Las nueve musas
Céspedes

Comienza la identificación del cadáver

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En el capitulo anterior hablamos de la llegada de los restos de Carlos Manuel de Céspedes a la Ciudad de Santiago de Cuba, el primero de marzo de 1874.

restos de céspedes
El 10 de octubre de 2017, los restos de Céspedes son trasladados a su tumba definitiva. Carga los restos en la urna funeraria, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, entonces Presidente.

Ahora los dejo con la comisión nombrada para la identificación ocular y forense de sus restos.

Uno de los documentos que aparecen en el expediente es el que a continuación les muestro:

«Benito Álvarez Lora, Teniente coronel graduado, Capitán Primer ayudante de esta Plaza y Fiscal nombrado por el señor Brigadier Gobernador y Comandante General, para identificar la persona del titulado presidente de la república cubana Don Carlos Manuel de Céspedes, muerto en Cuba por fuerzas del Batallón Cazadores de San Quintín al ser capturado.

«Certifico que habiendo recibido un oficio del señor Brigadier Gobernador y Comandante General, en que se me ordena actuar como Fiscal en la identificación en la persona del titulado presidente de la república cubana Don Carlos Manuel de Céspedes, y teniendo que nombrar Secretario para que este actúe como tal en esta diligencia lo hago en el ayudante interino de la misma Plaza, señor Silvestre del Castillo, el cual presente y enterado sobre el trabajo aceptaba y prometía, bajo su palabra de honor, obrar en todo con fidelidad. Y para que así conste lo firma conmigo en Santiago de Cuba el primer día del mes de marzo de mil ochocientos setenta y cuatro».

Tras los procedimientos formales, se constituyó la comisión para realizar la inspección del difunto. Los seleccionados por Don Sabas Marín fueron los tenientes coroneles graduados: Don Benito Álvarez Lora, capitán Primer ayudante de la Plaza y quien actuaría como Fiscal, y Don Silvestre del Castillo, ayudante interino, designado por el Gobernador como secretario de la comisión. En el momento oportuno, se uniría el Licenciado en medicina Don José Mauri, encargado de llevar a cabo las investigaciones forenses.

Es importante señalar que el expediente 10938, referente a la identificación del Padre de la Patria, entra en contradicción con varios reportes de la época y con lo que aún se amplifica en la historiografía cubana.

Seguidamente aparece el documento más relevante de los 19 folios que componen el expediente y que dice así:

«Diligencia al pasar

al Hospital Civil donde

Se encuentra el cadáver.

«Ha  seguido el señor fiscal, acompañado de mí el secretario, se instituyó en el Hospital Civil de la citada Plaza, donde se haya depositado el cadáver del titulado presidente de la República Cubana Don Carlos Manuel de Céspedes con las señas particulares que a continuación se expresan: Tendido en una  camilla, con una levita de paño negro tendida sobre el cuerpo, un pantalón de Dril crudo color de la tierra, calcetines blancos con las iniciales CM 8 de C, borceguís de becerro con elásticos, afeitado recientemente toda la cara; pelo negro bastante abundante, ojos azules, estatura pequeña; y habiéndose presentado el licenciado Don José Mauri, nombrado para su reconocimiento, manifestó lo siguiente: que presenta una herida al parecer echa (sic) con machete en la cabeza con hundimiento de los huesos parietales, y otra herida por arma de fuego en el pecho, junto a la tetilla derecha, todas heridas mortales de necesidad[1]. Y para que todo conste se pone por diligencia que firma el señor Fiscal y presente secretario de que certifico”. Y lo firman Benito Álvarez Lora, José Mauri y Silvestre del Castillo.

En su libro «La Revolución de Yara», Fernando Figueredo Socarrás parafrasea al Prefecto, capitán José Lacret Morlot, al contar el episodio de la odisea de Céspedes, ya cadáver, de la siguiente manera: «… lo arrastraron luego -refiriéndose a sacarlo de donde había caído- de la misma manera por la llanura; saquearon sus ropas en el mayor desorden y, para facilitar esta operación, lo despojaron de sus vestidos, que arrojaron después de haber saciado su codicia…»[2]

Surge la pregunta: ¿Cómo es posible que en la diligencia se describan las prendas de vestir de Céspedes de forma detallada y precisa? Según Figueredo, solo encontraron despojos de ellas en San Lorenzo.

mapa de San Lorenzo
mapa de San Lorenzo

¿Realmente José Lacret y Morlot compartió estos detalles con Fernando Figueredo, o se utilizaron otras fuentes no contrastadas? Además, se menciona que se dedicaron al pillaje de las prendas de Céspedes. ¿Cómo pudo Lacret o cualquier otro morador de la finca saber esto con tanta precisión? ¿Estaban observando pasivamente desde la distancia sin hacer nada mientras destrozaban al «Hombre de Mármol», sin temor a ser descubiertos ante tal afrenta?

Con respecto a Lacret, personalmente pongo en tela de juicio que esa haya sido la actitud de un hombre fiel a la causa revolucionaria. José Lacret y Morlot, quien llegaría a ser ayudante de Maceo en esa misma Guerra Grande, y luego alcanzaría el grado de General de División del Ejército Libertador, merece un análisis más profundo, pero pongo en duda que esa haya sido su actitud, rebajando sus reconocimientos de hombre valiente y céspedista.

