Las nueve musas

Teutoburgo: ese gran desastre romano que marcó el destino de Europa

Promocionamos tu libro

La batalla del bosque de Teutoburgo, también llamada «desastre de Varo», fue la primera gran derrota de Roma como imperio. En ella, tres legiones romanas, seis cohortes auxiliares y tres alas de caballería fueron masacradas por una alianza de tribus germánicas.

El enfrentamiento tuvo lugar el año 9 DC en los alrededores de la actual Osnabrück (Baja Sajonia, Alemania).

El hecho marcó un antes y un después en la historia de Roma, que incluso llegó a temer por su integridad. Pero los germanos, profundamente desunidos, no tenían ni la capacidad ni la intención de emprender una invasión. Una cosa era luchar para evitar verse sometidos, y otra emprender una conquista.

bosque de Teutoburgo
Cenotafio del centurión de la Legio XVIII Marco Celio, natural de Bononia (Bolonia, Italia) y de dos de sus libertos, fallecidos todos durante la batalla del bosque de Teutoburgo, erigido por su hermano en Castra Vetera (Xanten, Alemania) en el que se indica que si sus huesos se recuperan, deben ser enterrados allí.

Dejando a un lado las consecuencias inmediatas de la contienda, la importancia de Teutoburgo ha sido considerada colosal. Analistas de varios siglos estiman que si la Germania entre el Rin y el Elba hubiera quedado romanizada de forma estable por cuatro siglos, nada sería igual. En palabras de J.F.C. Fuller (1954) “una sola cultura, y no dos en perpetuo conflicto, habría imperado en el mundo occidental. No habría surgido el enfrentamiento franco-alemán. No habrían existido ni Carlomagno, ni Luis XI, ni Napoleón, ni el emperador Guillermo II, ni Hitler”. Quizás sea mucho decir, pero desde luego, las cosas hubieran sido muy diferentes de como las conocemos actualmente.

Son muchas las circunstancias que confluyeron para desencadenar la debacle, pero desde luego, la casualidad no es una de ellas. La gestión que realizó Roma del territorio, y el trato otorgado a las diferentes tribus de la región, tuvieron sin duda un peso fundamental en los hechos. Es decir, Roma marcó su propio destino en aquellas tierras.

El conflicto se inició unos 60 años atrás cuando Julio César conquistó las Galias. La nueva provincia contaba con una extensa frontera con las tribus germanas, pueblos que ignoraban constantemente los límites territoriales para saquear. En este contexto, inicialmente, la respuesta de Roma se limitaba a emprender expediciones de castigo contra las tribus agresoras. Pero las cosas cambiaron cuando los Téncteros, apoyados por Sugambros, Marsos y Usípetes, lanzaron una gran incursión. Su ejército cruzó el Rin arrasando todo a su paso. Tras derrotar a la legión V Alaudae, que había salido a su encuentro, y capturar su águila, los aliados germanos regresaron llevándose consigo un gran botín.

Roma reaccionó inmediatamente enviando a Druso al mando de un poderoso ejército. El plan consistía en llevar los límites del imperio del Rin al Elba. Conquistar Germania para eliminar la amenaza y reducir los kilómetros de frontera oriental. Durante los años 13-12 AC, el comandante en jefe romano se dedicó a rechazar las reiteradas incursiones germanas así como a reforzar las posiciones en la limes, a la vez que construyó varios canales gigantescos más allá del Rin para transportar la flota, e incluso organizó algunas operaciones en territorio enemigo.

En la primavera del 12 AC cruzó el Rin para iniciar la ofensiva romana. Se impuso a Bátavos, Usipetes y Sicambros, avanzando hasta los márgenes del río Elba. Posteriormente, empleó su flota para derrotar a Frisios, Caucos y Bructerios, con lo que tras el primer año de campaña ya dominaba toda la costa entre el Rin y el Weser

Al año siguiente, 11 AC, con el litoral ya sometido, las acciones militares se centraron en el interior, hostigando principalmente a Sicambros y Usipetes, cuyo territorio fue brutalmente devastado. Las legiones se aplicaron con extrema dureza capturando miles de prisioneros, que fueron enviados a Roma como esclavos. Adentrándose más al este alcanzaron el territorio de los Catos, quienes apenas opusieron resistencia. También derrotaron a Marsos a orillas del Weser, y a sus vecinos de oriente, los Queruscos, antes de regresar al Rin para pasar el invierno.

