En la línea del estilo rompedor de su anterior libro de poemas, Ü (2022), MJ Escosura nos convoca a Bestias. Y las bestias son una relación por ella elegida de animales en peligro de extinción y que Escosura, también dibujante, representa en el poemario. Los dibujos no corresponden a un solo animal, sino a dos, son criaturas mixtas.
La hibridación no es caprichosa, claro. Forma parte esencial de lo que la autora siente que es, desea decir, vivir y transmitir. Porque ella se da a conocer como queer, palabra inglesa que reúne sinónimos de diversa índole: algunos despectivos; otros, en cambio, muy positivos, tales como unorthodox, atypical, unexpected, out of the ordinary. Los que cito aquí son epítetos que definen con precisión la producción artística de Escosura y su proyección como persona artista. Clasificar a las personas y sus cualidades a partir de un simplón sistema binario: hombre-mujer, bueno-malo, simpático-antipático… es una torpeza, una simplificación que no hace honor a la realidad ni a la verdad (y distingo entre realidad y verdad porque no son lo mismo, pero a ambas las traiciona la simplificación).
Sí, Escosura es una rompedora absoluta, absoluta porque el gesto de su rompimiento afecta a todo: a su entorno y a toda su actividad; no hay escisión entre la percepción de sí misma, la que tiene del mundo y de la sociedad y la que proyecta en la creación artística. Es un todo coherente y radical. Coherente porque su gesto es crítico en todos los ámbitos de la esencia y la existencia, y radical porque experimenta sin temor, no con intención de aniquilar por aniquilar, sino para acercarse a otra verdad, a otra realidad diferente de la que se nos transmite culturalmente. No es en absoluto nihilista. Reconstruye para crear. No destruye; afila su mirada a su interior y a su entorno para ver, ver de otra manera y así crear una nueva mirada, más productiva y respetuosa con el sentir y el mirar subjetivo de cada cual.

No puede así extrañarnos que MJ Escosura recoja el testigo del vanguardismo del siglo XX, sobre todo del dadaísmo, que surgió en torno a 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich, promoviendo un arte que surgía al azar y tendía al caos, como oposición y rechazo al arte burgués del momento y se declaraba anti-todo. Sin embargo, si dadá —palabra que hasta entonces no significaba nada— se dio a conocer más por su decir NO al arte de la segunda década del siglo pasado ofreciendo el caos —ausencia de alternativa— como contrapartida, no me parece que sea el caso de Escosura. Ella experimenta con la intención de encontrar una alternativa y en su camino de experimentación pone en práctica lo que se le antoja productivo para tal alternativa, aunque ésta pueda ser provisional, incluso para ella. La autora deconstruye, desmantela el lenguaje artístico tradicional, lo desintegra, pero no asola, no nos deja la nada; el paisaje que queda tras ese desmantelamiento no es la devastación. Ella ofrece otras opciones. Las piezas que le quedan son aprovechables, pueden tener otra vida con retoques: reordenación silábica, combinatoria inusual con inclusión de signos ortotipográficos dando lugar a otro concepto de palabra… Escosura pulveriza la lengua, pero no echa el polvo a la basura, sino que lo recoge y crea otra. Crea otra lengua y otro lenguaje.
Escosura —lo mencioné ya en mi reseña de su otro libro, Ü— es una iconoclasta total: lo desmantela todo: la morfología y la sintaxis…: inventa verbos, hace transitivos verbos que no lo son, separa palabras inseparables según la ortodoxia, usa asterisco o dos puntos entre las sílabas de una palabra (de lo que entendemos tradicionalmente por una palabra)… Trata pues la lengua y el lenguaje (el verbal y el plástico) con absoluta libertad, juega con ellos, según le sugiere el momento de creación correspondiente. Se adivina en ella una voluntad de potenciar tanto en sí misma, en el preciso momento de la creación, como en sus lectores, en el preciso momento de su lectura, las asociaciones semánticas que ella propone (que con el novedoso tratamiento lingüístico que ella aplica son insólitas). Pero va más allá: también quiere potenciar las que a cada individuo puedan ocurrírsele personalmente. Porque la riqueza de asociaciones que sugiere una palabra, media palabra, una cadena fónica más o menos larga o incluso una sola sílaba aislada es diferente en cada individuo (o puede serlo), porque las asociaciones tienen que ver con su educación, su cultura (en toda la amplitud de acepciones que le demos al término) y con sus vivencias personales. Las asociaciones surgen de manera automática cuando vemos, oímos, tocamos, leemos lo que sea y tienen mucho que ver con nuestro sub- o inconsciente personal. En Escosura hay espacios de libertad individual, que reserva a cada uno de sus lectores y/u observadores de sus dibujos. Diríase que sus lectores se convierten, en el momento de la lectura u observación, asimismo en creadores, y cada creación con su firma personal.

No es casualidad que escriba Bestias a mano, con una letra difícilmente legible. Intencionadamente es así, precisamente para permitir diversas posibles interpretaciones. Cuando el lector se tropiece con una letra que no consiga descifrar a la primera deberá elegir cómo la interpreta y lo hará según su íntima y subjetiva asociación, determinada por un conjunto de factores, ninguno de ellos al uso.
La dificultad de descifrar en algunos momentos su escritura es la razón por la que no reproduzco aquí ninguno de sus poemas; ello implicaría desvelar su encanto y su intención.
Vaya el ejemplo que sí puedo incorporar a esta reseña porque éste sí está escrito con una tipografía industrial: A modo de antetítulo leemos:
IÜNA
Resquebraja mi aliento
la napia entre peludos,
si con ojo sigue su línea
Con la misma intención de avivar la subjetiva interpretación libre la autora utiliza a veces puntos suspensivos (…), dando a entender: «complétalo tú, lector», o escribe casi siempre observaciones, sentencias que se nos antojan absurdas. Y diríase que en su caso utiliza el absurdo como herramienta para conseguir su contrario: el sentido. Cada cual encontrará el suyo. También sirve a este objetivo el estilo lapidario, conciso, desnudo: menos es más.
El libro incluye un breve pero acertado prólogo de Tatiana Beca Osborne y, al final, una relación de los nombres de los animales en peligro de extinción que el libro considera. Los nombres no están dispuestos en orden alfabético ni por orden de aparición en las páginas, así que me pregunté cuál sería la intención de la autora y, como los nombres de los animales que él hibrida no van seguidos, hasta llegué a trazar líneas de unión entre ellos para ver si aparecía ante mí un dibujo que me revelara la clave del misterio. Pero no, no logré salir de dudas.
Probablemente —en realidad estoy segura de ello— MJ sigue queriendo sacarnos del sopor en el que estamos sumidos y de la inercia que conduce nuestra vida cotidiana, decirnos que despertemos y que nos pongamos a pensar.
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