Las nueve musas
Carlos Manuel de Cespedes y del Castillo

La malevolencia contra Céspedes: enemigos y odiadores

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«(…) por la libertad e independencia de mi patria sacrificaré toda mi vida, sin que haya ninguna circunstancia por difícil y aflictiva que sea, capaz de alterar esa inquebrantable voluntad (…)»

Firma Céspedes

 

 

Nadie que no haya sufrido el escarnio que soportó Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo durante cinco años, por parte de la Cámara de Representantes, los jefes militares y aquellos que creyó amigos, puede apreciar en toda su magnitud los daños espirituales que llevó a su día a día.

No fueron simples burlas ni maldades, fueron injurias, corrillos en silencio donde se le difamaba, abrazos de los que decían ser sus amigos. Y es una lástima que muchos iniciadores como él, nunca perdonaron que él fuera el iniciador de nuestras guerras de independencia, aquella mañana del 10 de octubre de 1868.

Nadie es capaz de soportar la angustia y seguir perseverando en la causa de la absoluta independencia de España y el fin de la esclavitud. Él lo expresa en la carta al embajador Sumner, fechada en Las Tunas, el 10 de agosto de 1871: «Cuba no sólo tiene que ser libre, sino que no puede ya volver a ser esclava.»

En una carta de Anita de enero de 1872, escribía al respecto: «El agua, el sol, el frío, el hambre, la desnudez, la carencia de armas y parque, la distancia, los ríos, las montañas, los precipicios, las balas de los enemigos, nada nos arredra. Cuando queremos hacer una cosa, la hacemos, poco importa el resultado.»

Estaba expresando su determinación y la de sus compañeros en la lucha por la independencia. En esta cita, él menciona que ninguna adversidad, ya sea el clima, la falta de recursos o los peligros del enemigo, puede detenerlos. Lo que quiere decir es que cuando tienen la voluntad de hacer algo, lo hacen sin importar las dificultades o el resultado final. Es una declaración de coraje y perseverancia. Eso lo dice todo, lo demuestra todo de su cubanía e intransigencia revolucionaria.

Sobre este carácter de Céspedes escribió Martí, quien comprendió tan bien como nadie, la psicología del Hombre de Mármol.

«Decía Céspedes, que era irascible y de genio tempestuoso: “Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter.” Esto es, dominó lo que nadie domina.» [1]

El 10 de marzo de 1873,[2] recibió una carta de su esposa Anita que le relataba la verdad del exilio cruel, allá en Norteamérica, donde le expresa que todo lo que tiene es de lo más modesto y pobre, y la ropa que viste ella y sus hijos es regalada por familias cubanas pudientes. Eso lo lacera, pero se yergue en sí mismo, a pesar del dolor que esto le causa, y le escribe: «[…] no puedo sino tributar elogios sinceros y grandes a tu resolución de preferir una miseria honrada a la abundancia siquiera sospechosa de degradación.»

«[…] no puedo sino tributar elogios sinceros y grandes a tu resolución de preferir una miseria honrada a la abundancia siquiera sospechosa de degradación.» [3]

Sin dejar de trabajar por las trabas que cada día le ponían en zancadillas descomunales, sabía saltarlas sin perder atención, no solamente a los enemigos internos, esos que cada día veía, sino también a aquellos que allende los mares, también conspiraban.

«[Cierto día] fue Aguilera a almorzar con Villegas. Le manifestó éste que, en sus últimas comunicaciones a Cuba Libre, había dicho a sus amigos que era necesario que Carlos Manuel de Céspedes no continuara por más tiempo al frente del gobierno porque irremediablemente se hundiría Cuba. Añadió que algunos de la emigración… habían escrito diciendo que era necesario no sólo despojarlo del poder, sino también impedir que saliese a la emigración, pues con su carácter intrigante y ambicioso, irrogaría infinitos males a Cuba en el extranjero.»[4]

Céspedes era temido tanto dentro como fuera de Cuba. En el país, su presencia y liderazgo eran una amenaza para aquellos que querían mantener el statu quo, ya que tenía fuertes partidarios y podía unificarlos en el interés de continuar la guerra y la revolución.

