Las nueve musas
José Moreno Villa

José Moreno Villa. La casa y los cuadros

Promocionamos tu libro

No vinimos acá, nos trajeron las ondas.
Confusa marejada, con un sentido arcano,
Impuso el derrotero a nuestros pies sumisos.

(Poemas escritos en América, 1938-1947. Fragmento)

José Moreno Villa, (1887-1955), se fue con las ondas, luego, tras la guerra civil, se quedó definitivamente en México. Allí tuvo un hijo y para que no olvidase lo que debieron ser las primeras palabras, escribió: Lo que sabía mi loro, 1945, donde puso canciones, sentencias, cuentos y dibujos. Palabras que recordaba del niño que fue, lo hizo para que, el nacido lejos, supiese de dónde venía su padre.

Rebajas

José Moreno Villa, ensayista, poeta, pintor, traductor, miembro de la GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Ténicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), director de su revista, marcado por una atención al espacio que entiende como elemento determinante. Quien más años permaneció en la Residencia de Estudiantes, desde 1917 al 1937, conviviendo con distintos movimientos, Ultraísmo, Creacionismo, Surrealismo, distintas generaciones de estudiantes. Pintor, adscrito a la abstracción y al surrealismo, como dibujante utiliza una línea limpia cuyo trazo corresponde con el objeto, ya sean personas, grupos o paisajes.

Autor de: Vida en Claro, biografía de un intelectual moderno, en un país viejo, libre de prejuicios, repasa su vida, muestra una persona que gusta repetir, no como rutina sino como lento reposo con tiempo para pensar, aunque, alguna vez, se lía la manta a la cabeza y rompe con toda esa calma en la que ha vivido. Momentos intensos, sin que por ello pierda la capacidad de análisis.

Poeta situado entre la generación del 14 y el 27, siempre al margen, periférico, inventor de una estrofa, cuyo contenido y versos titula   “caramba”. Enamorado de una chica norteamericana de origen judío, viaja a Nueva York con objeto de contraer matrimonio, que acaba en un rotundo fracaso, lo que frente al poemario de Juan Ramón Jiménez: Diario de un poeta recién casado, pasa a ser el diario de un poeta recién descasado. Su reacción, contrariamente a lo que cabría esperar, consiste en aceptar con humor el abandono y recuperar el sosiego, la independencia.

Moreno Villa escribe dos libros que son testimonio de este suceso, ambos pueden ser considerados como expresión representativa de una época, cuyos cambios modifican la relación hombre y mujer, rompen con los convencionalismos morales, con la forma de vestir, y con toda frontera que separe las actuaciones por sexo, de repente el trabajo de la mujer, sus estudios, los escritos, la independencia, el automóvil, el cine, el jazz, la pintura rompen con una vinculación socialmente respetada durante siglos.

Textos que contienen información concreta de estos cambios, por su antirromanticismo, una de la actitudes de Vanguardia que señala Ortega en La deshumanización del arte, también por la presencia de motivos arquitectónicos, pictóricos que lo convierten en atípicos: Jacinta la Pelirroja, 1929, completado por Pruebas de Nueva York, diciembre 1927, publicados por  la imprenta Sur de Málaga, textos breves, en los que podemos tratar las diferencias y semejanzas con el Nueva York del Diario de un poeta recién casado, 1917, y cómo no, con Poeta en Nueva York, 1929-30, coincide con el Crack de 1929,  de Federico García Lorca, primera edición 1940, simultáneamente en México, editorial Séneca, y Estados Unidos, Editorial Norton.

La autobiografía de José Moreno Villa: Vida en claro, 1944, titula su primer capítulo, Topografía de la casa paterna. El espacio se convierte en símbolo premonitorio:

…yo viví durante mi infancia entre el cuarto que daba a la catedral, o sea el norte, y el cuarto que daba al mar, o sea el sur. Y como la vida de la infancia deja sedimentos y formación para el resto de nuestra existencia, yo me pregunto si acabará pudiendo en mí el mar o la catedral. Es decir, si podrá más lo romántico que lo clásico. Porque no cabe duda de que la iglesia es norma o regla y de que le mar carece de ellas.

El capítulo finaliza con estas palabras:

Pero mi cuarto estaba entre norte y sur y decidió sobre mi vida. Mi destino fue abandonarlo y vivir siempre, desde entonces, interinamente.

