Las nueve musas
la ópera mexicana

La ópera mexicana, esa ilustre desconocida

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Una de las características más importante de un buen artículo -me dijeron siempre- es que nunca debe escribir desde el punto de vista personal, porque entonces deja de ser objetivo. Bueno, en esta ocasión me voy a permitir ser muy personal.

Un día, igual que todo mexicano, yo me harté de mi país. Me harté de su desmadre, de su corrupción, de su ceguera. Me fui cuando Fox subió al poder y nombró a Sari Bermúdez presidenta de Conaculta, cuando murió José Antonio Alcaraz y su biblioteca y archivo desparecieron. Cuando no pude más.

Me vine a Europa por una razón muy simple, quería hacer ópera sin el “es que”, sin el ahorita, sin la filosofía del que no transa, no avanza y sin el “agandalle”. Quería hacer ópera bien.

Lo paradójico, lo verdaderamente extraño es que fue aquí donde valoré lo que realmente era la ópera mexicana, lo que era México y lo que eran nuestros artistas. Y ha sido desde aquí, donde, sin buscarlo, empecé a entender el arcaico término de patria.

Cuando un colega catalán me preguntó qué bibliografía podía consultar para estudiar la escuela mexicana de canto, además de escupir el café, tuve que reflexionar mucho antes de contestarle. Ramón Vargas lo comentó conmigo y me hizo ver que quizá no tengamos una escuela, pero si una tradición. Y ahí me avoqué ¿cuál era nuestra tradición?

La ópera mexicana

La verdad es que no sabemos nada o casi nada. Lo cual significa casi no saber nada de nosotros mismos.  Nos hemos conformado con lo que nos han contado, a veces con muchos errores pasados de generación en generación.

No sabemos que nuestro primer compositor, Manuel de Sumaya (1678-1755), nacido y educado en la Nueva España, con un talento brutal, Maestro de capilla y uno de los mejores músicos de la historia, tiene su acta de nacimiento en el registro de naturales, mestizo y negros, con lo cual de criollo o español no tenía nada. Que escribió la primera ópera escrita en la Nueva España por un natural, en 1711, abriendo con ella la posibilidad a la música escénica en pleno barroco.

No sabemos que en siglo XIX la ópera no dejó de representarse, ni siquiera durante la guerra de Independencia. Que tuvimos a nuestras primeras divas nacionales y la primera internacional, que fuimos el escenario de las representaciones de las mejores compañías italianas, que teníamos una infraestructura teatral de más de 500 teatros en todo el país y que nuestros compositores nos dejaron un repertorio maravilloso que conservamos poco y mal, por desgracia. Que la ópera era tan famosa que se mencionaba hasta en las novelas de folletín de nuestros grandes literatos.

Ni siquiera nos imaginamos que durante el Porfiriato tuvimos una actividad enorme de ópera en todo el país, incluso en teatros dentro de las haciendas. Que la ópera se consideraba una de las herramientas más importantes para la educación de las mujeres y que formaba parte de la vida cotidiana, a tal grado que en 1906 había una compañía de ópera para obreros. La ópera no se dejó de hacer ni siquiera durante la revolución y ese será uno de los momentos de definición más importantes de la historia de la música mexicana.

Adolfo de la Huerta
Adolfo de la Huerta

Con la revolución terminada, sube a la presidencia el único presidente que hemos tenido, que además fue maestro de canto. Y que va a ser incluso profesor del hijo de Caruso. Adolfo de la Huerta (1888-1955) es quien trae a Caruso en 1919, dándole la oportunidad de crear una compañía propia en México, ahí va a debutar José Mojica y quizá ese sea el principio de la tradición de tenor en México. Este señor decide celebrar el término de la revolución mexicana con una temporada “Legendaria” en 1921. La creación de la SEP del INBA y de la sinfónica Nacional le van a dar una estructura a nuestra ópera.

