Manuel García Pérez (Alicante, 1976) nos sorprende con su cuarto poemario Vida y época de la ausente Eileen, que se alzó con el prestigioso XI Premio de poesía Juana Castro, en él hace algo diferente a lo que nos tenía acostumbrados, aun manteniendo su sello personal, nos presenta un libro crudo y visceral que traza el deterioro emocional y físico de una mujer atrapada en la espiral de la depresión, el alcohol y la derrota cotidiana.
A través de versos sombríos y a veces descarnados, el autor —sin condescendencia ni glamour— da voz a una protagonista rota que busca sentido en medio del caos interior.
Es un poemario crudo y profundamente humano que traza la biografía emocional de una enfermera neoyorquina atrapada entre el peso de la vocación, la fragilidad del cuerpo y los ecos de una derrota íntima. A través de versos cargados de una sensibilidad desbordante, la autora, Eileen, —apenas disfrazada detrás de su alter ego lírico— hilvana una historia de supervivencia en medio del invierno físico y espiritual.
La enfermedad de su padre actúa como un centro gravitacional desde el cual se irradian las demás experiencias: los turnos interminables en hospitales donde el dolor ajeno se vuelve paisaje habitual, las relaciones afectivas con otras mujeres que oscilan entre el consuelo y el desencuentro, y un frío invernal que parece más emocional que climático. La ciudad de Nueva York aparece como un personaje secundario que observa, indiferente, mientras la protagonista intenta mantenerse a flote: “La eterna tristeza destrozó / al bedel ante mis ojos. / Después del disparo, / el aire de la habitación giró / con el polvo. Qué otra cosa / podría ser más importante.” (“Inhaladores Popper”).
Sin grandes artificios, pero con una lucidez brutal, Manuel García Pérez demuestra cómo la poesía puede ser no solo testimonio, sino también refugio, resistencia y redención.
Los poemas, estructurados en secuencias casi narrativas, retratan con sensibilidad y brutal honestidad la caída progresiva de una mujer que, en su naufragio, revela los vacíos de una existencia marcada por el abandono, la desesperanza y la autodestrucción. El alcohol no se presenta como escape, sino como una forma más de castigo. La depresión no es solo tristeza: es silencio, parálisis, repetición: “Ojalá fuese esa mujer falsa e irritable. / Ojalá fuese una hermosa tortuga / y dejara de moverme con el frenesí de antaño. / O esa madre que sangra a causa de un desgarro. / O una hija ejemplar con un revólver / apuntando a los niños que salen de la escuela.” (“Los niños que no aman a las tortugas”).
Sin embargo, el poemario no se ahoga en el dolor: hay momentos de lucidez, ráfagas de ternura y una búsqueda latente de redención. El lenguaje, a menudo directo, se mezcla con imágenes poéticas potentes, haciendo que cada poema sea una herida abierta que supura verdad: “Dios me bendijo con una correa larga. / Mis hermanas estaban de acuerdo. / Mejor así, que navegar en el ferri / o atreverse a vivir más de lo debido / no fuera a ser que la felicidad / se echase a llorar conmigo.” (“Un ferri”).
Manuel García Pérez indaga en la poesía y en las personalidades de mujeres devastadas, se sumerge con valentía en los abismos interiores de figuras icónicas como Anne Sexton, Sylvia Plath o Virginia Woolf. No se trata solo de una serie de homenajes literarios, sino de una exploración profunda del dolor, la alienación y la brillante lucidez que muchas veces habitan en los márgenes de la cordura: “¿Quién teme a Virginia Woolf? / Una sirvienta descalza / que besa el plácido pecho / de mi madre enferma / y amontona rebanadas de pan / sobre la encimera. / (…) / ¿Quién teme a Virginia Woolf? / Quien escucha hablar a su pistola / dentro de un bolso. Amén.” (Osa a Ouse).
Cada poema funciona como una ventana a una psique fracturada, pero no sin belleza: hay una estética de la ruina, una poesía del colapso, que el poemario abraza con honestidad feroz. Manuel no idealiza el sufrimiento, pero tampoco lo esquiva; lo convierte en una forma de resistencia y revelación: “La nada no es consciente de mí. / Ni los biselados bordes / de la pastilla / que raspa en su camino / garganta / abajo. / Las limpiadoras / me guiñan un ojo. / Mudo de piel /en el conticinio de cada primer sábado de julio.” (“Trifles”).
Vida y época de la ausente Eileen no es una lectura cómoda, pero sí necesaria. Nos enfrenta al lado más oscuro de la experiencia humana, sin filtros, sin moralejas. Una obra valiente, devastadora, que transforma el sufrimiento en arte y nos obliga a mirar de frente lo que muchos prefieren ignorar.
Manuel García Pérez (Alicante, 1976). Es Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Antropología. Docente y crítico literario en la sección de cultura del periódico digital Mundiario. Sus investigaciones científicas sobre Lingüística y Comunicación figuran en publicaciones nacionales e internacionales. Articulista en varias revistas literarias, sus poemas forman parte de diversas antologías nacionales. Ha publicado hasta ahora varias novelas juveniles y cuentos infantiles. Destacan, además, sus poemarios: Luz de los escombros (2013), Las exploraciones (2016) y La quietud (2022).
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