Jacinta la Pelirroja, reeditado por Ediciones Turner, 1978, especie de isla emergente en el mar del 27, con prólogo de José Luis Cano, quien finaliza con estas palabras:

En aquella época de poesía pura, el desenfado y la espontaneidad de Jacinta la Pelirroja, su, a ratos, voluntario prosaísmo, debieron sonar como algo insólito y hasta revolucionario. Hoy es lo que nos atrae de él, lo que da una jugosidad y frescura a sus páginas, que no han perdido aún, como el lector comprobará leyéndolo, su alacridad y su verdor.

Ilustrado por el autor con con dibujos a tinta que podríamos definir como infantiles, primitivos o abstractos, aunque quizá fuese mejor calificarlos de surrealistas, adecuados para el tono alógico de algunos versos. Articulado en dos partes con veinte poemas más veinte, justo los cuarenta años en los que emprende este viaje.  Comentaré algunos. Leo el primero de la primera:

Bailaré con Jacinta la Pelirroja
Eso es, bailaré con ella
el ritmo roto y negro
del jazz. Europa por América.
Pero hemos de bailar si se mueve la noria,
y cuando los mirlos suban al chopo de la vecina.
Porque, -esto es verdad-
cada rito exige su capilla.
¿No, Jacinta?
Oh, Jacinta, la pelirroja, peli-peli-roja
pel-pel-peli-pelirrojiza.
Qué bonitos, qué bonitos, oh, qué bonitos
son, si, son tus dos, dos, dos, bajo las tiras
de dulce encaje hueso de Malinas.
Oh, Jacinta,
bien, bien mayor, bien supremo.
Ya tenemos el mirlo arriba,
y la noria del borriquillo, gira.

He aquí dos adjetivos acertados: roto y negro, para describir el jazz, roto hace referencia al sonido quebrado, interrumpido, cortante. Negro ¿se refiere a los músicos? Sin duda, pero también a ese color que describe el misterio, coincide con García Lorca. En cualquier caso, esta calificación es surrealista. Cuando dice Europa por América, refiere el origen, de ahí ese intercambio que propone. A continuación: pero hemos de bailar si se mueve la noria,/ y cuando los mirlos se suban al chopo de la vecina. Versos y frases aparentemente extrañas, que quizá aluden a estados de ánimo, puede que se refiera a que hayan bebido lo suficiente, porque sólo cuando se ha alcanzado ese grado de noria, están dispuestos para bailar. Quizá esos mirlos figuran en la letra de la canción. No obstante, el poema se adapta al ritmo tal como se desarrolla ese silabeo que equivale a un instrumento de percusión, o al sonido de la trompeta: peli-peli-roja/ pel-pel-peli-pelirrojiza. Las repeticiones, la alusión a sus senos de tus dos, dos, dos, aportan ese aire canalla, sensual que tiene como origen. Finalmente, el mirlo se le ha subido a la cabeza y el borriquillo gira sin dificultad.

José Moreno Villa, con sus cuarenta, es todo un caballero español, ajeno a ese desenfreno que disfrutan las jóvenes americanas en los felices años veinte, aquí serían las sin sombrero, sabe alemán puede hacerse entender por los padres judíos de Jacinta, no conoce el inglés, pero ha entendido el jazz.

El IV: Y el chofer volvía la cara, parece una secuencia cinematográfica de cine negro. El cine y su relación con la educación sentimental vuelve a aparecer en el XV: No hay derrotas con Jacinta:

Aunque luego te vea palidecer
ante un drama sentimental
donde Gilbert, John Gilbert,
sufre la derrota de una estrella fotogénica.

El poema XII: Jacinta compra un Picasso, define el tipo de casa y el tipo de cuadro, dice así:

Para su casa rectilína
-sin roperos, con garaje y jardín,
Piscina y mullidos tapices-
Jacinta compra un Picasso a tres tonos:
Rosa, blanco y azul.
Me recibe brincando. Y me abraza:
-¿No ves que Línea? Dice
¿No ves que fuerte y qué dulce?
Y Jacinta se besa la mano.
La mano que dio los dineros.
Dineros por arte.