El 10 AC, la campaña fue dirigida principalmente contra los Catos, que se habían sublevado, y a quienes Druso volvió a derrotar. Posteriormente, alcanzaron nuevamente el rio Weser tras derrotar a los Téncteros. Los Marcomanos, viéndose amenazados, huyeron de su territorio para asentarse en Bohemia, lejos de la influencia romana por el momento.

bosque de Teutoburgo
El bosque de Teutoburgo visto desde el Hermannsdenkmal – De Arminia – taken by Arminia, CC BY-SA 3.0,

Durante la campaña del 9 AC, cruzaron el Weser para someter el territorio Querusco, llegando finalmente a orillas del Elba. A su regreso derrotaron a Hermoduros y Marcomanos. Druso, que moriría poco después a causa de las heridas sufridas al caer de su caballo durante el retorno, no solo se limitó a vencer a las tribus germanas, sino que además bajo su mando, se construyeron varias fortificaciones en territorio germano. Tras la muerte su muerte, fue su hermano Tiberio el que asumió el mando del ejército para continuar la conquista.

Con la intención de asimilar el terreno ya ocupado, se nombró gobernador a Lucio Domicio Enobarbo. Durante sus años de gobierno se dedicó a organizar el territorio, reclamar tropas y rehenes a tribus aliadas, impartir justicia en los conflictos internos de los germanos, establecer fortificaciones y sofocar los intentos de rebelión.

En el año 4 DC, Tiberio fue enviado de nuevo a Germanía para reemprender la campaña. El eje de las operaciones pasaba ahora al Danubio, donde los Marcomanos eran considerados como la mayor amenaza por el poderío de su ejército. En su primera fase se centró en someter a Bructerios, Amsivaros y Angrivarios. Posteriormente, remontó el Elba con su flota para unirse al ejército que había enviado por tierra, y juntos derrotar a los Longobardos, entonces asentados a orillas de aquel río. Tras estas acciones los territorios entre el Rin y el Elba quedaron prácticamente dominados, a falta de resolver el asunto de los Marcomanos.

El rey marcomano Marbod, que había sido educado e instruido en Roma, siempre había mantenido una política de neutralidad, desentendiéndose de cualquier coalición o levantamiento contra el imperio. No obstante, su poderoso ejército no dejaba de ser considerado como una seria amenaza. Además, el territorio que ocupaban, Bohemia, era el único que quedaba por conquistar para cerrar la frontera entre el Elba y el Danubio. Ante esta situación, el año 6 DC, Tiberio diseñó una ambiciosa estrategia, que sin embargo nunca llegó a concretarse. Unos levantamientos en Panonia y Dalmacia obligaron a paralizar la campaña, y a la firma de un acuerdo con el rey Marbod, a quien Tiberio reconoció como «amigo» de Roma.

Tras las continuas campañas sobre la región, Roma pensó que tenía la provincia controlada. Había sometido a todas las tribus hasta el Elba y las continuas disputas entre ellas, que los romanos se encargaban de alimentar, jugaban a su favor. La paz solo se interrumpía por la violencia entre tribus o por conatos de rebelión contra Roma. En dicho contexto, y con la idea de explotar la nueva provincia, en el año 7 DC, se nombró a Publio Quintilio Varo como nuevo gobernador. Un perfil más político que militar que cometió el error de creer que la comarca ya estaba subyugada. En palabras de Veleyo Patérculo, “sin apreciar la doblez y crueldad y astucia de los germanos, creía que impartía justicia como un pretor urbano, como si no estuviera al frente de un ejército en el corazón de Germania”.

Varo, un hombre bien relacionado con la familia imperial, con una carrera política completa, contaba ya con experiencia como gobernador. Había ocupado el cargo tanto en África como en Syria, una de las provincias más ricas del imperio y sometida desde hacía siglos a diferentes potencias. Una región prospera, llena de comerciantes, que lo último en lo que pensaban era en la sublevación. En estas condiciones aprendió unos métodos que erróneamente traslado a Germania. Veleyo Patérculo escribió con respecto a la gestión de Varo en Syria: “entró pobre siendo ella rica, y salió rico dejándola pobre”. Una exageración sin duda, pero que reflejaba la actitud depredadora del gobernador.

