Las nueve musas
Salvador Gutiérrez Ordóñez
Salvador Gutiérrez Ordóñez

Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible de la RAE

Promocionamos tu libro

Estas pasadas navidades del año 2024 y el nuevo año 2025 que, prácticamente, acabamos de iniciar me han traído un grato regalo: la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible, llegada desde la propia Real Academia Española, gracias a la gentileza del ilustre y brillante lingüista funcionalista y flamante académico de la Docta Casa don Salvador Gutiérrez Ordóñez. Con dedicatoria incluida.

Siempre es me es especialmente grato y muy gratificante recibir obsequios o mensajes afectuosos y positivos de buenos amigos. Sirva de ejemplo el conocido emprendedor y columnista de Diario Palentino Javier San Segundo de Lózar –cuyo libro Está to pagao he tenido la oportunidad de prologar y presentar en el Casino de Palencia-; sirva también el caso del voraz lector que mejores recomendaciones de libros me hace, es decir, Sergio Andrés; o, por supuesto, sirva de espectacular ejemplo el también docente, experto en educación vial,  artista y buen amigo Álex Ballesteros –véase la fantástica reseña que hizo sobre mis clases y labor docente, entre otros muchas cosas- y lo mismo me sucede con Salvador Gutiérrez, a quien tengo indudable aprecio y gran estima. Y me honra sobremanera que me considere fidelísimo seguidor suyo –en la distancia- pues, en efecto, desde que mi profesor de Lengua castellana y tutor de cuarto de la ESO, Miguel Ángel Calleja de la Puente, me descubrió su magisterio –entonces tendría yo quince años-, Salvador Gutiérrez se erigió en uno de mis grandes referentes en el mundo lingüístico y, por extensión, del mester filológico. Y, en la medida de mis posibilidades, he intentado ser difusor, de forma divulgativa, de todos sus estudios gramaticales desde una perspectiva funcional.

Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible

Dicho todo ello, a su sapientísimo y enriquecedor magisterio hay que sumar su gentileza, amabilidad y bondad que lo convierten en una personalidad admirablemente sobresaliente.

En cuanto a la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible de la RAE, de la que él ha sido ponente –y se nota, para bien por supuesto-, se trata de una especie de mapa esquemático con informaciones esenciales para intentar acabar con ese lenguaje farragoso, alambicado, abstruso, árido e incluso opaco que tanto abunda en muchos ámbitos tanto científicos como humanísticos. Por ello se comienza con aquel consejo de maese Pedro en el Quijote: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

Quienes, además de ser de formación filológica y haber ejercido como docentes de Lengua castellana, hemos sido opositores a administrativo de corporaciones locales –como es mi caso-, hemos tenido que bregar con el estudio de mucha legislación y, por ende, sabemos bien lo tediosos que resultan en ocasiones los textos jurídico-administrativos, pero es que ello, además, muchas veces puede ocasionar perjuicios en cualquier ciudadano, ya que este puede llegar a no comprender el mensaje ni captar el contenido de lo que allí se dice. Por ello se antoja esencial ese lenguaje claro y accesible que, sin perder rigor, pueda ser entendido por todos. En la guía aparecen interesantes citas de quienes ya reclamaban esa claridad en los textos, desde Alfonso X el Sabio hasta el barón de Montesquieu, pasando por Montaigne, Quevedo o Jovellanos. Sin olvidar alguna reflexión machadiana a través de Juan de Mairena.

A las propiedades del texto (coherencia, cohesión y adecuación) se suman otros tantos principios comunicativos trascendentales para que esa interacción no se salde con un fracaso Todos esos principios son:

  • Claridad, coherencia, cortesía, orden, verdad, adecuación, conveniencia, eficacia, eficienciayrelevancia.

Con ello se revindica y se apuesta por un lenguaje claro, en clara conexión con ese derecho a comprender, que se erige en pilar fundamental del espíritu democrático que ha de vertebrar un Estado de Derecho pues el hecho de entender las normas convierte a un súbdito en ciudadano.

