El texto que voy a analizar es “El casamiento engañoso” una de las “Novelas Ejemplares” de Miguel de Cervantes.
Se trata de un facsímil, que comprende desde la página 233r a la 240v y la 274r, de la edición príncipe de estas novelas (Madrid: Juan de la Cuesta, 1613) que se encuentra disponible en la biblioteca virtual del Instituto Cervantes, junto con la transcripción a la lengua actual de dicho facsímil. Indica el editor, Florencio Sevilla Arroyo, de dicha transcripción:
“Siendo así, editamos con un criterio de esencial apego a la príncipe, intentando reproducirla con todo escrúpulo y limitándonos a actualizar lo puramente gráfico u ortográfico: uso de s/ss, c/q, c/z/ç, u/v/b, x/j/g, h-, arcaísmos gráficos latinizantes, separación de palabras, signos suprasegmentales, resolución de abreviaturas, acentuación, puntuación, etc. Por las mismas razones, se respetan puntualmente todos y cada uno de los rasgos significativos propios de la lengua clásica: vacilaciones en el timbre de las vocales átonas, empleo anárquico de los grupos consonánticos, aglutinaciones de la preposición de con pronombres y demostrativos, asimilación de la -r del infinitivo con la l- de los pronombres enclíticos, metátesis de la -d del imperativo con la l- del enclítico… y, por supuesto, cualquier otro rasgo de mayor alcance, sea del tipo que fuere: concordancias anómalas, regímenes preposicionales, valor desusado de las conjunciones, acepciones etimológicas, registros de germanía, etc.”
- Cervantes, Miguel de (Autor)
Para el comentario del texto me baso en la edición facsímil, complementada con la transcripción. Además he utilizado la edición física del libro, también editada por Sevilla Arroyo[1], con el mismo texto complementado con notas al pie que facilitan la lectura.
Cervantes publicó estos doce relatos cortos en su plena madurez, 1613, cuando tenía 67 años, tres antes de su muerte. La fama le llegó tarde a Cervantes, ya que su éxito comenzó tras publicar la primera parte del Quijote en 1605. Anteriormente, ya había escrito novelas cortas, como las insertadas en el Quijote o las incluidas en un manuscrito de 1604 (Francisco Porras de la Cámara), pero no las publicó hasta esos últimos años de su vida donde se concentra su mayor producción: “Viaje al Parnaso” (1614), “Segunda parte del Quijote” (1615), “Ocho comedias y ocho entremeses…” (1615) y sus póstumos “Trabajos de Persiles y Segismunda” (1617). Probablemente este retraso en la publicación de las novelas, como indica Sevilla Arroyo, se debió a “que lo hiciera cuando consideró que su obra novelesca estaba ya acabada, perfecta, completa, a colmo”. Por tanto, estas novelas cortas son una obra de plenitud vital y literaria del autor.
Respecto a la adjetivación de “ejemplares”, se ha escrito mucho y es interesante citar lo que dice el autor en su “Prólogo al lector”:
“Heles dado nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso; y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas como de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras; digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan”.
No obstante, Casalduero[2] las considera fundamentalmente narraciones de entretenimiento: “…no deben buscarse para aprender algo (…), no hay que buscar en ellas moral o moraleja alguna”.
El casamiento engañoso, trata del tema del burlador burlado, y constituye un diálogo entre el Alférez Campuzano y su antiguo conocido, el Licenciado Peralta. El alférez le cuenta sus desgracias al licenciado, a quién encuentra a la salida del Hospital de la Resurrección de Valladolid, donde ha estado en tratamiento a causa de la sífilis contraída en las peripecias que le relata. Al final de la narración, Cervantes introduce hábilmente su siguiente novela, “El coloquio de los perros”, como un dialogo transcrito por Campuzano de lo escuchado una noche en el Hospital y que da a leer a Peralta.
Comentario del texto
Grafía del texto.
Las principales diferencias respecto a las grafías actuales son:
Acentuación: Comienzan a introducirse las tildes en el texto, con unos signos de acento grave en las palabras agudas (generalmente verbos) acabadas en vocal. También se indica con tilde grave o circunflejo la preposición “a”.
Signos ortográficos: Aparecen —aunque no todos los que serían normativos actualmente— puntos seguidos, comas y dos puntos (para introducir respuestas); sin embargo, no hay ningún punto y aparte en todo en texto. En los signos de interrogación sólo se coloca el de cierre. Sí que se utilizan los paréntesis, para acotar frases explicativas dentro de una oración.