Por otro lado, en el libro «Carlos Manuel de Céspedes», los doctores Hortensia Pichardo Viñals y Fernando Portuondo del Prado presentan una carta redactada pocos días después de la muerte de Céspedes. La misma está firmada por Leónidas Raquín, seudónimo del Licenciado en medicina Carlos Acosta Nariño, corresponsal secreto de Céspedes en Santiago de Cuba. En la misma, Raquín se dirige a Carlitos de Céspedes y Céspedes, su amigo íntimo, y le comunica de manera lacónica sobre las ropas con las que llegó el padre a la capital oriental: «…estando vestido solamente con los calzoncillos y la camisa.»[3] Acosta parece estar avivando el fuego, tratando de generar más odio y dolor en Carlitos o condescendencia por la pérdida sufrida por el hijo del patricio. Ambos escritos pueden haber servido a diferentes intereses, y no es realmente lo que dice este expediente de identificación, confeccionado el mismo primero de marzo de 1874.

Lo cierto es que las ropas que vestía el Padre de la Patria, luego de su aseo matinal, según lo describe Lacret Morlot en «La Revolución de Yara», eran de una elegancia particular: «Esa mañana, se vistió con lo que llamamos un lujo: un centro de paño negro.»[4]  Este objeto, descrito por Lacret, figura en el inventario realizado por la comisión. Al parecer, solo quedó en San Lorenzo el chaleco negro de rayas punzó que obviamente estaba ensangrentado.

Sin embargo, es improbable que los españoles tuvieran tiempo para bordar las iniciales de Céspedes y el número 8 en los calcetines, un número que, para los masones como él, Venerable Maestro del grado 33, el más alto de la masonería, representa la amistad, algo que él sabía ofrecer y recibir. Por eso, se encontraba bordado junto a sus iniciales.

Además, es poco factible que los españoles tuvieran tiempo para ir de nuevo a San Lorenzo y buscar sus borceguís de piel de becerro y su pantalón de Dril crudo color tierra. Es completamente ilógico que, en este documento, exista una relación tan detallada y que no coincida con lo que hemos aprendido.

El pliego, en todas sus actuaciones, está ampliamente detallado con precisión milimétrica. Sin embargo, si aquí hay dudas sobre el manejo de la historia, muchas más surgirán a continuación. Sigamos los pasos al fiscal y al secretario.

Después de haber inventariado los objetos personales de Carlos Manuel de Céspedes, entró al salón el Licenciado Don José Mauri, que en presencia del fiscal y del secretario dictaminó:«[…] y habiéndose presentado el licenciado Don José Mauri, nombrado para su reconocimiento, manifestó lo siguiente: que presenta una herida al parecer echa con machete en la cabeza con hundimiento de los huesos peritales, y otra herida por arma de fuego en el pecho, junto a la tetilla derecha, todas heridas mortales de necesidad. Y para que todo conste se pone por diligencia que firma el señor Fiscal y presente secretario de que certifico.»

 «Benito Álvarez Lora, José Mauri y Silvestre del Castillo.[5]»

«Los nuevos documentos, –dice para este texto el Doctor en Ciencias Históricas y en Ciencia, Rafael Acosta de Arriba, único que ha tenido acceso a estos documentosdice: que la herida en el pecho fue en la tetilla derecha y no en la izquierda como se dijo anteriormente por algunos observadores y que ya reseñamos. Por primera vez aparece la herida de arma blanca en la cabeza, con toda probabilidad un machetazo, además de una fuerte contusión en el parietal derecho. Esta segunda herida, que provocó un hundimiento lateral del cráneo, sí fue descrita por todos. Lo más probable, a mi entender, es que se le propinó antes de alzarlo del farallón donde cayó Céspedes después del impacto de bala mortal, lugar donde la soldadesca se entregó con saña a la golpiza a culatazos y al ultraje del cuerpo, para acto seguido, llevarlo arrastrado ante el jefe del Batallón. La contusión corresponde, sin dudas, a un culatazo, propinado ya sin vida.»

Monumento a Carlos Manuel de Céspedes
Monumento a Carlos Manuel de Céspedes inaugurado en 1910 y desmontado en 2017 para su mudanza a su actual ubicación en el Cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Foto Radio Bayamo.

Algunos autores opinan que la contusión corresponde, sin dudas, a un culatazo, propinado ya sin vida. Mi opinión es contraría, recuérdese que el cayó a un precipicio de unos cuatro metros de profundidad, a una velocidad de caída de 150 metros por segundo, por lo que demoraría fracciones de un  segundo en caer, por lo que bien ese golpe fuera producto del choque contra las paredes del mismo.

