Las nueve musas
Víctor Gaviria

Víctor Gaviria: «Con los que viajo sueño» (1980)

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Es su primer libro de poemas (ganador del concurso Eduardo Cote Lamus 1978). Escrito en un tono coloquial, directo, este libro, los poemas de este libro, no sólo hablan de un mundo inmediato y conocido, sino también desde una cierta óptica, la de una educación sentimental.
Elkin Restrepo: Con los que viajo sueño

Víctor Gaviria (1955), un autor nacido en la Medellín urbana, en un barrio tradicional como lo es La Floresta y que tiene una fuerte presencia en el poemario.

Hijo que nace y es arropado en el seno de una familia de clase media burguesa medellinense; educado en un medio social apto para que el poeta en su momento —hoy en día, afamado director de cine—, desarrolle su talento en los medios que eligió. Por lo pronto, en su primera etapa fue estudiante de psicología y auxiliar de biblioteca en la Universidad de Antioquia. Y dice haber iniciado en el mundo cinematográfico porque en las veladas familiares empezó a trabajar la imagen fotográfica de manera lúdica cuando retrataba a sus hermanas.

Un aspecto que no se debe escapar es la fuerte conexión que tiene el poeta con Liborina, pueblo de sus abuelos y localidad en la que realizó uno de sus primeros cortometrajes “Los músicos” (1986).

Víctor Gaviria es un hombre culto y talentoso que ha alcanzado con lujo de detalles el triunfo y la fama en las manifestaciones del arte en las que ha intervenido. Como muestra de su fortuna, se tiene en cuenta su logro en 2009, en el Festival de Cine Ciudad de Guadalajara; Premio a la obra y vida, que recibió de las manos del Premio Nobel, Gabriel García Márquez.

Víctor Gaviria
Víctor Gaviria recibió de manos del escritor Gabriel García Márquez el premio Mayhuel de Plata

Las jóvenes generaciones están marcadas por sus películas y la sociedad colombiana fue sacudida por la realidad y belleza expresadas por el lente sereno, pero agudo del director de cine.

La obra poética de Víctor Gaviria es poco conocida a pesar de los logros obtenidos en el ámbito cinematográfico, aún sin estudio historiográfico o crítico, para mayor señal, aún no leído por la sociedad colombiana. La razón de esto puede darse porque sus logros en el cine opacan su talento y conocimiento como escritor, sin embargo, la conexión del autor con la ciudad de Medellín  es directa y se da a partir de la década de los años ochenta en Con los que viajo sueño, obra poética que es referente de ciudad porque la describe con la imagen poética de igual manera que lo hace con la imagen en movimiento; y se expresa de manera reflexiva lo que permite al espectador – lector el entendimiento e interpretación de aspectos esenciales en el comportamiento social del medellinense.

Aducen a diario, aquellos que llenan páginas superficiales en los periódicos nacionales, en las revistas “especializadas” sobre cine y en los impresos encargados de la farándula cultural, que la obra poética es poco conocida, que la propuesta artística del autor no es más que una jerga callejera sin sentido, que el actor natural es “pornomiseria”, lo dicen puesto que han ignorado torpemente los conceptos emitidos por el poeta sobre la imagen poética.

Si leyesen Formalismo y futurismo: la imagen poética (1981) podrían entender la visión profunda y los elementos constitutivos del signo que expresa el sentido de la obra de Gaviria:

Como el fruto de una desilusión, de un radical escepticismo, o de la búsqueda de un espacio de vida primigenio, la imagen moderna huye de los símbolos. Más que unir lo afín, su intento es unir lo que alguna vez estuvo unido, en el espacio, en la conciencia, en el tiempo. […] En el poema la significación se resuelve en imagen […] Así, la imagen preserva contra toda retórica, así constituye un saludable escepticismo. (Gaviria, 1981, p. 83)

La transición de la poesía a la imagen en movimiento por parte del autor no es fortuita. Este reflexionó de manera disciplinada sobre los aspectos fundamentales de la semiótica poética, como se corrobora en la anterior cita.

