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El Muro de Berlín: consecuencias de un mundo enfrentado

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El muro de Berlín es uno de los principales símbolos geopolíticos del siglo XX. Dividió la capital alemana en dos partes durante 28 años, separando familias y amigos, pero sobre todo, dibujó la existencia de un mundo fraccionado en torno a dos potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Dos maneras opuestas de entender la sociedad, la educación, la cultura, e incluso la propia vida.

Muro de Berlín
De Noir, CC BY-SA 3.0,

Su caída, el 9 de noviembre de 1989, obligó a redibujar el mapa político mundial y a reinventarse, constatando que aquel muro físico, era en realidad un intento tan inútil como doloroso, de poner barreras a las ideas y a los pensamientos. Su recuerdo, un símbolo de los principales totalitarismos del siglo pasado.

Al finalizar la II Guerra Mundial, Alemania quedó dividida en cuatro partes, cada una de las cuales era controlada por una de las potencias victoriosas. Siendo Berlín la capital, y aun estando en el lado soviético, también fue dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo paulatinamente hasta que resultó insostenible. Los dos modelos de estado, comunista y capitalista, temerosos de verse “contaminados”, desarrollaron un auto proteccionismo, cada vez más radical, que derivó en una división irreconciliable, habiendo empezado con la creación de dos monedas y acabando con la creación de dos Alemanias, y en definitiva, dos bloques opuestos a nivel mundial.

En 1949, los tres sectores occidentales, controlados por EEUU, Gran Bretaña y Francia, constituyeron la llamada República Federal Alemana (RFA), mientras que el sector oriental (soviético) se convirtió meses después en la República Democrática Alemana (RDA). Alemania se había convertido en dos países separados y su capital, Berlín, en dos ciudades. La separación iniciada en 1945 continuaba creciendo, afianzando el denominado “Telón de Acero”, frontera política e ideológica que fragmentó el mundo.

La Unión Soviética desarrollo su sector con ideas muy diferentes a los demás. Un modelo comunista, con un sistema de partido único y economía planificada. Se aplicaban medidas estrictas sobre cómo deberían comportarse las personas y una policía secreta, la Stasi, supervisaba que estas se cumpliesen.

A medida que pasaban los meses, los años, miles de personas, cansadas de esta forma de proceder, escapaban al oeste, atraídos por el brillo capitalista de las libertades y las posesiones materiales, obviando la pobreza y otra serie de miserias implícitas en el sistema occidental. Se estima que entre 1949 y 1961, alrededor de 3 millones de personas abandonaron la RDA y Berlín Oriental, para adentrarse en el capitalismo, siendo la mayoría, personas menores de 25 años.

símbolos geopolíticos
Una mujer, sobre el muro de Berlín, saluda sus familiares en Berlín-Este, 1961.

La RDA perdía población, principalmente perfiles capacitados, con lo que el 12 de agosto de 1961, además de reforzar sus fronteras con la RFA, decidió levantar un muro en la capital y cerrar 69 puntos de paso de los 81 existentes. Al día siguiente, habían colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín, interrumpiendo los transportes e impidiendo que nadie pudiese cruzar de una parte a otra. Durante los días siguientes se comenzó a levantar el muro, desalojando las casas ubicadas en la línea de construcción. Los sucesivos intentos de fuga en los años posteriores, algunos con éxito, obligaron a la ampliación y adaptación de la barrera, para aumentar su seguridad.

El Muro de Berlín acabó por convertirse en una pared de hormigón de casi 4 metros de altura, reforzado interiormente por cables de acero y con una parte superior semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella.

Las instalaciones fronterizas se siguieron ampliando y el sistema de control perfeccionando. Acompañando al muro, se creó la llamada «franja de la muerte», formada por un foso, kilómetros de alambradas conectadas a alarmas silenciosas, alfombras de púas metálicas de 14 cm (conocidas en occidente como “césped de Stalin”), una carretera por la que circulaban constantemente vehículos militares, decenas de torres de vigilancia, potente iluminación nocturna, tramos con arena para delatar huellas y alertar de posibles intentos de fuga, así como patrullas acompañadas por perros las 24 horas del día. 14.000 guardias custodiaban el perímetro. El muro que transcurría por el centro de la ciudad tenía una longitud de 43,1 kilómetros, y las instalaciones fronterizas que separaban Berlín Occidental del resto de la RDA, 111,9 kilómetros. Este entramado fronterizo, fue denominado como “Muro de protección antifascista” por las autoridades de la RDA.

Aun así, fueron muchos los que intentaron escapar. Entre 1961 y 1989, más de 100.000 ciudadanos de la RDA intentaron huir bien a través de la frontera inter-alemana o del muro, siendo más de 600 personas las que murieron en el intento, otros mucho, fueron detenidos. La última víctima por disparos de la policía del Este fue Chris Gueffroy, fallecido el 6 de febrero de 1989, produciéndose la caída del muro tan solo 9 meses después, el 9 de noviembre.