El primer gran error de Varo consistió en imponer impuestos regulares a unas tribus que hasta entonces no habían entregado más que algún pago en especie, decisión que creo un profundo malestar y resentimiento al verlo como un signo de que los germanos eran considerados súbditos de Roma en vez de aliados. El descontento fue creciendo alimentado por situaciones en las que el imperio exigía su parte, independientemente de que las tribus hubiesen tenido buenas o malas cosechas. Varo, apoyado en la fuerza de su ejército de veteranos, gestionaba con puño de hierro.

La derrota de Varo
La derrota de Varo (2003), una escultura de Wilfried Koch en Haltern am See, Alemania. – De Stefan Flöper / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0,

Las nuevas generaciones empezaron a perder el miedo a las legiones, nunca se habían enfrentado a los romanos, y los levantamientos de Panonia y Dalmacia en la zona del Ilírico, que estos no eran capaces de sofocar, les insuflaban optimismo. Las tribus leales a Roma también empezaban a cuestionarse la situación. Tal y como reflejó el historiador romano Floro, “Pero es más difícil conservar una provincia que conquistarla,… se conquistan con tropas, se retienen con justicia… De hecho, los germanos habían sido más vencidos que sometidos y, mientras estuvo como general en jefe Druso, sentían un respeto superior por nuestras costumbres que por los ejércitos; cuando murió, empezaron a odiar los caprichos y la soberbia de Varo no menos que su crueldad…”.

Por otra parte, el gobernador, en su percepción de región estable y pacificada, no mantenía sus legiones reunidas y dispuestas para la acción. Realizaba giras por la región, trasladando parte de su ejército, en el que iban incrustados numerosos civiles, más como una demostración de poder que como campaña. Se reunía con los nobles y arbitraba en largas disputas, dedicando principalmente sus tropas a tareas de talas de árboles, construcción de calzadas y tendido de puentes.

Cayo Julio Arminio,
El Hermannsdenkmal, monumento dedicado a Arminio junto al bosque de Teutoburgo.

Varo trabó amistad con Cayo Julio Arminio, un germano que servía como oficial en la caballería romana. Hijo del rey de los Queruscos, había sido criado en Roma como rehén y contaba con la ciudadanía romana, habiendo accedido al grado ecuestre. Este oficial aconsejaba a Varo en base a sus profundos conocimientos de la región. Al principio fue una amistad sincera, pero al conocer los abusos a los que eran sometidas las tribus, los sentimientos del germano hacia el imperio fueron cambiando hasta buscar la unión de las tribus para hacer frente al invasor. Veleyo Patérculo describe a Arminio como “joven de familia noble, valiente en la lucha, rápido en comprender, más listo que los demás bárbaros… que dejaba adivinar en su rostro y en sus ojos el ardor de la inteligencia… se aprovechó de la pasividad del general para su traición…comenzó a sumar a sus planes a unos pocos, después a muchos; les dice que se puede vencer a los romanos, y les convence de ello…”.

La sociedad germana era tribal, y su ejército no era profesional. La formación de batalla se componía de parientes y vecinos, lo que les otorgaba una gran cohesión al tener al lado a sus seres queridos. Atacaban en cuña y no les importaba retroceder, ya que lo calificaban como prudencia o también como táctica de combate. Lo que no estaba bien visto era abandonar el escudo, ya que significaba que se había renunciado a luchar. Gente de grandes valores recogían los cuerpos de los suyos incluso en los combates más comprometidos. Sus guerreros, normalmente no estaban dotados de espadas por la escasez de metal, portaban frámeas con un hierro pequeño y escudos rectangulares. Combatían con el torso desnudo y ligeros de ropa, para demostrar su valor. Alguno podían tener cota de malla, casco, normalmente los nobles, pero nada que ver con el equipamiento romano. Se trataba de tropas ligeras con gran movilidad, con una capacidad para desenvolverse por pantanos y bosques que no tenían las legiones.

