Las nueve musas
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Resorts todo incluido: otra mirada al turismo de pulserita

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Tengo la suerte de haber viajado bastante. Y soy de la opinión, parafraseando al maestro Javier Reverte, que lo importante no es ni donde se viaja ni cómo, si no el hecho de ir hacía cualquier lugar que no sea nuestro hogar, la aventura de partir.

TurismoCon esa premisa, he viajado de mochilero por mi cuenta, en viajes totalmente organizados, también en aventura libre, he disfrutado de cruceros, me he alojado en hoteles de 5 estrellas, en tiendas de campaña al aire libre y he dormido en el suelo en la mayoría de aeropuertos de Europa. Y todas las opciones me han aportado algo, dependiendo de momento, lugar y coyuntura. Por supuesto, he estado unas cuantas veces en esos resorts que ofrecen “todo incluido” en un solo pago (cosa que no suele ser del todo cierta). Curiosos lugares de los que voy a hablar a continuación.

Enormes, de arquitectura preciosista en infinidad de estilos, impresionantes halls, personal educado y servicial, calor, piscinas, playas de ensueño, manjares sublimes, relax o fiesta, apartados del mundo, inverosímiles contactos con animales exóticos…y mucho tiempo libre. Así se nos presentan en las fotos y las descripciones, y si elijes bien, algo parecido encontrarás. Puede sonar a algo inalcanzable, extremadamente prohibitivo… o quizás no. Un momento, volvamos atrás.

Este pasado verano, se dio la casualidad que, por circunstancias de la vida, acabé viajando a la República Dominicana. La falta de tiempo, el presupuesto, el hecho de no querer repetir destino o las ganas de desconectar y no planificar apenas nada nos llevaron a elegir esta opción. Y sí, habéis leído bien, he escrito “el presupuesto”, o quizás debería decir “la limitación en el presupuesto”. Puede parecer una contradicción, que un lugar paradisiaco, con playa privada, mil piscinas, restaurantes, tiendas, bebidas y comidas ilimitas y unas habitaciones de ensueño sea algo económico. Lo cierto es que, si comparas el precio del Pack Resort (vuelo+hotel+traslados) con lo que me hubiera costado un viaje similar por mi cuenta, no había color. Os diré que solo el importe del vuelo por libre ocupaba el 80% del coste total de la alternativa, con lo que podéis haceros a la idea si luego pretendéis alojaros en un lugar bien ubicado y con ciertas comodidades.

—¡Ojo! Antes de que los intrépidos viajeros nómadas se me echen encima… soy consciente de que hay maneras de hacerlo mucho más barato, vuelos de último minuto, escalas concretas mezclando destinos o viajar fuera de temporada alojándose en hostales o casas particulares, couchsurfing etc. Lo sé, pero sigamos con el ejemplo de alguien que tiene sus 18 días de vacaciones adjudicadas en agosto y nada más—.

Antes de entrar de lleno a hablar de estos extraños lugares, una sugerencia para aquellos que anheléis el precio del Pack Resort pero, sin embargo, os horrorice la idea de estar 8 días encerrado en un parque temático comiendo y bebiendo como un gorrino mientras os rustís al sol esperando el siguiente cóctel o turno de comidas. Ahí va el consejo:

¿Y si combinamos ambas opciones? Es decir, nadie os obliga a permanecer siempre en vuestra jaula de oro. Esto método lo he llevado a cabo, personalmente, en varias ocasiones. La cosa consiste en comprar el paquete completo a un precio razonable, es decir, de oferta, en su versión más económica, y una vez allí moverte por tu cuenta, incluso durmiendo fuera del hotel durante varios días. Os expongo un ejemplo que creo es habitual.