Si Jacinta puede adquirir un Picasso, sin duda, ella pertenece a otra clase distinta a este residente, casi perpetuo de la Residencia de Estudiantes, pese a que, junto a su sueldo como bibliotecario de la Facultad de Farmacia, sea por unos años director de la mejor revista de arquitectura de nuestro país. En este texto se alude al tipo de construcción, rectilínea, nada de curvas, guirnaldas, arcos, es un tipo de arquitectura útil, obra de Gropius, al modo de la Bauhaus, construcción luminosa de grandes ventanales, higiénica, funcional, de hierro, cemento y cristal. No tiene esos cuartos para roperos oscuros, donde se amontonan las ropas de toda una vida, sin embargo, disponen de garaje, piscina, jardín y mullidos tapices.

¿Cómo se define el Picasso? No sabemos que representa, ni parece interesarle, quizá porque es obvio y se trata de algo que están viendo, además de que el motivo no es objeto pictórico, de ahí que se insista en la línea y el color. Se nos presentan esos tres tonos: rosa, blanco y azul, en armonía con la casa que se ha descrito, no se trata de un retrato, ni paisaje, ni frutas, ni desnudos, sólo se describen los tres tonos, a juego con la casa, azul de la piscina, blanco por la luz y rosa de jardín. Ella insiste: ¿No ves qué Línea?, elude cualquier otra definición. El pintor maneja esos trazos limpios que califica de fuerte y dulce. Por otra parte, junto a este encaje perfecto con la arquitectura, se alude al elevado precio, ¿humor o ironía?, con la seguridad de que se ha hecho una excelente inversión.

En un artículo de la revista A.C. Documentos de Actividad Contemporánea, aparecido en 1931, declara:

Piensan algunos que la vivienda moderna es opuesta a la pintura. Otros, menos extremistas la admiten, pero a condición de que se ajuste al cubismo, que fue una pintura plana y esencialmente arquitectónica, sin llamadas al mundo interior del hombre ni al mundo exterior de la naturaleza.

De la segunda parte, comentaré: D, un ingenioso, ingenuo dibujo, surrealismo de sueño infantil.

VII Cuadro cubista, donde los objetos que componen el cuadro, fuera de su uso, se van acomodando a la imagen y conforman el cuadro:

Aquí te pongo guitarra
en el fondo de las aguas
marinas, cerca de un ancla.
¿Qué más da
si aquí no vas a sonar?
Y va a ser compañera
de mi reloj de pulsera
que tampoco ha de marcar
si es hora de despertar.
Vas a existir para siempre
con la cabra sumergida
la paloma que no vuela,
y el bigote del suicida.
Tiéndete bien, entra enferma,
sostén tu amarillo pálido
y tu severa caoba;
conserva bien las distancias
o busca la transparencia.
Lo demás no me hace falta.

Tal como antes hemos visto en el cuadro cubista que Jacinta ha comprado, donde el objeto pictórico es sólo línea y color. Juan Gris, planteó a sus oyentes esta pregunta: ¿Con qué se hace un clavo?, las respuestas fueron diversas, que si con hierro o acero, que si madera o bronce. Él respondió que un clavo se hace con la idea del clavo. Lo que le llevó a que un cuadro se hace con la idea del cuadro. Un vaso sobre la tela, sus transparencias, el agua y el jazmín, pueden tener un valor pictórico, el pintor refleja, a veces agrega un espejo, la realidad, el cuadro se convierte en una puerta abierta que nos permite ver lo que hay sobre ese mueble. En un cuadro cubista, no interesa el vaso, el agua, ni el jazmín, sólo serán importantes la línea y el color. Moreno Villa para hacer ver el procedimiento cubista imagina el cuadro no como una puerta, sino como un puerto, donde bajo el agua van depositándose los objetos más diversos, sin que tengan ya valor por sí mismos, sin que exista posibilidad de ser usados, se han transformado en materiales pictóricos cuya ordenación sintáctica heterogénea, sugiere un mundo surrealista, enfatizado por ese ahogamiento en que todo yace revuelto. El pintor ha reunido objetos diversos, especie de enumeración caótica: guitarra, ancla, reloj de pulsera, cabra, paloma, bigote del suicida. Sin embargo, lo que le interesa es que la guitarra sostenga su amarillo pálido y su severa caoba, el espacio y la trasparencia. Finalmente dirá: Lo demás no me hace falta.