En septiembre del año 9 DC, Varo se encontraba preparando la retirada habitual de las tropas al campamento de invierno, cuando recibió la noticia de un levantamiento a unos 80 kilómetros de su posición. Se trataba de una trampa tendida por Arminio, que de esa manera pretendía variar la ruta de regreso de las legiones haciéndolas pasar por un terreno favorable para tenderles una emboscada. El gobernador cayó en el engaño y decidió emprender una operación de castigo contra los insurrectos. Dispuesto a llegar lo antes posible, el conjurador le convenció para atravesar el bosque de Teutoburgo en vez de dar un rodeo por la calzada militar.

Cabe destacar que Segestes, suegro de Arminio y leal a Roma, advirtió a Varo de que su yerno estaba planeando una rebelión, pero el gobernador optó por no creerle. Al fin y al cabo se trataba de la palabra de un bárbaro, contra la de un ciudadano romano ecuestre de probada lealtad.

El ejército, compuesto por tres legiones, 6 cohortes y 3 alas de caballería, se puso en camino con la intención de aplastar a los insurrectos y demostrar el poder de Roma. La marcha resultaba complicada. Los civiles que iban repartidos en la columna (esclavos, sirvientes y familiares de los soldados) retrasaban el avance y desorganizaban las filas, impidiendo llevar una formación de combate. Los caminos pronto se estrecharon, provocando que el contingente se estirase alcanzando varios kilómetros de longitud (entre 15 y 20 Km). La climatología también entorpecía el tránsito, un viaje marcado por las intensas lluvias y fuertes vientos que convirtieron la ruta en un lodazal.

Arminio convenció a Varo para separarse de la columna con sus hombres, con la excusa de buscar apoyo local. Se trataba de gran parte de la caballería romana, tropas auxiliares germanas con muchos años de servicio al imperio, por lo que no se dudaba de su lealtad. Pero lo que hizo, con la ayuda de las tribus sublevadas, fue masacrar los pequeños destacamentos romanos acuartelados, dejando a las legiones sin ojos ni oídos, para posteriormente lanzarse contra la columna de Varo. Comenzaban tres días de pesadilla para las legiones, que marchan por terrenos boscosos en medio de una gran tormenta.

Germania
Mapa de la provincia de Germania en el año 9. El territorio sometido al Imperio está en amarillo. En rojo se puede apreciar el camino de retorno seguido por Varo. – De Cristiano64 – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,

Los atacantes al principio lanzaban sus jabalinas desde lejos, pero como los legionarios no respondían, seguían marchando por disciplina de regreso, se acercaron a corta distancia. Los romanos por su parte no avanzaban en formación, iban desordenados y mezclados con los no combatientes. A lo largo de muchos kilómetros de camino, no podían concentrar sus fuerzas, y eran fácilmente superados por unos oponentes, que agrupaban sus tropas en puntos concretos de la kilométrica columna, ocasionando un gran número de bajas. La marcha era continuamente hostigada y los romanos se veían incapaces de contraatacar.

La primera noche, tras una agotadora jornada sobre un terreno estrecho y embarrado, haciendo frente a las acometidas germanas en medio de un temporal, las legiones establecieron el campamento según su costumbre: empalizada, terraplén, tiendas… la segunda noche, llenos de heridos y agotados, ya solo pudieron esgrimir un pequeño terraplén con una fosa. Esa segunda noche Varo, herido, se quitó la vida. Tal y como escribió Veleyo Patérculo, “el general tuvo mayor coraje para morir que para luchar”.

El suicidio de Varo afectó mucho a sus hombres, que vieron como el máximo responsable elegía el camino más fácil. Entre los oficiales de aquellas legiones, hubo comportamientos de muy diversa índole, tanto de coraje, como de cobardía. Hubo quienes plantaron cara y murieron luchando, otros que se rindieron y sucumbieron torturados o ejecutados, y también quienes intentaron huir, como la caballería que quedaba, con Numonio Vela al mando, que fue perseguida, capturada y ejecutada.