Reservé, querido lector, un pack todo incluido a Cuba, con tres días en La Habana y cuatro o cinco en Varadero o similar, lo clásico. Una vez haya visto la Habana, un día o dos, a su gusto, coja un autobús y diríjase por su cuenta, por ejemplo, al sur, a Cienfuegos. Visite Trinidad y después Santa Clara. Finalmente contrate un transporte que le acerque hasta Varadero y disfrute de un par de días de puro relax, que oiga, tampoco le vendrán mal. No se preocupe, nadie le va a regañar por no haber aparecido antes en el resort. Con esto, al menos, habrá disfrutado de una parte más cultural de la hermosa Cuba y no tendrá la sensación de haber sido tutelado constantemente como un niño pequeño. Este método se puede aplicar a casi cualquier contexto en este tipo de turismo, dependiendo de las peculiaridades del país. Deje volar su imaginación y cree sus propias versiones.

Pero regresemos al tema que nos ocupa, y centrémonos en analizar, fielmente, este tipo de turismo en su forma más ortodoxa. Estando allí, en República Dominicana, reflexioné al observar y pude apreciar unos patrones que se repiten, tanto en el tipo de visitantes como en ciertos rituales llevados a cabo dentro de estos templos del exceso (o paraísos, como gusté). Analicemos, pues.

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LA DESIGUALDAD DE CLASES

Amigo de la clase obrera, working class hero que has pagado las vacaciones de tu vida con mucho esfuerzo, por fin estás de camino a ese paraíso de las fotos donde las puestas de sol a ras de un mar turquesa, bordeado de palmeras, son de ensueño y tú las vas a contemplar, Daiquiri en mano, balanceándote entre dos palmeras colgado de una hamaca cosida a mano. Es un plan sin fisuras, por una vez vas a ser el rey, el jefe, el director, el amo…al menos durante una semana. Te lo has ganado, lo has pagado, te lo mereces… o eso creías.

Porque en cuanto llegues te vas a dar cuenta que lo único que has pagado es el billete de entrada al resort. Tu habitación está bien, de hecho, en condiciones normales sería muy buena, pero la de los huéspedes de enfrente es mejor y además tienen una piscina privada, y tu no. Por si fuera poco, ese restaurante tan molón que te ha llamado la atención no está dentro de tu “todo incluido”, te lo acaba de comunicar un señor muy simpático en la recepción mientras hacías el check in. ¡Pero que no cunda el pánico! Por un módico precio extra puedes ascender en la jerarquía y ser cliente “premium” o “privilege” o “grand all in” o “preferred” o cualquier otro nombre grandilocuente. Sí, lo sé, estás pensando que tú ya has pagado por adelantado y allí está “todo incluido”, y ojo, no mienten, lo está, siempre que quieras ser de la clase baja del resort. De lo contrario, tienes una oferta magnifica por 600€ más y podrás tener acceso a un sinfín de privilegios que el resto de mortales como tú no tendrán. Como te viene fatal —es casi la mitad de lo que ya has pagado—, lo dejas correr y decides que no necesitas piscina privada y que hay un montón de restaurantes más para comer, además, ¿quién quiere cenar a ras de mar pudiendo ir luego a pasear?

No pasa nada, no vas permitir que esos pensamientos negativos tan familiares perturben tus vacaciones. Te acercas a la playa privada del hotel y descubres con horror que no hay ni una hamaca libre a la sombra, es lógico, razonas, has ido tarde y sois mucha gente. Pero no puedes evitar girarte y observar que a pocos metros de ti hay una zona acotada con tumbonas libres y a la sombra… ¡Oh, solo para miembros del club premium! Te indican, y te dices a ti mismo… ¡Pero si está vacío! Sin embargo, este otro simpático empleado, insiste en que es solo para clientes premium.

Algo frustrado, te acercas a la barra del bar más cercano para hacer uso de la pulsera que te otorga el super poder de beber hasta reventar sin coste extra alguno. Primero pides que te sirvan un par de cocteles de nombre impronunciable, sin embargo, enseguida te apetece algo más clásico, más familiar y pides la marca de güisqui que más te gusta. En este caso, una entrañable camarera te pregunta si eres miembro del… ¡NO! Respondes, algo irritado. Y acto seguido te indica el precio extra de las marcas de bebidas no asociadas al resort.