El autor en la década de los años setenta comienza a participar en la tertulia literaria y poética de la Revista Acuarimántima, la cercanía se da por su amistad con Jesús Gaviria, allí participaban los poetas e intelectuales: José Manuel Arango, Elkin Restrepo, Miguel Escobar, Orlando Mora, entre otros; este grupo de intelectuales pertenecientes a la generación anterior, la de los años 50 y 60, abre las puertas a los jóvenes escritores: Anabel Torres, Juan José Hoyos, Rubén Darío Lotero. Y con el ejercicio que implica participar en la revista se da la amistad entre los jóvenes escritores, Víctor Gaviria y Helí Ramírez. Como lo cuenta Elkin Restrepo:

Víctor era mi alumno, tenía inquietudes literarias, cuando empezó a hacer cine se unió a nosotros, el comité de redacción se amplió gracias a los objetivos logrados, la revista atrajo el interés de otras personas más jóvenes como Helí Ramírez, en nuestro caso, José Manuel Arango y yo éramos profesores, junto con Orlando Mora y Miguel Escobar; el espíritu de la revista estaba atento a jóvenes que se estaban profesionalizando” (Restrepo, 2009).

Helí Ramírez y Víctor Gaviria participan como miembros del comité de redacción de la Revista Acuarimántima, los jóvenes poetas colaboran a partir de la treceava publicación, números 12 y 16. Gaviria publica inicialmente algunos poemas en Acuarimántima, que posteriormente serían parte del libro Con los que viajo sueño (1980).

Los poemas publicados en la revista datan de los siguientes años: número 12 de 1977; “Poemas a Juan”. No 12. Noviembre – diciembre. 1977, p.p. 1 – 12. Número 16 “Comprensión”; “Rocío”; “Otra infancia”; “Los dos parques”; “Evocando mi amor”; “Milagro”; “Bajo la noche ligera pulida”; “San Estanislao de Kostka”; “Aquí sobre la hierba bajo las tibias lámparas”; “Paseo”. No 16. Julio – agosto. 1978., p.p. 21 – 34.

La poesía que presenta son versos libres asimétricos de sonorización sincopada, fragmentada, que a puristas del verso puede parecer descuidada; pero, si se tiene en cuenta la búsqueda del poeta: la asociación de palabras que preservan imágenes “escépticas”, se estará frente al espejo de la conciencia que plasma el autor, el cual en el no lirismo de la forma busca acceder al libre fluir de la conciencia: poesía psicológica, semiótica, artificiosa y poco discursiva.

Como lo explica Helena Beristain: “en la poesía moderna las afinidades son asociaciones superficiales. El peso profundo hacia donde oscila la metáfora (y las imágenes), es la convivencia (contigüidad) de desafinidades” (1989, p. 16).

Por tal motivo, el objeto de análisis en Con los que viajo sueño es el estudio de las cadenas de sentido, de asociaciones mentales, el siguiente fragmento de “Como un hombre” (p. 35) es una muestra:

COMO UN HOMBRE que hubiese muerto ya
sin rencillas miro las cúpulas de la iglesia
y los árboles del parque por encima de mi cabeza
Si sufres piensa que eres otro
tu historia es lo que miran tus ojos
Por la dulce calle te paseas de la mano del aire
ella te perdona tan fácil
caminas sobre su alma
y guiños te hacen los cristales de las ventanas
Como un joven años encerrado en su cuarto
(el niño lobo de la ciudad
sus crueles guardianes son las fieras de su alma)

En el ensayo, La imagen poética, el autor es claro: “las leyes que generan el sentido en el poema, sustitución metafórica y conexión metonímica, son obviamente mecanismos de oposición y combinación entre signos verbales; es decir leyes de significación, (leyes) en última instancia entre significantes” (1981, p.  83).

La primera publicación poética de Víctor Gaviria, Con los que viajo sueño (1980) muestra un instante de tiempo en blanco y negro, una imagen fotográfica en la que aparece la fachada de una casa burguesa que muy probablemente corresponde a barrios como La Floresta, Laureles o Prado Centro. Dicha imagen muestra la arquitectura de las casas de clase media y alta de Medellín.

Con los que viajo sueño

 

El árbol que está en frente de la casa recuerda la amplitud y la frescura de aquellos caserones ya desaparecidos por la verticalización agresiva de la ciudad. Este comentario es oportuno si se tiene en cuenta que la imagen en la portada de, En la parte alta abajo, corresponde a una serie de casas humildes, quizás de invasión, sus fachadas son de ladrillo y están vistas desde una colina a la distancia. Así como se observan los caseríos de los barrios populares en la actualidad cuando se les mira desde lejos.

