Las nueve musas

La apariencia como tópico en El buscón don Pablos de Francisco de Quevedo

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Se presenta la apariencia como tópico a partir de la Retórica y para esto se plantea la apariencia desde dos vertientes del discurso:

  • Fondo o sustancia.
  • Talante o forma

Lo anterior lleva a caminar por el pedregoso sendero de la expresión hacia al campo visual. El libro guía: los fundamentos que Aristóteles expone con respecto al tema en su Retórica pues se tiene en cuenta la estrecha y peligrosa línea que confunde a un retórico con un sofista. En esta franja se centra el análisis de la obra.

Aspectos generales de la obra

Dura podría ser la vida de algunos estudiantes en la Universidad de Alcalá, y en las escuelas de Gramática, pero nadie podrá pensar que el Dómine Cabra refleja un tipo real, sino una caricatura desaforada de aquellos beneméritos humanistas que educaron a la juventud española en el conocimiento de Los Clásicos, medula del saber renacentista.

Ya observó Dámaso Alonso que: la obra de Quevedo es tan antirrealista como la gongorina, porque es sistemáticamente una grotesca deformación de la realidad. Es antirrealista su representación  del mundo, lo es su procedimiento estilístico. (Calzaba diez y seis puntos de cara), nos dice de una persona que tenía la cara atravesada por un chirlo de diez y seis puntos. Entiéndase la frase realmente. No es posible, ni lo será a menos que no se reconozca que “calzar” está empleado en un sentido metafórico, que la significación lógica de la frase es enteramente irreal. (Lazarillo al Buscón, Ángel González Palencia, p. 38).

La novela picaresca El Buscón don Pablos (1628) publicada en la ciudad de Zaragoza tiene junto con la picaresca cervantina una connotación importante para la literatura en lengua española porque en primera instancia remata el ciclo de dicha temática y en segundo lugar cuenta con el sustrato de la lengua hablada en los grupos bajos de la sociedad española que estaba por fuera de la corte y de la influencia de la Toscana (Emiles, 1866).

Y exige tanto al lector común como especializado un alto nivel de interpretación porque posee una retórica propia, bastante inusual para el barroco y en época actual, pienso quizás en un Rulfo, y sin embargo sería difícil de encontrar en algún autor del pasado y el presente esa técnica hiperbólica y polivalente para la construcción del discurso persuasivo que es un sello propio del escritor madrileño.

Dice Enrique Rodríguez Cepeda en su ensayo La prosa española en el Siglo de Oro:

Francisco de Quevedo, nació en 1580. De físico complicado y algo absurdo, es el puro intelectual de la época, siempre buen lector, que llevará su obra desde la alta filosofía a la sensación más baja de lo ridículo. De fortísima imaginación, su Buscón Don Pablos remata todos los temas básicos de la picaresca; desde la idea de aventura y viajes a los dichos del hambre y del dinero; desde lo hereditario y la historia familiar hasta el enfrentamiento de la sociedad; desde la injusticia y la incomprensión hasta la más vil explotación del ser humano. Todo escrito en una lengua sorprendente, y distorsionando las situaciones hasta la plasticidad más llamativa. Eso, tan hispano, que se ha venido llamando, desde Goya, esperpento y ética perpleja y deforme, le cuadra con perfección a nuestro autor.

El mundo grotesco pintado se ayuda de la semántica de los nombres empleados: buscón, cabra, domine, toribio, morcón, etc; la sátira de Quevedo tizna a todo de avaricia, lujuria, gula y envidia, de truco de carnaval de caricatura. Pero en el fondo parece ser que Quevedo esconde una moral y enseñanza (ya hemos dicho esperpéntica) con la que intenta poner en aviso de lo peligrosas que pueden ser las tendencias de lo humano hacia el mal y la corrupción. No cabe duda de que asombra y divierte la lectura, del Buscón, pero que  también advierte (1978, p.189).

