Las nueve musas
Miriam Sanchez
Promocionamos tu libro

«NO SÉ SI POR TEMPERAMENTO, ME MUEVO EN EL VERSO LIBRE Y EN LA LÍRICA, HISTRIÓNICA POR EL TEATRO Y VISUALIZADORA POR EL CINE»
Miriam Sánchez

Conocí a Miriam Sánchez Perdomo hace siete años, cuando apareció en la Casa Natal de Miguel Hernández durante uno de los actos del primer ciclo de Encuentros con la Poesía, organizados por la Fundación Cultural Miguel Hernández, bajo mi coordinación. Nada más finalizar el acto, se presentó ante mí y no paramos de conversar. Me llamó la atención su afectuosa cercanía, su inquietud por aprender y su disposición participativa.

Desde entonces, se convirtió en una asidua de estos y otros eventos literarios en los que yo participaba, directa o indirectamente. Pronto supe que, además de ser una gran conversadora, Miriam también escribía —principalmente poesía— aunque en aquel entonces aún no había publicado. Nuestra amistad se fortaleció en pocos meses, y de ella surgió un enriquecedor intercambio literario.

Descubrí que Miriam, nacida en Caracas en 1949 y residente en el cercano pueblo de San Isidro, donde aún vive, tenía raíces cubanas, gallegas y canarias. Además, mantenía un fuerte vínculo con la cultura alemana y llevó una vida intensa, estrechamente ligada al periodismo, la publicidad y el teatro.

Digo esto porque Miriam es un caso insólito. A pesar de contar con un amplio bagaje cultural y una vocación literaria intermitente —muchas veces frustrada por los avatares de su profesión y su dedicación a la familia—, publicó su primer libro, el poemario Nadie y yo, con más de setenta años. Desde entonces, se ha volcado en la escritura con una perseverancia y un entusiasmo casi adolescentes.

Ahora presentamos su segundo poemario, Empezaré a leer, editado por Letrame Grupo Editorial y prologado por Javier Puig. Esperamos que este no sea su último libro, pues aún conserva mucho material inédito: no solo poemas, sino también relatos, ensayos y una novela.

En esta obra se articulan tres ejes discursivos, razón por la cual el volumen se estructura en tres apartados. El primero, titulado «Destino propio» y compuesto por ocho poemas, explora la identidad a través de un juego de espejos entre el mundo interior de la autora y el mundo exterior, la otredad. En esta sección también hay espacio para un erotismo sin cursilerías ni excesos, así como para un trasfondo existencialista.

Un ejemplo de ello es el poema «Acuoso», una reflexión sobre la dualidad de las lágrimas como expresión de emociones extremas: el éxito y el fracaso. A través de una metáfora acuática, la poeta nos invita a considerar la inevitabilidad de nuestras emociones y la imposibilidad de ejercer un control absoluto sobre ellas.

Las lágrimas, descritas como amebas transparentes, carecen de forma definida, lo que sugiere que su significado no es absoluto, sino moldeado por la experiencia y la memoria subjetiva. Se resalta la paradoja del tiempo: en la infancia, el llanto fluye sin contención, mientras que en la madurez, aunque se intente reprimir, se vuelve un canal delator imposible de cerrar.

En última instancia, la autora plantea una lucha interna entre aceptar la necesidad de la vulnerabilidad (lo acuoso) o resistirse y optar por la dureza (lo seco).

«En Felicidad y sus afanes» cuestiona la naturaleza esquiva de la felicidad, explorando cómo su búsqueda queda atrapada en expectativas, dependencias y contradicciones. La voz poética rechaza los clichés del placer material, la validación ajena y la gratificación divina, pues cada fuente de felicidad parece venir con ataduras. Sin embargo, en su reflexión, encuentra gozo en lo simple: un saludo, una conversación genuina, el sonido de una voz cercana. Al final, la felicidad no se halla en grandes promesas ni regalos envueltos, sino en la autenticidad de ser escuchado sin juicio ni distracción.

