Las nueve musas
los abrazos perdidos

Manoli Penalva: «sin lugar a dudas, la poesía tiene capacidad sanadora»

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Nacida en Catral en 1987 y criada en la pedanía oriolana de La Campaneta, Manoli Penalva —diplomada en Trabajo Social, perito social y experta en envejecimiento activo— combina su labor en el Grupo de Investigaciones Sociológicas con una incipiente trayectoria literaria.

Autora de varias publicaciones académicas en su ámbito profesional, irrumpió en la narrativa con Los abrazos perdidos (Cuadranta, 2023), obra que, en mi opinión, anticipa los temas que ahora cristalizan en su debut poético: Amor en desuso (Aliar Ediciones, 2024), volumen ilustrado por el poeta y polifacético artista Román López Cabrera.

En el prefacio del libro, la autora desvela su propósito con estas palabras:

«A través de la escritura de este poemario pretendo alzar la voz en cuestiones cotidianas, esas que nos ahogan e impiden respirar: las amargas despedidas, los momentos de soledad que nos hacen más vulnerables e incluso esas sensaciones que nos hacen brillar».

El poemario, estructurado en tres secciones —«Vida», «Amor, deseo y despedidas» y «Baile»—, se cierra con un epílogo del poeta y crítico Fernando Mañogil, quien destaca:

«A través de estas páginas, la vida se despliega como un viaje imperfecto, a veces apacible, otras con una intensidad desbordante. El amor se dibuja como un sentimiento poderoso capaz de elevarnos a lugares de ensueño y, a su vez, sumergirnos en la nostalgia más profunda. Los poemas celebran la complicidad, el renacer que sentimos en presencia del otro, ese sentido de pertenencia que solo nace del calor de un abrazo o del brillo de una mirada».

Sin embargo, Mañogil advierte: «Donde hay amor también se filtra el desamor, inevitable y crudo. La poesía revela ese dolor que no se calla, el duelo silencioso de un adiós inesperado, el eco de las palabras que no se dijeron».

Amor en desuso no es solo un catálogo de duelos y derrotas, sino también una reivindicación de dos emociones relegadas en una era dominada por el pragmatismo y la competencia. Frente a un mundo que idolatra el poder y el cálculo, Manoli alza la voz en favor de la empatía y la ternura, presentándolas no como ideales estáticos, sino como fuerzas dinámicas, vulnerables y transformadoras. El amor aquí no es un consuelo fácil, sino un territorio de claroscuros donde, una y otra vez, resurge la capacidad de resistir; una energía que muta, se transforma y, a veces, se desgasta hasta volverse un eco melancólico.

Al recorrer cada sección, el lector queda invitado a detenerse en los silencios, a leer entre la herida y el alivio que brotan de cada verso. La vida —tan frágil como poderosa— atraviesa cada poema como una corriente subterránea, cargada de pérdidas, despedidas y resiliencias.

Manoli Penalva escribe con la honestidad radical de quien expone su corazón herido sin pudor. Ignorando preceptivas y modas literarias, apuesta por un adanismo sincero donde la autenticidad prevalece sobre el rigor formal. Su estilo directo, desprovisto de artificios, se acerca más a la canción o, si acaso, a la confesión íntima que al poema propiamente dicho. Amor en desuso no elude los momentos aciagos; al contrario, los abraza para extraer de ellos un canto a la superación. Reclama un espacio donde la palabra se viva en su plenitud emocional y acoge tanto la alegría compartida como la danza solitaria con la tristeza, la soledad y el abatimiento. Aunque sus versos incidan en el confesionalismo, laten en ellos la solidaridad: el dolor personal se convierte en eco de otros dolores.

