Desde siempre pareciera que la actividad operística mexicana se centra exclusivamente en la Ciudad de México, sin tomar en cuenta que es el territorio más pequeño de un país que tiene dimensiones que cuadriplican a Francia o a varios países europeos y que en muchos estados de la República mexicana la actividad operística tuvo un lugar predominante en las actividades sociales desde el siglo XIX.

Esto es patente cuando encontramos recientes estudios de la actividad operística en varias ciudades de Veracruz, en Guadalajara o en Monterrey; varios de ellos con datos sorprendentes y sobre todo desconocidos para los propios mexicanos amantes o estudiosos de la ópera. Entre estas nuevas investigaciones hay que destacar el trabajo de Emmanuel pool, que rescata tres óperas que retratan la imaginería maya y que hace un planteamiento especialmente interesante sobre qué significa lo maya y qué lugar ocupa en la identidad mexicana.
La tesis Kinchí, Xunan tunich y Dignidad maya: Representaciones de «lo maya» en la ópera yucateca, 1924-1934 con la que Pool obtiene el grado de doctor en musicología, hace varias aportaciones importantes. La primera de ellas, es llamar nuestra atención a estas obras escritas hace un siglo, aproximadamente, y que no forman parte de nuestras programaciones, llenas, por otra parte, de repertorio extranjero repetido hasta el cansancio.
Estas obras, desconocidas en primer lugar, paradógicamente, para los propios yucatecos y mexicanos, son producto de una situación social única, más cercana a la izquierda política, que pertenece a un contexto histórico en una geografía alejada de la ciudad de México y que muchas veces se ha considerado otro país.
Hablamos de un Yucatán que planteaba cosas increíbles en la marea propia de la finalización de la revolución Mexicana: un arte por y para el pueblo que pugnaba por ser parte de la vida cotidiana de las clases obreras y campesinas del Estado, apoyados por el Partido Socialista del Sureste. Se trata de un momento histórico donde el país entero fijaba la mirada en las desigualdades que habían llevado a la lucha armada y que, de paso había modificado los cimientos de una estructura social centrada en las clases altas.

Esta tesis tratará, de manera exhaustiva, la historiografía documental de éstas tres obras de tema maya, cuya importancia no puede soslayarse, tanto desde el punto de vista estético como histórico-social.
El 17 de septiembre de 1924 se estrena la primera ópera con tema maya Kinchí de Gustavo Río Escalante, la importancia de este evento queda retratado en el texto del Dr. Pool: “En lugar de ver en el escenario un salón parisino o las calles de un pueblo italiano, el público de Mérida vería, por vez primera, la recreación del pasado maya, con la leyenda del guerrero Kinchí en escena. Este sería un hecho insólito en los anales del género lírico yucateco.”[1] El integrar una visión, aunque fuera idealizada, de nuestras culturas originarias, es el primer paso para la construcción poliédrica de una identidad que ahora pareciera perdida.
La segunda obra que estudia esta tesis es Xunan tunich de Arturo Cosgaya, de 1930 y que al parecer no fue estrenada, es una de las primeras cinco óperas sobre este tema. El trabajo de Pool como investigador tiene un gran acierto al contrastar todas las fuentes, algunas erróneas y otras imposibles de debatir, abriendo claridades imprescindibles para entender la historiografía de esta obra.

El simple hecho de poder incluir estas obras en nuestro quehacer lírico nacional ya es, de por sí, una importante primera aportación. La segunda es la enorme reflexión sobre lo que ha sido la representación de lo indígena en la ópera mexicana, que nos lleva al cuestionamiento de nuestra identidad como un país mestizo y con un legado lírico tan inconmensurable como demeritado.
Los indígenas en el siglo XVIII fueron retratados dentro del exotismo europeo, lo cual tiene lógica, pero los propios mexicanos hicimos lo mismo en el XIX, tratamos a las comunidades indígenas desde el punto de vista más idealizado o religioso posible, viéndonos a nosotros mismos tal cual nos veian los europeos, lo cual ya plantea un problema de identidad.

La tercera aportación, y quizá la más importante, es un estudio del estado del rescate y difusión de la ópera mexicana. En él, Pool nos comparte sus profundos conocimientos sobre el repertorio mexicano y su estado actual, el cual no es nada alentador. Comienza diciendo:
La ópera compuesta en territorio mexicano parece iniciar con los trabajos de Manuel de Sumaya a principios del siglo XVIII en la Nueva España y continúa, a lo largo de los siglos, con más de cuatrocientas obras contabilizadas hasta el momento. A pesar del importante número de autores dedicados a ella, la ópera mexicana es apenas conocida en el país. Ello puede deberse a una serie de razones, entre las que resaltan la falta de fuentes documentales —muchas partituras están perdidas, otras en acervos de difícil acceso— y a la falta de programación de las obras en nuestras instituciones musicales. Por otra parte, la historiografía musical mexicana ha mostrado cierto desdén por el género, privilegiando ante todo el estudio de la música orquestal posrevolucionaria.[2]

Este tipo de tesis son especialmente importantes por que sus aportaciones son necesarias en muchos sentidos. Como rescate de nuestro acervo lírico, como registro del estado de nuestra historia, pero, sobre todo, como un cuestionamiento imprescindible de nuestra identidad mestiza, sofisticada y poliédrica.
[1] Pool Castellanos, Emmanuel. Kinchí, Xunan tunich y Dignidad maya: Representaciones de «lo maya» en la ópera yucateca, 1924-1934.Tesis para obtener el grado de doctor en música (musicología). Ciudad de México: UNAM, enero 2025. Pág. 1
[2] Op.Cit,
[3] Publicado en la revista Anales del instituto Nacional de Antropología e Historia y Etnología, 41, tomo II, 1910, 313-354.


















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