Las nueve musas
Caso vocativo

Sobre el caso vocativo

Continuando con nuestro breve (pero no por ello superficial) repaso de los casos gramaticales, nos detendremos aquí en el vocativo, el quinto de la lista.

  1. Generalidades

 El nombre de este caso proviene del latín vocativus, y, como este mismo indica, se trata del caso que nos sirve para «invocar» o llamar a alguien.

El vocativo se caracteriza principalmente por ser ajeno a toda función sintáctica, pues carece en absoluto de relación con el conjunto de la frase. Esta independencia hace que lo aislemos de la oración en que se introduce, ya sea colocándolo entre comas si va en medio de la frase (Sabes, Luis, lo mucho que te aprecio), ya sea separándolo con una sola coma si va al principio o al final (Luis, sabes lo mucho que te aprecio o Sabes lo mucho que te aprecio, Luis).

Invariablemente, el vocativo equivale a una oración completa en la que expresamos un deseo en forma de súplica, de invocación o de mandato. En efecto, aunque nos limitemos a llamar a una persona o cosa, en ese llamado le estamos manifestando de modo implícito el deseo o la orden de que nos escuche, de que se acerque a donde estamos. Recordemos cómo explicaba el caso la Academia:

Si digo Juan corre, el nombre Juan está en nominativo; pero si pronuncio estas mismas palabras con distinta entonación, o las escribo en esta otra forma: ¡Juan, corre!, el nombre Juan ya no es el sujeto del verbo corre, ni éste se halla en la misma persona y modo que en el caso anterior. El juicio que allí expreso en forma aseverativa, lo anuncio aquí imperativamente: me dirijo a Juan exhortándole a que corra. Juan está aquí en vocativo y el verbo correr en imperativo. Diremos, pues, que está en vocativo el nombre de la persona o cosa personificada a la que dirigimos la palabra en tono de súplica, mandato o invocación. Este caso no forma parte de la oración ni como sujeto ni como complemento, y por eso se coloca siempre entre comas si va en medio de la frase, y con una coma después de él si va al principio.[1]

Cabe destacar que el vocativo no puede llevar preposición, aunque sí ir acompañado de algunas interjecciones, especialmente oh y ah. Esto lo vemos, por ejemplo, en expresiones como ¡Oh, amada mía! o ¡Ah, sinvergüenza!, que aparecen con frecuencia en obras literarias.

Ahora bien, cuando un vocativo va acompañado de un pronombre posesivo, lo normal es que este se posponga al sustantivo al que acompaña (Dios mío, ayúdame a salir de esto), pero también es común, como expresión equivalente, que el sustantivo vaya precedido por un determinante posesivo (Mi dios, ayúdame a salir de esto).

Como hemos visto, el vocativo se refiere siempre a una segunda persona a la que se dirige inmediatamente el deseo del hablante. No obstante, en ocasiones, esta invocación no es más que una simple figura retórica, que es lo que ocurre, por ejemplo, en oraciones como América, ponte de pie o No me desampares, patria mía.

Desde el punto de vista gramatical, la colocación del vocativo es indiferente; pero su valor expresivo es distinto cuando se coloca al principio, para llamar la atención del interlocutor, o en el medio o en el final de la oración, donde su papel es casi siempre enfático.

  1. La coma del vocativo

La RAE nos decía allá por 1931 que el vocativo «no forma parte de la oración ni como sujeto ni como complemento, y por eso se coloca siempre entre comas si va en medio de la frase, y con una coma después de él si va al principio». Lo que se nos quiere decir con esto es que la coma, en definitiva, es obligatoria en este caso. Veamos cómo explica su uso la actual Ortografía académica:

Se aíslan entre comas los sustantivos, grupos nominales o pronombres personales que funcionan como vocativos, esto es, que se refieren al interlocutor y se emplean para llamarlo o dirigirse a él de forma explícita: Javier, no quiero que salgas tan tarde; Has de saber, muchacho, que tu padre era un gran amigo mío; Estoy a sus órdenes, mi coronel; Usted, acérquese inmediatamente.[2]

Curiosamente, esta regla se incumple la mayoría de las veces. De hecho, el no empleo de esta coma es uno de los errores más comunes de Internet, donde abundan frases como *Hola Juan, *Felicidades Pedro, *Buenas noches amigos, entre otras tantas parecidas.

Es probable que este error sea producto de una mala interpretación del uso y las funciones de la coma. El usuario medio recuerda de sus años escolares que la coma indica una breve pausa dentro de la oración y, como cuando hablamos no solemos hacer pausas entre el vocativo y el resto de la frase, muchos creen que colocar una coma «divisoria» sería poco menos que una falta. La falta, por el contrario, consiste en no colocarla. Pero, claro, no podemos echarle la culpa al pobre usuario. Los verdaderos responsables de esto son los docentes que no explican que el uso de la coma no siempre responde a la necesidad de hacer una pausa en la oración (del mismo modo que no todas las pausas que hacemos oralmente en una frase deben indicarse con una coma) y que, en consecuencia, cualquier definición que se base en ese único rasgo será, por lo menos, engañosa.

Rebajas

Afortunadamente, la nueva Ortografía parecería haber tomado nota de este problema. Al menos, es lo que podemos inferir del siguiente párrafo:

Los vocativos se caracterizan en la oralidad por una curva de entonación descendente, aunque no siempre, por pronunciarse entre pausas. Con independencia de sus características prosódicas, los vocativos se escriben siempre entre comas, incluso cuando los enunciados son muy breves, como en estructuras del tipo No, señor; Sí, mujer.[3]

El no empleo de la coma para aislar vocativos genera también confusiones de índole semántica. Como sabemos, no es lo mismo decir Silvia grita que Silvia, grita; en el primer caso, afirmamos que una persona llamada Silvia está gritando; en el segundo, le pedimos a Silvia que lo haga. Si lo que queremos decir es lo que expresa el segundo ejemplo, pero escribimos la frase omitiendo la coma, lo que estaríamos diciendo en realidad es lo que expresa el primer ejemplo, o sea, algo completamente distinto.

La coma del vocativo, en definitiva, le otorga un sentido único a la frase, lo que en parte explica el porqué de su obligatoriedad.

Rebajas

[1] Academia Española. Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1931.

[2] RAE y ASALE. Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa, 2010.

[3] RAE y ASALE. Óp. cit.

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Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

Directorio Cultural Hispano

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