En el exterior, también era temido porque tenía la capacidad de desenmascarar a los traidores, tanto internos como externos. Esto muestra su influencia y su capacidad para afectar la dinámica política incluso desde fuera de Cuba. «Bien pueden esos enemigos de Cuba [que no míos] aullar como lobos a vista de una presa codiciada. Mi conciencia está tranquila, mis servicios, mis sacrificios están a la vista de todos los cubanos; los malos me atacarán; pero los buenos me defenderán.»[5]

¿Qué quiso legarnos el «Iniciador» con estas palabras? Enemigos de Cuba, no míos, dice Céspedes, haciendo una distinción clara entre sus enemigos personales y los enemigos de Cuba. Él considera que aquellos que lo atacan no son realmente sus enemigos, sino enemigos de la causa cubana. Aullar como lobos a vista de una presa codiciada; esta metáfora sugiere que sus enemigos están desesperados y ansiosos, como lobos que ven una presa. Están buscando cualquier oportunidad para atacarlo.

Afirma que su conciencia está limpia. Está seguro de que ha actuado correctamente y que sus acciones y sacrificios son visibles y reconocidos por todos los cubanos. Reconoce que los malos [sus enemigos] lo atacarán, pero confía en que los buenos [sus partidarios y aquellos que apoyan la causa de Cuba] lo defenderán. Solo le faltó tiempo; su muerte prematura impidió una metamorfosis en aquellos que lo sacaron burdamente del poder, pues muestra su firmeza y confianza en su causa y en el apoyo de los cubanos, a pesar de los ataques de sus enemigos.

Lo demostró el Brigadier José de Jesús Pérez de la Guardia, quien le ofreció luchar contra la sedición que ya se avecinaba, y él no lo aceptó: «Mis amigos [los de Cuba] me rodean, pero por mi causa no se regará sangre en el suelo patrio.» [6] Escribiría el 25 de septiembre de 1873, un mes antes de Bijagual de Jiguaní.

Los desesperos eran constantes, armas y municiones no llegaban, no llegaban refuerzos, no llegaban cartas de la amada, por eso en la carta que le dedicó el 29 de marzo de 1872, utiliza términos no comunes en su correspondencia a Ana de Quesada, su idolatrada esposa: «Ya veo que no hay duda alguna. Ustedes todos se han olvidado de nosotros… Ocho meses han pasado sin recibir carta tuya ni recursos del exterior: ocho meses de tormento para mi corazón por todos lados, y ocho meses que son una prueba a mi constancia y la de los cubanos.»[7]

La tormenta está próxima a desatarse y él la ve venir con sus fuertes vientos e intensas lluvias sobre campo de Bijagual de Jiguaní, no se arredra, le parte de frente como hombre sabio y valiente: «¡Ah! ¡Bastante tiempo había logrado tener encadenadas las pasiones! Ya se desencadenaron por las intrigas de algunos malvados. ¿Quién volverá a remacharlas ¿Será preciso ¡Dios mío! ¿Que se haga con más sangre cubana que la que se ha derramado por los bárbaros españoles? ¡Ay! ¡Que no sea yo ése! Transeat a me Calix iste! [Que pase de mi este cáliz.]

Faltan pocos días para que sea sometido al Golpe Judicial-Militar, exactamente el 10 de octubre de 1873, diecisiete días para ser precisos, escribió esta frase. Sin embargo, algo más llena su copa de tormentos: su premonición de que no tendrá tiempo para conocer a sus mellizos, Gloria de los Dolores y Carlos Manuel de Céspedes y Quesada.