El día está a punto de acabar, y aquella imagen de la exótica hamaca entre palmeras al lado de la orilla que ha ocupado tus ensoñaciones desde que reservaste el viaje no te la va a fastidiar nadie, vas a ir con tiempo y ningún premium la ocupará por ti. Verás la puesta de sol, bebida y cigarro en manos.

todo incluidoTe acercas al sonido de las olas y las visualizas, allí están, son exactamente como en las fotos y están libres, esta vez nadie te va fastidiar, al menos este momento es tuyo y nadie te lo robará, es el emblema de tu victoria vacacional. Avanzas con confianza, la tienes a pocos metros, casi pues sentirla cuando una joven uniformada, salida de la nada, se cruza en tu camino.

—¡¡Sí, soy del maldito club premium!! —Mientes, porque ya te da todo igual y solo quieres tumbarte en la hamaca, después ya arreglarás lo que haga falta. Sin embargo, no estabas preparado para su respuesta.

—Señor, disculpe, pero las hamacas de la playa tienen un coste de 150€ el día para cualquier huésped del hotel, puede reservarlas en recepción.

Tu ojo palpita, te tiemblan las manos mientras balbuceas algo, pero ella sonríe y te da la buena noticia.

—¡Pero si usted es del Club Premium tiene un descuento del 20%!

Y su sonrisa de blancos dientes vuelve a aparecer.

LA FAUNA

Esta es una de mis partes preferidas, ya que disfruto observando a la gente, sus hábitos y costumbres. Compartiré una pequeña lista que he elaborado.

—La pareja de recién casados.

Un clásico, y probablemente uno de los especímenes más numerosos en estos lugares. Los hay de todas las clases sociales, desde los que aparecen en chándal hasta los que van disfrazados de la semana de la moda. Tienen la sensación de estar en el viaje de su vida y la certeza de que la posibilidad de engendrar retoños se multiplica por 10 en cualquiera de estos resorts. Suelen ser asiduos a las excursiones que organiza el hotel y no hacen un uso especialmente excesivo ni de la comida ni de la bebida, imagino que al estar ocupados en “otros” menesteres. También son la victima perfecta —y habitual— de las cenas románticas a orilla de mar —200€ por persona—, spá y otras delicias de pago del complejo. Potenciales usuarios del Club Premium.

—La familia con “posibles”.

Otro clásico. En este caso se hace preciso hacer alguna subdivisión:

*Familia burguesa.

Consta de una pareja al borde de la jubilación y los niños. De los niños, por supuesto, ninguno baja de los treinta, aunque lo disimulan muy bien. Suelen separarse y no verse demasiado a lo largo de la semana, aunque la matriarca los llama a la habitación todas las noches. Los progenitores no salen del resort en toda la semana, mientras que los “jóvenes” suelen optar por las excursiones de “aventura” motorizadas. El patriarca adquiere una actitud canallesca que jamás se atrevería a llevar a cabo en su país de origen, y se lanza con actitudes infames como taparse la calva con un pañuelo pirata de tonos estampados en plena playa, ante el deleite tórrido de su señora.

*La familia numerosa local.

Por algún motivo, la mayoría de visitantes locales que he conocido se agrupan en familias muy numerosas, hacen piña entre ellos y suelen participar activamente de la animación del resort, llegando a conocer por su nombre y apellidos a todo el equipo de trabajadores. Hacen uso de todo aquello que sea utilizable en el hotel, lugares y objetos inverosímiles a los ojos de cualquier otro mortal, ellos los encuentran y les dan uso, actividades en las que jamás habría caído si ellos no existieran, como por ejemplo una mesa de Ping Pong. Son generalmente amistosos y extremadamente ruidosos, mejor no tenerlos de vecinos de habitación.

*La familia con hijos pequeños o muy pequeños.

Lo cierto es que, pese a existir, jamás la he entendido y he renunciado a hacerlo.

*La familia ideal.

