Las nueve musas
Epidemias

Estado, epidemias y cementerios en la Buenos Aires del siglo XIX

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Para este trabajo decidí centrarme en el siglo XIX, porque Buenos Aires comenzará a trazar los primeros elementos que conformarán el estado liberal hacia lo que será más tarde (1880) la conformación de un estado nación.

Esta formación tendrá como norte la modernidad que es caracterizada por el Progreso, el orden y la razón. ¿Hasta dónde los hombres de su tiempo hicieron encajar aquellas caracterizaciones modernistas en las políticas de salubridad, en especial en la administración y construcción de los cementerios?

  1. Siglo XIX en la Atenas del Plata

Durante gran parte del siglo XIX Buenos Aires fue una ciudad que aún tenía costumbres y elementos coloniales. La sanidad y la higiene pública no habían variado en extremo, se mantenían ciertas pautas culturales y sociales dignas del siglo XVIII. Si bien las epidemias y pandemias eran moneda corriente en la mayoría de las ciudades de Latinoamérica, Bs As (hasta mediados del XIX) se mantuvo alejada de esa ola mórbida.

Tenía algunos elementos que jugaban a su favor; era una ciudad abierta, el río de la plata no la encasillaba en una atmósfera mediterránea, no tenía las consecuencias de la industrialización, tampoco tenía hacinamientos marcados de población, ni el flagelo de constantes guerras, había abundante comida, etc. Eso no quiere decir que la ciudad no haya sido azotada por epidemias, de hecho tuvo avances mórbidos muy fuertes.

A principios del siglo XVIII una peste de viruela y tifoidea mató a casi la mitad de la población de entonces (de 1.500 habitantes murieron casi 700) [1]. Más allá del dato duro de la tasa de mortalidad, lo importante a rescatar es que la ciudad no tenía brotes epidémicos cíclicos, más bien eran esporádicos y ligados a focos infecciosos extranjeros que ingresaban al entramado urbano.

2. Cementerios de Buenos Aires en el siglo XIX

La cuestión sanitaria del siglo XIX no estaba abordada como actualmente se hace y tampoco había un interés por hacerlo. Por empezar las enfermedades eran concebidas desde la concepción del miasma[2], comparado a la actualidad había un desconocimiento de causas patológicas y los avances tecnológicos y de prevención no son los de hoy en día “La actitud no obedecía a la negligencia o descuido sino al desconocimiento de las causas reales de las enfermedades” [3]. 

En el caso de los cementerios, las prácticas de los enterramientos eran de la época colonial (los cuerpos se depositaban a una escasa profundidad o se hacían en fosas comunes) sin prever ningún tipo de cuidado sanitario. Los dos primeros cementerios de corte secular , que tuvo Buenos Aires,  se remonta a la gobernación de Rivadavia que había implementado ciertas reformas de tinte liberal una de las tantas trataba el tema de la salubridad y en particular el ordenamiento de las defunciones y enterramientos por parte del estado .

El primero de los cementerios se funda en abril de 1821 [4] y alojaba cadáveres de protestantes, fue denominados el cementerio de los disidentes (estaba ubicado donde actualmente se encuentra la plaza 1 de Mayo en el barrio de Montserrat). El segundo es el actual de la Recoleta (nombre que será definitivo en el año 1949) denominado en aquella época como cementerio de Norte y que nace bajo el decreto Número 109 englobado en las reformas Rivadavianas y bajo la firma del gobernador Martín Rodríguez   “en consecuencia el 8 de julio de 1822 se crea el cementerio del norte” [5].

Cementerios
Tumba de Carlos Gardel en el cementerio de la Chacarita – De Misteryus

Previamente a la construcción de estos enterratorios, los cadáveres eran depositados en camposantos cercanos a las iglesias o en huecos de almas, todo dependería de la posición económica y creencia del difunto.  En 1823 se intenta dos proyectos de nuevos cementerios en la zona oeste que supuestamente estarían a cargo de franciscanos, pero quedaron en proyectos porqué los fondos económicos no daban para su construcción (en 1824 y principalmente 1825 la mayoría de los gastos iban destinados a la inestable situación internacional con la banda oriental y el Brasil).

En la época de Rosas hubo un intento de hacer un nuevo cementerio en la zona sur de la ciudad en los predios de la convalecencia (en el actual del barrio de Barracas). El proyecto no prosperó. El estado no estaba invirtiendo en nuevos cementerios porque más allá de destinar los fondos a operaciones de índole política, Buenos Aires seguía manteniendo una tasa de natalidad y mortalidad amesetada y aparentemente no se esperaba un colapso sanitario.

