“La libertad de expresión es decir aquello que la gente no quiere oír”
George Orwell
“Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que no pase nada. Al gobernante tampoco”
Jaume Perich
“Hoy en día prohibir la exposición de una obra de arte es el cumplimiento más grande que se le puede hacer a su autor”
Boris Groys
El Museo del Arte Prohibido. Un espacio de libertad
A mediados de este año se inauguró el Museo del Arte Prohibido de Barcelona ubicado en la Casa Garriga Nogués, antigua sede de la Fundación MAPFRE (anteriormente estuvieron la Editorial Enciclopedia Catalana y la Fundación Godia), en pleno ensanche, cerca del denominado Quadrat d’Or, o sea donde están situados los edificios modernistas de la Casa Ametller, Casa Batlló i Casa Lleó Morera.
El museo está dirigido por Rosa Rodrigo que procede del Museo Centro de Arte Reina Sofía donde ocupaba el puesto de responsable de Desarrollo Estratégico de Negocio Comercial y Públicos. El director artístico es Carles Guerra, que había dirigido La Virreina Centro de la Imagen y la Fundación Tàpies de Barcelona, además de dirigir el área de conservación del MACBA. El museo cuenta con 200 obras -aunque sólo se exponen 50- entre pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías, grabados y audiovisuales, todas ellas procedentes de la colección particular del empresario y periodista ilerdense Tatxo Benet, iniciada hace solamente seis años.
Las piezas abarcan desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la actualidad. De hecho, se trata del primer museo dedicado totalmente al arte prohibido, o lo que es lo mismo, obras que han sido censuradas por blasfemia, obscenidad y sobre todo por cuestiones de índole política y que causaron problemas tanto a los organizadores como a los artistas participantes en exposiciones celebradas en museos, galerías de arte, fundaciones y centros culturales en cualquier lugar del planeta.
Aunque parezca sorprendente esta problemática sigue estando presente en la actualidad, pero no solo en el ámbito artístico, sino en cualquier evento cultural. Parece que la cultura moleste únicamente a algunas personas o instituciones pero que en realidad suelen tener una gran autoridad en muchos ámbitos. Según mi opinión no se debe prohibir ni estigmatizar ninguna obra de arte por su contenido sea de tipo político, sexual o religioso, sino que se la debe valorar solamente por su calidad. Muchas de las obras que han sufrido este rechazo tampoco son de mi agrado, ya que no encuentro que tengan la calidad suficiente para ser exhibidas, pero no por ello se han de prohibir.
La primera obra que Tatxo Benet adquirió fue una de las piezas que más protagonismo tuvo en su momento, como fue una que se creó a partir de los acontecimientos que tuvieron lugar el 1 de octubre de 2017, cuando se realizó el referéndum de la independencia de Catalunya. Se trata de un gran políptico titulado Presos políticos en la España contemporánea (2018) del artista conceptual madrileño Santiago Sierra, en el que aparecen una serie de retratos de diferentes políticos catalanes y de otras comunidades que han estado en la cárcel. La serie se debía de exhibir en ARCO Madrid 2018 a través de la galería Helga de Alvear, pero el día de la inauguración ya no estaba expuesta -coincidía que los Reyes de España pasarían por delante del stand de la galería y así se evitaba que la vieran-. Al saber lo ocurrido el coleccionista la compró por 80.000 €. Posteriormente se ha exhibido en diversos lugares, aunque no en el propio. Ahora se expone en el Museo de Lleida.
En cambio, otra obra que sí se puede ver y que también origino cierta controversia, fue Not dressed for conquering, (2010) (No vestida para la conquista) de la artista austriaca Inés Doujak, que se exponía en el MACBA y que formaba parte de una colectiva Al poco tiempo de su inauguración fue retirada, ya que representaba a un perro pastor alemán sodomizando a una campesina bolivariense y ésta a su vez sodomizaba a un personaje que guardaba un gran parecido con el anterior rey de España. Todo ello ocasionó un gran revuelo, ya que los comisarios de la muestra decidieron no retirarla y dimitieron. Más tarde fue el propio director del museo el que presentó su dimisión y al cabo de unos días la instalación volvió a mostrarse. De todos modos no se entiende la postura del director, ya que esta obra ya se había exhibido en otros lugares y no ocasionó ningún problema, con el agravante de que el director ya conocía la obra. Un responsable de un museo ha de defender siempre los intereses de los artistas y de sus obras, y más tratándose de un museo contemporáneo.