«Aunque el corazón me anuncia que es eterna nuestra separación, y este es el mayor tormento que puedo soportar, tu recuerdo está siempre vivo en mi memoria y me enajena a veces la ilusión de que algún día pueda volver a oprimirte en mi seno.» [8]

En agosto de 1872, los mellizos arriban a su primer cumpleaños, él lo recuerda a pesar de que este es un año de grandes preocupaciones para el «Iniciador»: «Cumplieron este mes un año nuestros queridos hijitos y aun no los he conocido! ¡Ay! ¡Tal vez no los conoceré nunca! ¡También hizo veinte meses que no te veo Esta eternidad cuantos dolores! Esto lo recordé el 13 y no obstante en mi entereza y la firme resolución que tengo formada de morir, si no doy libertad a mi patria te confieso que sufrí una angustia mortal y para vencerla necesité toda la fuerza de mi voluntad.»[9]

En su firme decisión de luchar contra la tiranía española y nunca pactar con ella, Céspedes estaba convencido de que la muerte lo esperaba en Cuba. Sabía que debía triunfar, lo que significaría la victoria y la independencia de Cuba, o morir como lo hizo, peleando por la libertad.

Su otra lucha era con los que masivamente se entregaban tras el paso del Conde de Valmaseda y la estela de destrucción y muerte que dejaba a su paso. La falta de arribo a costas cubanas de expediciones; las pocas gestiones de los encargados en el exterior de garantizar esta tarea, como Aldama y Aguilera. Todo era lánguido, sin matices ni perspectivas, todo para él era una lucha constante. Pero allí estaba incólume, luchando por lo que había iniciado, por Cuba, su patria.

«En cuanto a lo que por allá consigan -se refiere a los Estados Unidos- o no, en nada variará el propósito que desde el principio de la Revolución he formado […] Mientras el pueblo de Cuba me juzgue digno de regir sus destinos, y haya un cubano que me preste apoyo, se les hará la guerra a los españoles.»[10]

Necesita brazos frescos que blandan el machete en las cargas al enemigo, pero muchos de los que pueden hacerlo, prefieren una vida menos peligrosa, colmando los corrillos de algunas capitales europeas o americanas: «[…] algunos cubanos jóvenes y robustos, en lugar de venir a pelear por la libertad de su patria, apelan para mantenerse en el extranjero, donde son completamente inútiles, a los medios más vergonzosos, pues pudiendo ser aquí altos empleados civiles o jefes militares, prefieren ocuparse allá en exhibir cabezas parlantes por los pueblecillos y otras cosas de su estilo. Parece increíble, pero no hay medio, este es el mundo de los contrastes: al lado de los héroes, los bufones.»[11]  Escribe en enero de 1872.

El principal objetivo de la campaña de Valmaseda fue erradicar la insurrección en el Oriente. Valmaseda, conocido por su habilidad y eficiencia en la conducción de operaciones militares, también se destacó por su extrema crueldad.

A pesar del daño infligido a las tropas independentistas cubanas, estas lograron resistir y luego contraatacaron. Después de derrotar a las fuerzas del general Donato Mármol en El Saladillo, Valmaseda entró en Bayamo, encontrando solo cenizas. Desde allí, continuó sus operaciones para levantar el cerco a Manzanillo y capturar los pueblos del valle del Cauto.

La operación tenía como objetivo desalojar a los insurgentes del sur oriental (Bayamo, Manzanillo, Jiguaní y Santiago) y luego empujarlos hacia el norte y finalmente de este a oeste (Holguín, Las Tunas, Camagüey) para aniquilarlos. Valmaseda fortificó y guarneció los pueblos y plantaciones para apoyar a sus tropas y mantener las comunicaciones. Luego, se centró en Bayamo y Manzanillo, dividiéndolos en distritos que podían ser recorridos en 10-12 días, con columnas de uno a tres batallones de 50-100 jinetes cada uno, para buscar y destruir a los insurgentes.