En otro poema destacado de esta sección, «Algodón de azúcar», la autora evoca la infancia como un refugio efímero ante las durezas de la vida. A través de una imagen sensorial intensa, describe la ansiedad y el placer de saborear el dulce, símbolo de una felicidad momentánea que contrasta con un trasfondo de castigos y carencias. La máquina algodonera, girando sin cesar, representa la esperanza de repetir esa pequeña dicha, un escape recurrente en la feria de los recuerdos. El poema también sugiere la fragilidad de ese consuelo, pues el algodón se derrite y el tiempo lo consume, al igual que las ilusiones infantiles.

El segundo bloque, titulado «Destino compartido», reúne once poemas que exploran la conducta humana y sus vínculos sociales. Con una clara reivindicación social —alejada de cualquier tono panfletario—, el texto pone especial énfasis en los más desfavorecidos y critica las incoherencias del sistema. Entre los poemas destacados se encuentran «La de Lot», una reinterpretación del conocido relato bíblico, inspirado por el estallido de la guerra en Ucrania, y «Amigo obvio», una reflexión sobre la tensión entre la razón y la intransigencia en el ámbito del debate intelectual.

En este último, la voz poética, ansiosa de argumentar y confrontar ideas, se topa con Obvio Evidente, personificación de la lógica y la claridad, ahora derrotado y silenciado. Su lamento denuncia una sociedad que rechaza el pensamiento crítico, donde la razón es ignorada y la escucha genuina se evita por miedo al compromiso.

Y también quiero destacar, en particular, el poema «Tacto y poeta», que exalta la figura del poeta como un artesano del lenguaje, cuyo sentido más agudo es el tacto. Este no se limita a la caricia física, sino que se extiende a una sensibilidad profunda hacia las palabras y la emoción humana. Su labor es una fusión de arte y oficio: moldea el idioma, lo reinventa y lo transforma en refugio. En esencia, el poema resalta el poder del poeta para sanar, conmover y dejar huellas imborrables en quienes se sumergen en sus versos.

El tercer apartado, «Destino documentado (Trilogía del Libro de Apocalipsis)», está compuesto por tres poemas que abordan con mirada crítica las advertencias contenidas en el último libro de la Biblia. En esta sección, encontramos el poema más extenso, intenso y rupturista de toda la obra: «El puzle de Juan». En él, la autora se interroga a sí misma y reclama respuestas a Juan de Patmos, tejiendo un diálogo íntimo y desafiante con el texto sagrado.

Todos los poemas de Empezaré a leer están escritos en verso libre y versículos, pero en este en particular, el verso se expande hasta rozar la prosa. A mi juicio, aquí es donde el estilo neobarroco de Miriam alcanza su máximo esplendor y oscuridad: un estilo anfibio, bifronte, marcado por su tendencia a la inmersión y la escalada.

En «El puzle de Juan» se entrelazan elementos místicos con versos profundamente arraigados en lo terrenal, logrando un equilibrio entre lo abstracto y hermético, y lo comunicativo. Miriam se inspira en esta sección —como en gran parte de su obra literaria— en una simbología cristiana que, aunque en ocasiones se distancia de la ortodoxia religiosa, mantiene una intensa carga espiritual. A pesar de ser creyente, su visión de lo divino es personal y poética; fusiona a Dios y la idea de infinito con lo terrenal y cotidiano, despojando su espiritualidad de solemnidad o beatitud.

La poesía de Miriam puede parecer conceptual o prosaica en algunos momentos, ya que no se ajusta estrictamente a las convenciones de la lírica. Sin embargo, posee nervio e ingenio. A pesar de su lenguaje discursivo y especulativo —a veces antipoético—, su estilo se sostiene en un léxico rico y carnal. Como bien señala Javier Puig en su atinado prólogo, la autora «plantea temas controvertidos, debatibles. Su voz no está maniatada por las formas delicadas ni por los tópicos, sino que surge poderosa de una fuente muy personal, como un torrente de emoción acumulada, de saber arraigado en lo más profundo del corazón». Pero, ante todo, es una poesía que, tanto desde la claridad más explícita como desde la elipsis hermética, encierra un marcado sentido de honestidad.

