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Panini y su vínculo con la lingüística estructural

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¿Qué tienen en común la antiquísima gramática sánscrita de Panini y la lingüística estructural del pasado siglo? En este artículo veremos que son muchas más las similitudes de lo que, a priori, podría deducirse.

Panini
De Panini Khabar – https://twitter.com/paninikhabar, CC BY-SA 4.0,
  1. Origen de la lingüística estructural

El estructuralismo, entendido como corriente innovadora de las llamadas ciencias humanas, comienza a echar raíces en las primeras décadas del siglo XX. Ya en su momento, el filósofo alemán Ernst Cassirer advertía: «El estructuralismo no es un fenómeno aislado; es, más bien, la expresión de una tendencia general de pensamiento que, en estas últimas décadas, se ha vuelto más y más prominente en casi todos los terrenos de la investigación científica»[1].

En lo que respecta a la lingüística, el enfoque estructuralista surgió en Europa como reacción a las corrientes historicistas y comparativistas del siglo XIX (especialmente, a su orientación atomista). Sin embargo, la nueva corriente no renunciaría al rigor metodológico de los neogramáticos; tampoco, a muchos de sus supuestos.

Sin ir más lejos, Ferdinand de Saussure —padre del estructuralismo para buena parte del campo intelectual—, creía que el único error de la lingüística histórica consistía en no haber sido al mismo tiempo descriptiva, es decir, en haber desdeñado el estudio de los sistemas sincrónicos, a partir de los cuales se podía reconstruir lenguas cuyo desarrollo diacrónico se desconocía. Un ejemplo de esto podría ser el descriptivismo norteamericano, que desde sus orígenes trabajó sobre las lenguas indígenas de los Estados Unidos y, posteriormente, sobre otras consideradas «exóticas».

  1. El concepto de estructura

Llamamos estructura a un conjunto restringido de elementos solidarios entre sí, que también lo son con el conjunto. La existencia de cada uno de estos elementos es funcional a la existencia de los demás, y del todo (que depende de ellos); y a la inversa, las relaciones constantes o formales entre los elementos determinan la estructura (el todo). Este zigzagueante razonamiento puede resumirse en una frase: «La existencia de estructura implica la existencia de elementos».

La estructura es una propiedad de la lingüística, entendida aquí como la descripción de los elementos significativos de una lengua, pero también de las relaciones sistemáticas de esta.

El estructuralismo, como sugerimos en el apartado anterior, nace con Ferdinand de Saussure, y continúa con la escuela de Praga, la glosemática de Louis Hjelmslev y las diversas corrientes filoestructuralistas surgidas en Norteamérica, dentro de las que se destaca el descriptivismo de Leonard Bloomfield. Pero ¿acaso es esta la verdadera línea cronológica de la corriente en cuestión? La respuesta, posiblemente, logre sorprender a muchos.

  1. Panini, un insospechado precursor

 Hasta aquí, nos hemos referido al estructuralismo como una tendencia de la investigación científica del siglo XX, que representa un importante período de la historia de la lingüística. Sin embargo, una descripción estructuralista prácticamente completa de una lengua, formulada con el rigor propio de la lógica contemporánea, y elogiada por lingüistas de la talla de George Trager, Frits Staal o el ya citado Leonard Bloomfield, se remonta a varios siglos antes de nuestra era. Se trata de la gramática sánscrita de Panini.

Efectivamente, para Bloomfield, «la gramática descriptiva del sánscrito, que Panini llevó a su más alta perfección, es uno de los más grandes monumentos de la inteligencia humana y un modelo indispensable para la descripción de las lenguas. La única realización del mismo rango es la lingüística histórica del siglo XIX, y debe su origen a la familiaridad europea con la gramática india»[1].

Panini[2] vivió en el noroeste de la India, cerca de la actual Pakistán. Tuvo muchos predecesores, y de algunos de ellos se conservan todavía varias citas, de lo que se colige que la obra de Panini es la culminación de una tradición, pero también, el modelo que adoptaron las subsiguientes gramáticas del sánscrito.[3]

La gramática de Panini (¿350? a. C.) se denomina Astadhiai, que podría traducirse como ‘ocho lecciones’ uocho libros’. Cada una de estas lecciones (o cada uno de estos libros) se divide en cuatro secciones que contienen un muy pulido sistema de reglas morfológicas y fonéticas.[4] Su objeto es la lengua hablada por los brahmanes (el sánscrito clásico), que aquí, como no podía ser de otra manera, se estudia desde un punto de vista exclusivamente sincrónico. La fonología aparece poco en la obra, y no se utiliza tanto para registrar el uso de los sonidos del habla, sino más bien para señalar su relación con los procedimientos abstractos en la formación de palabras.

La obra aludida nos permite advertir que, ya en aquellas épocas, se concebía la gramática como un sistema de elementos simples, cuya combinación se establecía mediante reglas que tenían en cuenta todo el material. Y esto, según hemos visto, no es otra cosa que lo que, muchos siglos más tarde, se dio a conocer con el nombre de lingüística estructural.


[1] Ernst Cassirer. «Structuralism in modern linguistics», Word 1.99 ss, 1945.

[2] Leonard Bloomfield. «Review of Bruno Liebich, 1928, Konkordanz Pāṇini-Candra, Breslau: M. & H. Marcus». Language 5:267-76.

[3] En muchas publicaciones, el nombre de este precursor aparece escrito de la siguiente forma: Pānini.

[4] Se calcula que son más de mil las obras gramaticales del sánscrito inspiradas en el modelo «paniniano». Véase William Sidney Allen. Phonetics in Ancient India, Oxford University Press, 1953.

[5] El Astadhiai consta de unos 4000 aforismos llamados sutra. Estas reglas tienen la particularidad de estar ordenadas cíclicamente, de manera que cualquiera de ellas se basa en la anterior y es soporte, a su vez, de la siguiente. Las reglas están precedidas por un catálogo de sonidos del sánscrito y dividido en catorce grupos. Junto al corpus de reglas, como material complementario, se encuentran dos catálogos, uno de raíces y otro de bases nominales.

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con seis libros de poesía publicados, los dos últimos de ellos en prosa:
• «Por todo sol, la sed» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2000);
• «La gratuidad de la amenaza» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2001);
• «Íngrimo e insular» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2005);
• «La ciudad con Laura» (Sediento Editores, México, 2012);
• «Elucubraciones de un "flâneur"» (Ediciones Camelot América, México, 2018).
• «Las horas que limando están el día: diario lírico de una pandemia» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Tiene hasta la fecha dos trabajos sobre gramática publicados:
• «Del nominativo al ablativo: una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).
• «Me queda la palabra: inquietudes de un asesor lingüístico» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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