La experiencia laboral de Manoli Penalva impregna su escritura. Sus vivencias en el trabajo comunitario tejen puentes entre generaciones y dibujan manos que sostienen esperanzas. Esboza, así, un retrato redentor de la naturaleza humana a través del amor —deseado, soñado, gozado y perdido—. No niega la melancolía ni pretende eludirla: habita las grietas, pero también busca la luz tras el derrumbe. Testimonia la oscuridad, el desasosiego y el dolor con un voluntarismo inquebrantable, ofreciendo la humildad de su voz, con sus inseguridades e imprecisiones, en una lucha continua entre la maraña de los sentimientos y la urgencia del lenguaje. Frente al desarraigo, la depresión o la pérdida, la autora construye un espacio donde la escritura opera como bálsamo y herramienta de reparación, tanto íntima como colectiva.

Amor en desuso es, en definitiva, un viaje poético que convierte la palabra en refugio y en acto de resistencia. Un libro que celebra la vulnerabilidad como condición humana y reivindica la palabra desnuda y espontánea como territorio de sanación y encuentro.

Después de publicar tu novela Los abrazos perdidos en 2023, te adentraste en la poesía con Amor en desuso ¿Cómo viviste esa transición de la narrativa al verso y qué te motivó a explorar este nuevo formato literario? En mi opinión ambos libros están muy conectados.

Fue una transición natural, descubrí en una vieja libreta cosas que escribía en mi época de estudiante. Me encuentro en el proyecto de investigar para mi siguiente novela, y durante los descansos o cuando me venían ideas a la cabeza comencé a darle vida al poemario.

Ambos libros están conectados, quien se adentró en mi primera novela Los abrazos perdidos, pudo leer una novela escrita desde el corazón, desde el dolor pero con la capacidad de resiliencia para salir de situaciones difíciles. Amor en desuso, está escrito desde el dolor por el que paso, por las esperanzas, por el deseo a cambiar ciertos aspectos tormentosos de mi vida, como bien reflejan tanto la novela como el poema Infierno.

Personalmente, ¿cómo vives el amor y el desamor? Tanto Los abrazos perdidos como Amor en desuso parecen brotar de un anhelo de contacto humano. ¿Qué papel han jugado tus propias experiencias amorosas en su escritura?

No las llamaría experiencias amorosas, más bien experiencias humanas. En Los abrazos perdidos busco en cada personaje su afán de superación, así como luchar por las injusticias sociales que durante todo el trascurso de la época histórica en el que se centra la historia y a su vez yo también he vivido, en realidad todos hemos podido vivir en algún momento de nuestras vidas.

Para mí el amor no solamente está en la pareja, también lo encontramos en la familia, en los amigos.

El apoyo de estos últimos es lo que llamaría experiencia amorosa, saber pedirles ayuda, el temor de perderlos por el camino, no hablar por miedo a no ser escuchada. A través de las palabras he intentado mostrar lo que más me costaba decir, lo que para algunos con una simple palmadita en la espalda se supera, pero, sin embargo, nadie es capaz de pensar y hacer frente al dolor que no se ve, al que se imagina, al bucle al que pueden llegar a entrar tus pensamientos. Es aquí donde se necesita el amor de los tuyos, que no te fallen, que no te olviden.

En tu visión apasionada del amor y de la vida misma, hay también mucha capacidad de resiliencia. El poemario incluye momentos difíciles, pero también esperanza y alegría. ¿Cómo transita del dolor a la luz en tus versos, y de qué forma incorporas ese resplandor de esperanza?

Tal vez la vida me ha puesto durante mi trayectoria tener que ser resiliente en muchas ocasiones, incluso lo tengo tatuado. El poemario es fiel reflejo de la situación en la que me encuentro debido a un hecho en concreto en mi vida y puedo afirmar que de una manera u otra me ha marcado de por vida.

Divido el libro en tres partes: la Vida, aquella en la que tenemos que trabajar, luchar por nuestros objetivos, disfrutarla. Sin embargo, en estos momentos de mi vida y tras conseguir metas después de mucho luchar me encuentro con que debo salir a flote de nuevo, tuve que pedir ayuda para no caer todavía más. Es en la vida donde más resilientes tenemos que ser. En la segunda parte, Amor, deseo y despedidas, trascurren esas amistades que perdimos en los peores momentos, cuando observas que sobras en el mundo o en algún núcleo que para ti era muy querido, tal vez la gente al leerlo piense solamente en el amor y desamor de pareja, pero lo escribí bajo los sentimientos que tengo, los que son a día de hoy, acordándome siempre de esas personas que ya no están y antes de marchar me dijeron que me sintiera orgullosa de mí, de mis estudios, mis esfuerzos… Siento que les he defraudado.