No obstante, este vigor expresivo se ve matizado, en la mayoría de los casos, por la ironía, el humorismo, el absurdo, el juego de palabras y las comparaciones metafóricas. Dado su vínculo con la cultura alemana, emplearé un término en esa lengua para definir su capacidad lúdica: Witz, en el contexto de la filosofía y el psicoanálisis, especialmente en la obra de Sigmund Freud, se refiere a un mecanismo psicológico y cultural que combina el humor con la expresión de contenidos inconscientes. Es una forma de liberación psíquica que permite expresar, de manera indirecta, pensamientos o emociones que de otro modo serían censurados. Así, el Witz no solo provoca risa, sino es una forma de humor inteligente y significativo que trasciende lo superficial, conectando con lo inconsciente y lo social. que podríamos traducir como broma ingeniosa y lucidez juguetona.

En la obra poética de mi desparpajada amiga —y en este poemario se hace aún más patente— se manifiesta un conflicto de contrarios: contundencia e incertidumbre, efusión y contención, rigor y desmesura, abstracción y concreción. Un espacio para lo denotativo-político coexiste con lo evocador-estético.

En definitiva, su escritura está llena de claroscuros, y en ella conviven la pulsión dramática y un sentido del humor peculiar, incisivo, y, en ocasiones, sarcástico.

Miriam Sánchez
Miriam Sánchez y José Luis Zerón dúrente la presentación del libro

Permíteme una reflexión antes de formularte una pregunta que me parece inevitable: Publicaste tu primer libro a los setenta y dos años, y gran parte de tu obra inédita la escribiste en una etapa tardía de tu vida. Esto resulta excepcional en una época en la que todo avanza a gran velocidad, los aspirantes a escritores buscan publicar cuanto antes y las editoriales parecen obsesionadas con descubrir jóvenes talentos, hasta el punto de rastrearlos en los institutos. En este contexto, ¿qué significa para ti iniciar tu trayectoria literaria a estas alturas de tu vida?

Representa la oportunidad que estaba esperando, sin saber que España me la ofrecería. He escrito durante toda mi vida profesional en Venezuela, en el área académica y de gerencia universitaria, esfuerzo que terminaba en los estantes de las Bibliotecas y los escritorios de los altos funcionarios de turno. Diagnósticos y propuestas de corta vida útil.

Dar el giro de producir en el área personal, relacionarme con escritores reconocidos y con los emergentes, vincularme con gente joven que también quiere escribir literatura, acercarme a las estrategias del mundo editorial y en especial, poder divulgar y compartir mi posición ante la vida, gracias a un libro, se lo debo a este país desde que llegué hace siete años.

El título de tu libro, Empezaré a leer, sin duda despertará la curiosidad del lector. De hecho, también da nombre al poema que abre la obra, el cual podría interpretarse como una declaración de intenciones o una poética en verso. ¿Podrías contarnos el origen de este título?

Si, es el primer poema que contiene el libro. Es un manifiesto. A estas alturas de mi vida, con experiencias tan intensas y numerosas, que continúo teniendo, decidí no seguir buscando los temas y la inspiración en «libro ajeno», leer lo que otros han vivido. No es por egoísmo o soberbia, sino rescatarme y darle sentido a los aciertos y desaciertos en mis decisiones, gusten o no a otros. A esto le agrego un problema visual que condiciona mi dedicación a la lectura en los últimos quince años, lo que me ha llevado a escuchar más, sin distingo de la fuente. Por último, mi temor a enamorarme tanto de un autor que termine copiando sus giros, descuidando los que yo misma pueda crear.

En los últimos años, los talleres de escritura han proliferado, y tú has participado en algunos de ellos. De esa experiencia han surgido algunos de tus microrrelatos y poemas. Supongo que, para ti, han sido excelentes escuelas para escritores.

Ese despertar por la escritura creativa que mencioné antes, se lo debo a los recitales Encuentros con la Poesía, organizados desde 2018 en Orihuela, por la Fundación Miguel Hernández, a cargo de Aitor Larrabide, bajo la coordinación tuya, José Luis Zerón Huguet. No conocía a ninguno de los dos, ni a los asistentes, y apenas había leído algún poema del oriolano. Me deleitaba escuchar a los que cada miércoles en la Casa Natal del poeta, exponían sus obras. Un día salté al estrado por propio ímpetu y al poco tiempo, tú mismo, me invitaste a participar en el evento con mis poemas, a riesgo tuyo, sin conocerme.

