El golpe Judicial-Militar en Bijagual llevó a Carlos Manuel de Céspedes a la aislada loma de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, donde, despojado, vilipendiado y abandonado a su destino, encontró su fin.
En esos momentos, su vida era un verdadero calvario: la muerte de su hijo Óscar y la separación de su familia exiliada en EE.UU. lo habían dejado devastado.
Le llamaban el presidente Viejo. A sus 54 años, era un proscrito, un hombre solitario, un alma errante y con un corazón triste, no solo por los suyos que yacían en el exilio, sino también por aquellos que lo traicionaron. La muerte, traicionera y brutal, lo arrastró al abismo, al igual que lo hicieron algunos de sus propios compañeros. Su trágico final puede verse como una metáfora: «un sol en llamas que se hundía en el abismo», como escribió Manuel Sanguily. Estos son sucesos que han sido minuciosamente examinados por nuestros historiadores. Sin embargo, como en toda narrativa, existen sombras, recovecos y misterios que aún esperan ser desentrañados.
Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y del Castillo, nombre completo, del «Primigenio» presidente de la República de Cuba en Armas, o el «Iniciador» de nuestras guerras libertarias, es un nombre que resuena en los corazones de los cubanos. Pero más allá de las glorias y los sacrificios, hay una deuda pendiente con su memoria. El Héroe Nacional Cubano, Mayor General José Martí Pérez, en su sabiduría, lo bautizó como el «Hombre de Mármol».
La historia se transmite a través de testimonios y crónicas. Sin embargo, es necesario reconocer que algunas voces se han perdido y otras han sido distorsionadas por el tiempo y la subjetividad. Estas afirmaciones se presentan con la documentación correspondiente.
La llegada de los restos de Céspedes a Santiago de Cuba el 1 de marzo de 1874 es un momento crucial. ¿Cómo se llevó a cabo la identificación de su cuerpo y pertenencias? ¿Quiénes fueron los testigos de este acto? En mis manos reposa el expediente 10938, guardado en la caja 1426, titulado: «Identificación del titulado presidente de la República Cubana, Don Carlos Manuel de Céspedes». Este documento, conservado durante 150 años en el Archivo Militar General de Segovia, España, se presenta ahora por vez primera y en exclusiva, en Cuba y el mundo, mediante Las nueve musas, para revelar datos que desafían las versiones previamente aceptadas.
Testimonios de observadores, plasmados en la extensa bibliografía sobre Céspedes, ahora se ven cuestionados por esta nueva fuente. En nuestra búsqueda de la verdad histórica, no podemos ignorar los errores del pasado.
Así como el Brigadier Sabas Marín eligió a once personas para identificar el cuerpo de Carlos Manuel de Céspedes, nosotros también debemos examinar con detenimiento y asimilar las contradicciones.
No podemos entender el futuro sin comprender plenamente el pasado y el presente. Este esfuerzo es un tributo a la memoria de aquellos que forjaron nuestra nación y una invitación a seguir explorando los misterios que yacen bajo la superficie de la historia. Que estas palabras resuenen como un recordatorio de que la verdad siempre aguarda su momento de revelación.
De estatura pequeña pero robusto y fuerte, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, al igual que Bolívar, fundador de cinco naciones en América, demostró que la grandeza de los hombres no radica en su estatura, sino en sus acciones.
La verdadera valía de un hombre no se mide por su apariencia física —ser delgado o corpulento, bajo o alto, rubio o negro— sino por la integridad de su conciencia, su genio, talento, conocimiento, y la bondad de su corazón. Se mide por no valorar la vida hasta el punto de caer en deshonor para preservarla, por saber enfrentar la muerte oportunamente y sin temor… Céspedes fue grande, grande por su sensibilidad, inteligencia, cultura; por su heroísmo y sacrificio.
Carlos Manuel de Céspedes, el «Iniciador» de nuestras luchas, nunca imaginó que su visita a Santiago de Cuba en 1855 sería la última en vida. Encarcelado y desterrado en varias ocasiones por no ocultar sus ideales independentistas, esta última vez cumplió su condena a bordo del navío «Soberano», sobreviviente de la batalla de Trafalgar, donde fue confinado durante cinco largos meses.
Transcurrieron 18 años, 4 meses y 16 días antes de que regresara a la rebelde ciudad oriental. Era el 1 de marzo de 1874, apenas dos días después del infortunio de San Lorenzo, donde luchó y cayó contra el régimen colonial español. Quizás nunca imaginó que la ciudad que tanto admiraba y gustaba visitar, por la sinceridad, valentía y desinterés de sus habitantes, llegaría a ser, a partir de ese primero de marzo, su hábitat eterno, donde cientos de miles, hoy, le rinden tributo.
Aquel día, el calor sofocante invadía las calles; se rumoreaba que había llovido la noche anterior, pero no lo suficiente para mitigar el calor intenso. Procedente del costero poblado de Aserradero, en horas tempranas de la mañana, toca muelle en la urbe santiaguera la goleta «Santiago». Entre el carbón, las gallinas y los cerdos, los españoles traen como trofeo de guerra, mancillado, el cuerpo exangüe del iniciador de la guerra de independencia. [1]
Lo tiran a la sombra de una ceiba frente al puerto, para minutos después trasladarlo al Hospital Civil «La Caridad», aledaño a la Casa de Intendencia, en el barrio El Tivolí.[2]
Eran las ocho de la mañana,[3] según la diligencia legal, cuando llegó al Hospital el cuerpo sin vida del Padre de la Patria cubana, el insigne Don Carlos Manuel de Céspedes. Tendido Sobre una ordinaria mesa de pino exhiben el cadáver desde las nueve y hasta las cuatro y quince minutos de esa tarde. «Humillante capilla ardiente que le deparó su destino para hacerlo más grande a los ojos de sus conciudadanos», sentenciaría Emilio Bacardí en sus Crónicas.
Una hora antes, en el otro extremo de la oriental ciudad, Don Sabas Marín González, Brigadier Gobernado y Comandante General del distrito oriental de la Isla, redactaba con premura un documento para el Coronel Jaime O´Duly, del Regimiento Primero de Caballería y dice la nota redactada con tal urgencia: «El ayudante del Batallón Cazadores de San Quintín acaba de llegar a esta plaza conduciendo el cadáver del titulado presidente de la República cubana, Don Carlos Manuel de Céspedes quien fuera muerto en el día (sic) por fuerzas de ese Batallón al caer derribado. En consecuencia, he resuelto para la (Ilegible) y mediante el cadáver el fiscal a formar su expediente (Ilegible) a identificar el cadáver.» Cuba [4], 1ro. de marzo de 1874 [5] Continuará…
[1] En los entierros de Carlos Manuel de Céspedes. Ignacio Fernández, en On Cubanews, marzo de 2019.
[2] Los entierros de…Oc.cit., On Cubanews. Internet
[3] Expediente 10938, titulado «Diligencias para la Identificación del titulado presidente de la República Cubana, Don Carlos Manuel de Céspedes». Archivo Militar de Segovia, España, donado al autor.
[4] Se le decía Cuba a la oriental ciudad de Santiago.
[5] Ídem Ob, cit., Expediente 10938
NOTA:
El autor ha pedido que le envíen comentarios, sugerencias o críticas, con el ánimo de hacer mejor este texto, que formara parte de los documentos a debatir en el Congreso Nacional de Historia de Cuba.




















Añadir comentario