Suelen ser del norte de Europa o estadounidenses. Tienen sus propios himnos, gritos de guerra y códigos intrafamiliares, incluso he llegado a pensar que hablan un idioma propio. Suelen realizar actividades menos habituales, como buceo o similar, y lo hacen todos, no se salva ni un miembro. Además, lo hacen todo juntos, no se contempla otra posibilidad. El 100% de las veces pertenecen al Club Premium y suelen mezclarse poco con el resto de mortales, ¿Por qué iban a hacerlo? Ellos solos se bastarían ante un futuro postapocalíptico. Sin embargo, en el trato son correctos, casi impecables. (Tengo la sospecha que su vida el resto del año es un infierno, pero solo es una sospecha no comprobada empíricamente).

—El grupo de amig@s.

Dícese del grupo de solteros y solteras que van a darlo todo y a buscar, a ser posible, compañía. Especialmente atraídos por la bebida sin límite, suelen pasar el 70% del tiempo ebrios y el resto durmiendo. Su hábitat es la piscina principal, la del Pool Bar. En un momento de crisis existencial, pueden optar por dejar la bebida un par de horas e ir a jugar al voleibol, sin alejarse demasiado, deporte al que no han jugado en su vida —cosa que se hace evidente al observar su habilidad—, sin embargo, allí parece una buena idea. Si hacen alguna excursión, seguro será una de barco y playa o la de los quads. Siempre hay una de quads.

—La pareja o trio de amigos.

Son exactamente los mismos, pero años después. Los que no van esta vez es por han pasado a la sección “parejas de recién casados”.

—Los jubilados.

Este grupo es fácil de localizar por la edad, pero lo cierto es que es demasiado variopinto como para generalizar. Dependiendo del país de origen, su actitud puede variar desde el exceso de sociabilidad —especialmente los hombres— hasta parecer que están mudos —especialmente los nórdicos—. Imposible resumirlo.

—Los yankis creciditos en grupo escolar.

Este grupo prefiero no analizarlo, por no hacer sangre y evitar herir la sensibilidad del lector.

—L@s instagramers.

Es fácil localizarlos, no sueltan el móvil ni un segundo, y solo sonríen cuando se hacen la foto de turno. Aunque los hay de ambos sexos, ellas suelen ser más notorias. Después del momento foto, parecen taciturnas y muy solas en su tumbona. La copa que han pedido —la más visual—suele terminar caliente sin acabar. Asiduos a excursiones que no disfrutan, sin embargo, se apuntan a todo extra fotografiable. (Nota: esto es totalmente cierto, he visto, con horror, a gente visitar monumentos sin mirarlos, sin levantar los ojos del smartphone)

COMIDA Y BEBIDA LIBRES 24 HORAS.

Debo decir que no soy partidario de estas opciones. Al margen de lo obsceno que pueda llegar a ser el desperdicio de comida que acarrea —algo insostenible, a mi parecer, especialmente los bufets—, la experiencia me dice que, como casi cualquier humano corriente débil de voluntad, cuando dispones de unos privilegios de este tipo, la tendencia es pasarse. Terminas comiendo y bebiendo por encima de tus posibilidades, qué digo, al menos dos veces por encima, llega a ser agotador. Y escribir esto me perturba igual que a vosotros.

Incluso puede llegar a crear cierto estrés, te descubres a ti mismo pensando… ¡Dios mío, llevo aquí dos días y apenas me he bebido dos cócteles! ¡Cada minuto que pasa y no bebo estoy perdiendo dinero! No te apetece especialmente comer, pero qué diablos, ¡hay que aprovechar el tiempo! Vayamos al restaurante filipino que está abierto a las cinco de la tarde, y luego, por la noche (tres horas después) cenamos en el japonés.

ViajarSirva como ejemplo, porque cuando no está abierto el restaurante de turno, lo hace un lugar de repostería y cuando no un señor se pasea por tu lado con una bandeja de canapés, incluso los propios trabajadores del resort tienen orden de incitarte a engullir sin cesar. En mi opinión, una buena pensión completa es infinitamente preferible, tienes todo cubierto, no te estresas y solo bebes lo que te apetece, pero claro, en ese caso ya no tienes la falsa sensación de ser El Califa.