En declaraciones al periódico La Vanguardia, Tatxo Benet afirmaba que “en realidad la obra que para mí inicia la colección, la que me hizo ver que aquí hay un tema importante, es Silence rouge et bleu” (2014). Se trata de una instalación que ocupa una sala entera en que aparecen treinta alfombras de oración islámica encima de las cuales la artista francoalgeriana Zoulikha Bouabdellah ha dispuesto en cada una de ellas una pareja de zapatos de aguja blancos, haciendo referencia a la mujer árabe. Esta obra fue retirada del Pabellón Vendôme de la localidad francesa de Clichy por miedo a que fuera atacada por extremistas, todo y que ya había sido expuesta en otros países, pero debido al atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo la comunidad musulmana parisina aconsejó su retirada.
Recorrido por la censura, la prohibición y la retirada de obras de arte
A través de la colaboración de Mediapro Exhibitions, el museo sugiere un recorrido que permita observar con más detenimiento y perspectiva histórica el arte censurado. Las obras están repartidas entre la planta baja y el primer piso, donde el público presenciará temáticas relacionadas con el feminismo, la religión, la crítica a los poderes teocráticos, la aparición de los cuerpos queers, así como todo aquello que ha sufrido prohibiciones, ataques, cancelaciones e insultos, además de la ola de conservadurismo moralista que apareció en la década de los 80, principalmente en los Estados Unidos –y que ahora parece que volverá con el nuevo gobierno- y el tema recurrente de deshumanizar la sexualidad femenina. Precisamente David Xirau, director de Mediapro Exhibitions, señala que “el diseño museográfico se basa en el difícil equilibrio entre la obra de arte en sí misma y su impacto mediático derivado de su prohibición”, y que a su vez sirva para “exponer la diversidad de la colección y que de alguna manera presente al público tantas y tantas formas de intolerancia religiosa, política, sexual, etc…”
El itinerario se inicia subiendo la gran escalinata del palacete modernista de la Casa Garriga Nogués, obra del arquitecto Enric Sagnier. La primera obra que recibe al visitante es una enorme fotografía de la artista y activista sudafricana Zanele Muholi denominada Lena, London (2018) donde aparece una joven negra de ojos claros que lleva un ropaje que le cubre una parte de su cuerpo desnudo. La artista es una gran defensora de los derechos de las lesbianas y del colectivo LGTB+ de su país. La pieza en sí no ofrece ninguna circunstancia que moleste a los censores, pero sí el conjunto de su trabajo fotográfico, debido a que incomoda a las autoridades por su lucha contra la intolerancia sexual. En 2012 unos ladrones entraron en su casa y se llevaron todos los discos duros que encontraron. Allí estaban cinco años de trabajo, sobre todo lo que hacía referencia gráfica a los funerales de lesbianas.
Una vez se llega a la primera planta, la muestra ocupa todas las salas que circundan el patio central. Primero nos encontramos una pieza del artista bonaerense León Ferrari, titulada La civilización occidental y cristiana (2018, original de 1965), en el que la figura de Jesucristo crucificado, en lugar de estar colgado de la cruz lo está en un avión de combate norteamericano. Sus manos están clavadas en unas bombas. La obra fue retirada de un certamen en el que participaba por ofender a la fe católica del personal del lugar en que debía exhibirse, pero en cambio otras tres obras sí que pudieron mostrarse. La obra correspondía a la época de la guerra del Vietnam y había muchas críticas contra el imperialismo, principalmente en el continente sudamericano. En 2004 una retrospectiva suya en la capital argentina causó diversas agresiones, amenazas y manifestaciones provocando el cierre de la exposición. El actual papa de Roma que en aquel momento era el arzobispo de Buenos Aires, la consideró como blasfema.
Otra obra de pequeñas dimensiones es La revolución (2014) del pintor y perfomer mexicano Fabián Cháirez, mostrando al dirigente revolucionario Emiliano Zapata desnudo, con un sombrero de color rosa, zapatos de tacón, llevando una cinta con la bandera de México y montando un caballo blanco. Esta obra provocó que diversas organizaciones zapatistas protestaran delante del Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana llegando a agredir a miembros del movimiento LGTB+ que la defendían. La gente gritaba “¡maricones no!”. De todos modos la obra no llegó a ser retirada.

