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Filosofía y lenguaje
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La reflexión filosófica acerca de lo que entendemos por lenguaje permitirá realizar comparaciones con  los sentidos que estarían presentes en el término cuando se lo utiliza para especificar lenguajes artísticos: lenguaje pictórico; lenguaje musical, lenguajes gráficos, etc.

Y, podríamos agregar —para comprender eso del sentido— algo que encontramos en un texto que se considera destinado a los niños:

“Cuando yo uso una palabra —dijo Humpty Dumpty, en tono algo despectivo—, esa palabra significa exactamente lo que yo decidí que  signifique… Ni más ni menos.[1]

Donde la afirmación nos remite a dos cosas simultáneamente: la palabra puebla el mundo de significados, por un lado; y, cuando una determinada cultura lo hace por encima de las otras, e impone sus significados,  ejerce un poder de avasallamiento. Ejemplo: la conquista de América.

Benjamin Lee Whorf (1956)[2] afirmaba que la lengua no es un sistema meramente reproductor para expresar ideas, sino que más bien es un conformador de ideas, un programa y guía para la actividad mental del individuo, para su análisis de las impresiones, para su síntesis del stock mental en circulación. El lenguaje, las palabras,  albergan las maneras de entender las relaciones temporales y espaciales de una cultura e incluso las relaciones de causa a efecto. Al analizar la metafísica de una comunidad  Hopi, encuentra clasificaciones ocultas, que funcionan subterráneamente en la lengua, y se sienten más que se comprenden. El autor denomina este tipo de clasificación criptotipo, al cual define como  un significado sumergido, sutil y elusivo que no corresponde a ninguna palabra real, pero que el análisis lingüístico muestra que es funcionalmente importante en la gramática.”

Lo que los autores afirman nos remite  al sentido de una cultura, y ésta remite a una estrategia política, la cual responde a un determinado estar. Lo que la cultura instala, la esencia de los ámbitos del hombre, de la  historia, el arte, la poesía, el lenguaje, la naturaleza, el o los dioses, es inaccesible a las ciencias.

Cassirer llama pregnancia simbólica a la  impotencia constitutiva –así la define-, que condena al pensamiento a no poder jamás intuir una cosa “objetivamente”  sin integrarla de modo inmediato en un sentido. [3]  Observaba  Cassirer que esa impotencia es el reverso de un inmenso poder: el de la presencia del sentido. Las cosas son símbolos en tanto  conservan  la coherencia de la percepción, de la conceptualización, del juicio o del razonamiento mediante el sentido que las impregna.

Podemos agregar que también la coherencia de la representación artística nace del sentido que la impregna.

En este momento haremos un alto para  diferenciar significación y sentido; para ello debemos distinguir: fin, estructura y valor:

Significación: cuando el sentido del objeto (o sea, lo delimitado como tal)  es definible; Hablamos de significación cuando el objeto  (o sea, lo delimitado como tal)  se relaciona con un fin o una estructura.

Sentido: cuando no es definible, cuando se relaciona al objeto ( o sea, lo que delimitamos como tal)  con un valor.

La extensión que adquiere cualquier tipo de  deducción que realicemos en una lengua determinada al abarcar, no sólo el idioma, sino también la  cultura,  nace de la importancia de la lengua como lugar que alberga los sentidos de una cultura.

Detrás del lenguaje está quien lo habla  El habla se da en un clima existencial.

El habla hace referencia a un sentido que antes de hablar ya conocen aquellos que hablan un determinado lenguaje.

Es un sentido compartido que trasciende lo que se dice. Recordemos los criptotipos de Whorf.

Lo que se dice en un enunciado podría ser distinto a lo factual.

El habla es infundada, no hay un fundamento dado.

Dice E. Benveniste:  “Lo que se puede decir, es lo que delimita y organiza lo que se puede pensar. La lengua proporciona la configuración fundamental de las propiedades reconocidas por el espíritu a las cosas. Ningún tipo de lengua puede él mismo y por sí mismo ni favorecer ni impedir la actividad del pensamiento.  Pero la posibilidad del pensamiento está vinculada a la facultad del lenguaje, pues la lengua es una estructura informada de significación, y pensar es manejar los signos de la lengua.”[4]

Cuando Aristóteles enuncia sus categorías:  Substancia (algo es), cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, acción, pasión, posición, estado, está enunciando la totalidad de los predicados que pueden afirmarse del ser. Lo cual quiere decir que está enunciando las categorías de la lengua en que piensa y con las cuales organiza la realidad.

Dice Kusch: “Por eso antes de hacer un trabajo lingüístico, a nivel científico, tendría que hacerse una ontología del lenguaje, es decir,  una reflexión filosófica sobre el lenguaje mismo.  Se trata de ver a través del lenguaje qué pasa con el hombre que lo habla. Ahí el problema trasciende lo científico y abarca una totalidad”. [5]

Martha Alicia Lombardelli


[1] (1871) Carrol, Lewis: A través del Espejo,  editorial Corregidor, Buenos Aires. 1973. T.I. Pág. 231. [2]  Whorff, Benjamin Lee :Language, Thought and Reality. M I T Press, 1956, 121. [3] Cfr. Cassirer, E.,: Le langage et la construction du monde des objets, en Journal de Psychologie normale et pathologique, vol. XXX, 1958. Págs. 18-44. [4]  Benveniste, Émile : Problemas de lingüística general. Editorial siglo XXI. México, 1971. Cap.VI.      págs.63 y ss. [5]Kusch, R.: Geocultura del hombre americano. Editorial Fernando Gambeiro, Bs.As. 1976. p. 107

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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