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los niños de winton

Los niños de Winton

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 “Los niños de Winton” (título original: “One life”) es una película británica, del director James Hawes, estrenada comercialmente a principios de 2024.

A este espectador le han emocionado hasta las lágrimas algunas de sus escenas y es esto, al final, a lo que nos exponemos siempre ante una gran obra de arte.

Nicholas Winton
Nicholas Winton De cs:User:Li-sung – Fotografía propia, CC BY-SA 3.0,

El film se basa en dos momentos de una misma vida. Por un lado, la historia de Nicholas Winton, “Nicky”, un joven empleado de la City, que viaja a Praga en 1939, pocos meses antes de declararse la Segunda Guerra Mundial. Igual que el poeta T.S. Eliot —a quien recuerda también por su elegancia en el vestir y la naturalidad de su expresión— Nicky tiene un trabajo bancario que termina a las tres de la tarde (así dice el mismo personaje interpretado magistralmente por Johnny Flynn). Eran tipos de una generación muy brillante, que podían desarrollar en sus horas libres toda clase de trabajos humanitarios o creativos.

Esa parte del argumento nos remite a un drama históricamente concreto.

Por otro lado, el film narra el drama del mismo hombre cincuenta y tantos años después, cuando, ya en las puertas de la vejez, trata de rescatar del olvido la historia de solidaridad que protagonizó, junto con su madre y algunos otros hombres y mujeres, para salvar a 669 niños.

Sin duda no sería igual la película sin la genial interpretación del actor Anthony Hopkins dando vida al viejo Winton: cada gesto, movimiento o silencio del actor en la pantalla es una revelación que produce inmediata expectación. El ritmo de la película se adapta, sensiblemente, a los vaivenes internos de las decisiones que va adoptando el personaje, saliendo a la luz desde la esfera de su no deseo de ser protagonista, pero con la convicción, más honda, de tener que hacer lo debido.

¿Pero qué es lo debido, y por qué?

Por debajo, pero no en un compartimento estanco distinto al deber con los otros, se encuentra otro deber, personal: el que tiene todo hombre de aclarar su existencia, cuando se acerca el final de sus días.

Los niños de Winton
Johnny Flynn)

Hay en la película varios momentos especialmente emotivos para mí (y aquí cada cual tendrá los suyos: nadie elige sus huellas ni tampoco sus reacciones). Uno o varios de esos momentos tienen que ver solo incidentalmente con los niños judíos rescatados, pues la película no va solo de ese tema (no es un documental, ni por ahí puede prestarse a la manipulación de los pro o anti judíos): son los momentos de colaboración de la madre con su hijo Nicky (un personaje, la madre, interpretado con una eficacia prodigiosa, mínima en gesticulación, por la actriz Helena Bonham Carter).

Conmueven la comprensión y empatía que muestra en alguna de esas escenas la madre hacia el hijo, asumiendo, callada, el dolor de este y su sentimiento de culpa por no poder salvar más niños; o, en otra escena, la fuerza de carácter y las palabras que dice al empleado de Ministerio de Exteriores para ganarle a la causa humanitaria (son los mismos valores, libertad, dignidad de cada ser humano, filantropía, en los que ha educado a su hijo Nicky en Inglaterra, porque esos valores eran los propios de la nación civilizada que los acogió cuando vino con su familia de Alemania).

Otros momentos remueven la sensibilidad, como el momento del reencuentro, la anagnórisis grupal, entre algunos adultos que fueron salvados de niños por Winton y este.

Ahí se disparan los resortes inconscientes de cualquier espectador de tragedia. Con la sencillez, nada retórica, de tener lugar en un plató de televisión, y en un programa considerado popular, como una especie de Un dos tres de la BBC de la época. Caen los estereotipos culturales. Precisamente es en el programa de televisión popular (al menos en la televisión de entonces, así era; ay, todo degenera…) donde se recupera la memoria de una enorme gesta de solidaridad.

“Quien salva una vida salva el mundo”, dice el Talmud. Una vida, one life, como reza el título original de la película. No se la pierdan.

Nicholas Winton, nacido el 19 de mayo de 1909 en Londres, Reino Unido, fue un humanitario británico conocido por su heroica labor durante el Holocausto. Estudió en la Universidad de Cambridge y trabajó en banca antes de dedicarse a obras de caridad y ayudar a refugiados.

En 1938, Winton organizó el rescate de 669 niños, en su mayoría judíos, de la entonces Checoslovaquia ocupada por los nazis. Trabajando con gran determinación, logró asegurar pasajes en trenes hacia Gran Bretaña y encontrar familias de acogida para los niños. Este acto valiente y desinteresado salvó las vidas de cientos de niños que de otro modo habrían enfrentado la persecución y la muerte en campos de concentración nazis.

A pesar de sus heroicos esfuerzos, el trabajo de Winton pasó desapercibido durante décadas. Fue solo en 1988, cuando su esposa descubrió documentos en el ático que detallaban su misión de rescate, que su historia salió a la luz. Esto condujo a un programa de televisión de la BBC en el que Winton se reunió con algunos de los niños que había salvado, quienes ya eran adultos. Este evento provocó un gran interés en su historia, y Winton recibió numerosos honores por su labor humanitaria, incluida la condecoración de caballero por parte de la Reina Isabel II en 2003.

Nicholas Winton falleció el 1 de julio de 2015, a la edad de 106 años. Su legado perdura como un ejemplo de coraje, compasión y la capacidad del individuo para marcar la diferencia en el mundo.

El monumento a Nicholas Winton
El monumento a Nicholas Winton en la estación principal de trenes de Praga.
Fulgencio Martínez

Fulgencio Martínez

FULGENCIO MARTÍNEZ LÓPEZ nació en Murcia; es editor y director de la revista Ágora-papeles de Arte Gramático.

Profesor de filosofía, poeta, ensayista y autor de relatos. Ha publicado, entre otros, los poemarios La segunda persona (Sapere aude, Oviedo, 2021), Línea de cumbres (Madrid, ed. Adarve, 2019), Cancionero y rimas burlescas (Renacimiento Sevilla, 2014), León busca gacela (Renacimiento, Sevilla, 2009), El año de la lentitud (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013).

Ha publicado la antología La escritura plural, 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura, con textos en cinco lenguas españolas: vasco, catalán, gallego, español y sefardí. (Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ars poética, Oviedo).

Es autor de un ensayo sobre la filosofía de Antonio Machado, publicado en la revista Symposium de la Universidad Católica de Pernambuco (Recife, Brasil). Y del libro de relatos El taxidermista y otros del estilo (Diego Marín, ed. Murcia).

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