El cuadro de una virgen medio desnuda que con la mano izquierda se acaricia el sexo fue objeto de una denuncia por parte de organizaciones ultracatólicas. Se trata de Con flores a María (2018) de la artista pluridisciplinaria española Charo Corrales que se exponía en Córdoba. Los partidos Vox, PP y Ciudadanos solicitaron que la retiraran. Posteriormente fue atacada por un individuo que la rajó de arriba abajo. Finalmente, la denuncia se archivó y al agresor no se le llegó a localizar. La imagen de la virgen en realidad es un autorretrato que hace referencia a un cuadro mariano de Murillo. Como suele ocurrir en estas ocasiones, la pieza ya se había expuesto en otras ciudades y no hubo ningún problema. El obispo de Córdoba la relacionó con la tradición de las mujeres respecto a Satanás.

Evermust (2017) de la kazaka Zoya Falkova fue censurada en una exposición en el Museo de Bellas Artes de Kirguistán en Bishkek, por ser pornográfica y a la vez no cumplir las tradiciones del país. La directora del museo dimitió de su cargo al no estar de acuerdo con esta decisión. La obra consiste en un saco de boxeo de color negro con un torso de mujer resaltándole los pechos. Está colgando del techo como si estuviera a punto de ser golpeado por el boxeador. Para la artista se trata del “retrato de la socialización de género femenino y de un clima en que la violencia es considerada no solamente norma, sino también una señal de amor”.

La artista marroquí Amina Benbouchta está muy implicada con el movimiento feminista y debido a ello su obra Piège a loup (2014) no se pudo mostrar en el Museo Mohamed VI de Arte Moderno y Contemporáneo de Rabat, ya que podía herir la sensibilidad del rey. La pieza consiste en una especie de corona, que en realidad es un cepo para cazar lobos de color negro situado encima de una almohada roja bordada en oro. La contradicción está en que se puede hablar de todo, pero no que haga referencia a la figura del monarca

En 2012 se presentó una parte de la serie Suite 347 (1968) de Picasso en la localidad siberiana de Novosibirsk, en una sala en la que solamente tenían acceso los mayores de 16 años debido a su contenido erótico, pero el máximo responsable de la Iglesia ortodoxa rusa de la ciudad hizo retirar los carteles que lo anunciaban “para proteger los niños de aquellas degeneraciones”. Han transcurrido más de cinco décadas de cuando se exhibieron por primera vez los aguafuertes en la galería Louise Leiris de Paris, y es como si ni hubiéramos avanzado mucho respecto a cercenar la libertad de expresión. Esta serie la creó el artista malagueño cuando tenía 86 años y consta de 347 grabados y tardo siete meses en realizarla. En ella aparecen diversos personajes relacionados con su vida además de artistas de diferentes épocas. Las escenas más eróticas corresponden a dos protagonistas: el pintor Rafael y su amante y modelo Fornarina. También la figura del Papa es importante como voyeur, ya que los espía.
Otra obra relacionada con la religión y que se exponía en una galería madrileña, concretamente la Fernando Pradilla, se vio afectada por diversas amenazas y pintadas. Se trata del dibujo L’estasidilatex (2015) del pintor y dibujante español Juan Francisco Casas. Muestra a una joven desnuda estirada en la cama masturbándose mientras está leyendo una revista en cuya portada aparece la imagen del éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Asimismo, en la misma época, o sea en 2016, esta pieza había de formar parte de una colectiva en la Real Academia de España en Roma, pero el embajador español no permitió que se exhibiera.

