Las nueve musas
Pedro Páramo

Juan Rulfo y las tripas del silencio

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Antiguos rencores, venganzas que se creían olvidadas, traiciones entre hermanos, pueblos llenos de desolación y de muertos, fatalidad, hombres duros y despiadados con su poco de ternura, tierras donde no se alza ni el vuelo de las aves, violencia y resignación, asesinatos, pobreza predestinada, abnegación y fe, recuerdos, olvido.

 

Hay en las páginas de la obra de Juan Rulfo, en su pequeña e inagotable obra, todo un desfile de emociones trágicas, de sentimientos perversos pero irremediablemente humanos y atemporáneos, intrínsecos. Y como un hilo conductor, eslabonando las palabras susurrantes y los gritos desgarrados, está el silencio, el verdadero personaje principal de todas sus obras. Porque, a diferencia de las obras de otros autores, en que el silencio es un intersticio entre palabras, en la obra de Rulfo el silencio es la manivela de prensar que deja las palabras compactas y justas, aquilatadas de elocuencia.

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Pedro Páramo (JUAN RULFO)
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Pedro Páramo (JUAN RULFO)
  • Rulfo, Juan (Autor)

No es su silencio una consecuencia de su escritura, sino que es la escritura una consecuencia de su silencio. Un silencio en bucle, curtido de tragedias y representante de la supeditación del hombre al destino adverso, de una resignación estoica que sólo abriga la esperanza de la muerte.

En Pedro Páramo el silencio y la soledad son hermanos siameses. Juan Rulfo convivió durante muchos años con la idea de esta novela; la tenía tan interiorizada que, una vez se puso a escribirla, sólo necesitó cuatro meses para volcarla sobre el papel. Antes había estado buscando el estilo y la atmósfera adecuada para su libro, y el ejercicio ideal para ello sería el que hoy en día sigue siendo libro de culto de la cuentística universal: El llano en llamas. Él lo comentó varias veces: fue un puro ejercicio, una búsqueda de la forma adecuada con que abordar su Pedro Páramo. 

El resultado fue que ese ejercicio acabó siendo una obra de arte, y que Rulfo por fin encontró la atmósfera que había estado buscando. En su cuento Luvina queda prefigurado el ambiente desolado y oscuro, fantasmal y fúnebre con que quedaría impregnada su novela. Cuatro meses de escritura y un depuramiento intenso que dejó el número de páginas a la mitad gracias a la voluntad del autor de intentar hacerse desaparecer él mismo de su obra, dejando a sus personajes vagar a sus anchas sin las intromisiones, explicaciones y elucubraciones del narrador. ¿ El resultado ? Veamos la opinión de algunos ilustres:

«Pedro Páramo es una de las mejores novelas de la literatura de lengua hispánica, y aun de la literatura universal.» Jorge Luis Borges

… Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí La Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.” “A Juan Rulfo, por otra parte, se le reprocha mucho que sólo haya escrito una novela. Se le molesta siempre preguntándole cuándo tendrá otro libro. Es un error. En primer término, para mí los cuentos de Rulfo son tan importantes como su novela Pedro Páramo, que, lo repito, es para mí, si no la mejor, si no la más larga, si no la más importante, sí la más bella de las novelas que se han escrito jamás en lengua castellana. Yo nunca le pregunto a un escritor por qué no escribe más. Pero en el caso de Rulfo soy mucho más cuidadoso. Si yo hubiera escrito Pedro Páramo no me preocuparía ni volvería a escribir nunca en mi vida.” Gabriel García Márquez

“La mejor novela mexicana de todos los tiempos”. Carlos Fuentes

Después de Pedro Páramo vino otra vez el silencio. Exceptuando alguna obra para cine, Juan Rulfo decidió que ya estaba bien de escribir.

Nunca se consideró un escritor profesional y no estaba dispuesto a publicar algo mediocre por más que las editoriales y sus admiradores le presionaran. Él mismo, con su humor fino e inadvertido, daba falsas esperanzas a los entrevistadores asegurándoles que tenía un nuevo libro entre manos. Otras veces, al ser preguntado por su inactividad literaria, contestaba: » porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba todas las historias «.

La realidad es que desde 1955 en que se editó Pedro Páramo, Juan Rulfo no volvió a publicar ninguna novela. Se dedicó a los libros de antropología social en el instituto nacional indigenista, trabajo que le interesaba y que además le proporcionaba esa soledad que había llegado a amar como poseído por el síndrome de Estocolmo.

Y es que Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno no tuvo una infancia agradable. Su nacimiento, el 16 de mayo de 1917, era una cuenta atrás para la tragedia.

Había nacido en Apulco, un pueblo cercano a la ciudad de Sayula, Jalisco, que no figuraba en los mapas. Era una época agitada por la revolución cristera y desde muy pequeño Rulfo tuvo que familiarizarse con la violencia en forma de saqueos, raptos, asesinatos, y hombres colgando de los postes.

A los seis años su padre muere asesinado. Le dispararon por la espalda por disputas con las lindes de unas tierras. Su madre moría pocos años después de pena por medio de un ataque al corazón. Sus tíos paternos también habían muerto en dispares y trágicas circunstancias.

A los diez años el pequeño Rulfo, que había quedado al cargo de su abuela, pasa a estudiar en el colegio Luis Silva, un correccional con una disciplina carcelaria. Huérfano, sólo en aquel internado en el que su abuela lo tuvo que dejar por falta de medios, en el niño Rulfo comienza la inoculación de una tristeza y una soledad que le acompañarían por el resto de su vida. Según contaba el propio Rulfo: » Lo único que aprendí fue a deprimirme. Fue una de las época en que me encontré yo más solo. Y en donde conseguí un estado depresivo que todavía no se me puede curar. Antes de eso yo era un niño abierto y alegre, como todos los niños. Y allí me aplacaron bastante. «

Y a mí me parece, cuando leo su obra, ver al niño Rulfo jugando solo en aquel correccional de Guadalajara, con algo entre sus manos. Algo así como las tripas del silencio.

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Alonso Pinto Molina

Alonso Pinto Molina

Alonso Pinto Molina (Mallorca, 1 de abril de 1986) es un escritor español.

Aunque sus comienzos estuvieron enfocados hacia la poesía y la narrativa (ganador II Premio Palabra sobre Palabra de Relato Breve) su escritura ha ido dirigiéndose cada vez más hacia el artículo y el ensayo.

Su pensamiento está marcado por su retorno al cristianismo y se caracteriza por su crítica a la posmodernidad, el capitalismo, el comunismo, y la izquierda y derecha políticas.

Actualmente se encuentra ultimando un ensayo.

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