Mayúsculas: Se utilizan para los nombres propios, detrás de punto y de los dos puntos.
Abreviaturas: Se utiliza abundantemente el guión sobre la vocal anterior en el caso de la “n” implosiva, aunque no siempre: “conualeciente” (233r), “hacienda” (234v), suficiente cantidad (235r), etc. En alguna ocasión se utiliza para abreviar la “m”, como en “Cãpuçano” (233v). Se utiliza el guion sobre “q” para indicar “que”, o palabras derivadas (porque). También aparece la “d” con un guion medio (234r) en vez de “de”
Signos alfabéticos: Existe vacilación en el uso de las grafías de la “u” y “v”, que se representan indistintamente <u> o <v> (vn, vnas, deuiera, auia, acuerdo, venia, etc.). La letra “s” se representa con una grafía similar a la “f” pero sin el palo central. La vocal “i” se representa <y> al inicio de palabra (yua, yr) o tras vocal (seys, oydo, deleyte) en general para indicar diptongación. La “ñ” se representa casi como actualmente con el guión superior que indicaba anteriormente la abreviatura de <nn>. El sonido velar oclusivo sordo [k] delante de “a”, todavía lo escribe “qua” como en “quando” (235r) o “quales” (235v), aunque según el Corpus del Español[3] ya era más frecuente “cu”, pero esa grafía fue admisible hasta la aparición de las Reglas ortográficas de la Academia[4]
Plano Fónico del texto
2.1 Vocales y diptongación
Sistema vocálico: desde hacia tiempo ya estaba compuesto por los cinco fonemas actuales (/i/, /e/, /a/, /o/, /u/).
Vacilación /ie/ – /i/: La única palabra que he encontrado en el texto con esta antigua grafía, es “priesa” (237r), que fue de las últimas que mantuvo esta diptongación durante el XVI y XVII [5]. Tampoco se presentan ya ejemplos de posibles vacilaciones entre /ué/ y /é/ como “culuebra”, “flueco”, etc., que aparecían en el siglo anterior.
Vacilaciones en el timbre de las vocales átonas: Ya no se suelen presentar confusiones o vacilaciones entre /i/, /o/ y /e. Por ejemplo, aparece “historia” (278r) y “hospital” (233r), ya muchísimo más frecuentes en el XVII que “hestoria” o “hespital”[6] . Sin embargo, sí aparece “desculpada” (236v), ya poco frecuente en la época, quizá para representar el habla popular de Doña Estefanía. También aparece “prosupuesto” (237v), y “sotil” (240r), que ya era de menos uso que “sutil”. Respecto a “lanterna” (239r) por linterna, más que un cambio por vocalismo parece que la “a” latina cambió a “i” por influjo de interna (luz interna)[7]. Cervantes aún usa “lanterna” mientras Góngora y Lope usan ya “linterna”[8]
Hiatos: Se encuentra el ejemplo de marcarlos mediante “h” en “ohi” (239r) por “oí”, pero también pueden aparecer sin la “h”, como en “aora” (234v); habría que analizar si en la poesía de la época “ahora” tenía 2 o 3 sílabas fonéticas, para tener la seguridad de ese uso.
Uso de la grafía “y” para indicar diptongación: No es absolutamente seguro si la “y” detrás de vocal indicaba diptongación, ya que aparece “oydo”, a diferencia del mencionado “ohi”. Sí que aparece aún un ejemplo de “riyendose” (241r), en lo que puede ser una palatización o una yod aún no absorbida por la “i” en el uso popular. En el Corpus del Español aparece esta grafía en algún ejemplo de la época.
2.2 Consonantes
“H” etimológica latina o derivada del ensordecimiento de la “F” latina: La “h” proviene de palabras con etimología latina o cultismos, como por ejemplo “historia” (278r), aunque en el verbo haber sólo la llevan las formas “ha” o “han” y, en cambio, se sigue escribiendo “auia” (237r). En el texto de los “Trabajos de Hércules” de Enrique de Villena (editado en 1499), ya aparecía “han” y otras formas que todavía tenían valor transitivo no llevaban “h”; de ello se desprende que los auxiliares de pretérito perfecto hacía ya tiempo que incorporaban la “h”, quizá para distinguirlas de la preposición “a”. No obstante, aparece “oy” (236r) sin “h” que en la época ya era frecuente que la incorporase[9]. Las palabras de etimología latina con “f”, como por ejemplo “hacer” u “horca”, ya se escriben con “h”, síntoma del enmudecimiento de dicha consonante. Por otra parte, escribe “alhombra” (235v), quizá como ultracorrección, que es mucho menos frecuente en ese siglo[10] que “alfombra”. En palabras procedentes del árabe también se encuentra “hasta” (234r) procedente de “hatta”.
