Las nueve musas
El licenciado vidriera

De la palabra a la acción

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Con Cervantes uno tiene la impresión de que va a ser capaz de descubrir los secretos de su sintaxis, las alusiones, el secreto de su decir no diciendo.

El lector cree haber encontrado la puerta por la que se entra, ha adivinado cual es la distancia para que su escrito se mantenga como una pared donde se ha dibujado la escena, el díálogo, el contenido y, cuando pensamos que ya está, por fin hemos resuelto la realidad de su página, de repente, la pared, la misma en la que hemos ido situando su fórmula, vuelve a quedar en blanco. Somos conscientes de que el tiempo y el espacio están ahí. Su hablar que dice, sólo se nos revela en el momento de la lectura, por eso es necesario volver una y otra vez, porque hay autores que nunca se agotan.

El Licenciado Vidriera
  • de Cervantes Saavedra, Miguel (Autor)

Tomás Rodaja, que luego será el Licenciado Vidriera, gusta como su vecino D. Quijote, más el camino que la posada, y como Licenciado sólo lo puede ser en la ciudad, lo encontramos de continuo en la calle y en la plaza, expuesto al público. Lo conocemos siendo un muchacho dormido en los alrededores de Salamanca, donde espera encontrar trabajo para continuar sus estudios, sirviendo a otros al mismo tiempo que asistiendo a las clases. Supuesto hijo de labradores, dice a quienes van a ser sus señores que no recuerda el lugar donde nació, pese a que con sus once años sabe leer y escribir, ya que no dirá cuáles sean sus padres ni su lugar hasta que no haya conseguido lo que se propone alcanzar:

-Con mis estudios –respondió el muchacho- siendo famoso por ellos; porque yo he odído decir que de los hombres se hacen los obispos.

De seguir este proceso está destinado por sus capacidades a desempeñar un trabajo intelectual, Tomás vive en una especie de paraíso, progresa en sus estudios, viaja, hace amigos, y se siente atraído por el conocimiento de una bella mujer, a la que no corresponde y, como venganza, le ofrece la manzana de Eva que aquí es un membrillo toledano. Los efectos son terribles, el castigo del enamorado será deambular por el mundo con la certeza de que se ha convertido en alguien de vidrio, tan frágil que huye de todo contacto. Vive expuesto, porque su condición le obliga a responder, a defender esa transparencia que ha asumido, donde la falsedad no es posible.

¿Qué hacer con el Licenciado Vidriera? Admirarlo por sus atinadas, precisas, inteligentes repuestas. Anticipo de este “anonimato” del que presumen las redes. Especie de robot, obra de la AI que resuelve toda propuesta, sin que le importe el estado social, pues quien interroga no es sino la sociedad misma, el colectivo.

¿Qué significa su ser de vidrio? La extrema fragilidad del ser humano, de la inteligencia, el contacto con los demás. De ahí ese cuidado, dormir en los campos cuando es verano y entre paja, en los establos si es invierno. Ser o estar tras el cristal, distanciarse, posicionarse en una perspectiva diferente. No te miro, no miro el mundo desde la carne, lo hago tras el vidrio, soy distinto. El mundo y los otros quedan al otro lado. Tengo la distancia suficiente para pensar libremente. Tal como ocurre en ese insólito diálogo entre Cipión y Berganza del  “El coloquio de los perros”.

Y, si a este estado, agregamos que se trata de una locura, ya sea transitoria o definitiva, producida por morder esa fruta toledana, se puede asegurar que permite decir la verdad, y, estar exento de ser castigado, maltratrado, a salvo, disculpado por decir lo que se dice que, naturalmente tiene como base el entramado social, alejado de lo políticamente correcto. Aunque, todo aquello se hace con el manual de tópicos de la época.

Para defenderse establece un distanciamiento, su cuerpo es su casa. La gente que le rodea le respeta, simpatiza con ese saber que funda sus respuestas en sentencias, aforismos, sabiduría común. Dicho de otro modo, habla su mismo lenguaje, habla claro.

Se convierte así en alguien capaz de responder a cualquier pregunta. Razón por la que cabe pensar ¿qué preguntas podían ser formuladas en esos años de Inquisición sin levantar sospechas de ningún tipo? Ya que, podrían comprometer tanto a quienes las formulan, como a quien responde. Quizá sería interesante pensar en aquello que se calla.

causó admiración a los más letrados de la Medicina y filosofía, viendo que un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era pensar que fuese de vidrio se encerrase tan gran entendimiento que repondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza.