El final del muro se precipitó debido a la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989, ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la RFA. Este hecho, derivó en una enorme presión social plasmada en innumerables manifestaciones, que provocaron que se permitiese el paso hacia el oeste. Las manifestaciones en contra del régimen comunista se iniciaron en septiembre de 1989, en Leipzig, frente a la iglesia de San Nicolás, y se repitieron semanalmente en multitud de ciudades hasta provocar la renuncia de Erich Honecker, presidente de la RDA, a sus cargos el 18 de octubre. Esta Revolución Pacífica se fortaleció día tras día, hasta llegar al punto crítico el 4 de noviembre en Berlín Oriental. Una camarilla de intelectuales y personas del mundo del arte, organizó una manifestación en Alexander platz, el centro de la capital de la Alemania Oriental, para expresar sus inquietudes. Aquella, se convirtió en la mayor manifestación en la historia de la RDA y provocó el inicio de su posterior desaparición apenas unos días después.

mundo fraccionado
John F. Kennedy en el muro de Berlín, 26 de junio de 1963

La manifestación de tres horas, que había sido autorizada contra todo pronóstico por el gobierno el día 1 de noviembre, fue transmitida en vivo por la televisión de Alemania Oriental y reportada a todo el mundo. Una manifestación pacífica que fue catalogada de “apisonadora humana” y que provocó la caída del muro tan solo cinco días después. La noche del 9 de noviembre de 1989, hacia las 22:30, resultó histórica, miles de manifestantes consiguieron que se levantara la primera barrera en Berlín, y al final de la noche todos los puestos de control habían sido desmantelados. Esta circunstancia marcó un punto de inflexión en las relaciones internacionales y dio origen a otro proceso tan veloz como significativo: la reunificación de Alemania. El este europeo tuvo que reinventarse, y occidente descubrió que no todo era como se pensaba al otro lado del Telón de Acero.

A nivel mundial, se pasó de la bipolaridad Moscú-Washington, plasmada en una guerra fría con una escala armamentística y un frágil equilibrio, a una globalización con múltiples potencias. La descolonización fue el otro cambio histórico con el nacimiento de decenas de naciones, y si bien algunos problemas se solucionaron tras la caída del muro, aún perduran muchas injusticias y contrastes en este nuevo mundo interconectado por las redes de la telemática. Pero no todo cambió, las sucesivas guerras árabe-israelíes continuaron vigentes y constituyen, actualmente, uno de los espacios más peligrosos, con continua tensión y enfrentamientos armados.

La desaparición de la bipolaridad, hizo aflorar otros conflictos además del de las diversas nacionalidades, como es el caso del choque de civilizaciones entre oriente y occidente, que quedó claramente reflejado tras el espectacular atentado del 11-S en 2001, donde la seguridad saltó por los aires. Se habla de terrorismo internacional y se suceden las guerras (Irak y Afganistan). En este contexto, se reafirman potencias emergentes como China, India o Brasil, además de producirse el resurgir de Rusia y el cambio de diseño Europeo, que cuenta actualmente con 28 miembros. La gestión multilateral de las crisis, y la formación de los grupos como el G-8 o el G-20 ilustran la deriva hacia el multipolarismo, con la degradación del medio ambiente, las pandemias, las migraciones y los desajustes entre países dibujando un complejo perfil para el nuevo siglo.

La caída del muro, trajo también la unificación de Alemania. Una unificación solicitada bajo el lema «Wir sind ein Volk» (Somos un pueblo), que se llevó a cabo con gran celeridad y que sobre el papel debería funcionar perfectamente, pero que también ha tenido y está teniendo un alto coste tanto económico como humano. Los «paisajes florecientes» que prometiera el ex canciller Helmut Kohl sólo han llegado a determinadas áreas, y aún permanecen las diferentes mentalidades creadas entre las dos partes tras cuarenta años de comunismo. Los del Este se sienten ciudadanos de segunda y consideran arrogantes, materialistas y superficiales a los del oeste, que por el contrario describen a los orientales como desconfiados y holgazanes, mostrándose hartos por los costes de la unificación. Si bien el proceso está actualmente muy avanzado, aún se necesitará una generación más, para hablar de una sola Alemania.

Estados Unidos y la Unión Soviética
Una pareja lee las lápidas de los alemanes orientales que murieron en un intento de escapar por el Muro

A nivel ideológico, podemos indicar que la caída del muro de Berlín fue el resultado de un largo proceso de agotamiento del comunismo, y que cayó de ambos lados. Hacia el este, puso de manifiesto el modo artificial en el que se había mantenido el régimen. En el oeste, quedó patente la falta de convicciones éticas, en las que imperaba el materialismo. Occidente tuvo poco que ofrecer a los países del Este, que inicialmente se consideraron “liberados”, y que pronto se darían cuenta de que aquello no era lo que habían imaginado.

Actualmente, las sociedades, cada vez más globalizadas, creen en menos cosas. Asistimos a un proceso de decadencia en el que se refleja que la búsqueda del confort es uno de los principales fines, con la bajada de la natalidad como indicador y que presagia el declive económico. Los países emergentes, tienden al modelo de las naciones acaudaladas, repitiéndose los mismos errores y beneficiando a una minoría de sectores privilegiados de su población.