Por último, el libro habla de Baile, bailes entre la soledad y la muerte, pero también otros cargados de esperanza. La novela me hizo llegar a personas que me han animado en todo el proceso de escritura sin conocerme de nada, tal vez, nunca me dedique profesionalmente a esto, pero ahora mismo la luz que se puede observar en el poemario es la luz que me hace sentir escribir, escribir como terapia, escribir aquello que no sé decir o tal vez me avergüence decir.

El amor, el deseo y las despedidas son afectos que a menudo desembocan en dolor y nostalgia. ¿Cómo vives la línea entre el cariño y el desamor en tu poesía?

Cariño y desamor ligados a pérdidas y tristeza. Me gusta explicarlo así. Para mí, el cariño es sentir el apoyo de tus más allegados, que se sientan felices en tus victorias pero que no miren hacia otro lado en tus derrotas. Al igual que pasa con la amistad, nunca he concebido una amistad que no esté presente en los momentos más duros de tu vida, pero sin embargo se acuerden siempre de ti para los suyos. Creo que el ser humano debe ser empático y analizarnos, ponernos siempre en los zapatos que no calzamos, escuchar, aunque no comprendamos porque con ese gesto, tal vez sin quererlo podamos estar ayudando a alguien a abrirse en canal; y te diría aún más, creo que no es necesario hablar, porque la compañía o la soledad en ocasiones es elegida, pero la que te es impuesta es muy dolorosa, un rato en compañía hace que los pensamientos más oscuros te abandonen.

Nos has hablado de la parte final del libro, dedicada al baile, un baile en el que no falta el abrazo, la plenitud, la soledad y la tristeza. ¿Qué representa para ti el baile como metáfora de esas emociones contrapuestas?

En el baile entre la soledad y la muerte, bailar contigo mismo, bailar abrazado a alguien que te transmita energía para poder sobrellevar las cargas o el bache que estás pasando. Son emociones contrapuestas, pero si las analizas a nivel social o sociológico el baile es necesario para reencontrarnos, volver a descubrir quiénes fuimos, cómo llegamos a serlo y no olvidar nunca ese transcurso de la vida. Baila para recordar y disfrutar de cuando fuiste feliz, baila para no caer en la tentación de querer bailar solo en esta vida para siempre.

Dices en las primeras líneas del Prefacio que «en pleno siglo XXI las personas continuamos siendo unas de las principales paradojas a nivel emocional». En el texto final a modo de epílogo, escribe el escritor y poeta Fernando Mañogil: «cada verso nace de una emoción auténtica, de un instante de revelación o de sombras, y es aquí donde la poesía se convierte en testigo y refugio». Está claro que tu escritura es intuitiva, directa y emocional, ¿pero hay algún lugar en ella para la sugerencia y la reflexión?

Muchas de ellas son para reflexionar, creo que es una poesía para que el lector lea y con el tiempo lo vuelva a hacer para ver si lo que le hizo sentir al principio lo vuelve a sentir, o si ha cambiado algo. Qué puede cambiar: por ejemplo, superar duelos inesperados o esperados pero que nos cuesta asumir, volver a resurgir de nuestras propias cenizas.

De la misma manera que el lector al releer puede reflexionar sobre una situación concreta al que le hizo ese poema conectar, yo como escritora, espero con el tiempo reescribir esos poemas para comprender que todo ha cambiado a mejor en mi vida, o no.

A modo de reflexión sí que me gustaría que nos cuestionásemos si en realidad somos capaces de escuchar y comprender a alguien que se siente totalmente hundido, o que tal vez no sepa cómo pedir ayudar y su única forma de hacerlo sea a través de la escritura.