Es notable la manera como Quevedo construye sus enunciados formando ese discurso que Enrique Rodríguez Cepeda llama “esperpéntica” y que otros autores como Ángel Basanta  llaman “conceptismo”, al cual se le concede ser “la raíz del Barroco”. Más adelante Cepeda dice sobre la composición literaria de Quevedo lo siguiente:

Acto del entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos, derrochando ingenio en la búsqueda de tales correspondencias y aplicando su agudeza verbal no ya sobre sus mismas imágenes lingüísticas. Su prodigio de ingenio verbal—tan difícil de reducir a formas retóricas–, su preocupación artística y hasta científica por el lenguaje, la precisión y el rigor expresivo de sus palabras hinchadas de significado hacen de su estilo uno de sus valores supremos y permanentes (1978, p. 190).

Rebajas

Lo anterior permite entender la presencia de la plasticidad del habla desde el recurso estilístico en la obra El Buscón. Como lo expresa Ángel Basanta: la “esperpéntica” o esas imágenes caricaturescas son el efecto de “la intensificación de la técnica de deformación grotesca del arte de Quevedo” (1987, p. 19). Tal intensificación de la técnica es precisamente la máxima exigencia, pues de esta manera lleva al límite todos los recursos estilísticos; Ángel Basanta lo explica: “la audacia metafórica, la tendencia a la hipérbole y la profusión de paradojas, antítesis, juegos de palabras, retruécanos, junto con atrevidas creaciones lingüísticas grotescas que alcanzan la misma parodia idiomática” (p. 19).

…Hijo, aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros padres; será en todo hasta cuatrocientos ducados; vuestro tío soy, lo que tenga ha de ser para vos. Vista esta, os podréis venir aquí, que con lo que vos sabéis de latín y retorica seréis singular en el arte de verdugo. Respondedme luego, y entre tanto Dios os guarde. etc. (El Buscón, Cap. VII).

Ahora bien debe tenerse en cuenta la característica polisemántica con que se ha construido la obra porque cada palabra y cada concepto están cargados de un doble significado que hace bastante difícil la traducción de la obra a otras lenguas.

Porque corresponde a una misma facultad reconocer lo verdadero y lo verosímil y, por lo demás los hombres tienden por naturaleza de un modo suficiente a la verdad y la mayor parte de las veces la alcanzan. De modo que estar en disposición de discernir sobre lo plausible es propio de quien está en la misma disposición con respecto a la verdad (El Buscón, Cap. VII).

Se asientan las bases conceptuales de los entimemas aparentes y los paralogismos; El Libro II, Capítulo III, en el apartado que corresponde a los entimemas (Retórica, Aristóteles), se encuentra lo pertinente al entimema y es importante entender la naturaleza del entimema para ahondar en lo que Aristóteles llama entimemas aparentes porque todo esto da luz para observar en la obra quevediana ese subfondo retórico que se teje, que persuade sobre la vida alejada de los bienes más importantes para los seres humanos

La naturaleza del entimema y su antítesis el paralogismo

“Que a él, cómo quien sabia quien yo soy, me pude descubrir sin vergüenza” (El Buscón, Cap. VII).

De los enunciados se desprenden los lugares comunes que sirven para construir una demostración o refutación y también pueden encontrarse los entimemas aparentes que aparecen como tópico de la apariencia en la segunda parte de El Buscón.

El entimema es un enunciado que puede ser aparente como plausible; Aristóteles define al entimema como “el cuerpo de la persuasión” (Retórica; Libro I.) Aristóteles en el Libro II, Capítulo III, en el apartado que corresponde a los entimemas explica que el entimema aparente es lo pertinente a la causa o al tópico, va en concordancia con los principios: a persona, a cosa, a sustancia, a tiempo, a modo, al orden, a lugar, etc.

Porque de lo que es pertinente a la belleza, o así lo parece, es de donde se sacan los elogios. Como así mismo las censuras de los elementos contrarios, tomando en consideración que es pertinente en ese sentido o parece serlo… (Libro II, Cap. III).

Existen dos tipos de enunciados: entimemas demostrativos y refutativos que parten de lo contrario, es decir, el demostrativo parte de lo evidente mientras que el refutativo parte de la deducción.

Existen en efecto, dos especies de entimemas: los demostrativos de que algo es o no es, y los refutativos; y se diferencian como la refutación y el silogismo en la dialéctica. Entimema demostrativo es aquél en que se efectúa la deducción partiendo de premisas en las que se está de acuerdo, mientras que refutativo es el que deduce a propósito de lo que no hay de acuerdo (Libro II, Cap. II).

