Las nueve musas
Edward Sapir

Edward Sapir: entre la lingüística y la antropología

Promocionamos tu libro

Si algo puede decirse de Edward Sapir es que consideraba la lengua como un fenómeno cultural, idea que indudablemente influyó en varias ramas de la lingüística antropológica. En este artículo intentaremos profundizar en el asunto.       

  1. Hecho lingüístico y fenómenos culturales

 Desde sus orígenes, un gran sector de la lingüística estructuralista estadounidense estuvo emparentado con los estudios antropológicos, los cuales estaban centrados muchas veces en el estudio de las lenguas originarias de Norteamérica. La primera publicación de esta corriente es el Handbook of American Indian Languages (partes I y II), editado por Franz Boas en 1911. El principio fundamental establecido por Boas en el prólogo es que la descripción de una lengua no debe ceñirse al modelo gramatical de ninguna otra (por ejemplo, el griego o el latín), sino a su propia estructura, que el lingüista deberá extraer de un corpus de textos nativos. Edward Sapir, lógicamente, adscribía a este principio.

Además de mostrar una notable lucidez en lo concerniente a la teoría estructural —en especial, a su codificación y a sus implicaciones metodológicas—, Sapir se enfocó en interpretar el hecho lingüístico en relación con los múltiples fenómenos culturales. Su afirmación de que los hábitos lingüísticos de una comunidad «predisponen ciertas elecciones de interpretación»[1] del mundo se ha convertido en un frecuente tópico de discusión entre lingüistas y antropólogos, además de haber inspirado el conjunto de teorías de aquello que hoy conocemos como relativismo lingüístico.

En El lenguaje, obra de 1921, Sapir caracteriza su concepción de lengua en cuatro principios.[2] A saber:

  1. La lengua es un sistema de símbolos.
  2. La lengua es un sistema funcional plenamente formado dentro de la constitución psíquica o espiritual del hombre.
  3. La lengua es un sistema no intuitivo, y por ello adquirido por medio de la cultura.
  4. La lengua es un sistema que sirve para expresar ideas y estados psíquicos.

Los símbolos son complejos, pues constan de significado (o contenido psíquico-conceptual) denotado por un signo de naturaleza auditiva (localizado en el cerebro y, en consecuencia, psíquico también). La lengua, por lo tanto, sería un proceso mental, cuya manifestación externa estaría dada por el sonido.

  1. Los sonidos de la lengua

 Para Sapir, la comprensión de los problemas lingüísticos, tanto en su aspecto formal (sincrónico) como histórico (diacrónico), será siempre incompleta si no se tienen en cuenta los sonidos «en que esa forma y esa historia están encarnadas»[3]. Toda lengua posee una cantidad de sonidos tradicionales que el hablante nativo se habitúa a pronunciar, entre muchos otros que podría aprender. Los elementos fonéticos tienen «valores psicológicos» variables. Por valor psicológico hay que entender dos cosas: el condicionamiento cultural, esto es, los hábitos adquiridos, y el «comportamiento y funcionamiento generales de los sonidos» como sistema. Ambos puntos, desde luego, son interdependientes. Así, las dos d de dedo no se diferencian en la conciencia de un hablante nativo del español, mientras que sí se diferenciarían para un inglés, para quien hay diferencia funcional o psicológica, pues la primera consonante de dedo corresponde a la de den (‘guarida’), y la segunda a la de then (‘entonces’).

El análisis fonético lleva a cada lengua a confeccionar el inventario de los sonidos que los hablantes utilizan; sin embargo, detrás de ese inventario existe otro, un «sistema interno, o ideal»[4], más restringido. Este último, tanto por su número de elementos como por las relaciones que establecen, puede permanecer aun cuando cambie su sustancia sonora.

Existen en el habla otros aspectos, como la velocidad o la altura personal de la voz, que son características individuales o puramente transitorias, y no cuentan para el sistema simbólico que es la lengua. De este modo, Sapir distingue tres estratos definidos en el acto de habla: uno momentáneo, fortuito e individual; otro que corresponde a los hábitos propios de una comunidad lingüística, que pueden variar sin afectar el todo, y el que corresponde al sistema de valores psicológicos de los sonidos de la lengua (aquellos que tiempo después se conocieron con el nombre de fonemas).

Sin embargo, Sapir distingue también tres niveles de análisis superiores: el sistema ideal de sonidos, la estructura conceptual y la forma. Estos niveles, vale decirlo, se manifiestan concurrentemente en la mayoría de los casos.