Veamos cuál era el tipo de preguntas:

Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste porque su mujer se le había ido con otro.

A lo cual respondió:

-Dile que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo.

-Luego ¿no irá a buscarla? – dijo el otro.

-Ni por pienso –replicó Vidriera- porque sería el hallarla perpetuo y verdadero testigo de su deshonra.

La que viene a continuación nos da una idea de la existencia de castas: cristianos viejos, judíos y moriscos. Una relación espinosa que convierte a los hijos y nietos de labradores en propietarios de la honra, según Américo Castro, algo más estimado que la posición económica.

Estando a la puerta de una iglesia vio que entraba un labrador de los que siempre blasonan de cristianos viejo, y detrás venía uno que no estaba en tan buena opinión como el primero, y el Licenciado dio grandes voces al labrador, diciendo:

-Esperad, Domingo, a que pase el Sábado.

Ahora se trata de una cuestión muy cervantina. Lo encontramos en la corte de Valladolid.

…le preguntó un estudiante si era poeta, porque le parecía que tenía ingenio para todo.

A lo cual respondió:

-Hasta ahora no he sido tan necio ni tan venturoso.

-No entiendo eso de necio y venturoso –dijo el estudiante.

Y respondió Vidriera:

-No he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno.

Califica a mozos de mulas, marineros, carreteros…

Cuando esto decía, estaba a la puerta un boticario, y volviendose a dueño, le dijo:

-Vuesa merced tiene un saludable oficio, si no fuese tan enemigo de los candiles.

-¿En qué modo soy enemigo de mis candiles? –preguntó el boticario.

Y respondió Vidriera:

-Esto digo porque en faltando cualquiera aceite la suple el del candil que está más a mano, y aún tiene otra cosa este oficio bastante a quitar el crédito al más acertado médico del mundo…

Sobre  otros oficios da cuenta de su consideración social, así sastres, pasteleros, comediantes, escribanos, alguaciles, zapateros:

De los zapateros decía que jamás hacían, conforme a su parecer, zapato malo; porque si al que se le calzaba venía estrecho y apretado, le decían que así había de ser, por ser de galanes calzar justo, y que en trayéndolos dos horas vendrían más anchos que alpargates, y si le venían anchos decían que así habían de venir, por amor de la gota.

En cuanto a los religiosos su transparente ironía:

-Nadie olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere christos meos.

Y subiendo más en cólera, dijo que mirasen en ello, y verían que de muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurado, ninguno se llamaba el capitan don Fulano, ni el secretario de don Tales, ni el Conde, Marqués o duque de tal parte, sino fray Diego, fray Jacinto, fray Raimundo, todos frailes y religiosos; porque las religiones son los Aranjueces del cielo, cuyos frutos, de ordinario, se ponen en la mesa de Dios.

Hay para quienes el mundo está ya hecho, también para otras está por hacer. Lo hecho puede ser conocido, lo por hacer supone una sorpresa constante, se vive como un descubrimiento. Ser de vidrío podría ser una buena oportunidad, como más adelante será ser extranjero, con aquellas cartas persas, chinas o marruecas. Donde el diálogo, ya no responde a una interpelación directa, sino al diferido  que supone componer una correspondencia alejado de la inmediatez de la calle. Ser de vidrío no solo implica que vea más, aunque lo fuese, sino que tiene desarrollado un sentido crítico, ajeno al común. Responder con ingenio de tal manera que quede claro: aquello que quiere decir es acertado.

Aunque, ya sea gracias a “un milagro” o por la intervención de un sabio religioso de la Orden de San Jerónimo, recobrará  la normalidad perdida. Una vez que esto ocurre, el narrador ya no  no se detiene. Ahora de Rodaja pasa a ser Rueda, que cada cual haga sus posibles reflexiones en cuanto a las diferencias que se pueden encontrar entre rodaja y rueda, aunque tengan el mismo origen. Perdida su condición “vidriosa”, se adaptará a la vida y, lo que ha sido noticia, el tiempo lo olvida. No obstante Cervantes que de algún modo se refleja siempre en sus obras, quiere hacer el camino inverso, así el intelectual, son sus palabras: hombre de letras, se convierte en héroe, pasará de la palabra a la acción:

Esto dijo y se fue a Flandes, donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas, en compañía de su buen amigo el capital Valdivia, dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado.

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JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022).

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

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