Eres diplomada en Trabajo Social, ¿cómo influye tu formación en esta disciplina en tu obra literaria?

Me han marcado mucho mis investigaciones sobre la soledad con el Grupo de investigaciones sociológicas de la Universidad de Alicante. Estudiando sobre la soledad pude observar que algunas de aquellas personas amaban su soledad, otras estaban muy acompañadas pero se sentían solas. Sin embargo, había otras que estaban solas de verdad. No todas las soledades son iguales, hay que conocer a la persona, su entorno, lo que le sucede y no solo en el presente, conocer su pasado también, será de esta manera cuando podamos empatizar al 100% con ellas, saber lo que necesitan, lo que quieren expresar.

A través de la novela y poesía pretendo dar a conocer el dolor, dolor desde el que escribo, pero dolor compartido por cualquier lector que pueda encontrarse en algún momento difícil. Podría decir que tras todo el trabajo de campo que he realizado desde el año 2018 me ha ayudado a comprender incluso mejor mi situación, situación reflejada en esos poemas.

Tu novela Los abrazos perdidos plantea preguntas directas como «¿aprendimos a empatizar?» ¿Se puede aprender a empatizar? ¿Cómo se refleja esa idea en tu poesía?

Sin duda alguna sí. Amor en desuso es una llamada a gritos a pedir ayuda, a que la persona más cercana a mí observe el dolor que llevo dentro, el agotamiento emocional y el desgaste. A través de la novela di a conocer esas injusticias que han llegado a dicho desgaste, por lo que empatizar conociendo el pasado de una persona puede ser más fácil.

En mi opinión no todo el mundo posee empatía, tal vez por la posición en la escala de esta sociedad, su educación y el no ver a las personas como seres iguales.

Todo aquel que piense que tiene más, que la inmigración nos viene a robar, sin tener en cuenta por qué huyen… Es imposible tener empatía por aquella persona más cercana y más parecida a ella.

Son los que llamo los amigos de dar una palmada en la espalda y decir «ya pasará».

Después de este libro, ¿has sentido que la poesía es un camino de sanación personal en periodos de tristeza o depresión? ¿Qué le dirías a alguien que busca en la poesía un bálsamo para el alma, o cree que la poesía también puede sanar heridas colectivas?

La poesía puede ser un camino de sanación personal, bálsamo para el alma y capaz de cerrar heridas.

Cuando lees poesía, como es mi caso, mimetizas con las palabras, en ocasiones crees no entenderlas, sin embargo, en otras te llega, profundizan enseguida las palabras en tu mente, te hace recapacitar, te hace ver si la sociedad ha sido capaz de avanzar o nos hemos quedado anclados, o incluso lo más triste si vamos a un mundo que ya pensábamos no volver a él.

Sin lugar a dudas, pienso que la poesía tiene capacidad sanadora.

¿Cómo afrontas este nuevo reto que es publicar un libro de poesía? ¿Qué esperas de él?

Pues para mí fue una sorpresa, iba a autopublicarlo por Amazon porque mis compañeros poetas me decían que el mundo de la poesía era un mundo muy complicado. Pero en dos meses me encontré con la sorpresa de vender la primera tirada de 300 ejemplares y según la editorial la segunda tirada está a punto de finalizar. Este poemario ha sido publicado junto a Aliar ediciones, a quienes les tengo que agradecer todo su trabajo, al igual que a Román López-Cabrera por sus ilustraciones y a Fernando Mañogil por su gran epílogo.

Sin duda alguna es una gran satisfacción que en las ferias vayan buscándote porque se leyeron la novela y les gusta tu manera de escribir.

Lo que más espero de este poemario es que llegue al alma de los lectores, que comprendan que tal vez no ellos, pero posiblemente la persona más cercana esté bailando con una soledad no elegida. Si es así, cojamos a esa persona de la mano y bailemos junto a ella, en silencio sin necesidad de revivir heridas.

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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