  1. Sistema, estructura y forma

Como es sabido, de los fonemas nacen las sílabas, que son también unidades del plano fónico, pero en cuanto consideramos la división de una secuencia de este tipo por sus características distribucionales en relación con unidades de significado, las particiones no coinciden necesariamente con la sílaba, por lo que podemos colegir que se trataría de unidades formales. En efecto, para Sapir, la gramática no sería otra cosa que la sistematización, estructuración o formalización de la lengua, lengua que, pese a regirse por el principio de economía expresiva, sigue siendo rica, sigue siendo dúctil, sigue siendo abierta.

Ahora bien, en la lengua existen unidades formales y unidades funcionales. Son funcionales, por ejemplo, los elementos radicales de un vocablo; son formales las palabras, que solo ocasionalmente coinciden con su radical o raíz.

La palabra, por ejemplo, tiene realidad psicológica y, aunque esta es difícil de definir, puede describirse como el mínimo segmento dotado de significado en que se expresa la oración. La palabra es parte de la oración, y esta, la más importante de las unidades funcionales del habla, pues no solo posee existencia psicológica, sino también existencia lógica.

Una palabra puede ser también raíz, como sucede con sol. No obstante, ciertas palabras expresan un concepto fundamental y otro más abstracto (como número, tiempo, etc.); solar es, por ejemplo, de este tipo, ya que sol- es una raíz, mientras que -ar es un elemento gramatical que, como tal, nunca aparece por sí solo.

Los esquemas formales son limitados en número en cada lengua y pueden manifestar innumerables funciones. Los tipos de esquema son independientes de la función que manifiestan, pues cada lengua tiene procedimientos gramaticales propios que no se identifican con funciones específicas. Por ejemplo, el cambio vocálico en inglés en food/feed (‘alimento’/’alimentar’) indica el cambio de sustantivo a verbo, mientras que en foot/feet (‘pie’/’pies’) indica el cambio de singular a plural. Por otra parte, la misma función puede ser expresada por distintas formas, así el plural inglés puede manifestarse por sufijo o por cambio vocálico (cat/cats, ‘gato/gatos’, foot/feet).

Sapir considera que los elementos radicales que rechazan ser analizados formalmente son básicos, ya que sobre ellos giran los procedimientos de modificación de los conceptos fundamentalmente manifestados en las raíces. La jerarquía relacional de los elementos formales corresponde a una jerarquía conceptual que se esquematiza. Sin embargo, en cada lengua varía la distribución de estas jerarquías. Para Sapir, este esquema «no es un análisis filosófico de la experiencia, sino más bien una escala móvil, a ello se debe que no podamos decir por anticipado en qué lugar preciso hay que colocar un concepto dado»[5]. En las lenguas más sintéticas, como el latín, los recursos de la palabra aislada parecen coincidir con la oración completa, mientras que en oraciones extensas muestran inequívocamente su lugar.

Sapir no considera posible una clasificación universal de partes de la oración basada en la semántica o en la lógica que coincida con otra basada en los valores funcionales de las palabras en una lengua. Como, en términos generales, siempre encontramos la oposición sujeto-predicado, la distinción sustantivo-verbo parece ser común a todas las lenguas, lo que deja a las demás categorías en un lugar secundario.

El concepto fundamental en la doctrina de Sapir es el de estructura, sistema o esquema. Las entidades de las estructuras, de los sistemas o de los esquemas se identifican por las relaciones que establecen con sus pares, pero también con valores psicológicos, valores que pueden entenderse como el condicionamiento cultural de los hablantes.


[1] Edward Sapir. Selected Writings, Berkeley, California University Press, 1949.

[2] Si bien en el prólogo reconoce la influencia del pensamiento de Benedetto Croce; en varios aspectos sus ideas coinciden con las de Saussure (mentalismo, signo biplánico, sistema independiente de la sustancia, etc.). Nótese que, para Sapir, el concepto de símbolo equivale al de signo, y que la palabra signo se traduce solo como significante.

[3] Edward Sapir. El lenguaje, México, Fondo de Cultura Económico, 1954.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

Última actualización de los productos de Amazon el 2024-06-15 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con seis libros de poesía publicados, los dos últimos de ellos en prosa:
• «Por todo sol, la sed» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2000);
• «La gratuidad de la amenaza» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2001);
• «Íngrimo e insular» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2005);
• «La ciudad con Laura» (Sediento Editores, México, 2012);
• «Elucubraciones de un "flâneur"» (Ediciones Camelot América, México, 2018).
• «Las horas que limando están el día: diario lírico de una pandemia» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Tiene hasta la fecha dos trabajos sobre gramática publicados:
• «Del nominativo al ablativo: una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).
• «Me queda la palabra: inquietudes de un asesor lingüístico» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

Reseñas literarias

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • La última lección de Manuel Azaña
  • El último experimento
  • palabras
  • ayer-soñe-coverv1-1epub
  • La ópera de México
  • En el Lago Español
  • Bullying Escolar al Descubierto
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Los abrazos perdidos