La oclusiva bilabial /b/ frente a la aproximante /β/: En castellano medieval las /b/ procedían de B— o —P— latinas, o de una B agrupada con líquida; mientras las /β/ lo hacían de —B—, V— o —V—. Estos sonidos se fueron confundiendo a partir del siglo XV. Así, /b/- se encuentra en posición inicial procedente de B “bien” (233r) de “bene”, “blanca” (234r) (en este caso procedente del germánico “blank”); o de /p/ intervocálica: “cabeça” (235r) de “capitĭa”, “sobre” (234r) de “super”, o “sabed” (235r) de “sapere”. Hay casos de /b/ intervocálica en las formas verbales: “deuia” de “debere”, o “auia” de “habere”. La grafía <b> se mantiene ante líquida en “libre” (234r) de “liber”, pero se grafía <b> inicial en “vuelto” (235v), “boluerà” (236v) o “boluer” (238r) de “volvere”, o “bolando” (235v). Todo ello nos indica que los sonidos se confundían, y en todo caso la pronunciación tendía a la actual del castellano con [b] al inicio de palabra o delante de líquida, y la aproximante [β] en intervocálicas.
Vocalización de /b/ al final de sílaba: Estas <b> al final de sílaba, que aún se encuentran en el escrito de Villena, ya se vocalizan en “u”. Así se escribe “ciudad” (233r). En el Corpus se ve que en el XVII ya habían desaparecido prácticamente.
- Cervantes, Miguel de (Autor)
Eliminación de consonantes labiales y velares al final de sílaba: A causa de los latinismos introducidos, en el siglo anterior habían vuelto al castellano algunas de esas vocales, aunque los hablantes y escritores cultos seguían dudando. Así, aparece “efeto” (236r, 237r), que Corominas documenta como cultismo en 1438 (de effectus); en el Corpus se observa la convivencia de ambas grafías, y el predominio de “efecto” a partir del XVII. También aparece en el texto “perfeta” (237r). La utilización de estas palabras puede deberse a que Cervantes quisiera reflejar el habla de sus personajes.
Ensordecimiento de sibilantes y confusiones gráficas <z>, <c> y <ç>; <s> y <ss>; y <x>, <j> y <g>: En el castellano medieval existían tres pares (sordas y sonoras) de dentales /ʦ/ – /ʣ/ , alveolares /s/ – /z/ y palatales /ʃ/ – /Ʒ/. En el modo de habla norteño, estos sonidos evolucionan durante el XVII hasta estabilizarse la dental /θ/, la alveolar /s/ y la velar /x/, todas ellas sordas. Aunque cambia el sistema fonético, las grafías no se estabilizan hasta la aparición de la Academia en el XVIII, cuando se presenta una nueva normativa. Por ello, existe una amplia confusión en las grafías <z>, <c> y <ç>; <s> y <ss>; y <x>, <j> y <g>, que Florencio Sevilla ha eliminado en su transcripción tanto en Cervantes Virtual como en su edición (a pesar de su “especial apego a la príncipe”) por considerarlo sólo una grafía[11] ; como ejemplos podemos encontrar, entre otros: “Campuçano” (233r), “mujer” (233v), “execucion” (233v), “decir” (233v), “dixo” (233v), “vecinos” (234v), “cozinero” (234v), “moça” (234v), “texerse” (235r), “alabanças” (235r) y “necesidad” (235r).
Plano morfosintáctico
Diminutivos y superlativos: Aparece “tantico” (237v); en esa época el sufijo –ico, que había sido la forma cortesana en el XVI, comenzaba a adquirir ya valor dialectal. También aparece “joyuelas” (235r), cuyo sufijo procedente del latín con o sin significación diminutiva; en este caso parece que sí tenía una cierta connotación diminutiva, como cita Girón[12]. Como superlativo aparece “bizarrissimo” (234r) que según Girón se generaliza en el XVI, aunque a principios del XVII aún no era patrimonial y Cervantes lo utilizaba con fines humorísticos.
Artículos y demostrativos: Aparecen las construcciones partitivas “dessa manera” (238) y “lo que dellos se cuenta” (239r), que según el Corpus ya eran poco frecuentes en la época. Se antepone el artículo masculino a los femeninos que comienzan por “a” tónica, como en “el alma” (233v), pero no en “la habla” (274r) quizá por provenir de una cercana aspiración de la “f” latina.
