Llegan once conocidos ante sus restos
En el capítulo anterior hablamos del trabajo realizado por la comisión conformada por el Brigadier y Comandante Gobernador de Oriente, en Cuba, Don Sabas Marín González. Hoy les ofrezco nuevas evidencias, como todo el trabajo, en estreno.
La comisión integrada por los tenientes coroneles Benito Álvarez Lora y Silvestre del Castillo al que se unió el médico José Mauri, continuaron su trabajo lejos de las miradas de quienes a esas horas acudían a la necrópolis santiaguera para ser testigos del hecho.
Ahora la comisión se nutre de nuevas fuerzas, han sido llamados a prestar declaración delante del cadáver un grupo de santiagueros que en vida lo conocieron y trataron, como su primo hermano Ángel Céspedes … cada uno fue llamado por el señor secretario. Eh aquí sus nombres:
Don Rafael de Zárate, alcalde Mayor del Distrito Norte de esta ciudad, el comandante graduado, Capitán de Milicias Disciplinadas, Don Antonio Alonso de Prada, Don Ignacio Casas, Don Salvador Pagés, del comercio, Don Francisco de Castillo Abal, empleado de rentas, Don Idelfonso de la Presilla, Don Valentín Ortiz, Don Ángel Céspedes, primo hermano carnal del difunto, Don Rafael Fonseca Ramírez; el doctor Don Manuel Yero y el Presbítero Don Francisco Salvador Marful. «… dijeron todos por unanimidad que era el cadáver de Don Carlos Manuel de Céspedes, por haberlo conocido antes, y algunos, después, durante la insurrección como jefe que era entonces de la insurrección. Y para que conste la paso por diligencia…» [1]
Luego de esta actuación para validar la identidad del cuerpo que yacía en aquella camilla, el fiscal actuante Don Benito Álvarez Lora y el secretario, Don Silvestre del Castillo, pasaron a la necrópolis santiaguera para dar sepultura a los restos del Padre de la Patria. Son las cuatro y treinta minutos [2], mientras en «La Lola» –el carretón de los muertos vulgares– conducen al expresidente de la República en Armas hasta el cementerio municipal. Los casi tres kilómetros de distancia, deben haberse recorrido en una media hora, o quizás 45 minutos, al trote de la mula que halaba «La Lola», por lo que su llegada a Santa Ifigenia debe haber sido sobre las cinco y veinte de la tarde. Pocos santiagueros son testigos del hecho. Algunos de ellos establecen de inmediato una especie de guardia juramentada para resguardar el sitio, y maquinan un plan para hacerse de los restos. [3]
La diligencia escrita por el secretario expresa: «[…] para proceder al enterramiento del cadáver del titulado presidente de la república cubana Don Carlos Manuel de Céspedes, habiéndose llegado a las cinco y media de la tarde, ordenó dicho señor, se le diera sepultura, lo que se verifica en la quinta hilera, fosa tercera, primer cadáver, tramo M, cuarenta metros al sur y seis metros al norte. Y para que conste pasa por diligencia que firma dicho señor y el presente secretario de que certifico».[4]
En su diligencia, la comisión de la que ya hemos leído algunos textos, Don Sabas Marín, parece mostrar una aparente consideración hacia la figura de Céspedes al pedir a sus subordinados una sepultura modesta. Sin embargo, lo cierto es que lo enterraron en una fosa común, destinada en esa época a los menesterosos, a los vulgares, lo cual no puede considerarse adecuado para un héroe. Falacias, nada más: «Cuando haya usted terminado las diligencias necesarias para identificar el cadáver de Don Carlos Manuel de Céspedes y que este haya sido puesto a la exposición pública hasta las 5 de esta tarde, proceder usted a darle sepultura modesta en el Cementerio de esta ciudad…» [5]
Intentó el Brigadier Gobernador de Oriente no ser descortés y sacó una frase sarcástica de su manga. Lo cierto es que lo enterraron en una fosa común, sin penas ni glorias. Y la exposición de su cuerpo no llegó a las 5 como él pedía, sino hasta las 4 y 30 minutos de esa tarde.
Desde el mismo momento de la llegada del cadáver de Céspedes a Santiago de Cuba, comenzaron a salir cartas para el mundo, cada cual escribió algo «novedoso» para destacarse en el conocimiento de lo que la «justicia» española había hecho en la actuación. Esto es normal y ha ocurrido en todas las épocas. Lo que sucede es que los escritores de entonces, sin contrastar fuentes, publicaron lo que habían oído del primero, y luego el otro del otro, y así hasta nuestros días, creando una historia tergiversada
Luego, de esta última diligencia, los informes volaron al Capitán General en La Habana, de este a Madrid a la Corona, y a reposar, como este expediente 10938, nombrado: «Identificación del titulado presidente de la República Cubana, Don Carlos Manuel de Céspedes», en los estantes y gavetas del Archivo Militar de Segovia, España.
[1] Ob, cit., Expediente 10938. Folios 13-14
[2] Carlos Rafael Fleitas Salazar, Artículo: Hospital Civil de Santiago de Cuba: una historia de cambios, dificultades y realizaciones, en: http://scielo.sld.cu/scielo
[3] «Los entierros de Carlos Manuel de Céspedes.» Ignacio Fernández. En On Cubanews, marzo 2019
[4] Ob, cit., Expediente 10938. Folio 15.
[5] Ob, cit., Expediente 10938. Folio 16.

















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