En la segunda parte de El Buscón el argumento se cifra en la apariencia y se recalca que el discurso del personaje principal que alimenta la narración se centra en el juego de la apariencia porque la obra fue construida según unos modelos retóricos para la época y busca presentar a este personaje pícaro con un conocimiento de sí mismo, aspecto que muestra el avance de las técnicas narrativas (talante para la persuasión. Retórica, Libro I) “de lo que está en nuestras manos” (p. 162).

La constante hipérbole, el ocultamiento se exagera, se construyen eufemismos, antítesis, retruécanos y sin embargo este tratamiento persigue un estímulo positivo en el receptor pues invita a la compasión y genera otro tipo de sentido que es un paralogismo (artimaña sofistica). Así que, de una forma u otra, El Buscón Don Pablos es una apología de sí mismo,  un elogio y por tanto es todo lo contrario a una censura o a un vituperio:

Por otra parte, para el elogio y la censura son pertinentes también [lugares comunes] cercanos a los que le son propios, como si fueran iguales a ellos –presentando por ejemplo, al precavido como frío y calculador, al simple como honesto o al insensible como pacifico— y además [aprovechase] en cada caso de estas semejanzas siempre en el sentido de lo mejor. Así [hay que presentar] al que es iracundo y furioso como franco, al arrogante como magnificente y digno, y a cuantos muestran algún tipo de exceso como si poseyeran las correspondientes virtudes– por ejemplo, al osado como valeroso y al manirroto como liberal—, pues esto, es, en definitiva, lo que le parecerá a la mayoría de la gente y, al mismo tiempo, [permitirá obtener] un paralogismo a partir de la causa (Libro I. Cap. III).

Es por esto que el habla de la voz omnisciente juega con el código culto de los bachilleres del Barroco, pero a la vez, el sentido y la significación  son pertenecientes al entorno picaresco, es decir, hay un tono que corresponde con los que censuran o son censurados, de esto se construyen tropos que juegan con el doble sentido.

Lugares de los entimemas aparentes o paralogismos

El entimema aparente en la Retórica es ese enunciado que aparenta tener fundamentos sólidos y que sin embargo carece de argumento: “puesto que cabe que haya un silogismo y otro que, sin ser tal, lo parezca, forzosamente habrá también un entimema y otro que, sin ser tal, lo parezca, dado que el entimema es una clase de silogismo” (Aristóteles, Retórica, Libro II; Cap. III, apartado 24).

Aristóteles prescribe esta situación y pone en aviso sobre las causas que llevan a engaño. Los siguientes casos presentan entimemas aparentes:

  1. Ocultamiento: tò málista sophistikòn sykophàntema [La principal artimaña sofista] afirmar a modo de conclusión. Cuando se pretende darle valor de conclusión a una premisa, hipótesis, o supuesto se entra en un entimema aparente: la homonimia, la ambigüedad, etc.
  2. La contradicción es falacia presentar algo compuesto como si fuera simple o viceversa, syntitheís, diairôn.
  3. La exageración aúxêxis.
  4. La superficialidad: ek semeíon, paralogismo de consecuencia. Las cosas no pueden derivar de accidentes sino de causas.
  5. Accidente: dià tò symbebekós. Ejemplo: no todos los animales bípedos son hombres, pero los hombres somos animales bípedos. Sin embargo, no es causa suficiente para demostrar o refutar, no llega a la sustancia de la cosa (Tópicos VII).
  6. Derivaciones de la consecuencia no son consecuencias: tò parà hepómenon. Ejemplo: Los desplazados no viven donde quieran sino donde les toca por lo tanto no se puede decir que son gitanos.
  7. Falsa causalidad. Presentar lo que no es causa como causa: post hoc, ergo propter hoc. Ejemplo: acusar de algo a alguien que no le corresponde.
  8. Omisión del cuándo y el cómo: para tò haplôs mè haplôs.
  9. Vaguedad, improbabilidad: a dicto secundum quid ad dictum simpliciter. Cualquier cosa se sostiene por sí o por no, es decir, por antojo.

Después de haber presentado los nueve paralogismos que hacen caer en el engaño se hace énfasis en que este tema es tratado de manera amplia en Refutaciones Sofisticas (Aristóteles) se ha planteado los siguientes conceptos claves: talante, la naturaleza del elogio, paralogismo, entimema aparente, etc.