Los últimos poemas de esta segunda parte tratan de la ruptura, en el XVIII. Jacinta empieza a no comprender, hay una clara muestra de incompatibilidad, tanto en la definición de Jacinta, como en esos kilómetros, millas de aburrimiento. Su vida es como una existencia de turista, ajena a la poesía. Recuérdese que los veinte poemas de esta segunda se titulan Jacinta es iniciada en la Poesía. El último, XX. Israel, Jacinta, políticamente incorrecto, fruto de su derrota: Después de tan venturoso y adverso viaje. Termina el relato que van marcando los títulos. Se convierte en un ataque al soberano poder económico representado por los judíos, a su destacado papel en la ciencia. Contrasta con el último de la primera: Jacinta se cree española:

Este libro, ¿de quién es?, de un judío.
Esta mina, ¿de quién es?, de un hebreo.
Esta ciencia, ¿de quién es?, de un semita.
¿No es un hebreo el máximo actor,
y el Ministro de la Economía universal,
y el maravilloso inventor?

Pruebas de Nueva York, es rescatado de los años de silencio por Pre-Textos, 1989, con una presentación de Juan Pérez de Ayala, donde recuerda el encuentro entre la joven americana, Florence, que luego pasará a ser Jacinta la Pelirroja, en casa de Jiménez Fraud, relación que provoca el viaje de ambos a Nueva York para contraer matrimonio, objetivo que resulta fallido y cuyo testimonio son estos dos libros. En una nota a modo de prólogo, el autor declara por qué estas páginas se convierten en Pruebas:

Mi propósito está más cerca del término fotográfico <<prueba>>. Quiero enseñar unas pruebas de Nueva-York. Y sin caricatura, ni deformación. Con el mayor espíritu de justicia que pueda. He mirado a la <<niña violenta>> como quien mira un mecanismo, con afán de comprender su lógica y su funcionamiento.

Cada prueba va acompañada por un dibujo, con una línea fina, donde aparece:  la ciudad, escenas, gestos, entre cinematográficos y fotográficos, apuntes rápidos, precisos, de un pintor, otra perspectiva imprescindible para conformar un texto original, en el que analiza el tipo de vida americano con humor, especial atención al espacio, su uso y su historia. Selecciono:

El capítulo II: Demolición constructiva: limpieza, muestra la diferencia con la Europa vieja, una España cargada de monumentos arruinados, centenares. Leamos:

En los pueblos nuevos, en cambio, como Nueva York, no hay lugar a la piedad porque no existe la venerable ruina. Y si algún edificio pretende alcanzar el rango de la veneración, lo derriban inmediatamente para levantar sobre su base uno más a tono con el tiempo y más eficaz en todos los sentidos….

Y no es que odien la Historia; es que no toleran que ella se oponga a sus deseos de perfeccionamiento. La prueba está en el Museo Metropolitano; en él hay lo que no he visto en museo alguno de Europa: grandes departamentos destinados a la historia de la habitación en Norteamérica…

José Moreno Villa
Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio Sacristán

Capítulo IV: Inquietud frente a señorío

La vida cotidiana:

Pelarse cuesta mucho en Nueva York. ¿Por qué? Porque quien pela es un hombre, no una máquina. Los artículos para revistas y periódicos se pagan caros. ¿Por qué? Porque los escriben hombres, no máquinas. Por un pelado y fregado de cabeza llevan duro y medio; por un artículo se pagan cien duros. En España…más vale no recordar. Ni el peluquero ni el escritor tienen entre nosotros sentido comercial.

Capítulo V: Herejías para nosotros

Los textos revelan claramente su opinión, opuesta a una ortodoxia paralizante:

Si al Patronato del Museo del Prado y a la opinión más o menos pública que se interesa por las Bellas Artes de Madrid se le dijese: <<Vamos a poner un restaurante en los sótanos del Museo>>, San Pedro y San Pablo y todos los santos tendrían que taponarse los oídos. Pero si, además, dijésemos: <<Y se permitirá que los comensales <fumen>, nos tomarán por locos….

…quiero hacer resaltar que en la Universidad de Yale, hay una <<Escuela del drama>> y que en ambas hay <<Escuela de periodismo>> y <<Enseñanza de cocina>>.

¿Qué cómo ha nacido esto? Por la presión pública…Como las Universidades tienen mucho de <<business>>, de negocio (otra herejía para oídos españoles)…

¡Herejía! ¡Herejía! ¡Desacato! ¿Cómo vamos a permitir que ingresen en el seno del Claustro la maestra de cocina? ¿Cómo vamos a permitir que se frían rábanos en esta clase y en la contigua se comente a Platón?

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JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022).

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

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