Kalkriese
máscara ceremonial romana encontrada en el lugar de la batalla en la colina Kalkriese. De The original uploader was Stahlkocher de Wikipedia en alemán. – Transferido desde de.wikipedia a Commons por Pieter Kuiper usando CommonsHelper., CC BY-SA 3.0,

Ya no hubo tercera noche de campamento. Durante la marcha del tercer día se produjo la emboscada final. La aniquilación de las ya muy desgastadas legiones. Los romanos debían pasar por un cuello de botella entre la colina de Kalkriese y un pantano. Un paso estrecho donde los bárbaros habían construido una empalizada al modo romano, con salidas para las tribus aliadas que les permitían atacar y regresar. Ya no se trató de una batalla, sino de una masacre, de una caza de legionarios. Los que no se ahogaron en los pantanos, fueron hechos prisioneros o los mataron, sólo unos pocos lograron huir. Las tropas de Arminio capturaron las águilas de las tres legiones, que acabaron en los santuarios de los druidas. Los prisioneros o bien fueron torturados y muertos, o convertidos en esclavos. Incluso el cadáver del propio Varo fue desenterrado y ultrajado.

Las consecuencias inmediatas de la victoria fueron muy pocas. Si bien las primeras semanas después de la batalla la frontera romana estaba totalmente desprotegida, con tres de las cuatro legiones que debían custodiarla aniquiladas, los germanos no lo aprovecharon para cruzar el Rin e invadir la Galia. Se dedicaron a celebrar la victoria, emborracharse, saquear, recoger las armas de los romanos caídos, torturar, esclavizar… a tomar los fuertes romanos de la provincia, tomando todos menos uno, Aliso. Perdiendo un tiempo que permitió reaccionar a Roma y reforzar de nuevo su frontera.

El impacto psicológico fue terrible, de hecho, siendo muy complicado que en la lápida de un militar se dijese dónde y cómo había muerto, esto sí sucede con soldados muertos en Teutoburgo, si bien sus restos no se recuperaron. El emperador lamentó enormemente el desastre, y no solo por las tropas perdidas, sino por el miedo a una invasión que podría alcanzar la propia capital. Con tres legiones enteras aniquiladas y un tremendo hueco defensivo en su frontera, no contaba con fuerzas entrenadas para afrontar con garantías tal circunstancia. El temor le hizo empezar a ver malos presagios por todas partes. Suetonio narra que Augusto “…se golpeaba veces la cabeza contra las puerta y gritaba ¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!”.

Pero Roma se caracterizaba por su capacidad de reacción. Así que cuando el emperador supo que algunos soldados se habían salvado, que la frontera estaba defendida y que el enemigo ni siquiera había intentado cruzar el Rin, reconsideró la situación y buscó soluciones: reclutó tropas, prolongó el mandato de los gobernadores excepcionalmente para evitar vacíos de poder, fijó guardias por toda la ciudad para evitar tumultos e hizo ofrendas a los dioses. Además, volvió a enviar a Tiberio, su sucesor designado, a Germania.

Mientras tanto, Arminio intentaba unir las tribus y atraer a los Marcomanos a dicha coalición. Su poderoso ejército y ubicación estratégica, resultaban esenciales para poder hacer frente al imperio. Para convencerlos envío la cabeza de Varo a su rey, pero éste, conocedor del poder de Roma y de la capacidad de Tiberio, la remitió a Augusto, para que le dieran las honras fúnebres dignas de su cargo y se declaró neutral. Los Queruscos perdieron su mejor baza, mientras Tiberio llegaba con 8 legiones. En palabras de Veleyo, “Tiberio afianza la seguridad de las Galias, distribuye los ejércitos, fortifica posiciones de defensa… y cruza el Rin junto con su ejército. Emprende el ataque contra un enemigo que su padre y su patria podían haber estado contentos de haber contenido. Se interna más, abre sendas, devasta los campos, quema casas, derrota a cuantos se le enfrentan y con la máxima gloria, integro el número de los que había llevado, vuelve a los cuarteles de invierno”.