Se tratará específicamente el Capítulo VII de El Buscón, que sintetiza la primera parte de la obra y que lleva al núcleo  de la apariencia. Además, se considera que el Capítulo VII resume el primer detonante que es la constante exposición pública del personaje principal “el escarnio público”, lo que explica el porqué del discurso aparente del personaje en la segunda parte.

En los capítulos VI y VII se observa la apariencia de la imagen (Aristóteles, Retórica, Libro III): en cuanto al “aparecer” como metáfora o imagen. Y la apariencia en el discurso de El Buscón Don Pablos que va de lo retórico a lo sofistico. Como Quintín Racionero explica en la introducción a la Retórica: “la complementariedad entre los prágmata y la léxis señala, pues, que hay un espacio necesario o exterior al discurso persuasivo, sino el espacio propio, adecuado, de la persuasión” (p. 87).

Capítulo VII El Buscón

En el capítulo VII, la carta del tío Alonso Ramplón a su sobrino Don Pablos, aquí, se observa lo planteado de manera concisa: la construcción del argumento puesto en labios del personaje con manejo de gran retórica:

CARTA

Hijo Pablos: Las ocupaciones grandes desta plaza en que me tiene ocupado su majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el servir al rey, es el trabajo, aunque le desquita con esta negra honrilla de ser sus criados. Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo; dígolo como quien le guindo. Subió en el asno sin poner pie el estribo; veniale el sayo vaquero que parecía haberse hecho para él, y como tenia aquella presencia, nadie le veía con los cristos delante que no lo juzgase por ahorcado. Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los confesores, y íbales alabando lo que decían bueno. Llego a la de palo, puso él un pie en la escalera, no subió, a gatas ni despacio, y viendo un escalón hendido, volvióse a la justicia, y dijo que mandase adrezar aquel para otro, que no todos tenían su hígado. No sabré encarecer cuán bien pareció a todos. Sentóse arriba y tiró las arrugas de la ropa atrás; tomó la soga y pusola en la nuez, y viendo que el teatino le quería predicar, vuelto a él le dijo: “Padre, yo lo doy por predicado, y vaya un poco de Credo y acabemos presto, que no querría parecer prolijo”. Hízose ansí; encoméndome que le pusiese la caperuza de lado y que le limpiase las babas; yo lo hice así. Cayó  sin encoger las piernas ni hacer gestos; quedó con una gravedad, que no había más que pedir. Hízosele cuartos y dile por sepultura los caminos; Dios sabe lo que a mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos; pero yo entiendo que los pasteleros desta tierra nos consolarán, acomodándole en los de a cuatro. De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo; que está presa en la inquisición de Toledo, porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora. Dícese que daba paz cada noche a un cabrón en el ojo que no tiene niña. Hallaronla en su casa más piernas, brazos y cabezas que a una capilla de milagros, y lo menos hacia era sobrevivirgos, y contrahacer doncellas. Dicen que representaba en un auto el día de la Trinidad, con cuatrocientos de muerte; pésame, que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del rey y me están mal estos parentescos (Capítulo VII).

El buscón

Lo anterior se reconoce como el saludo en la epístola, la carta es de carácter familiar, por lo tanto el tono es cálido, además, que la extensión  debe ser concisa: “Pésame daros nuevas de poco buen gusto”. Luego se observa como el elogio y la censura van de la mano disminuyendo los asuntos vergonzosos (Retorica, Libro I. Cap. III). Aquí se observa de alguna manera cierta heroicidad ante el drama familiar.

Por ejemplo, el elogio no es más que una profunda ironía en cada palabra escrita por parte de Alonso Ramplón: “ocupaciones grandes”, es de tenerse en cuenta que el oficio de verdugo siempre ha sido visto de manera despectiva, continúa con “esta negra honrilla de ser sus criados”.