En esa guía, que en modo alguno es un sesudo estudio teórico ni mucho menos aún un seudocatecismo de carácter panfletario, sino que se halla trufada de humildes pero sabios consejos que destilan un poso de humanidad, se advierte de los terribles perjuicios que ocasiona la opacidad en el lenguaje en multitud de campos (desde la medicina al derecho pasando por la propia disciplina lingüística) y los beneficios que, por el contrario, tienen una redacción y lenguaje claros, tanto para ciudadanos como para instituciones y administraciones. Estas ventajas pueden experimentarse en la lectura de cualquier texto, desde una notificación de Tráfico hasta el modelo de una instancia o solicitud pasando por el prospecto de un medicamento, las instrucciones de montaje de un mueble o las indicaciones para conducir correctamente un vehículo.

Bien sabemos los funcionalistas que el lenguaje es en gran medida comunicación y para que esta sea fructífera debe ser clara, diáfana y accesible a todos.

Son especialmente nocivas las consecuencias de un lenguaje oscuro, incomprensible, opaco y retorcido como el que muchos pueden encontrarse al firmar una hipoteca, comprar un vehículo o un inmueble, realizar cualquier tipo de contrato y hasta descifrar el recibo de la luz o un requerimiento por parte de una administración…

De la política mejor no hablamos. Porque hoy casi todos los políticos no paran de hablar con ridícula verborragia, pero pocas veces para decir algo. Al menos algo coherente. Y las más de las veces para mentir o distorsionar la realidad. Dicho esto, soy algo más crítico o cuando menos escéptico respecto del control del alud de informaciones, muchas veces falsas y malintencionadas, que se desprenden de las redes y muchas atalayas mediáticas. En primer lugar, porque es muy importante salvaguardar la libertad de expresión, y en segundo lugar, porque quien ejerciera ese supuesto control –ya fuera estatal, autonómico, europeo o bajo apariencias de órgano independiente- podría incurrir en el mismo vicio desvirtuando el contenido veraz de las informaciones por espurios intereses, de ahí la importancia de educar bien a los futuras generaciones con objeto de que no se dejen engañar fácilmente en un tiempo en que las nuevas tecnologías permiten una saturación contenidos de tal calibre que, en ocasiones, es difícilmente digerible por muchos y algunos puedan llegar a procesar como ciertos hechos o asertos absolutamente disparatados. Una cosa es prevenir para evitarlo e incluso combatirlo, y otra cosa es prohibirlo, sobre todo, por parte de entidades que pudieran ser susceptibles de corromperse de igual forma que los divulgadores de bulos y embustes.

En cualquier caso, en esa fantástica guía se hace lo posible por apostar por un lenguaje claro que evite confusiones o pueda llevar a engaño. Y de forma sucinta, concisa, breve y resumida se ofrecen algunos consejos y determinadas pautas que pueden contribuir a ello. A dar luz y claridad a los mensajes reconociendo así ese derecho a comprender de todos. Aunque, a la vez, todos también deben hacer un esfuerzo por adquirir conocimientos, culturizarse, pertrecharse de los instrumentos necesarios para no poder ser embaucados. También se hace hincapié en eso. Y, sin duda, una de las herramientas más importantes del ser humano es la lengua, que además es el paradigma democrático por excelencia por cuanto depende del propio uso que de ella hacen los hablantes. Y hasta la norma, hoy sujeta a criterios empíricos y coherentes propios de una ciencia, emana del uso mayoritario del nivel culto. Y por supuesto hay que entender el contexto, la situación, y, evidentemente, habrá circunstancias que requieran un mayor grado de formalidad e incluso de virtuosa elocuencia, pero nunca a través del lenguaje opaco, oscuro, turbio, confuso, ambiguo, intrincado, engañoso. A veces hasta límites tan extremos que llegan a pervertirlo con determinados y espurios fines como bien queda reflejado en la neolengua orwelliana.

Por ello, en esa misma guía no solo de habla de expresarse con claridad, sino también de mejorar el nivel de conocimientos y la competencia comunicativa, tanto de profesionales (sean juristas, periodistas, docentes, científicos, médicos…) como de ciudadanos en general. De hecho, los planes de estudios de la carrera de Derecho (y otras como Trabajo Social, Relaciones Laborales, Periodismo…) deberían contar con materias como Gramática Normativa, Expresión Oral y Escrita, Retórica, Discurso

Y muchos ciclos de formación profesional también deberían incluir asignaturas centradas en el buen uso de la lengua española, desde los de Administración y Gestión hasta los de Imagen y Sonido pasando por los de Servicios socioculturales y a la comunidad, incluyendo los más modernos como el de Movilidad segura y sostenible.