3.  Todo cambia, incluida Buenos Aires

Hacia mediados del siglo XIX la ciudad entra de lleno al sistema económico capitalista tomando el rol de una economía periférica y productoras de materias primas sumiéndose en las demandas de los países industrializados. La élite política liberal que asume la conducción, luego de llenar el vacío de poder [6] dejado por Rosas, toma medidas netamente modernistas. Una de ellas es la incorporación de mano de obra destinada a la producción económica agroexportadora tomando como núcleo el puerto de Buenos Aires.

Esto lleva a un aumento de la población de la ciudad de manera aritmética repercutiendo de lleno en el sistema de higiene y salubridad que no se había desarrollado lo suficiente para amortiguar el ingreso de los inmigrantes y sus demandas. Ante este panorama era necesario abrir otro cementerio debido a que la tasa de mortalidad aumentaba. Una alarma se había encendido en 1857 cuando repercute en Bs As un foco de fiebre amarilla y que tuvo su epicentro en Montevideo. Las autoridades evaluaron dos proyectos de instalación de nuevos enterratorios.

Uno fue el que acercó el arquitecto Priliadiano Pueyrredón, donde intentó poner un cementerio cerca de los corrales del sud (el mismo lugar que se había proyectado en la época rosista). Pero fue rechazado por tener una aspiración de negocio de tinte privado y considerado excesivo para la gran aldea.  “Ya que la muestra nos ofrece la visión de un prudente hombre de negocios, más que de un benefactor de la porteñidad” [7]. Un segundo proyecto surge en 1858 a cargo de Pedro Loperti, también se elige la zona antes mencionada. Pero queda encajonado en la legislatura por no contar con fondos y porque la situación política de Buenos Aires no era la adecuada (comenzaban guerras internas entre la ciudad y la confederación).

4. La peste no entiende de políticas

La población de Buenos Aires había crecido exponencialmente a esto hay que sumarle situaciones de hacinamiento y una guerra prolongada con el Paraguay. El sistema de salubridad e higiene no había cambiado en comparación a la época colonial, tan solo había dos hospitales administrados por el estado, no se había invertido en un sistema de cloacas y en el ordenamiento de la basura y desechos de los saladeros (todo iba al riachuelo o al río de la plata) no estaba ni siquiera organizado.

La ciudad se encontraba en una situación precaria y la alerta roja se hizo sentir en 1867 cuando estalló una virulenta peste de cólera. Una de las causas fue la cruenta guerra,   pero como antes se dijo, el sistema sanitario no pudo cubrir el impacto de los apestados que llegaban del frente. “El cólera pareció acechar durante los meses de frío, para luego caer sobre Buenos Aires con una violencia hasta entonces desconocida” [8]. Esta epidemia causó 8000 víctimas. Meses antes de la aparición del cólera, y bajo muchas discusiones y presiones políticas, se había construido el cementerio del sud. “El cementerio del sud se inaugura, considerando las necesidades de la población que se extendía, el 24 de diciembre de 1866: costó más de un millón de pesos” [9]. El problema era la ubicación y la metodología de enterramiento que seguía siendo la misma de la colonia; los cuerpos al ras del piso sin la profundidad adecuada, el cementerio era chico, no había una organización en la distribución de los cuerpos, se saturaban en fosas comunes y el enterratorio estaba en el centro de la ciudad lindando con las casas de los vecinos. La situación relacionada a cementerios había cambiado poco y nada.

Buenos aires
Un episodio de la fiebre amarilla en buenos aires – Juan Manuel Blanes (1871)

5. En la precariedad muere Buenos Aires

En 1871 impacta la peste más agresiva que haya conocido la ciudad. La fiebre amarilla deja enlutada a la Atenas del Plata en toda su longitud. Las causas eran similares a su antecesora del Cólera; la guerra del Paraguay, el sistema sanitario en crisis, el hacinamiento, un otoño caluroso, entre otras causas.

De febrero a junio se cuentan más de 14.000 víctimas. Un precario consejo de higiene (creado en 1870) y una comisión popular que tenía más aspiraciones políticas que humanitarias [10] ayudan a tratan de hacer frente a lo inabarcable e invencible: la muerte.