En las siguientes citas se encuentran eufemismos dignos de señalar pues corroboran la pesquisa: Se observa cómo con el doble sentido se crea una múltiple significación que desata un discurso moral por medio del léxico marginal, del habla de los caballeros chanflones, de los pícaros, de los rufianes, de aquellos que viven del engaño:

“…salió de la cárcel con tanta honra, que le acompañaron doscientos cardenales, sino que a ninguno llamaban “señoría”. (I, 2.). La frase está cargada de equivoco y por lo tanto es una frase cargada de antítesis, porque no es posible, por lo general, salir de la cárcel con honra, de no ser porque sea con muy mala honra o como víctima. Claro está que la frase es ambigua y al serlo permite que el sentido quede sugerido, por lo tanto, también puede observarse un ocultamiento.

Esta es una característica difásica de la lengua en algunos grupos sociales que construyen su jerga, y no puede olvidarse que precisamente el personaje proviene de un grupo social de baja jerarquía. Cabe anotar ese aspecto del personaje picaresco que experimenta esa constante exposición pública a la que está sometido el personaje. Este aspecto se puede observar concisamente en El Buscón, donde el “pícaro” se encuentra sometido constantemente al escarnio público.

Subió en el asno sin poner pie el estribo; veniale el sayo vaquero que parecía haberse hecho para él, y como tenia aquella presencia, nadie le veía con los cristos  delante que no lo juzgase por ahorcado (Cap. VII).

Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo  cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle; hízose dos veces los bigotes; mandaba descansar a los confesores, y íbales alabando lo que decían bueno. Llego a la de palo, puso él un pie en la escalera, no subió, a gatas ni despacio, y viendo un escalón hendido, volvióse a la justicia, y dijo que mandase adrezar aquel para otro, que no todos tenían su hígado. No sabré encarecer cuán bien pareció a todos (Cap. VII).

En el capítulo VII comienza el ocultamiento, la contradicción, la superficialidad…, todos estos paralogismos se evidencian y algunos se refuerzan aún más pues ya se han construido durante la primera parte de la obra cuando el personaje principal huye de su familia y de su pasado. Luego ha de llegar al mundo de la corte envuelto en la apariencia, adoptando un lenguaje y una actitud que disfraza la desgracia, el personaje picaresco se muestra de manera estoica, poniendo en evidencia el mensaje persuasivo:

Unos y otros, sin embargo, no actúan así por causa de la riqueza o de la pobreza, sino por causa del deseo pasional. Y, de modo semejante, los justos y los injustos y todos los que dicen actuar por su modo de ser, en realidad actúan por estos motivos dichos. O sea: o por cálculo racional o por pasión; y unos por caracteres y pasiones honestas, y, otros, por sus contrarios (Libro I, Cap. X).

Con respecto a la expresión es importante hacer un paréntesis para plantear ese vínculo con la “apariencia” como imagen engañosa, como efecto de superficie entendiendo la retórica desde el discurso persuasivo fondo y la  retórica visual desde la forma donde juega papel importante el talante.

Por lo anterior, habrá que sintetizar ese recorrido que Quintín Racionero expone en su introducción a la Retórica de Aristóteles donde permite entender que Aristóteles no combina el concepto de la apariencia desde el “aparecer” como forma en el arte retórico, pues este concepto pertenece al campo de la Poética.

Aristóteles ya ha elaborado todo lo respectivo a la (mimesis), de una manera u otra, la apariencia o la imagen se realizan en el campo de la representación, sin embargo, la mimesis no confronta al êthos; pues, buscar imitar la naturaleza o la belleza como arte de lo representativo no es ser sofista o tramposo, en cambio, cuando el arte de la persuasión se vale de la mimesis entonces se ve confrontada por el êthos; esto se da cuando la lexis es inadecuada, pero: ¿cuándo la lexis es inadecuada? —, cuando no hay concordancia entre las pasiones, los caracteres con respecto a los hechos reales—. El talante implica la pasión (pathos), lo cual requiere una lexis ethiké y pathetiké— (forma pasional que incluye tanto la retórica como la poética)—,  para poder entender esta diferencia entre la mimesis como imitación de la realidad y el sýmbolon como engaño sofista, como paralogismo:

Este aspecto es tratado en la Retórica profundamente:  El estado de ánimo del que escucha es el de que, quien así le habla, le está diciendo la verdad: en asuntos de esta clase, en efecto, los hombres están dispuestos de tal modo que tienden a creer, incluso si el orador no se halla esa misma disposición al hablar,  que los hechos son como él se los dice; y, así el que escucha comparte siempre con el que habla las mismas pasiones que éste expresa, aunque en realidad no diga nada. Este es el motivo por el que muchos arrebatan al auditorio hablando a voces. (1408ª 19 – 20)