A partir de ahí, lo que ustedes hacían y hacen no lo desaprovecho, al tiempo que descubría un mundo literario en Orihuela del que tenía mucho que aprender. Este segundo poemario bien podría llamarse Empezaré a Aprender. A esto se une la actividad didáctica desde 2023 de la Biblioteca Fernando de Loazes, a cargo de Josefa Orts, con cinco talleres de escritura creativa ofrecidos, a los que asisto siempre. Ello me permite conocer las nuevas tendencias y relacionarme con gente joven talentosa.

Tu poemario, en apariencia, es heterogéneo. Sin embargo, a lo largo del libro noto una coherencia de tono y estilo, una marca personal que combina una pulsión comunicativa con cierto hermetismo.

Mi actividad docente en la Universidad fue en las áreas de Comunicación Audiovisual, Publicidad, Propaganda y Promoción, pero no sobre contenidos técnicos y equipos, sino sobre el mensaje escrito y visual. Sin ánimos de discutir acerca de la manipulación contenida en tales estrategias o si cumplen una labor social necesaria, lo cierto es que el lenguaje es sometido a la elipsis, a los arquetipos, a la connotación más allá del significado, a las hipérboles, metáforas y eufemismos, neologismos, entre otros recursos. Ahí entran valores como la creatividad, la lucha por la originalidad y el humor en todas sus formas. Es fascinante escribir con la libertad que ellos proporcionan, aunque la RAE se disguste con frecuencia. Hay que respetar las reglas para evitar el caos, por supuesto. Para nuestra suerte, entre lo lícito y lo no lícito, esta rica lengua española da al escritor algunas licencias y la poesía las aprovecha.

En cuanto al hermetismo, es más fácil revelarlo en el vocabulario y las ideas, a veces de forma involuntaria, a veces porque el tema lo amerita, que en el terreno personal. Desnudar opiniones, posiciones ideológicas, sentimientos, dolores, lesiones, lo que todos tenemos, pero no todos los publicamos, tiene su riesgo. No se trata de autenticidad o sinceridad. Cuidar las fronteras de lo íntimo o no cuidarlas es una decisión personal.  Es cierto, que la poesía nos permite disimular o disfrazar.

Un poema de tu nuevo poemario me llama especialmente la atención, y que sin duda destacaría entre los más significativos del libro, es «La de Lot». En él, ofreces una interpretación singular del pasaje bíblico y revelas el nombre de la esposa de Lot, una de las grandes damnificadas del Antiguo Testamento, a quien nunca se menciona por su nombre. Otro de los poemas más destacados de Empezaré a leer es «Ernesto y la entropía», dedicado a Ernesto Cardenal; de hecho, percibo su influencia de manera significativa en tu obra. También, en más de una ocasión me has comentado que tus lecturas son variadas y eclécticas, pero también que temes—y así lo expresas en los poemas de la primera sección del libro—acabar plagiando, empaparte tanto de lo leído que pierdas tu propia voz o no logres transmitir con tus palabras lo que realmente deseas decir.

En ese poema de inspiración bíblica, por Edith y mitológica, por Aquiles, expreso mi indignación ante la insensibilidad de buena parte de la humanidad, frente al caso de la guerra de Ucrania, por ser la más reciente. Te refieres a Edith, la mujer de Lot, tratada como desobediente, impulsiva, convertida en estatua de sal como castigo. Un personaje femenino que asocio con el arrojo y la valentía.

En cuanto a Ernesto Cardenal, en efecto me atrapa y si algo lamento es que, conociendo su fama y su drama, y coincidiendo los dos en espacio, tiempo e idioma, no lo haya visitado. Murió hace apenas tres años, poco después de recuperar su condición sacerdotal. Ese juego de palabras, malabarismo y osadía, constantes en toda su obra, son únicos. Puedo decir que viví otro desencuentro con el paisano Rafael Cadenas, recién premiado en España, a quien no busqué en Venezuela, pudiendo hacerlo. Quizás, la poesía no me había envenenado lo suficiente en aquellos momentos o la vida me sacudía de otras maneras.