Ante esta situación de espanto se crea de apuro, el 25 de abril de 1871, un nuevo cementerio en la zona oeste que pasa a llamarse Chacharita “ley 847: Habilitación del cementerio de la chacharita, aprobando en decreto 11 de marzo de 1871. Dada el 23 y promulgada el 26 de agosto de 1873[11]. Pero ya sería demasiado tarde para todo y todos.

Buenos Aires
Cementerio La Recoleta

Conclusión

Luego de la epidemia de fiebre amarilla de 1871 Buenos Aires creció de golpe. La gran aldea que detallaba el escritor Mansilla, se fue metamorfoseo de manera kafkiana a una ciudad cosmopolita con estándares de salubridad equilibrados y públicos donde se aprende a cuidar y la administración de la muerte.

En 1887 se crea el nuevo cementerio de la Chacarita con amplios espacios ordenados, en 1865 se anexa el cementerio de Flores para absorber los difuntos de la zona oeste, el cementerio de la Recoleta cambia y pasa a ser un símbolo de la elite y el bronce porteño. Pero aquellas banderas del progreso, la razón y el orden que comenzaba a erguirse bajo el aura del modernismo a partir de 1852 habían fallado.

Los pocos cementerios de entonces muestran la crudeza de un naciente estado liberal que se elevaba de manera precaria e inundado de aspiraciones políticas liberales que opacaban la razón y no dejaban ver que la muerte es implacable en cuestiones de estado. No se supo ordenar a los difuntos, no hubo progreso para su descanso eterno.

El modernismo falló y tuvo que aprender a adoptarse a las orillas del rio de la plata a los golpes y condicionado por la presencia de su propia ineptitud, porqué las realidades de Buenos Aires no son ni deben ser similares a las realidades de otras ciudades, pero las políticas liberales entienden que toda realidad es homogénea.

Sergio Gurzi

  • Halperin Donghi, Tulio. Una nación para el desierto argentino. Buenos Aires, Prometeo, 2005
  • Ruiz Moreno, Leandro. La peste histórica de 1871. Fiebre amarilla en Buenos Aires y Corrientes. Buenos Aires, Editorial Nueva impresora, 1927.
  • Sábato, Hilda. La política en las calles. Entre el voto y la movilización Buenos Aires 1862-1880. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2004
  • Scenna, Miguel Ángel. Cuando Murió Buenos Aires. Buenos Aires, Editorial Cántaro, 2009.
  • Watts, Sheldon. Epidemia y poder. Historia, enfermedad, imperialismo. Buenos Aires, Editorial Andrés Bello, 2000
  • Páginas Web : Luis O Cortese , Un cementerio desconocido del sur porteño en revista electrónica buenos aires idóneos
[1] SCENNA, Miguel Ángel, Cuando Murió Buenos Aires (1971), 2009, Ed Cántaro, pag 127.

[2] El miasma es un concepto utilizado hasta principios del siglo XX , dicho concepto se basa en que la mayoría de las enfermedades infectocontagiosas eran producidas por el hacinamiento , la putrefacción , los malos olores , la basura , etc. . A estos elementos se los denominaba miasmáticos.

[3] Scenna, Miguel Ángel, Cuando Murió Buenos Aires (1971). Op cita pag. 129.

[4] Luis O Cortese , Un cementerio desconocido del sur porteño en revista electrónica buenos aires idóneos Pág.2

[5] Ibídem. pag.3

[6] Halperin Donghi, Tulio. Una nación para el desierto argentino. Buenos Aires. Prometeo, 2005

[7] Luis O Cortese, Un cementerio desconocido del sur… Op cita pág. 8

[8] Scenna, Miguel Ángel, Cuando Murió Buenos Aires (1971). Op cita pag. 165

[9] Ruiz Moreno, Leandro. La peste histórica de 1871. Fiebre amarilla en Buenos Aires y Corrientes. Buenos Aires, Editorial Nueva impresora, 1927. Pag 110

[10] En el trabajo de tesis de los profesores Lucas Bailo y Sergio Gurzi, se plantea la hipótesis de que el asociacionismo que toma cuerpo en la comisión popular (creada para apalear el avance de la fiebre amarilla desatada en Bs. As en 1871) tiene una fuerte carga de politización y es utilizado para dirimir las rencillas políticas del momento.

[11] Ruiz Moreno, Leandro. La peste histórica de 1871… Op cita pag. 69

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