Las nueve musas
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              SIEMPRE NOS QUEDARÁ MAÑANA (2023)

Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando aún el ejercito de EEUU ocupaba Italia, asistimos a  una historia doméstica ejemplar: donde la mujer es inferior por el mero hecho de serlo, receptora paciente de todo castigo de palabra y obra. Invariablemente será la culpable, sin que exista razón alguna que lo explique.

Ocurre en una sociedad patriarcal que defiende la posición dominante del hombre, cuya moralidad dudosa, siempre injusta, defiende una supuesta superioridad. Su actuación arbitraria no precisa justificación, pues detenta el orden social siempre superior a la razón.

C'è ancora domaniPese al sometimiento de la  mujer, a veces contesta, pregunta,  apaleada por cualquier pequeñez; no obstante, emprendedora, mantiene firmemente una puerta abierta a la libertad, centrada en el antiguo novio que de algún modo representa el principio, la oportunidad de que cualquier día siguiente sea el mañana.

La trama constituye una representación de la vida privada, sometida a las arbitrariedades de una tradición obsoleta, donde la mujer es la responsable de todo lo que sucede en el ámbito doméstico: estado de la casa, hijos, enseñanza, comidas, economía. Cualquier otra ocupación supone aún una anomalía.

Esta familia de clase social baja, ocupa como corresponde un sótano, espacio compatible con su nivel social. La sufridora madre advierte que, su hija, sometida al control del novio, está a punto de caer en la trampa de un matrimonio convencional, donde será una esclava. La historia familiar es paralela a la Historia del país, 1946, a punto de votar por la República, lo que supondrá una nueva constitución, otro orden.

La presentación de este cine en blanco y negro recuerda el neorrealismo italiano, ofrece un tratamiento revolucionario. El relato nunca cae en una amargura que provoca la solidaridad del espectador por vía emocional, por el contrario, despierta una actitud crítica al imprimir otro ritmo.

Las escenas brutales, el apaleamiento frecuente de la mujer, a puerta cerrada, se convierte en un baile trágico y cómico, especie de esperpento. Las escenas no tienen ese sentimentalismo ambiguo que caza con reclamo, sino que expone con toda claridad la situación objetiva, con un curso que permite, libre de prejuicios, afrontar una situación impuesta. La letra de las canciones subrayan estos comportamientos, que la costumbre ha hecho naturales, las cosas son como son.

 

Las imágenes se pliegan a un régimen de esclavitud donde late la eficacia de una inteligente mujer, que acaba rompiendo con los prejuicios de una sociedad inmovilista.

La torpeza social se muestra en la mirada, los ojos que no callan se enfrentan al silencio social, al encubrimiento histórico. Cuando el soldado William provoca la voladura del café y heladería, está tomada la decisión de romper con  la rígida estructura que mantiene amordazadas a las mujeres.

Escrita, dirigida y protagonizada por Paola Cortellesi, primera obra como directora. Imprime un ritmo que será fundamental, con una sintaxis perfectamente trabada, la escena de la muerte del abuelo, máximo representante del patriarcado, coincide con el día de la votación.

Paola Cortellesi
Paola Cortellesi De Francesco Petrucci – Flickr, CC BY-SA 2.0,

La vieja rezadora que nadie conoce, provocarán la escena definitiva, la supresión de otra mordaza, el voto. Cuando baja la escalera, después de haber ejercido como ciudadana, congela la escena, foto fija, como si se tratase de un cartel, supone la muralla que se enfrenta al agresor, impide su aproximación, definitivamente desplazado, el régimen de esclavitud se puede dar por finalizado.

Las miradas entre la madre y la hija, el silencio de la boca cerrada,  equivalentes a puntos suspensivos, que coinciden con la banda sonora, se convierten en gestos cómicos que rompen la tensión emocional.

El final es abierto. A partir de este momento, la República, el nuevo estatuto, comienza la aparición de otro país. La ruptura por la mujer del orden establecido, provoca otro mundo. ¿Se irá con su primer novio?, ¿abandona la ciudad?, ¿emprende una nueva vida? Todo es posible.

La sala a la que hemos asistido tiene una capacidad para trescientos treinta y ocho espectadores, no creo que llegásemos a veinte quienes ocupábamos las butacas, quizá porque la tarde del domingo no es muy dada a gozar con el cine, tal como ocurría en nuestra adolescencia. Cito espacio y espectadores porque antes de la exhibición pasó algo que, después, me pareció un excelente prólogo. Las entradas eran numeradas, claro que también correspondían a otra sala. Dos veces fuimos trasladados de nuestros asientos tras demostrarnos boleto en mano que los habíamos ocupado indebidamente.

Esta expulsión, desplazamiento forzado, dentro del desierto de la sala, sin duda, debería figurar como principio de la proyección de la película, claro que, quizá, sea más apropiado llamarlo epílogo. El orden es el orden. Cambiar algo en Italia  o en España, suele ser muy difícil, pero aquellas mujeres sí cambiaron la constitución con el voto de todas.

historia doméstica
Reparto
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022).

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

Reseñas literarias

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