En 2019 unos ladrones sustrajeron el rótulo de hierro forjado que se encuentra en la entrada del campo de concentración de Auschwitz para revenderlo por 150.000 €, aunque posteriormente se pudo recuperar. La artista conceptual y performer cubana Tania Bruguera reprodujo el rótulo tal como lo encontró la policía para así “reflexionar sobre la historia y sus relecturas”. La pieza, que tiene como título Plusvalía (2010), se exhibe en el museo y ocupa prácticamente una sala. Delante del cartel hay una serie de objetos, como restos de cigarrillos, guantes, herramientas, discos… De hecho, “como toda la obra de Bruguera el conjunto se ha de interpretar en el marco histórico del país de origen. Cuba, donde también ha existido un discurso que vincula el trabajo con la libertad. El tema plusvalía lo introdujo en el análisis económico y político por Karl Marx”.

La instalación The statue of a Girl of Peace (2019) de los artistas surcoreanos Kim Eun-Sung & Kim Seo-Kyung es una de las más icónicas del museo, ya que representa una de las situaciones más tristes de una guerra, aparte de la muerte de los contendientes, como es la violación y prostitución de las mujeres. La obra se centra en denunciar el trato denigrante que hubo de las mujeres coreanas y chinas al considerarlas como esclavas sexuales durante la II Guerra Mundial por parte del ejército japonés.