Quisiera que recordáramos algunas fechas: en 1934 el Palacio de Bellas Artes es inaugurado, por fin. Las representaciones como ópera de Bellas Artes se inician en 1942, en 1946 se constituye el instituto Nacional de Bellas Artes, y dos años después, es decir en 1948, se integra al INBA la compañía conocida como ópera de Bellas artes, que existía antes de la consolidación institucional.  La primera temporada de ópera ya institucional y no se deciden por el nombre: Ópera de Bellas artes o compañía Nacional de Ópera. Pero en medio de todo ese mundo de inauguraciones, la primera ópera presentada sobre el escenario de ese teatro fue en 1928 Atzimba dirigida por José F. Vásquez, y es hasta 1935 que la actividad lírica es constante y lo hace una mujer empresaria: Esperanza G Manero.

La época que muchos recuerdan como dorada de la ópera de Bellas Artes la llevó a cabo una señora, a quién también hemos olvidado, Concepción de Quesada, quizá la más brillante productora y gestora que ha tenido bellas Artes.

Entonces, después del término en la colaboración con la Asociación Daniel y a Señora Quesada, tenemos un nuevo formato para la ópera, la compañía estable. Donde se le dan contratos por honorarios en diferentes categorías a cantantes profesionales. Esto duró muy poco, pero parecía una forma de crear una compañía real. Por supuesto no fue sustentable y se regresa a la forma de producción anterior, que hoy está anquilosada y en manos de las decisiones de colectivos que se dicen artísticos, pero que están más preocupados por sus ganancias sindicales que por la creación escénica o musical.

Pero como siempre que las instituciones no cumplen con las necesidades de una población, entonces la sociedad misma genera sus propios beneficios. Así, un día, volteamos la cara y vimos que fuera del Palacio de bellas artes se estrenaban más óperas que dentro. Vimos a nuestros cantantes hacer carreras internacionales de importancia mundial y vimos a nuestras compositoras recibir comisiones de las mayores casas de ópera del mundo, premios y éxitos internacionales, mucho antes que nacionales.

Como dije al principio, Patria es una palabra arcaica, pero que solo encontré cuando dejé de vivir en México. Mi patria es la cultura mexicana porque a diferencia de todas nuestras instituciones, ella nunca me ha defraudado. La ópera mexicana se ha formado de todos los compositores, cantantes, gestores y artistas que han peleado por ella, y a los que hemos olvidado sistemáticamente. Yo no confío en ninguna institución y estoy segura de que el futuro de nuestra ópera no está en nuestras políticas gubernamentales. Así que ¿Qué vamos a hacer por ella? ¿Cómo vamos a aportar? ¿Qué eslabón de la cadena de trescientos años que tenemos a nuestras espaldas vamos a forjar?

El que quieran, menos el de la ignorancia y el olvido, por favor.

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Enid Negrete - Ópera

Enid Negrete

Enid Negrete se ha formado profesionalmente tanto en el medio musical como en el ámbito teatral. Es Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Reside en esta ciudad desde hace quince años, donde ha trabajado como productora y directora de escena de teatro y ópera, así como especialista en archivos operísticos, crítico, profesora y articulista.

Como investigadora fue la primera en estudiar los archivos históricos de los dos teatros más importantes de ópera de España: El teatro Real de Madrid (actualmente consultable en el Institut del Teatre) y el Archivo histórico de la Sociedad del Gran Teatro del Liceo de Barcelona (en proceso de digitalización por la UAB). De 2013 a 2016 fue investigadora invitada del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información “Carlos Chávez” del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, donde realizó el diseño de la primera línea de investigación de la ópera en México.

Desde el año 2006 ha colaborado en diferentes publicaciones especializadas en ópera, música clásica y artes escénicas, tales como Ópera Actual, Opus Musica, La onda, Revista ADE de la Asociación de Directores de Escena de España, Heterofonía y Recomana.cat.

Actualmente es la presidenta de la Fundación Arte contra Violencia dedicada a apoyar a los artistas de escasos recursos, dar formación profesional y difundir el arte mexicano en Cataluña.

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