Las nueve musas

Cadáveres a la venta en el arte, otra vez

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El Arte ha muerto, hemos leído esta frase muchas veces durante la historia del arte, ya sea por alusión al desplazamiento de la técnica como motivo principal en la producción artística, o al cambio conceptual como principal referencia creativa, e incluso, ya sea por el hecho de dejar atrás o modificar las formas de producción de objetos artísticos en general. Pero si bien esta frase se ha dicho tantas veces, que finalmente no cobra una relevancia real, sino que se plantea más con la intención de expresar una especie de sentencia de ficción al hablar de la muerte como una manera de declarar inservible, inútil o menos innovadora a una forma del arte que se tiene por conocida y se encuentra en procesos drásticos y dramáticos de cambio.

Más que una muerte entonces, pareciera una metamorfosis anunciada pues cada que se propone un fallecimiento más del arte, las discusiones se tornan más intensas, las expresiones estéticas más complejas y por supuesto, se pone en una posición difícil al público y consumidores quienes sin querer se encuentran mirando y siendo participes de estas transmutaciones.

Se trata entonces de un acto obligado de lo que podríamos considerar como un voyerismo mortuorio artístico, pues cada acto de modificación y rebeldía , genera una especie de excitación artística por ver el cadáver del arte y sus diferentes transformaciones, acelerando un interés que podría parecerse al más inexplicable morbo por aquello que dejo de ser y finado existe, donde el historiador-crítico, el artista y el consumidor miran con gran interés cómo va cambiando el cuerpo inerte del arte fallecido  y como este, se va modificando en sus distintas transformaciones con el tiempo.

Este proceso fue traído a la práctica y representado por el artista Eugenio Merino en su obra Aquí murió Picasso (2017), una escultura hiperrealista que muestra una representación del cuerpo sin vida del autor español y que causó gran furor hace un par de meses durante la edición 2023 en la Feria Arco.

Si bien es una pieza provocativa al estilo de Merino, lo desconcertante fue la cantidad de visitantes que tuvo y la infinidad de selfies que fueron tomadas junto a esta obra, pues gracias a este fenómeno, por un momento la muerte y el arte se vieron reunidas a través del morbo, de la emoción que la alegoría al arte como espectáculo mortuorio teórico ficticio nos llevó a disfrutar. Si bien Merino ha utilizado antes este tema como en la pieza Always Franco (2012), ahora en su pieza del autor malagueño, la muerte en el arte se hace aún más explícita y nos provoca desconcierto y placer, a través de la aparición de la muerte como espectáculo, del arte como entretenimiento digital e invención escenográfica conceptual de la actividad cultural general.

Aquí murió Picasso

¿Una muerte más del arte o una muerte más en el arte?

Si bien desde la ficción y la poética, se ha retomado un cadáver con tanto poder simbólico y que por supuesto se puso a la venta y exhibición para el disfrute de cada uno de nosotros, es imposible no pensar en la aparición del arte como espectáculo exclusivo e invasivo, como una remembranza del valor simbólico que ahora yace ante nuestras cámaras y redes sociales. Pero finalmente es difícil diferenciar las referencias explicitas de Merino con otras obras de arte del circuito, pues las esculturas poco convencionales, las pinturas efímeras experimentales y provocativas que van apareciendo en ferias y galerías, son al estilo de García Márquez  crónicas de muertes anunciadas de cánones y estructuras de poder que se están tambaleando constantemente, torres de babilonia removidas y provocadas desde lo que Merino representa magistralmente en esta morbosa pero profunda crítica al espacio del arte contemporáneo y a su panóptico público a entretener.

Franco

¿Hacia dónde vamos con el arte si muere cada feria o bienal? ¿Sera el mundo del arte el nuevo panteón de objetos simbólicos del pasado, que deambulan con la muerte y nuestro morbo? ¿O como tomaremos de la mano nuestras dudas para mediar entre nuestro gusto y nuestra tenacidad de valorar lo que fue y es el arte? ¿Serán los museos y ferias nuestros actuales panteones conceptuales artísticos? Parecen muchas preguntas para nuestro sentido del gusto, para nuestro sentido de apreciación (y quizá la moral); pero mientras tratamos de resolverlas con mucho o poco interés, seguiremos viendo, disfrutando y haciéndonos selfies superficiales y cuestionamientos teóricos profundos a la vez, sobre la gran cantidad de cadáveres explícitos o no, que seguiremos viendo en el mundo del arte durante un buen tiempo.

Luis Cortés

Luis Cortés

Luis Cortés es Maestro en Estudios del Arte por la Universidad Iberoamericana.

Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Guadalajara, Curador en jefe Galería CM, miembro del programa Dinamizador Territorial SUS-TER-Erasmus 2020 Universidad de Florencia-Universidad de Caldas.

Docente de la Escuela de Artes del Instituto Cultural Cabañas. Orcid: 0000-0002-8058-053X

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