Es la escultura de una mujer joven vestida con un traje, que va descalza y que lleva un pajarito en el hombro, sentada en una silla y a su lado otra silla vacía (hay un cartel que indica que el público puede sentarse en ella, pero sin tocar la escultura). La joven representa a cualquiera de las mujeres que sufrieron esta humillación. De esta obra se realizaron un centenar de copias que están distribuidas por diferentes países como homenaje a la paz, pero ello no fue óbice para que padecieran ataques y censuras.
Hay una instalación que podríamos considerar como interactiva, ya que se trata de un video de la artista conceptual polaca Natalia Lach-Lachowicz , más conocida como Natalia LL, titulada Consumer Art (1972-1975), que se exhibía permanentemente en el Museo Narodowe de Varsovia, pero en el año 2019 su director pidió que se retirara ya que habían quejas por parte de determinado público. Al cabo de poco tiempo volvió a ser expuesta gracias a la reacción que se generó en las redes sociales. Durante las protestas un grupo de gente llevaba puesto un plátano en la cabeza en señal de protesta.
Se ve a la artista presuntamente desnuda, debido a que solamente se atisba una parte de su cuerpo y aparece lamiendo, chupando o poniéndose y trayéndose de la boca un plátano, pero sin llegar a comérselo. La acción dura unos 17 minutos en diferentes fotogramas. El video “juega con un horizonte de expectativas erótica y lo violenta en clave feminista”. Delante de la obra hay un mural con imágenes de gente llevando uno o varios plátanos tanto en la cabeza o comiéndoselos. La cuestión interactiva se basa en que el mismo espectador puede incluirse en el propio mural gracias a una cámara que lo fotografía llevando uno o más plátanos en la cabeza. El autor de este artículo lo comprobó personalmente y por ello aparece también en el mural.
Incluso el propio Goya se vio perjudicado por la censura, principalmente por la relacionada con algunos de sus dibujos y grabados, caso de Los caprichos. Según la artista conceptual Montserrat Soto “la primera queja registrada contra la falta de libertad de expresión en nuestro país fue por parte de Francisco de Goya en 1761. Las autoridades eclesiásticas del Pilar de Zaragoza rechazaron sus bocetos para la cúpula de la basílica y le impusieron unos cambios en los que el pintor se sintió profundamente ofendido”.
El video Nation Estate (2011) de la palestina Larissa Sansour tiene una duración de 9 minutos. Debía participar en un concurso de la firma Lacoste patrocinada por Prix Elysée, y que servía para premiar y promocionar a jóvenes fotógrafos, pero decidieron retirarlo porque el tema no era el apropiado para ellos, ya que no trataba la idea de la “joie de vivre”. Posteriormente la marca retiró el patrocinio debido a la polémica causada. Finalmente la edición de aquel año no se llegó a celebrar.
Como ocurre habitualmente todo lo que afecta a Palestina suele ser polémico, sobre todo en determinados países europeos, como es el caso de Francia debido a que existe una gran comunidad judía y por ello Lacoste consideró que la obra de Sansour era propalestina. El video La alegría de vivir muestra a la población palestina residiendo en un rascacielos. Evidentemente se trata de una imagen entre surrealista y futurista, ya que la mujer protagonista de la escena va caminando por una especie de aeropuerto y va subiendo las escaleras mecánicas y los ascensores hasta llegar a una puerta que se abre y delante de ella aparece en el fondo la ciudad futura. El video tiene una gran calidad fotográfica y no muestra nada que a priori pueda molestar, pero la línea que separa la ficción de la realidad es muy tenue.
Un tema candente de estos días es que Donald Trump volverá a ser presidente de los Estados Unidos, por ello las piezas Make America Great Again (2018) y Make America Gret Again in 3D (2021), de la diseñadora e ilustradora australiana Illma Gore, tienen plena actualidad. Se ve al excéntrico personaje desnudo, con sobrepeso y unos genitales de pequeñas dimensiones. De todos modos, lo representa más joven, pero con los mismos rasgos de siempre como, por ejemplo, la boca bien abierta como si estuviera dando uno de sus agresivos discursos.
La obra se publicó en Facebook, pero su cuenta fue cerrada por obscena y en la plataforma Ebay no aceptaron que pudiera vender la obra. También recibió amenazas de muerte en las redes sociales e incluso un simpatizante de Trump la agredió en plena calle. En caso qué la artista lo hubiera representado delgado y con unos genitales más grandes, ¿hubiera tenido la misma repercusión?. Es evidente que la intención de Gore tenía un claro sentido político y de denuncia, ya que al cabo de poco tiempo fue candidata del Partido Demócrata del estado de Florida.
Otra videoinstalación impactante es Freedom fries: Naturaleza muerta (2014) del artista mexicano Yoshua Okón, donde se muestra el cuerpo desnudo de una mujer muy obesa estirada encima de una mesa y detrás suyo aparece un logo enorme con la letra M de Mc Donald’s, mientras un empleado está limpiando los cristales del establecimiento. Este video debía de exhibirse en una galería londinense ya que formaba parte de una colectiva de artistas mexicanos, pero no fue posible mostrarla debido a que la propia galería la rechazó al considerar que el desnudo era inadecuado.
También hay otras obras importantes como Raquel Welch on the cross (1966) de Terry O’Neill; una serie de fotografías y dibujos de Pierre Molinier realizadas entre 1960 y 1967, así como otra serie del controvertido fotógrafo Richard Mapplethorpe titulada X Portfolio (1977); Cajita de fósforos (2005) del colectivo argentino feminista Mujeres Públicas: Filippo Strozzi in lego (2016) del artista conceptual chino Ai Weiwei, que actualmente expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) de León; Cartel de Roland Garros (1995) del mallorquín Miquel Barceló; Amén (2015) de Abel Azcona; un conjunto de pinturas de ocho artistas de Guantánamo (2010-2016); Piss Christ (1992) de Andrés Serrano; McJesus (2015) de Jani Leinonen; Mao (1972) de Andy Warhol, y Studie für Medizin (1997-98) de Gustav Klimt, pero en realidad se trata de la recreación por inteligencia artificial de un dibujo que fue destruido a finales de la II Guerra Mundial.