A partir del sujeto, lo subjetivo que juega entre el eîdos (verdad); pues como lo dicen nuestros manuales de secundaria con respecto a la lógica: “de una verdad siempre se llega a una mentira, por lo contrario, de una falsedad, nunca se llega a la verdad”:

El << lugar retórico >> de la Léxis: el lugar que se abre al hecho de que, una vez halladas    << las materias (prágmata) por las que se obtiene la persuasión>>, resulte imprescindible << investigar cómo estas materias predisponen los ánimos mediante la expresión>> (P. 92).

Según Quintín Racionero, Aristóteles profundiza este aspecto en el “Perì hermenías, que es anterior al Perì lexeos. El “aparecer” se sitúa en un nivel posterior gracias al desarrollo de la léxis, de la forma.

DEL LAZARILLO A QUEVEDO
  • González Palencia, Ángel (Autor)

La segunda parte de El Buscón Don Pablos

Tras esto dijo que iba a la corte, porque un mayorazgo raído como él en un pueblo corto olía mal a dos días, y no se podía sustentar; y que por eso se iba a la patria común, adonde caben todos y adonde hay mesas francas para estómagos aventureros; y nunca cuando entro en ella me faltan cien reales en la bolsa, cama, de comer y refocilo de lo vedado, porque la industria en la corte es piedra filosofal, que vuelve en oro cuanto toca. Yo vi el cielo abierto, y en son de entretenimiento para el camino, le rogué que me contase cómo y con quienes viven en la corte los que no tenían, como él, porque me parecía dificultoso; que no sólo se contenta cada uno con sus cosas, sino que aun solicitan las ajenas. “Muchos hay de esos hijo, y muchos destotros: es la lisonja llave maestra que abre a todas voluntades en tales pueblos. Y porque no se te haga dificultoso lo que digo, oye mis sucesos y mis trazas, y te aseguraras de esa duda” (Cap. XII).

En la segunda parte de El Buscón Don Pablos aparecen gran variedad de artimañas sofisticas (tò málista sophistikòn sykophàntema): empezando por el lenguaje con el que se presentan los hechos, recuérdese que hay tropos de sentido que ocultan o dan doble sentido al enunciado y el paralogismo hace ver lo malo como algo no tan malo, y, lo bueno como algo simple, dependiendo de los intereses  y las afectaciones.

Lo anterior permite llegar a los capítulos VI y VII de la novela, donde radica la presencia del  “arte de lo aparente”, ya que en estos capítulos se reúnen y se evidencian todos los elementos señalados, además, se puede observar que la expresión de la imagen puede resultar en una metáfora del ser que expresa una falsedasd. Aristóteles lo vincula con  respecto al talante y la persuasión <(êthos) (pístis)>:

Pues bien, se persuade por el talante, cuando el discurso es dicho de tal forma que hace al orador digno de crédito. Porque a las personas honradas las creemos más y con mayor rapidez, en general en todas las cosas, pero, desde luego, completamente en aquéllas en que no cabe la exactitud, sino que se prestan a duda; si bien es preciso que también esto acontezca por obra del discurso y no por tener prejuzgado como es el que habla. Por lo tanto, no es cierto que, en el arte, como afirman algunos tratadistas, la honradez del que habla no incorpore nada en orden a lo convincente, sino que, por así decirlo, casi es el talante personal quien constituye el más firme de persuasión. (Aristóteles, Libro I, Cap. II).

Los siguientes fragmentos son ejemplos de los tópicos correspondientes a los nueve paralogismos y a la imagen engañosa. Estos fragmentos muestran tópicos que aparecen en los capítulos VI y VII:

  • Ocultamiento:

Lo primero has de saber que en la corte hay siempre el más necio y el más sabio, más rico y más pobre, y los extremos de todas las cosas; que disimula los malos y esconde los buenos, y que en ella hay unos géneros de gentes –como yo–  que no se les conoce raíz ni mueble ni otra cosa de la que descienden los tales (…)

Se observa la gran coincidencia entre Aristóteles y Quevedo;  la naturaleza del elogio; hacer ver lo malo no tan malo. “Habláronse los dos en germanía”.

