Las nueve musas
Javier Puig

«En la mirada», de Javier Puig

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El último poemario de Javier Puig (Barcelona 1958), publicado con mucho cuido por la editorial Sapere Aude, nos muestra a un poeta que ha alcanzado la plenitud poética y, a su vez, nos presenta sus inquietudes y su amplia trayectoria como lector, melómano y cinéfilo fundamentalmente.

Un escritor que, al igual que en sus anteriores libros: Los libros que me habitan (2019), Miradas de cine (2020) y La vida es lo difícil (2021), lleva a cabo una especie de homenaje a todos aquellos poetas, escritores, actores… que han pasado por su vida. Queda claro que Javier ha realizado indagaciones, lecturas biográficas, visionados reiterados, etc. Y tiene amplios conocimientos de las vidas y pormenores de los personajes y figuras a las que alude.

En la mirada: 1 (AD VERSUM)
  • Puig López, Francisco Javier (Autor)

La gran novedad con respecto a sus libros anteriores es que Javier ha decidido volver al género poético. En la mirada se compone de dos partes bien diferenciadas, la primera: “Palabras ante el dolor” consta de 16 poemas, todos dirigidos, como decía, a figuras del cine, personajes encarnados por actores de renombre, poetas, escritores, músicos, etc. Como denominador común las vidas atormentadas; el dolor se convierte en el tema clave de estos poemas. La muerte, la ausencia, la soledad, el paso del tiempo, la melancolía, el olvido… Todos estos temas trascendentales son de los que nos habla el autor, pero lo hace personificándolo en famosos artistas y personajes del cine como: Dersu Uzala, Charlot, Cabiria, Noriko, Marilyn, Eddie Anderson, Ricky… Mención especial merece el poema “Marilyn”, en el que se establece una dualidad entre la persona (triste, sufriente, frágil) y el personaje (glamouroso, sonriente, sensual), el espejo en el que se mira sirve para que esa bipolaridad se evidencie ante la sutil mirada del poeta.

Debo reconocer que he leído con mayor entusiasmo, dada mi faceta de filólogo y lector, los poemas relacionados con escritores, personajes literarios y poetas.

El que lleva por título “Alejandra” alude a la poeta argentina Alejandra Pizarnik y a su aciago final, ese suicidio a los treinta y seis años de edad que ha encumbrado a la poeta a la categoría de mito. Es un poema en el que, en segunda persona, al igual que en otros muchos poemas, Javier nos invita a reflexionar sobre qué pudo haber pasado por la cabeza de la autora argentina: “Tienes miedo de ti/pero aún te sigues buscando./ Y te encuentras insomne,/oscurecida en cada palabra./ Desde el recogimiento afrontas/un insuficiente ocaso”.//

Otra pieza que se encuentra entre mis favoritas, por la predilección por el poeta del 27, la cual comparto con Javier, es el poema titulado “Luis” (Cernuda), en el que cabe destacar el gusto por su poesía y su forma de vida, pues el poeta marchó al exilio por la Guerra Civil y se decidió por la soledad: “Reconócelo:/ ya desde el principio habías previsto/ la indigna y cobarde posibilidad de huir./ Desde el primer momento/ ansiabas recogerte en tus heridas,/ en el amado rincón de tu soledad.//

Como podemos apreciar el uso de la segunda persona del singular sigue siendo un recurso recurrente, con ello el poeta simula una especie de diálogo alegórico con los personajes y figuras que desfilan por esta primera parte del poemario.

Mención especial merece el titulado “Josef K” , personaje protagonista de El proceso, uno de los libros más singulares e inquietantes de Franz Kafka, en él se alude a la situación del personaje, que en la novela despierta aturdido y a la espera de ser procesado sin saber por qué, por ello, Javier indaga en la idea de lo absurda que puede resultar a veces la vida y en los vericuetos en los que nos podemos ver inmiscuidos: “El presente te impone/ un estúpido sinsentido,/ una triste penuria/ de alientos verdaderos./ Sin saberlo, ya habías previsto/ lo que ahora parece tan claro./ (…) No te puedes rebelar/ porque ya no eres nadie,/ solo el sumiso habitante/ de una perturbación atroz,/ un latido inútil,/ la lejanía de todo lo que creíste ser.//

En cuanto a la segunda parte del poemario, la que lleva por título “Los espejos de la mirada”, encontramos diecisiete poemas de diversa índole, en la que el poeta se introduce en temas similares a los de la primera parte, pero dejando de lado ya las vidas e historias de personajes, para realizar una tarea más introspectiva y acudir al yo poético sin ambages.