En la primera planta también hay una obra que acoge al público, se trata de Espectador de espectadores (1972) del Equipo Crónica, compuesto por Manolo Valdés, Rafael Solbes y Joan Antoni Toledo, que tantas veces hemos visto en diferentes exposiciones en nuestro país. Se trata de una escultura de cartón piedra de un hombre que está sentado. No cabe duda de que representa a un agente de la policía secreta franquista, ya que las gafas negras y la gabardina así lo demuestran. Tiene una actitud expectante como si fuera un espectador silencioso y anónimo, pero sin olvidar que su función era la de tomar nota de todo lo que sucedía en cualquiera de los actos en los que participaba gente considerada como sospechosa de ser enemiga del régimen.
La instalación se presentó por primera vez en un festival artístico de vanguardia internacional que se celebró en la capital navarra en 1972 con el título de Los Encuentros de Pamplona, de la que en 1997 pudimos contemplar una exposición en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, donde el Equipo Crónica presentó un centenar de esculturas con el mismo personaje.

En cuanto a planta principal se exhiben solamente una media docena de obras de diferentes formatos, algunas de las cuales ya hemos mencionado anteriormente como Not dressed for conquering / HC04 Transport y Silence Rouge et Bleu. Una de las instalaciones más mediáticas a nivel internacional es Shark (2006), del escultor checo David Cerny. Se trata de una escultura hiperrealista representando el cadáver del que fue presidente de Irak, Sadam Hussein, que aparece semidesnudo con las manos atadas y flotando en un recipiente lleno de formaldehido. Esta pieza fue censurada en diversos países por los problemas que pudiera ocasionar su exhibición, ya que aún estaba muy reciente el atentado a la sede de la revista Hebdo. La obra guarda relación con otra de Damian Hirst realizada en 1991, en que dentro de un tanque de aldehído fórmico al 5% surge una escultura que reproduce a escala real el cadáver de un tiburón tigre. La obra se vendió trece años más tarde por diez millones de dólares.
En la feria de ARCO del año 2012, se presento una instalación que produjo un gran revuelo y que fue motivo de muchos comentarios por su audacia, provocado por el artista conceptual madrileño Eugenio Merino que encerró en una nevera -recuerda de algún modo una máquina de bebidas como la Coca-Cola- la figura en poliéster y resinas de Francisco Franco apareciendo de pie, con uniforme militar, llevando unas gafas oscuras y en una posición como si estuviera rezando. La Fundación que lleva su mismo nombre solicitó la retirada de la obra por considerarla ofensiva. La denuncia y el recurso fueron rechazados. Según el propio autor, lo que “pretendía hacer era decir que la imagen del dictador está “congelada” en el cerebro de los españoles”.
Otras obras presentes son Smiling Copper (2003) de Bansky, S/T (1992) de Keith Haring, Standing shadow (2013) de Richard Hambleton, y al final del recorrido hay un gran mural dedicado a la organización Amnistía Internacional a través de una cincuentena de carteles diseñados por diferentes artistas, entre ellos Picasso, Miró, Tàpies, Calder o Botero. De hecho, se basa en la historia y las campañas de una institución que defensa los derechos humanos y con la idea de rendir “un homenaje a todos los artistas y diseñadores que han querido denunciar con imágenes las injusticias que hay en el mundo, invitando a imaginar un mundo diferente, inspirando y motivando a la gente a hacerlo posible”.



















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