Igualmente, como refieren los Doctores Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals: «Sin embargo, más de un historiador ha dicho que Céspedes recibió dos heridas, una en la pierna y otra en el pecho. Gerardo Castellanos, que con tanto cuidado trató de reconstruir este triste episodio de nuestra historia, dice que fue herido en una pierna.» [6]

Nada dice en el informe de que fue producto de un disparo de revólver, según el relato de Ángel Navarro Villar, en el libro de los doctores Pichardo-Portuondo, el que tampoco, como Raquin, figura como uno de los once invitados a reconocer el cadáver del «Iniciador» en el Hospital Civil santiaguero, aquel mediodía del primero de marzo de 1874. En la obra citada, él expresa: «… después de introducir el dedo meñique en el orificio que presentaba debajo de la tetilla derecha, dijo que la herida era de revólver.»[7]

Por otro lado, Raquín menciona que Céspedes únicamente vestía calzoncillos y camisa, como ya señalamos. ¿Fue redactada la diligencia forense con estas características específicas para dar la impresión de indulgencia hacia el cadáver o por los cubanos? ¿O en los escritos previamente mencionados de Figueredo y Acosta Nariño, se trabajó con aquiescencia o se sembró odio hacia los Cazadores de San Quintín?

No es posible que, luego de ser tan rigurosos en la confección de las diligencias de identificación, se haya pasado por alto mencionar que la herida fue causada por un proyectil de revólver, detalle que estoy seguro de que no omitirían, y que recibió varios machetazos y disparos de rifles, cuando sólo aparece uno, y un machetazo.

Y digo que confío en la veracidad del informe, pues este documento, producto de la identificación del hombre más buscado por los españoles, significaba, sobre todo, un ascenso seguro para el señor Gobernador de Oriente, el jefe de los Cazadores de San Quintín y todos los oficiales involucrados en la acción.

En la versión de Fernando Figueredo Socarrás se narra con una serie de «detalles» íntimos de la acción, hechos que ninguno de los cubanos presentes en San Lorenzo vio para valorarlos con tanta precisión como él lo hace: «[…] allí enclavado, puede decirse, en los escombros, lo alcanzó la turba, aquella turba feroz, desenfrenada y sedienta de sangre.» Sin duda alguna, desde lo alto del barranco le asestaron algunos tiros que terminaron su preciosa existencia. Entonces bajaron: les deshicieron el cráneo a culatazos y le dispararon un rifle pegando la boca del arma sobre su corazón, atravesando la bala todo el cuerpo de un lado al otro. Esta herida, así como la de la pierna y otras del cuerpo, estaban marcadas en la ropa que se encontró en el campo…»[8]

Ahora tocaba el turno a la diligencia del Reconocimiento del cadáver en el que un grupo de conocidos y amigos de Céspedes, entre ellos un primo, Ángel Céspedes. Continuará…

En busca de la verdad histórica: la llegada de los restos

[1]Las cursivas son del autor de este texto.

[2] La Revolución de Yara, Fernando Figueredo Socarras, Ed Pueblo y Educación, La Habana, p 44.

[3] Carlos Manuel de Céspedes. Fernando Portuondo del Prado-Hortensia Pichardo Viñals. Ed de Ciencias Sociales, La Habana, 1974. Tomo I Escritos, p 97.

[4] «La Revolución de Yara.» Ob, cit., p. 42

[5] Expediente 10938. Ob, cit. Folio 13

[6] Carlos Manuel de Céspedes. Ob, cit., p 96.

[7] Ob, cit., p 98

[8] La Revolución. Ob, cit., p 44

NOTA:

El autor ha pedido que le envíen comentarios, sugerencias o críticas, con el ánimo de hacer mejor este texto, que formara parte de los documentos a  debatir en el Congreso Nacional de Historia de Cuba.

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal (Las Tunas, 4 de septiembre de 1953). Periodista, locutor, documentalista e Investigador de temas históricos. Durante cuarenta y un años laboró en la Televisión y Radio cubanas; dio cobertura informativa a numerosos hechos de nuestra historia revolucionaria.

Es graduado de periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba 1986, Diplomado en Historia y Marxismo en la Universidad «Ñico López» del CC del PCC, y del Nuevo Periodismo Latinoamericano, en el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí», en 2001

Cumplió Misión Internacionalista en África, trabajo de jefe de equipo en la filmación del proceso de repatriación e identificación de los cubanos caídos en Granada, el 25 de octubre de en 1983.

Tiene publicado los libros: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia. Ha publicado en revistas de temas histórico, como Tareas, del Centro de Estudios de Ciencias Sociales de la Universidad de Panamá, la Revista de Artes y Humanidades, las Nueve Musas, de España, igualmente trabajos suyos han sido leídos en Venezuela, Angola, o vistos por la televisión, en Rumania, Rusia, Polonia, Bulgaria, la antigua Yugoeslavia, Alemania, etc., todas exintegrantes del campo socialista.

Ha recibido premios en concursos nacionales de periodismo, investigaciones históricas y literatura.

Fue galardonado como Mejor Conductor de Programas Informativos de Cuba, en el Festival Nacional de la Radio, 2001, y recibió el Premio Provincial a la Obra de la Vida «Rafael Urbino Santoya», 2005. Ostenta órdenes, medallas y distinciones militares y estatales. Es miembro de la UPEC y la UNHIC.

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