Formas de tratamiento: En el texto, los dialogantes usan para tratarse “vuessa merced”, ya que “vos” se había perdido como forma de respeto. Sin embargo, lo usa Doña Estefanía (236r) al dirigirse a su marido, el alférez, probablemente para reflejar su hablar coloquial.
Pronombres posesivos: Aún aparecen sintagmas de artículo o demostrativo más posesivo, lo que según Girón[13] ya no era común a partir de la segunda mitad del XVI, “un su amigo” (233r) o “aquella su amiga” (236v).
Pronombres personales átonos: Se encuentran en abundancia en posición enclítica: “hizele patentes” (235v), “contele” (237r), “llevole” (233v), “diole” (233v), “siguiolas” (234)r, “eralo” (234r), “seruiala” (234v), “dijome” (234r), “dioseme” (234r), “haciéndoseme” (235r), “baylauanme” (235v), “fuyme” (237v), “lastimome” (238v), tras tiempos que no son ni infinitivo, ni gerundio, ni imperativo, que son los que lo aceptarán en el sistema moderno[14]. Se producen asimilaciones de la “r” final del infinitivo y la “l” inicial del pronombre átono de tercera persona, acusativo y dativo: “visitalla”, “ponellas” (234r), “creelle” (239r), que según Cano Aguilar[15] eran poco frecuentes a partir de la segunda mitad del XVI; al mismo tiempo, coexisten con éstas las formas no asimiladas: “regalarle”, “seruirle” (234r), “para hacerla” (235r). Hay casos de leísmo, “sacó del pecho un cartapacio y le puso en las manos” (240v), como era corriente en la época[16]. También hay algún caso de loísmo, “corre… y abrelos” (236r), y de laísmo, “seruiala” (234v).
Pronombres indefinidos: Se encuentra en el texto “persona” con el antiguo significado de “nadie”, que conserva el francés, “ni aurá persona en el mundo” (239r), “persona alguna” (239v); pero asimismo aparece “nadie” (236v).

Pronombres interrogativos: Aparece “que era la causa…?” (237r) con el sentido de “cuál era”.
Preposiciones: A menudo las preposiciones tienen un uso distinto del actual: “Que escogi por mia” (233v), “en acabado de comer” (233v); no se hizo de rogar (233v), “que continué en visitalla” (234v), “poner a ello” (234v), “bolui en casa de” (237v) y “a que propósito” (238r).
Formas verbales: Se mantiene la 2ª persona del plural: “no os alboroteys ni respondays” (236r), procedente de las antiguas terminaciones –ades, -edes, -ides. Sin embargo, aún aparece “que contra mi oyeredes”, conjugación que debía de ser arcaica en la época y no aparece en el Corpus; al usarlo Doña Estefanía, puede que se quiera reflejar la forma de hablar del personaje. Se encuentra “traygo” (240r), con la extensión velar nacida en “digo”[17], que el “Corpus” documenta más ampliamente en la época como “traigo”, aunque Don Quijote aún dice “trayo”[18].
Respecto al subjuntivo, encontramos expresiones que ya estaban estabilizadas desde tiempo atrás como, “caso que me haya engañado” (240r) o “aunque este coloquio sea fingido y nunca haya pasado” (274r); aunque también aparece “¡Corre, moza, bien haya yo, y ábrelos!” (236r) con valor transitivo, pero en el habla de Doña Estefanía que siempre es más popular o arcaizante. En cuanto a la fijación de las formas en “–ra” en el subjuntivo, se encuentra una expresión de las citadas por Cano[19], como más usadas para la condición no pasada en esa época “si pudiera tejerse en casa se tejiera” (235r), tras su evolución desde el pluscuamperfecto de indicativo. También destaca la presencia del futuro hipotético de subjuntivo (–re), “todas las que V.M. quisiere” (233v), “que V.M. ordenare” (235r), “todo lo que aqui passare”, que según Cano[20] entra en decadencia en la 2ª mitad del XVI.

Plano léxico.
Palabras con otras acepciones o no usadas actualmente: Existen bastantes en el texto, por ejemplo, “acabarlo” (234r) por “conseguirlo”; “a fuer de” (234r) por “a modo de”; “matar en el aire” (234r), por “ser muy diestro”; “holgare de que “(234r); “luengos” (234v); “hendí” (234v); “ragé” (234v); “hacerme bienquisto con ella” (234v), “barajar” (238r) con el sentido antiguo de “pelearse”[21], “ahagé” (235v) del que deriva el más moderno (aunque también raro) “ajar”, “condecender” (236v), “conortó” (237v), “falsia” (238r), “todo lo tome de coro” (240r) por “de memoria”, etc.
