Las nueve musas
Ópera comunitaria

La ópera comunitaria

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La concepción que tiene la sociedad, en general, de la ópera siempre ha estado ligada a las clases más altas de la sociedad y a la expresión más sofisticada de la cultura.

Sin embargo, olvidamos que en nuestros días el acceso a la cultura no solo no debería ser un privilegio, sino que es una obligación de la sociedad civil, política y regente.

La ópera no puede aislarse de la cultura de su entorno, en un momento en el que las artes, las propias redes sociales y la estructura misma de los movimientos de la población, implican y exigen la participación tanto de creadores como de recetores e intérpretes. Por todo ello, es lógico encontrar las propuestas de la ópera comunitaria. En este artículo quiero hablar de dos casos de producción de ópera comunitaria, uno en España y otro en México.

En el caso de España tenemos el estreno mundial de la ópera La gata perduda, producción que el Gran Teatro del Liceo hizo al principio de esta temporada, invitando a  la creación lírica a los barrios que rodean al teatro, específicamente al barrio del Raval, un antiquísimo asentamiento en Barcelona, cuyo origen se pierde en el siglo XV y que tiene varias décadas de ser considerado como una de las zonas más peligrosas de la ciudad. Por ello, el que el teatro del Liceu lance un proyecto de esta naturaleza es, no solo muy importante sino necesario.

La ópera, a diferencia de lo que puede llegar a pensarse, puede ser accesible a todo aquel que quiera experimentarla, venga de donde venga. En este sentido debemos pensar que La gata perduda es un gran acierto. La puesta en escena y en general la conceptualización del montaje visualmente a cargo de Ricard Soler Mallol y Miquel Ángel Raió, fueron los grandes valores de la obra. Donde surgen las dudas es su estructura operística, musical y dramatúrgicamente hablando.

Muchísimo más cerca del teatro musical anglosajón que de la ópera europea, este experimento pareciera conceder demasiado y exigir poco a sus espectadores, lo cual es peligroso en el proceso al que puede llegar.

Por supuesto, se trata de mostrar lo mejor de las posibilidades dramático-musicales de la expresión operística, sin hacer de esto algo aburrido o repelente para las nuevas generaciones; pero me pregunto si la respuesta está en acercar las cosas a los musicales de corte anglosajón y a la poca exigencia de atención o análisis del espectador. Creo que, en cambio, tendremos que buscar nuevas formas de contacto con nuestro público más joven, que tienen por primera vez la experiencia operística o que tiene ideas preconcebidas sobre ella.

El otro caso sucede en la ciudad de Morelia, Michoacán al oeste de México. El montaje de la ópera Suor Angelica de Puccini, producida por Judith Zamilpa y el coro Tarhiani. Aunque he mencionado ya a este coro en otro artículo, me gustaría integrarlo aquí como una experiencia comunitaria, en el sentido de que significa para sus integrantes.

La participación en una ópera de personas de la tercera edad, de amantes de la música, cantantes profesionales, madres solteras, personas de diferente preferencia sexual, estado civil, edad y condición social, con una entrega sin cuestionamientos, participen como solistas o como comparsas, es una muestra de lo que el arte puede hacer en la vida de la gente. Este grupo está conformado por personas que vienen de diferentes municipios y lo que les une es su amor a la música y estar solo entregadas a la experiencia de la creación colectiva. Trabajar con un grupo así es una las vivencias más interesantes que se pueden tener como seres humanos y también como artistas.

La actividad operística de la ciudad de Morelia es mínima, algo incongruente con el hecho de que tiene en su centro el conservatorio más antiguo de toda América y que es una de las joyas coloniales del país, protegida por UNESCO. Cuando uno escucha las bellísimas voces y el talento interpretativo de sus habitantes, es aún más inexplicable.

Esta organización se ha convertido en un refugio para las aspiraciones artísticas de los integrantes, para una convivencia social con  un importante desarrollo intelectual y emocional, pero también un medio de exposición de los talentos del Estado de Michoacán, uno de las regiones de México con más historia y tradición artística que se pierde en sus raíces precolombinas.

En cualquiera de los dos casos, este tipo de montajes nos cuestiona el papel de la ópera en la sociedad actual y eso también es un gran valor agregado a cada proyecto. ¿El arte debe ser hecho solo por quienes lo han estudiado? ¿Qué e s un artista? ¿Cómo podemos relacionarlo con la sociedad más vulnerable de nuestro entorno? ¿De qué sirve hacerlo? ¿es este el verdadero valor social del arte?

Después de haber trabajado con una comunidad como Arcelia, Guerrero, he aprendido primero, que el arte desarrolla facultades físicas y mentales en los seres humanos de manera incuestionable, pero también que modifica sus valores y su manera de relacionarse con los otros. Permite una valoración de la vida humana desde otra perspectiva, pero, sobre todo, le da opciones incluso a quien no tiene ninguna.

Enid Negrete - Ópera

Enid Negrete

Enid Negrete se ha formado profesionalmente tanto en el medio musical como en el ámbito teatral. Es Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Reside en esta ciudad desde hace quince años, donde ha trabajado como productora y directora de escena de teatro y ópera, así como especialista en archivos operísticos, crítico, profesora y articulista.

Como investigadora fue la primera en estudiar los archivos históricos de los dos teatros más importantes de ópera de España: El teatro Real de Madrid (actualmente consultable en el Institut del Teatre) y el Archivo histórico de la Sociedad del Gran Teatro del Liceo de Barcelona (en proceso de digitalización por la UAB). De 2013 a 2016 fue investigadora invitada del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información “Carlos Chávez” del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, donde realizó el diseño de la primera línea de investigación de la ópera en México.

Desde el año 2006 ha colaborado en diferentes publicaciones especializadas en ópera, música clásica y artes escénicas, tales como Ópera Actual, Opus Musica, La onda, Revista ADE de la Asociación de Directores de Escena de España, Heterofonía y Recomana.cat.

Actualmente es la presidenta de la Fundación Arte contra Violencia dedicada a apoyar a los artistas de escasos recursos, dar formación profesional y difundir el arte mexicano en Cataluña.

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