El 21 de abril del 1871, Carlos Manuel escribe: «[…] algunas presentaciones…alentarán a Valmaseda y los voluntarios, no obstante que todo eso es ilusorio, porque la pelea sigue, el fuego apagado en un punto se enciende en otro y al fin los enemigos no tendrán más recurso que evacuar la isla, o captar un tratado bajo la base de la independencia.» [12]

Pero Valmaseda obligó a los líderes mambises Modesto Díaz, Luis Marcano, Manuel Calvar, Bartolomé Masó, Santiesteban y otros a dividirse en pequeñas guerrillas y refugiarse en las montañas. En el segundo trimestre de 1870, bajo presión del nuevo capitán general Antonio Fernández Caballero de Rodas, Valmaseda se trasladó a Holguín, pero no tuvo mucho éxito. A finales de año, declaró pacificado Oriente, pero las acciones de los generales Modesto Díaz en Bayamo y Máximo Gómez en Jiguaní, y el asalto de este último a La Socapa el 18 de diciembre de 1870, demostraron que la revolución seguía viva y fuerte.

La campaña de Valmaseda fue una prueba para los líderes de las tropas cubanas y su arte militar. Causó muchas bajas y deserciones en el campo insurgente, pero también sirvió como escuela para los líderes del Ejército Libertador, obligándolos a usar métodos y tácticas novedosas y efectivas. El Conde de Valmaseda, en vez de ir a buscarlo a las montañas, presentó su renuncia, suceso que Céspedes comenta con su esposa: «Ayer llegó correo de Cuba [Santiago de Cuba] y nos trajo la noticia de lo que puede llamarse la fuga de Valmaseda, Por la influencia que este hombre ejercía en españoles y cubanos debe considerarse el suceso de gran importancia, y es hora de aprovecharlo no sólo para activar nuestras operaciones mediante los recursos necesarios, sino de mover las teclas para provocar la reacción en las poblaciones.» [13]

A pesar de la victoria contra el sanguinario y desbastador Valmaseda, Céspedes seguía con sus tormentos y abatimientos debido a los rejuegos de la Cámara y sus otros enemigos internos y externos.


[1] Martí, Obras Completas, «Fragmentos» T 22, p 235.

[2] Ob citada Carlos Manuel de Céspedes, tomo III p, 223.

[3] Ob citada p, 162.

[4] Francisco Vicente Aguilera y la Revolución cubana T. I, p 521.

[5] Escrito el 6 de agosto de 1873, Ob, cit., pp 192-193

[6] Ob, cit., p197

[7]Ídem, Ob, cit., p 121

[8] Ibidem Ob, cit., p 66.

[9] Carta al embajador Sumner, 10 de agosto de 1871.

[10] Ob, cit., p 45, carta a Anita del 23 de julio de 1872.

[11] Ob, cit., p 96.

[12]

[13] Ob, cit., p 26

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal (Las Tunas, 4 de septiembre de 1953). Periodista, locutor, documentalista e Investigador de temas históricos. Durante cuarenta y un años laboró en la Televisión y Radio cubanas; dio cobertura informativa a numerosos hechos de nuestra historia revolucionaria.

Es graduado de periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba 1986, Diplomado en Historia y Marxismo en la Universidad «Ñico López» del CC del PCC, y del Nuevo Periodismo Latinoamericano, en el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí», en 2001

Cumplió Misión Internacionalista en África, trabajo de jefe de equipo en la filmación del proceso de repatriación e identificación de los cubanos caídos en Granada, el 25 de octubre de en 1983.

Tiene publicado los libros: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia. Ha publicado en revistas de temas histórico, como Tareas, del Centro de Estudios de Ciencias Sociales de la Universidad de Panamá, la Revista de Artes y Humanidades, las Nueve Musas, de España, igualmente trabajos suyos han sido leídos en Venezuela, Angola, o vistos por la televisión, en Rumania, Rusia, Polonia, Bulgaria, la antigua Yugoeslavia, Alemania, etc., todas exintegrantes del campo socialista.

Ha recibido premios en concursos nacionales de periodismo, investigaciones históricas y literatura.

Fue galardonado como Mejor Conductor de Programas Informativos de Cuba, en el Festival Nacional de la Radio, 2001, y recibió el Premio Provincial a la Obra de la Vida «Rafael Urbino Santoya», 2005. Ostenta órdenes, medallas y distinciones militares y estatales. Es miembro de la UPEC y la UNHIC.

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