Y no solo eso, sino que en muchas oposiciones, no solo en las que se exija carrera de Derecho, sino también al menos en las de administrativo y auxiliar administrativo (ya sean estatales, autonómicas o de corporaciones localesdeberían incluirse pruebas en las que el concursante u opositor demostrara habilidades lingüísticas y gramaticales que revelen una solvente capacidad comunicativa. La guía también desprende ese necesario espíritu. Por mi parte, yo solo vi hace algún tiempo que en algunas oposiciones de subalterno, y cada vez menos, se hacían test de cultura general (ortografía, gramática, aritmética…), pero en el resto nada. En las de administrativo nada de nada. Y es un grave error. Porque una excelente competencia comunicativa -y más en el ámbito administrativo– contribuiría a un mejor funcionamiento, a una mayor eficacia, eficiencia y ahorro de las administraciones, además de dar una buena imagen de estas y de las correspondientes instituciones. Un administrativo, sea de Juventud, Personal o Tráfico, no solo ha de dominar la gestión y el derecho administrativo, sino tener un gran dominio en el uso de la lengua.

Y, de igual forma, en el ámbito educativo debería acercarse al alumnado al menos a los rudimentos básicos y fundamentales del ámbito jurídico-administrativo y legislativo. A veces los chavales salen del bachillerato sin saber qué es un acta de nacimiento o de defunción, un contrato matrimonial o la gestión de una herencia. En definitiva, con grandes lagunas que posiblemente les dificulten su progreso en la vida real.

Igual que desde algunas asignaturas se da educación para la salud, también debería establecerse una materia -sin que vaya en detrimento de las actuales y muchos menos de la trascendental de Lengua castellana– donde se enseñaran, asépticamente, los derechos y los deberes de los ciudadanos, el comportamiento cívico (desde los valores constitucionales hasta las cuestiones básicas del reglamento de circulación), el funcionamiento de la Administración de cada país (en el caso de la española, con sus vertientes estatal, autonómica y local) y los rudimentos legales que son necesarios para la vida, pues su enseñanza proporcionaría el conocimiento de trámites y una competencia mínima en la comprensión de nociones básicas y terminología jurídica.

Obviamente, los medios de comunicación, como muy bien señala esa guía, también desempeñan un papel muy importante como mediadores, a la hora de transmitir informaciones, para hacer comprensibles muchos aspectos de ámbitos que tiene su léxico especializado. Por eso resultan esenciales periodistas especializados en la materia que sepan explicar, y llegado el caso traducir, la complejidad de ciertas noticias para hacerlas entendibles al pueblo llano, pero siempre con rigor y escrupuloso respeto a la verdad (el problema surge cuando el experto no es tal y, lejos de explicar, se limita a elogiar hiperbólicamente o a criticar ferozmente según el color político al que se deba).

Además de lo expuesto hasta aquí, existen las distintas obras académicas que ha desarrollado la RAE y su exquisito servicio de consultas del departamento de «Español al día» donde, a través de las redes sociales, se dan respuestas a todas las dudas sobre la norma que plantean los ciudadanos. Un servicio de un valor infinito.

En cualquier caso, esta guía ha sido un gran regalo de mi admirado Salvador Gutiérrez, a quien una vez más, desde este semanario cultural de Las nueve musas que siempre me acoge con los brazos abiertos, le reitero el generoso gesto y amabilísimo detalle. Así que, ¡cómo no voy a ser un funcionalista confeso y declarado! Bien lo saben mis mejores amigos y gente más próxima. ¡Larga vida al funcionalismo lingüístico! Y contribuyamos todos, con un correcto empleo de la lengua, a ser más claros en nuestros mensajes porque en ello se asienta el gran fenómeno que es el proceso comunicativo en el que –sobre todo a través de la lengua- estamos inmersos contantemente a lo largo de nuestra existencia, en nuestro quehaceres cotidianos y que resulta fundamental en nuestro día a día y, en definitiva, en nuestro proyecto de vida.

Miguel Á. del Corral
Profesor de Lengua castellana y Literatura
Articulista y redactor

El académico de la RAE Salvador Gutiérrez Ordóñez presenta la «Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible» en el XVII Congreso de la ASALE

El académico de la RAE Salvador Gutiérrez Ordóñez presenta la «Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible» en el XVII Congreso de la ASALE

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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