El poema que abre la sección es el titulado “Variaciones de la luz”, el cual me ha recordado al conjunto de cuadros de “La catedral de Rouen” de Claude Monet. En este caso, al igual que creo que hace Monet con su sucesión de cuadros, lo que pretende el poeta es ahondar en la idea del paso del tiempo, pero desde una actitud vitalista, pues aprecia la belleza de la naturaleza y se detiene en su observación.

“Escrito” es, sin embargo, una especie de poética del autor donde nos deja claro sus inquietudes y su actitud artística: “Desde el verso concibo/ los confines auspiciados,/ la resonancia de lo primordial./ Y del retrato sincero de mi reflejo/ se resume una extrema coincidencia,/ la rebasada amalgama de mi querer.//

En “Nosotros” parece hacer referencia a las pormenorizadas lecturas del poeta, a la reciprocidad que ha sentido hacia los distintos acercamientos literarios que ha tenido; en definitiva, su experiencia como avezado lector: “Y he respirado con los pulmones de todos,/ como si los alentara./ He sido con ellos/ un nosotros,/ para celebrar esta jubilosa calma,/ la esquiva maravilla/ de las luminosas correspondencias del ser.//

Algo similar sucede en el poema “Chopin”, músico que ha permitido al poeta transportarse a otros lugares y también a descubrirse a sí mismo.

Un tema más filosófico albergan los poemas “La fugacidad de la armonía” y “No es hoy”, en los que se ahonda en la idea de ser conscientes de lo efímero en lo armónico, en el pensamiento y en la existencia, y de la aceptación de los inconvenientes vitales. Vemos, por tanto, una invitación a paladear los buenos momentos con delectación, pues los tópicos del “tempus fugit” y del “carpe diem” sobrevuelan ambas composiciones.

“Una estampa del tiempo” es un bello poema en los que se amalgaman recuerdos de la infancia asociados a la figura del padre. La nostalgia inunda el poema, de una profunda emotividad.

“Este bello secreto que no cansa” es un canto a la vida, al secreto que esta esconde, a la otredad. Se proponen preguntas que, ante lo mistérica que se supone que es la experiencia vital, no obtienen respuesta y esto lleva a la conclusión de que esa es la esencia de la vida. Por lo tanto, el vitalismo que caracteriza al poeta se vuelve a hacer patente.

“Una escena familiar” es el poema que da título al libro y que capta su esencia, la de la otredad. Somos seres observadores y observados y en ese transcurrir de miradas pasa el tiempo y la vida. La misma línea siguen “Los otros”, “Ya es raro” y “Epifanía” pues se vuelve a incidir en la otredad, en la mirada de los otros, en la que descubrimos la reciprocidad y con la que somos capaces de empatizar al sentirnos identificados con la experiencia ajena, aunque, al mismo tiempo, somos celosos de nuestra intimidad, pues tememos el dolor, buscamos argumentos para defendernos y eso nos lleva a odiar pero también amar.

En “Vida incipiente” y “Jugando” el poeta mira la vida desde los ojos de su nieto y su nieta respectivamente, recuerda, en cierto modo, a “Palabras para Julia” de Goytisolo, pues Javier, desde su experiencia vital, aconseja de alguna manera a esas nuevas vidas que tiene ante sí.

“El secreto de tu ser” es un sentido homenaje y un recuerdo doliente hacia el hermano fallecido. Al igual que “Torbellinos” es un ensalzamiento de la obra del pintor Teodomiro.

Para concluir tenemos el poema “Las heridas” donde se incide en el dolor que puede causar el paso por la vida, las cicatrices que nos recuerdan las batallas ganadas y perdidas, en definitiva, las secuelas del vivir: “Por donde quiera que vas,/ allí donde escuchas,/ entra en ti la noticia de una herida,/ del calambre que produce/ en quien celosamente la mantiene despierta,/ el reiterado respingo que es agresión propia,/ la disculpa para no acometer la paz,/ para volver a incendiar al otro/ con las llamas de uno mismo…”

Tu llama poética, Javier, es la que deseo que permanezca por mucho tiempo en el panorama literario, para que sigas iluminando a tus lectores con tus reflexiones e indagaciones biográficas.

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Fernando Mañogil Martínez

Fernando Mañogil Martínez

Fernando Mañogil Martínez nace en Almoradí (Alicante) el 26 de agosto de 1982

Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante y profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Los Montesinos-Remedios Muñoz.

Ha publicado algunos libros de poesía como Del yo al nosotros (Sevilla 2010), Viento en contra (Devenir, 2015) y Volver (Selección de poemas 2013-2018).

También ha realizado el trabajo de investigación sobre las relaciones poéticas entre César Vallejo, Gonzalo Rojas y Juan Gelman.

Su último libro de poemas publicado hasta la fecha es La musa y el silencio (Devenir, 2019).

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