Palabras en formación: Aún no han adoptado la forma sintética, “si quiera” (233v) o “si a caso” (239r).
Etimología de las palabras: Además de la corriente etimología latina o árabe patrimonial, encontramos préstamos tomados de lenguas romances[22] como, “Bizarro” (236) del italiano bizzarro (valiente , generoso, gallardo); “baúl” (235v) del francés antiguo “bahul” (cofre); “jamon” (233v) del francés “jambon” a su vez de “jambe” (pierna) y esta del latín tardío “gamba”; “gala” (235) del francés antiguo “gale” (placer, diversión), etc. También aparecen cultismos tomados más recientemente del latín como: “negocio” (235v), “tono” (234r), “filos” (238r), “resurrección” (233r), “ejecución” (233v), “imaginación” (239r), “cartapacio” (240b)[23], etc.
Conclusiones
En general, el texto analizado presenta las características de la época en que fue escrito a principios del siglo XVII, aunque abundan las expresiones arcaizantes de poco uso ya en dicho periodo. Ello puede deberse a querer reflejar el habla concreta de los personajes, sobre todo de Doña Estefanía, y no tanto el del narrador, ya que fundamentalmente la narración está estructurada como un diálogo. Aparte del análisis de la lengua empleada, no debe dejar de mencionarse la frescura y amenidad de este relato tras cuatro siglos desde su publicación.
Bibliografía y otras fuentes de información relevantes:
CERVANTES, MIGUEL de. Novelas ejemplares. Edición de Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas. Volumen I y II. Colección: Austral Narrativa, Editorial: Espasa Calpe. Madrid, 2008.
COROMINAS, JOAN. Diccionario etimológico de la lengua castellana. Ed. Gredos. Madrid, 1961.
GIRÓN, JOSÉ LUIS. Cambios gramaticales en los siglos de oro, en Historia de la lengua española (coord. Cano Aguilar, R), páginas 859-913. Ed. Ariel. Barcelona. 2004
LAPESA, RAFAEL. Historia de la lengua española. Ed. Gredos. Madrid. 1980
LLEAL, COLOMA. La formación de las lenguas romances y peninsulares. Ed. Barcanova. Barcelona. 1990.
Historia de la lengua española. (coordinadora: Lleal, Paloma). Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona. Barcelona. 2009
Corpus del Español. Professor Mark Davies. Brigham Young University.
[1] Ver Bibliografía
[2] Joaquín Casalduero, Sentido y forma de las novelas ejemplares, Madrid, Gredos, 1969, pág. 54.
[3] Web Corpus de Español: Mark Davis. Brigham Young University. Ver bibliografía
[4] Historia de la Lengua Española (coor. Coloma Lleal), pág. 159. Ver bibliografía
[5] Apuntes de clase de Coloma Lleal 8/3/10. Web Corpus de Español: Mark Davis. Brigham Young University
[6] Corpus de Español.
[7] Corominas. Ver bibliografía
[8] Web Corpus del Español
[9] Corpus del Español
[10][10] Corpus del Español.
[11] http://www.cervantesvirtual.com. Comentarios de Florencio Sevilla a esta edición en Cervantes Virtual.
[12] Girón, José Luis. Cambios gramaticales en los siglos de oro (pag. 861). Ver bibliografía.
[13] Girón, José Luis. Cambios gramaticales en los siglos de oro (pag. 872)
[14] Girón, José Luis. Cambios gramaticales en los siglos de oro (pag. 878)
[15] Cano, Rafael. El español a través de los tiempos (pag. 244). Ver bibliografía.
[16] Cano, Rafael (Pag. 245). Ver bibliografía
[17] Cano, Rafael (Pag. 247). Ver bibliografía.
[18] Web Corpus del Español
[19] Cano, Rafael (Pag. 249). Además, apuntes tomados en conferencia pronunciada en la Facultad de Filología de la UB en Marzo de 2010.
[20] Cano, Rafael (Pag. 249). Ver bibliografía
[21] Corominas. Ver bibliografía
[22] Corominas. Ver bibliografía
[23] En Corpus está documentado a partir del XV y fue palabra usada por Cervantes también en el Quijote.
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