En efecto, me preocupa mucho perder mi propia voz, que me la condicionen o que yo plagie involuntariamente a otro escritor. En el poema El «Espía» hablo de mis «almohadas», donde se esconde la conciencia.  Cada quien tiene las suyas y la conciencia adquirida, por más que lo intentemos, no puede ser similar a ninguna otra. Es un error gravísimo pretender que pensemos igual.

También me gustaría que nos hablaras sobre la última parte del libro, esa trilogía inspirada en el Libro del Apocalipsis, y en especial acerca de «Puzle de Juan».

Así es, casi prosa, más evidente en la segunda parte, muy teatral. Me costó mucho escribirlo por la cuantía de la información que contienen las veintidós partes de La Revelación, al punto de sentir rabia ante sus postulados y a veces, imposibilidad de dominarlos. Escogí la vía de la cuantificación de elementos y fenómenos, bajo la estructura de una discusión entre Juan de Patmos y yo, y que la misma discusión mostrara los absurdos. Como contraste, en mi poemario anterior Nadie y Yo (Ediciones Oblicuas, 2023) cierro con el poema «Tu Ultima Cena», que representó para mí un conflicto de Fe y sentí incluso miedo mientras lo escribía, por mi irreverencia y acoso.

Escribe Javier Puig en su atinado prólogo esta frase con la que coincido plenamente: «En sus poemas, Miriam Sánchez utiliza a menudo la herramienta del diálogo, pero incluso cuando la estructura es la del monólogo, este no se dirige hacia el propio enunciador, sino que siempre busca una recepción concreta, que no ha de ser más que la del, en último término, hombre o mujer que está leyendo». ¿Estás de acuerdo?

Completamente. Me gusta el debate y la polémica, recursos que se aprenden en la vida académica y política. Por eso, saco a los personajes del baúl de mis vivencias, viejas y nuevas, y peleo con ellos. Por otro lado, actué en teatro y eso desarrolla la capacidad de desdoblarse y disociarse.

Reconozco también que me cuesta mucho escribir poesía en femenino, porque los temas existenciales, de crítica social, de espiritualidad y hasta humorísticos, no tienen género. Afectan a todos por igual. Quizás es un recurso que uso de forma inconsciente como escudo a mi feminidad. No lo sé explicar, más allá de la integración que aporta al idioma la expresión en masculino.

También en tu poesía se percibe una intención narrativa, no exenta de imágenes contundentes y otros recursos tradicionales propios de la lírica. Hay más narratividad y expresividad que canto. ¿Se debe esta proximidad al relato en tu poesía al hecho de que también tengas una novela inédita y hayas escrito cuentos y microrrelatos?

Como has notado, no sé si por temperamento, me muevo en el verso libre y en la lírica. histriónica por el teatro y visualizadora por el cine. Fui formada en los medios y su respectivo lenguaje; por lo tanto, me centro en imágenes y palabras, pendiente siempre de hacerme entender, porque la comunicación y la libertad de expresión son las que me motivan y defiendo en varios de los poemas de este libro, como «Felicidad y sus Afanes», «Amigo Obvio» y «Callar o no Callar».

Dada esa tendencia narrativa y descriptiva, en el verso libre me importan mucho el ritmo y la cadencia. Quizás la música del Caribe, que nace con uno y lo impele al movimiento, condiciona también mi poesía, al igual que el predominio del relato, de los cuentos, de las anécdotas. A la memoria, le doy un papel decisivo en lo que escribo.

Asimismo, observo en tu obra poética en general, y en este poemario en particular, de manera aún más acentuada, una escritura torrencial y expansiva, con ideas e imágenes que vas encauzando sin estrangular su fluidez. ¿Eres consciente de que esa fuerza, ese ímpetu con el que escribes, puede descontrolarse, y es por eso que a veces pones diques a ese empuje con la ironía, la expresión lúdica e incluso la sátira? ¿O es algo que surge de manera natural, sin que seas consciente de esa tensión entre lo que fluye con fuerza, a riesgo de desbordarse, y la necesidad de elaborar procesos de contención?