En la parte alta abajoSi se tiene en cuenta que ambas publicaciones fueron editadas por Ediciones Hombre nuevo – Acuarimántima, se tendrán argumentos para pensar que este hecho tiene un propósito, que los participantes de ambas empresas editoriales y literarias buscaban un sentido sociocultural en las propuestas poéticas ambos escritores con el punto generacional en común. En esta medida se aporta al concepto urbano en la poesía de los autores publicados y por extensión al desarrollo de la poética urbana en Medellín.

Con los que viajo sueño es un libro de 140 páginas, con una dedicatoria a su padre. Luego aparece el fragmento de un poema perteneciente a Blaise Cendrars (1887 – 1961), lo que le da sentido al título del libro: “Con los que viajo sueño / fumo…” (Fragmento perteneciente al libro Prosa del transiberiano), resulta importante destacar que este es uno de los primeros libros de poemas publicados por el escritor francófono que recrea las primeras impresiones al viajar hasta Moscú en 1903, cuando contaba con diecisiete años y experimentaba su transición de adolescente a hombre adulto.

En el caso de Víctor Gaviria, el poemario encierra ese leit motiv: el texto poético entrega sensaciones como la pérdida de la infancia, la muerte de la inocencia, la mirada que se transforma producto del crecimiento físico y espiritual; en este sentido la ciudad urbana juega un papel importante ya que esta también pasa por el mismo proceso interior que atraviesa el autor.

En el poema “Ay en verdad no sabía” (p. 33) se puede observar:

Ay en verdad no sabía el cruce de las calles
qué camino tomar Tantos caminos en el alma
de la ciudad y el grupito de espaldas
y vivos pies de mi familia temblaba
por mis decisiones
El pecho también tan grato a los seres del aire
y tú te preguntas ahora
por qué has sufrido tanto y aún…
Cual mujercita descuidada y terriblemente frágil
no lo sabe la delicada caminas ahora en endebles
callecitas y coronado muro de puros vidrios
te bendice
En mis propios días esa mujercita
soy y los gestos que a la múltiple luz de la ciudad
me hacen son la simple paz
Me entrego y muy contento
de esta vida y un extraño
de los días nada me inculpará de nuevo
con tal saña

El libro está dividido en cinco capítulos, lo cual no influye en el conjunto general de la producción poética, no afecta la secuencia de los poemas, ni el estilo. Los poemas mantienen una homogeneidad y una regularidad en el tono y las imágenes. La presencia de la Medellín urbana se ha detectado en 19 de 58 poemas que aparecen en el texto. Los otros poemas tienen conexión temática con la infancia, el pasado familiar y la experiencia lectora del autor. A continuación se presentan los poemas donde aparece la Medellín urbana como personaje del acto poético:

“Viajes y sufrimiento” (pág. 11). “Los hijos” (pág. 15). “Porvenir” (pág. 17). “Perdón” (p. 21). “Quiero pasar mi juventud” (p. 29). “Otra infancia” (p. 31). “Ay en verdad no sabía” (p. 33). “Como un hombre” (p. 35). “Amedrentado” (p. 37). “Visita” (p. 39). “A la distancia un benévolo tejado” (p. 41). “Inexplicablemente cruzo frente a la iglesia” (p. 43). “Hace un par de meses paso las horas” (p. 47). “Aquí sobre la hierba bajo las tibias lámparas” (p. 93). “Un hombre viejo y los que fuman cerca” (p. 109). “Mi amiga” (p.123). “Amanecer” (p. 132). “San Juan” (p. 135). “Aprendiendo oficios” (p. 139).

La poesía de Víctor Gaviria es una poesía citadina que recorre tranquilamente las calles disfrutando el aire y el clima que le da cierto alivio al yo lírico:

[…] confía hacer más puro el aire de la calle

sutiles como cambios en el aire

El yo lírico práctica una poesía aérea, busca el libre fluir, por eso su discurso es conversacional y la imagen emerge desde adentro de la conciencia:

Debes recordarlo porque ahora de visita muy cerca de allí al atardecer
un rabioso tigre y un músico bueno en ti
soportan el mundo en las espaldas para transformarlo
La infancia y la belleza son la violencia más alta
salgo a aplicarlas como quien olvidó lo esencial

El yo lírico recorre la ciudad como si fuese un flaneur, lo que significa un caminante delicado que observa pasivamente el entorno. En este aspecto el yo lírico, que camina sereno, genera la posibilidad de ser acompañado por el lector. Ambos pueden ver los sentidos y las imágenes como si fuera la primera vez que observan las cosas que ocupan y habitan el espacio. Este recurso permite que el lector se haga cómplice del yo lírico.