Tras la muerte de Augusto el año 14 DC, Tiberio se vio obligado a regresar para ocupar el trono, pero dejó a otro general competente al mando, a Germánico (padre de Calígula). Durante los tres próximos años, emprendió campañas en las que cada vez se adentraba más en territorio hostil. La devastación fue máxima. Saqueó el territorio a sangre y fuego, y ni el sexo ni la edad fueron motivo de compasión. Tanto las edificaciones civiles como las sagradas fueron arrasadas. Cuando llegó al lugar de la batalla de infausto recuerdo, seis años después, ordenó construir un túmulo y recoger todos los cadáveres para darles adecuada sepultura. Se encontraron con huesos, esparcidos o amontonados, según hubieron huido o resistido, trozos de armas, restos de mulos y caballos, cabezas clavadas en troncos, altares donde habían sacrificado a los oficiales… El espectáculo resultó Dantesco.

Pero no todo fue sencillo para los latinos. Cecina, uno de los subordinados de Germánico, al mando de 4 legiones, estuvo a punto de sufrir una derrota similar a la de Varo a su regreso a los campamentos de invierno, en una zona pantanosa denominada Pontes Longi. La impaciencia de Inguiomer, tío de Arminio, que se precipitó en el ataque, le permitió solventar la situación.

El año 16 DC, Germánico consiguió llevar a Arminio a una batalla campal e inflingirle una severa derrota. Pero a pesar de todas las campañas y victorias, lo germanos no se sometían.

Tiberio, celoso del prestigio y de las victorias de su general, mandó regresar a Germánico a Roma el año 17 DC con el pretexto de celebrar un triunfo por su victoria militar. Ya no volvió a Germania, fue enviado como gobernador a Syria en el 18 DC y murió un año después en extrañas circunstancias.

Arminio
Arminio se despide de Thusnelda, pintura de Johannes Gehrts, 1884.

Durante las campañas, por el lado germano, se produjo la deserción de Segeste, que pasó al bando romano. Con él se llevó a su hija Thusnelda, esposa de Arminio y embarazada de éste. El niño creció como rehén de Roma en la península itálica, en Ravena. Arminio por su parte, murió el mismo año que Germánico, asesinado por sus camaradas, acusado de desear ostentar el poder de un rey.

Roma recuperó las tres águilas perdidas, dos de ellas el propio Germánico los años 15 DC y 16 DC, y la última Publio Gabino tras derrotar a los Caucos en el año 41 DC. Muchos años después del desastre de Varo, aún se continuo liberando esclavos de manos de los germanos, viejos legionarios capturados en su día que narraron lo sucedido.

Las legiones perdidas nunca fueron reconstruidas, ni sus números asignados a otras nuevas. Las campañas de Tiberio y Germánico, si bien proporcionaron un duro castigo a las diferentes tribus, no lograron que se recuperase la provincia. La frontera quedó finalmente fijada en el Rin y el Danubio, para posteriormente en época Flavia, con Domiciano como emperador, se conquistasen los Campos Decumanos, la zona entre ambos ríos, que ayudó a reducir los kilómetros no fluviales de la limes germánica.

Arminio
Representación de Arminio volviendo triunfante con los queruscos

La figura de Arminio fue olvidada durante muchos siglos, y recuperada después como símbolo del nacionalismo prusiano y posteriormente del alemán. Una figura idealizada, de la que realmente no se conoce su visión ni sus planes, pero que cada movimiento nacionalista le atribuye sus ideales. Lo que sí está claro, y lo reflejan los propios romanos en sus Annales Pontificum, es que: “Fue el liberador de la Germania y no atacó, como otros reyes y caudillos, al pueblo romano en sus inicios, sino cuando su imperio estaba en su más alta cumbre; tuvo en las batallas suerte ambigua, pero no fue vencido en la guerra. Duró treinta y siete años su vida y siete su poder, y todavía pervive en los cantos de los bárbaros, desconocido por los historiadores griegos que solo conocen sus propias cosas, y no demasiado celebre entre los romanos que, por ensalzar lo antiguo, descuidamos los acontecimientos recientes”.

No sabemos qué hubiese pasado en caso de no haberse producido la derrota romana en los bosques de Teutoburgo, pero podemos estar seguros de que con la provincia de Germania romanizada la historia hubiese sido otra. Sin duda, el mundo que hoy conocemos no sería el mismo.

El consejero de Roma
  • Beristain, Lander (Autor)

Última actualización de los productos de Amazon el 2024-06-18 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

Reseñas literarias

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.