  • Contradicción:

Y al fin, señor licenciado, un caballero de nosotros ha de tener más faltas que una preñada de nueve meses, y con esto vive en la corte; y ya se ve en prosperidad y dineros;  y ya se ve en el hospital. Pero en fin, se vive, y el que se sabe bandear es rey, con poco que tenga.

  • Exageración

Somos gente que comemos un puerro y sustentamos un capón (…)” Exageración y superficialidad: entrara uno a visitar nuestras casas, y hallará nuestros aposentos llenos de huesos de carnero y aves, mondaduras de frutas, la puerta embarazada con plumas y pellejos de gazapos; todo lo cual cogemos de parte de noche por el pueblo, para honrarnos con ella de día (…)

  • Superficialidad

¿Qué  diré del mentir? Jamás se halla verdad en nuestra boca: encajamos duques y condes en las conversaciones, unos por amigos, otros por deudos, y advertimos que  los tales señores, o estén muertos o muy lejos. Y lo que más es de notar, que nunca nos enamoramos sino de pane lucrando, que veda la orden damas melindrosas, por lindas que sean; y así, siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida, con la guespeda por posada, con la que abre los cuellos por el que trae el hombre; y aunque comiendo tan poco y bebiendo tan mal no se puede cumplir con tantas, por su tanda todas están contentas.

  • Accidente

Declaréle mis deseos antes que nos acostásemos; abrazóme mil veces, diciendo que siempre espero que habían de hacer impresión sus razones en hombre de tan buen entendimiento.

  • Derivaciones

Estamos obligados a andar a caballo una vez cada mes, aunque sea un pollino, por las calles públicas; y obligados a ir en coche una vez en el año, aunque sea en la arquilla o trasera. Pero, si alguna vez vamos dentro del coche, es de considerar que siempre es en el estribo

  • Falsa causalidad

Traemos gran cuenta de no andar los unos por las casas de los otros, si sabemos que alguno trata la misma gente que otro. Es de ver cómo andan los estómagos en celo.

  • Omisión

Si daréis, no daréis, y en los mentises acostumbrados, arremetió el uno al otro.

  • Vaguedad

Y respondió que habían ido a buscar. (…) Solo se le contras dijo el sonar con ellos.

  • Imagen engañosa

Amaneció el señor, y pusímonos todos en arma. Ya estaba yo tan hallado con ellos como si todos fuéramos hermanos, que esta facilidad y dulzura se halla siempre en las cosas malas. Era de ver a uno ponerse la camisa de doce veces, dividida en doce trapos, diciendo una oración a cada uno, como sacerdote que se viste. A cual se le perdía una pierna en los callejones de las calzas, y la venía a hallar donde vemos convenía asomada. Otro pedía guía para ponerse el jubón, y en media hora no se podía averiguar con él. Acabo esto, que no fue poco de ver, todos empuñaron aguja y hilo para hacer un punteado en un rasgado y otro.

 Cuál, para culcusirse debajo del brazo, estirándole, se hacía L. Uno, hincado de rodillas, arremedando un cinco de guarismo, socorría los cañones. Otro, por plegar las entrepiernas, metiendo la cabeza entre ellas, se hacía un ovillo. No pintó tan extrañas posturas Bosco como yo vi, porque ellos cosían y la vieja les daba los materiales, trapos y arrapiezos de diferentes colores, los cuales había traído el soldado.

Acabose la hora del remedio –que así la llamaban ellos—y fuéronse mirando unos a otros lo que quedaba mal parado. Determinaron de irse fuera, y yo dije que antes trazasen mi vestido, porque quería gastar los cien reales en uno, y quitarme la sotana. —“Eso no” –dijeron ellos–; “el dinero se dé al depósito y vistámosle de lo reservado. Luego, señalémosle su diocesi en el pueblo, a donde él solo busque y apolille.