La arquitectura de la ciudad y los elementos de la naturaleza no cohabitan de manera caótica, aunque el desgarre emocional es evidente, el dolor producido por la existencia es producto de un proceso de crecimiento personal en el cual la sociedad pasa a un segundo plano (“Viajes y sufrimiento” p. 12):

(…) A esta calle a estas casas de origen
voy llegando como un atento extranjero
Todo comienza en cada uno
Estos techos flotan en el tenue aire
y mañana tal vez así no los veré

El yo lírico en Con los que viajo sueño es un alma que sublima la experiencia porque la necesidad de una educación sentimental es constante y es una búsqueda personal que comparte con el posible lector, ya que este también está necesitado de una experiencia similar, lo cual se extiende a la ciudad en su conjunto, como si fuera un llamado — ¿acaso la ciudad cómo cuerpo social no está ansioso de un despertar emocional?…

El yo lírico presente en los poemas seleccionados procura una experiencia sensible y filosófica, pero de alguna manera la Medellín urbana genera este reto en común para todos sus escultores de versos: una educación sentimental que amplíe los horizontes de un cuerpo y de una fibra social compleja. En “Los hijos” (p. 15) se observa como el yo lírico está consciente de ese cambio, de la trasformación rural a la urbana y el reto que dicha transición implica en lo individual y lo colectivo:

Antes la ventana abierta al mar
de tejados A nuestros padres
las brujas acosaban Pasaban
la noche sentadas en sus pechos
En el aro dorado de una llama de vela
cuchicheaban las voces
de demonios voraces de paz
Nuestros padres lo cuentan
cuando no había luz en los pueblos
y manos invisibles palpitaban en las tapias
Había una culpa En el solar de sombras
habitado comenzaba esa inquietud
Las voces del rosario conjuraban en vano
Había un peso sobre el aire Y ahora
nosotros los hijos en la luz
avenidas abiertas buses
hacinados nosotros También un peso sobre el aire sufrimos
mucho sufrimos de enemigos anónimos
Van pasando los días y desconfiamos
de la felicidad Nos mandan voces interiores
El orden mucho prójimo y sólo queremos destruirlo
Al cabo sólo nos queda cumplir
El niño que hace las tareas y duerme en paz
eso somos Esa felicidad que nos resta
Mil ojos y mil lámparas
Pesa este aire del medio día
Ya casi no resistimos No resistimos

El último elemento por destacar es el recorrido que el yo lírico hace por San Juan, y la manera como deconstruye una de las avenidas más transitadas en la actualidad:

La carretera está llena de polvo
pero
puedes mirar las formas doradas de animales
que se levantan en el aire
al paso de un auto
El viento es un fogoso camión
Y a través del translúcido parabrisas ves
el invisible conductor que es Nadie
Luego andas a pie entre muros
encendidos como adolescentes
Y sobre todas las cosas
(también desde abajo)
desnudos como de un joven cargador
los dos pequeños hombros del verano
que tu ignoras y llamas Tiempo
sin ofenderlo
Y si no te alcanzan las calles de San Juan
El cielo está lleno de caminos
y de blancas espaldas de hombre que no conoces

Con este llamado a recorrer los caminos aéreos con el libre fluir de la conciencia llega hasta aquí esta muestra valorativa del dialogo íntimo entre la Medellín urbana y Víctor Gaviria. Queda la satisfacción de encontrar en la voz poética esa actitud rebelde y contestaría, esa fuerza con la cual la conciencia se escapa de ese lugar común que es la negatividad emocional producida por el azaroso caos de las ciudades modernas. Así se aleja de la tragedia y del patetismo para buscar posibilidades sin olvidar su sentido de pertenencia o la realidad que le envuelve.

Referencias

Beristain, Helena. (1977). Guía para la Lectura Comentada de Textos Literarios. México D. F. Ed. Porrúa.

Gaviria, Víctor. (1980). Con los que viajo sueño. Ed. Acuarimántima

Gaviria, Víctor. (1981). Formalismo y futurismo: la imagen poética. Revista Universidad de Medellín, p.p. 73 – 83.

Morales Cordero, Olmer Ri. (2009, abril 24). Restrepo, Elkin. Entrevista.

Restrepo Elkin. (1973-1983).  Revista Acuarimántima. (36 publicaciones),

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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