/os, y el mal existe porque el Hombre no se hace responsable de sus actos, porque se olvida que existe otro a su alrededor, por qué busca sólo su satisfacción.

Al no enfrentar la maldad y condenar el mal, la persona no sólo se pone máscaras, sino que se viste de culpa, pecado, sufrimiento y muerte, enalteciendo el juicio moral y con ello perdiendo el sentido de la vida, convirtiéndose en ese Hombre mitológico que ya no tiene salida porque los dioses han decidido castigarlo. Por otra parte, el mal moral hace del sufrimiento pecado en el momento en el cual reproduce victimas y victimarios, eliminado la responsabilidad, mientras que el enfrentamiento de la maldad crea seres que se enfrentan a la situación y salen victoriosos porque cambian la maldad por la bondad divina, siendo esto representado en la resurrección de Lázaro.

Lázaro en un nefesh met, es decir, un muerto espiritual, un hombre lleno de dolor, de culpa, de vicios, de sufrimiento quien esta muerto en vida a causa del mal moral que él y los juicios sociales han hecho de él, por eso, Jesús no se apresura a verlo cuando sus hermanas se acercan para pedirle que vaya a verlo, esta tranquilidad de Jesús simboliza que todo tiene su tiempo, por ello, cuando Jesús se acerca, Lázaro resucita, porque Jesús no lo juzga, lo escucha, lo sana, Lázaro cambió la culpa y el sufrimiento por el aprendizaje, por la bondad divina, ahora ha resucitado en D/os.

La descripción del mal es difícil, tiene diversas nociones las cuales se acrecientan cuando se le entrelaza con la maldad, por ello, la única manera en la que el mal es explicable es a través del mito, en donde el origen del Hombre se convierte en una visión cosmogónica más que cosmológica. Es así que este Ethos (Forma común de vida y/o de comportamiento que adopta un grupo de individuos pertenecientes a un mismo grupo social), tiene la capacidad de crear una sociedad que se fundamenta en el corazón y la responsabilidad, o una sociedad dependiente de su estado.

Es en estos principios éticos y objetivos donde la anarquía toma sus principios de la religión, al contrario de las leyes que toman sus normas de la moral subjetiva del Derecho.

Otro error que ha ocasionado la subjetividad del mal, es la relación de este con la Muerte, pensar que ella es un castigo, cuando en realidad la muerte es el mayor bien concedido por la Bondad divina, y esto solo se entiende al sanar la maldad, es decir, esta dualidad, surge para ayudar al Hombre a regresar a lo divino, porque como está escrito en Isaías 45, 7 D/os, dijo Yo formé la luz y creé las tinieblas, hago la felicidad y creó las desgracias, pero no debemos enfocarnos en esta última palabra sino en el valor de la dualidad, porque si no se conoce la oscuridad no se reconoce la luz, por lo tanto, si el corazón no es puesto a prueba, la libertad no se comprenderá en sí misma.

Es de recordar que los conceptos bien y mal no tiene una profundidad en las religiones antiguas, mientras que la Maldad y la Bondad le dan sentido a cada una de las enseñanzas de los Libros Sagrados, sin embargo, la influencia de la civilización griega, del helenismo y de la visión romana provocan la mezcla de dos conceptos en uno solo, eliminado la objetividad bíblica y sometiéndola a la interpretación occidental, segmentando la sabiduría y las enseñanzas de Jesús al traspapelarlas entre la voz paulina y agustiniana, alejadas de la cultura del pueblo de Jesús, es decir, de su judaísmo.

Para Agustín el mal trae sufrimiento y culpa, mientras que para Jesús la maldad es una caída que ayuda a reflexionar, a cambiar y a comprender desde el corazón que todo tiene su entendimiento y su solución cuando la propia responsabilidad se somete a la misericordia de D/os.

Entender al mal como pecado y pena es sumamente moral, es así que está visión maniquea al apoderarse del cristianismo daña la mística, la espiritualidad y la ética de Jesús y las enseñanzas del Génesis, donde el Pecado original o pecado de naturaleza toma sentido de juicio, pisoteando la enseñanza y la reflexión que conduce a la compromiso, en donde se nos explica que la maldad no surge de una decisión errónea de frente al árbol de la vida y del conocimiento, porque el árbol de la vida simboliza a la Torá, la palabra de D/os que guía, mientras que el árbol del conocimiento es la experiencia, es decir, que la caída no es comer del fruto prohibido sino comer en desorden.

Es decir, primero había que alimentarse de la Palabra de D/os para poder construir y vivir con responsabilidad en el Paraíso, para forjar una historia de experiencias bajo la sabiduría de D/os, en cambio, se comenzó por la experiencia, desde la ignorancia, desde los actos irreflexivos que provocaron y causan la caída que llevan a la maldad contraria a la Bondad de D/os, de ahí que se explique que la maldad tiene su origen en el corazón, destacando que para los antiguos en el corazón habitaba el entendimiento.

Por ello, el faraón actúa de forma maligna porque su corazón se ha cerrado, por ello, de manera contraria, María retorna la dignidad a la mujer, porque ante la pregunta del ángel a María, ella responde FIAT, es decir, un sí desde el corazón, con todo su entendimiento con toda su voluntad. Ambas acciones son objetivas sólo que una se ensordece ante D/os y la otra contempla con todos los sentidos a D/os.

Es así que el pecado por generación no tiene un significado en la gnosis, sino que sólo encuentra su sentido a través del mito racionalizado, como resalta Paul Ricoeur.

De ahí que el pecado por herencia sea un mal, porque esta subjetividad con lleva responsabilizar y culpar a otro, haciendo una cadena tan larga que al final el culpable no es otro sino D/os. Culpar a un inocente de lo que otro no se hizo responsable es inaceptable para los profetas Jeremías y Ezequiel, quienes tienen mayor saber e importancia profética que Agustín de Hipona y Pablo de Tarso.

Desde una teología cosmogónica la maldad forma parte de la propia naturaleza de la bondad, pero esto no significa que se tiene permiso para dañar, pero sí significa que el ser humano al enfrentarse con la maldad en su corazón tiene la responsabilidad de sanarse, de recuperar su paraíso interior, porque de su sanación depende la integridad de la humanidad y por ende de la historia. De ahí la importancia de la guerra Santa, de esta batalla interior, como menciona el islam.

Esta comprensión lleva a entender el pensamiento de Kant, porque para él, ya no tiene importancia saber qué es el mal, sino comprender que origina la maldad, y es el Satán- el alma, quien al ponernos a aprueba nos recuerda la responsabilidad de la libertad.

Es de resaltar que el mal moral ha provocado una cadena de maldad que se repite sin parar en la historia humana porque ha invadido al Hombre de culpa, remordimiento y castigo, provocando que la humanidad al saberse perdida caiga cada día en un abismo, llevando al hombre a pensar que esta destinado a sufrir cuando tiene en sí la esperanza.

Para concluir diré que hacer el mal es dañar a alguien, pero se vuelve acto de Maldad cuando ese alguien, permite que este mal entre en su corazón. Y esta maldad se enfatiza cuando nuestra falta de responsabilidad culpa a D/os, este D/os que ama tanto a la humanidad que le otorgó la libertad que incluso lo ha llevado a no creer en Él.

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

Directorio Cultural Hispano

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