Por supuesto, con frecuencia me asusto frente a mis propias líneas. He sentido pudor y ciertos escrúpulos, para no ofender intencionalmente a nadie. Un ejemplo es el poema «Cinismo», que creo no me retrata. Admito mi rebeldía y el paso de los años la aumenta. Reconozco mi irreverencia por todo lo que significa autoridad, lo que me ha traído algunos líos. El poema «¿Quién da Más?», dedicado a España, fuerte pero no panfletario, es un grito de rescate de su esencia y soberanía, un acto de lealtad hacía este país. Si de motivación se trata, me inclino hacía el logro, en segundo lugar, la afiliación y de último, el poder.

¿Ser venezolana, con raíces cubanas, nacionalidad española y formación y descendencia alemanas ha influido en tu lenguaje literario?

Si, creo con certeza que sí. Raíces gallegas y canarias anteceden a las cubanas y me ha tocado ahora, después de cuatro generaciones a mis espaldas y pisar otras latitudes, cerrar el círculo en Alicante. Esa mezcla cultural que no la inicié yo, pero sí la mantengo y auspicio, tiene pros y contras. Algo que me ha afectado siempre, como lo reflejo en el poema «Goodbye», es el dolor que causan las despedidas, producto de dicha mezcla, en paralelo a las experiencias que se disfrutan.

Además de influir en el lenguaje literario, como vocabulario, modismos, refranes, costumbres, en mi caso ha repercutido en la estructura de lo que escribo. Estructura que cuido en la secuencia, en terminar por donde empiezo, en la ilación, en la congruencia del planteamiento, y ello me domina. Como en cualquier collage que aparenta desorden, me persigue la estructura. También usar un idioma que no es el tuyo, como el inglés o el alemán, conforma tu estructura mental y por ende, tu estilo de escritura.

Ejerciste el periodismo y dedicaste tu vida profesional a la docencia universitaria en comunicación audiovisual, publicidad, promoción y relaciones públicas, además del ejercicio gerencial. Estudiaste en la Escuela Superior de Cine y Televisión de Múnich, y tus inicios creativos fueron como guionista, en paralelo con el canto oral y la actuación teatral. ¿Cómo lograste compaginar el rigor pragmático del lenguaje empresarial y publicitario con la poesía y las demás artes que practicaste? Y, en relación con esto, ¿crees que tu inclusión en el teatro y el canto oral está muy presente en tu poesía? Yo me anticipo a esta última pregunta con una respuesta afirmativa.

Es una pregunta compleja la que me haces porque sacudes mis cimientos. Por un lado, recibí una formación estricta, incluida la espiritual, y una disciplina de trabajo, poco común en el trópico caribeño y para colmo, entré en la cultura alemana bajo una verdadera simbiosis. Fue sencillo asumir así el lenguaje administrativo y gerencial, reglamentar y imponer normas de conducta institucionales. Pero como muchas otras personas, tengo mi lado bohemio e inclinación hacia las artes, la espontaneidad, la libertad de creación y la solidaridad social. Son áreas contradictorias que por fortuna he podido conciliar y sacarle provecho. Ambas me han hecho feliz y adaptable a las circunstancias. A la Publicidad creo deberle la poesía, porque me enseñó qué hacer con el lenguaje.

Por último, en este periodo de efervescencia creativa que estás viviendo, ¿qué proyectos creativos tienes recientes y pendientes?

Sabemos que las relaciones con el mundo editorial es un proceso de aprendizaje particular. Es un riesgo que debemos asumir para que nuestro mensaje llegue, ojalá con un rendimiento que nos permita seguir escribiendo y publicando. Por lo tanto, tengo el proyecto de publicar la novela que escribí durante el confinamiento y culminar la que me atormenta desde hace tres años. Pero tengo mucha ilusión con otro proyecto, bien encaminado y factible, con un compañero de Bigastro, interesado como yo, en los microrrelatos, cuentos cortos y relatos de extensión limitada. Es posible que lo culminemos este año y llevemos a publicación en el 2026. Hay que aprovechar la efervescencia creativa y rogar que dure bastante.

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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