Hay muchas maneras de leer un libro de aforismos, pero en general se podría decir que las más habituales son tres: leer el libro de un tirón ( siempre que sea muy breve, como suelen ser las publicaciones de las editoriales que se dedican últimamente a publicar este género ), otra forma sería leer varias páginas y dejarlo hasta que vuelva a apetecernos seguir leyéndolo y una tercera, que creo que es la mejor, sería leer varios aforismos hasta encontrar uno que nos guste o seduzca especialmente y entonces hacer una señal con un lápiz, cerrar el libro y reflexionar sobre el aforismo que nos ha seducido.
Esta manera de leer aforismos creo que es la manera más enriquecedora. Es leer para pensar y repensar, es leer para darles vueltas a los posibles dobles sentidos de las palabras y es leer para ver matices que en una primera lectura pasan desapercibidos.
Es leer como un filólogo aficionado, que es la mejor forma de leer. Porque si uno relee y medita sobre el aforismo que le ha interesado y otros días vuelve a hacer la misma operación con las siguientes páginas del libro, lógicamente acabará aprendiendo varios aforismos de memoria. Igual no muchos pero sí los suficientes para recordar las excelencias del libro en su opinión. Y por eso esta tercera forma es la más sabia de leer los libros de aforismos porque es la manera de guardar la verdad y la belleza en nuestra memoria de manera inolvidable, encapsulada en unos cuantos breves pero inconmensurables aforismos.
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