Parecióme bien; deposité el dinero y, en un instante, de la sotanilla me hicieron ropilla de luto de paño; y acortando el herreruelo, quedo bueno. Lo que sobró de paño; trocaron a un sombrero viejo reteñido; pusiéronle por toquilla unos algodones de tintero muy bien puestos. El cuello y los valones me quitaron, y en su lugar me pusieron unas calzas atacadas, con cuchilladas no más de por delante, que lados y trasera eran una gamuzas. Las medias calzas de seda aun no eran medias, porque no llegaban más de cuatro dedos más abajo de la rodilla; los cuales cuatro dedos cubría una bota justa sobre la medida colorada que yo traía. El cuello estaba todo abierto, de puro roto, pusiéronmele, y dijeron:

–El cuello está trabajoso por detrás y por los lados. V.m., si le mirare uno, ha de ir volviéndose con él, como la flor del sol con el sol; si fueren dos y miraren por los lados, saqué pies; y para los de atrás, traiga el cogote, de suerte que la falda cubra el cuello y descubra toda la frente; y al que preguntare que por qué anda así, respóndale que por que puede andar con la cara descubierta por todo el mundo.

Comentarios finales

El pícaro es, según Américo Castro, el antihéroe y la novela picaresca nace sencillamente como reacción anti heroica, en relación con el derrumbamiento de la caballería y de los mitos épicos. La realidad de la novela picaresca como antítesis de las novelas pastoriles y  bizantinas que planteaban un mundo fantástico e imaginario totalmente ajeno a las condiciones de la época.

De esta crítica a los géneros fantásticos de la época se desprende que el erasmismo influyó en los autores de corte social. El discurso picaresco es una refutación al discurso épico. Deben tenerse en cuenta los elementos: apariencia – dinero, que son detonantes en la obra analizada. El dinero se convierte en la pieza detonante porque expone la realidad de que el linaje no se adquiere por nobleza, todo lo contrario, este linaje podía ser comprado.

La palabra “Buscón” lleva a pensar y a deducir las características del género; ya que frente a una conducta banal se encuentra una realidad austera de hombres avaros; de seres codiciosos y de cientos de miles de hombres desprotegidos que fueron desarraigados desde niños y lanzados al mundo por causa de las guerras en que se sumían constantemente las cortes europeas. Este caos tenía que manifestarse en las capas más vulnerables de la sociedad y es allí donde aparece el “Pícaro” como un individuo que tiene que defenderse en medio de las contradicciones sociales y humanas más desgarradoras. Es por esto que el “Pícaro” se vale de su ingenio para enfrentar en condiciones adversas al sistema social de la corte.

En este esquema los valores del Pícaro están en oposición a la justicia ya que esta por lo general es caprichosa y de mano blanda con los fuertes y poderosos. El Pícaro con su discurso accede a los placeres materiales que persigue la sociedad cortesana, a pesar de los giros e inconvenientes que presentan su suerte y destino. En síntesis, salirse con la suya es el esquema del personaje picaresco atravesado por un entorno cruel que desata la réplica moral porque el Pícaro es un producto de la sociedad.

Elementos como el habla rufianesca ofrecen color, belleza y profundidad psicológica al género, por ejemplo: amaneció significa llegó el momento.

El personaje genera fingimiento, carga su discurso de ironía. Habla, por ejemplo, cómo la rufianesca se entrega “a su labor de manera piadosa” y luego dice la forma como pactan el estipendio: “Luego, señalémosle su diocesi en el pueblo, a donde él solo busque y apolille”.

Por estas características se considera que la narración picaresca toma tanta importancia por su carácter social y moralizante, pues era la expresión más fidedigna que exhibía las contradicciones humanas de la sociedad española de la época. Esta parodia da explicación del porque el personaje picaresco es un antihéroe. La novela picaresca con el sometimiento al escarnio público que le hace a su personaje, por efecto, desnuda a la sociedad española del Siglo de Oro, pone en evidencia el tipo de relaciones sociales de la época.

BIBLIOGRAFÍA

Aristóteles. (1990). La Retórica. Ed. Gredos.

Quevedo de Francisco. (1986). La vida del Buscón llamado don Pablos; Ed. Castalia Didáctica.

Basanta Ángel. (2006). La vida del Buscón llamado don Pablos. [Introducción]. Ed. Catedra.

Palencia, González, Á. (1978). Del Lazarillo al Buscón, Ed. Espasa.

Cepeda Rodríguez Enrique. (2006). La prosa española en el Siglo de Oro. [Vol. III]. Ed. Akal.

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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