En Alemania, el cine, que había sido un elemento muy poderoso de propaganda ideológica, pasa a ser un elemento de culpabilización difusa, en el que se relatan los años sombríos, pero sin ánimo de revancha, y buscando comprender un mundo ya desaparecido.

En cuanto a la arquitectura, durante la existencia del muro se produce un gran contraste entre las construcciones de Este y Oeste, siendo esta especialmente visible en Berlín, donde se ve claramente la diferencia entre dos modos de entender la arquitectura y la ciudad. Mientras los arquitectos occidentales, en su ingente labor de reconstruir el país tras la guerra, intentan retomar los caminos de vanguardia y experimentación que tuvo su principal escenario en la Alemania de la República de Weimar, antes del ascenso nazi, los del Este huyen de la búsqueda de la autoría individual. No existe el arquitecto como profesión liberal privada, con lo que trabajan en colectivos vinculados a organizaciones del régimen. Se hace una arquitectura oficial de subsistencia, de muy baja calidad formal y constructiva. Tras la caída del muro, la reunificación alemana supone más una absorción de la RDA que da origen a un verdadero boom de construcción en los territorios del Este. Se generaliza el sistema liberal de la profesión, y se adoptan los modos constructivos vigentes en todo el continente. Actualmente, Alemania es una referencia europea en cuanto a calidad de la construcción, de la ingeniería y de la obra pública con una arquitectura a veces polémica pero siempre interesante.

dos potencias
Estructura del muro de Berlín durante los años 1980

La literatura sufrirá un cambio radical con la caída del muro y la posterior apertura de la unión soviética. A mediados de los años ochenta se había iniciado un nuevo periodo político bautizado como perestroika, que entre otras cosas, significó la supresión paulatina de la censura y el acceso a literatura “prohibida”, tanto europea como propia. Durante el periodo comprendido entre 1986 y 1990, en la URSS, se produce una especie de explosión cultural, poniéndose al alcance del lector una gran cantidad de textos literarios hasta entonces desconocidos. Diferentes estilos, lenguajes y géneros de escritores de varias corrientes literarias fueron presentados al lector, de forma que en un breve momento histórico se concentró todo un siglo. Tras  la desaparición de la URSS en 1991, surge o más bien cobra conciencia una literatura de oposición a la ideología soviética y que se interesa por la forma de expresión. En un primer momento, se produce una unión de diferentes vertientes literarias que conformaron la nueva literatura rusa y que posteriormente se descompone en diferentes grupos y corrientes literarias, siendo el postmodernismo la estética dominante.

A nivel artístico, tras la segunda guerra mundial, la principal diferencia entre Este y Oeste residía en que en el bloque soviético, predominaba un arte académico, técnicamente muy competitivo pero creativamente limitado, fruto de la imposición autoritaria. En Occidente por el contrario, se ponía todo el peso en la libertad sin límites, relegando a un segundo plano otros aspectos, como la maestría. En el caso concreto de la música, en el Este, se cultivó una gran tradición de la música clásica, mientras en el Oeste, se desarrollaban el Pop, el Rock y el tecno. Tras la caída del muro, se produjo la revolución del tecno, y se desarrolló un movimiento cultural entorno al muro. Se fomentaron exposiciones fotográficas con fotos inéditas de los guardias que custodiaban el paso y se consagraron los grafitis, que durante décadas, decoraron la pared occidental a modo de protesta de aquel símbolo de separación entre dos mundos. La frescura inicial del arte postmural, ha dado paso a una nueva institucionalización que limita el atrevimiento e intensidad del primer arte de la unificación.

El muro que dividió la capital alemana durante años, dividió también Europa y el mundo, creando dos sociedades opuestas que se fueron desarrollando de diferente manera.

Tantos años de aislamiento, y sobre todo de miedo a verse “contaminados” por las ideas y bondades del sistema opuesto, provocaron el deseo de mantener el Statu Quo, haciendo valer cualquier medio para ello. La falta de avance, evolución, el no querer ver que la sociedad y el mundo cambiaban, aceleró el proceso de transformación que trató de gestionar Gorvachov y que derivó en la caída del Muro. Una desaparición que trajo la reunificación alemana y fue precursora de la desintegración de la Unión Soviética y del final de la Guerra Fría. Se trataba de una “simple” barrera física que marcó un antes y un después, tanto a su construcción como a su caída, transformó el mundo por dos veces. Fue erigido para “resolver” los problemas de entendimiento de dos ideologías opuestas, pero ocasionó contrariedades mucho mayores, que finalmente resultaron insostenibles. Si bien con su caída se dio un paso hacia el entendimiento, no todos los inconvenientes se resolvieron la noche del 9 de noviembre de 1989, aun cuando aquello hizo pensar a la gente que todo era posible. Nuevos conflistos surgieron, y aún queda un largo camino para recorrer en pos de un mundo más empático y equilibrado. Lo que sí es claro, es que las consecuencias de este hecho histórico van mucho más allá del inmediato impacto en Alemania.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

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