EXCURSIONES Y OTROS EXTRAS

Las excursiones. Probablemente —si no eres de la especie de seta que vive sin salir del hotel— esta sea otra de tus grandes inversiones (extra) en un viaje de este tipo. Como casi siempre, hay varias opciones para realizarlas, aunque claro, lo más cómodo es realizarlas con el mismo hotel en el que te hospedas. ¿Por qué? Pues por ejemplo porque en la mayoría de los casos los resorts se ubican en zonas paradisiacas alejadas de casi cualquier civilización. Y por supuesto, se asegurarán de que pienses que el hecho de poner un pie fuera de la seguridad de sus límites te expondrá a un peligro de muerte inminente. Fuera es peligroso, vive gente normal, que podría querer vendernos cosas y contagiarnos su normalidad. O quizás eso no sea del todo cierto.

Guasa aparte, en ocasiones puede ser cierto que haya lugares inseguros —y es bueno informarse— pero en la mayoría de los casos, basta con hacer gala del sentido común y podremos ir por nuestra cuenta a casi cualquier lugar. Pero es necesario realizar un ejercicio de comprensión y saber que todo esto es un negocio, y a los propietarios les conviene que tengas miedo a salir para que contrates sus excursiones —o cualquier otro producto interno del hotel— al menos un 50% más caros de lo que podrías conseguirlos con otros operadores. Pero oiga, ciertamente, es más cómodo, eso no se puede negar.

Tampoco suele ser cierto que estemos totalmente aislados, al menos en la mayoría de los casos. Suele bastar con llamar a un taxi —o incluso simplemente pasear un poco— para toparnos con alguna población en la que pasear, hacer turismo o proveernos de suministros para nuestras vacaciones. Todo esto dependerá del destino elegido.

Mi consejo final es que valoréis precios y opciones, por ejemplo, en Isla Mauricio, nosotros nos recorrimos la isla entera durante la semana con un transporte externo solo para nosotros, y nos salió infinitamente más barato que cualquier excursión de un día con el hotel, además de visitar todo lo que quisimos y estar el rato que nos apetecía en cada lugar. Es cuestión de moverse un poco, usar internet y quitarse los prejuicios.

Para terminar, espero que el lector haya sabido apreciar el tono laxo y bromista de mi artículo, ruego que nadie se ofenda, ya que mis opiniones obedecen únicamente a mi experiencia y percepción desde un punto de vista cómico, basada en mis visitas a estos lugares en México, Republica Dominicana, Islas Maldivas, Zanzíbar o Mauricio entre otros. ¡Ah! Y un 10 para los trabajadores de estos lugares, que hacen un esfuerzo tremendo para que el visitante se sienta como en casa y siempre tienen una sonrisa en la cara, y me consta que con sueldos, en la mayoría de ocasiones, irrisorios.

Va por ellos.

Lucas Barrera

Lucas Barrera

Lucas Barrera nace en Valencia en 1982.

Tras terminar la licenciatura de Comunicación Audiovisual pasa a trabajar en diversos departamentos del sector audiovisual, al principio en la televisión, ejerciendo de operador de cámara y editor de video. Pronto da el salto a la ficción a través del departamento de dirección, donde trabaja durante quince años tanto en series como en películas cinematográficas o spots publicitarios, fundamentalmente como Ayudante de Dirección, pero también como realizador y guionista. Actualmente trabaja para el grupo Mediapro.

También hace su incursión en el mundo de la publicidad y el marketing, al servicio de varias agencias de representación, anuncios comerciales y social media a través del departamento audiovisual.

Paralelamente, en 2009 publica su primera novela corta, Por quién suenan las campanas, un thriller oscuro sobre superstición el los principios del S. XX. Después, ya en 2013, llega la que hasta ahora había sido su obra más larga y de mayor éxito: La Suerte de las Marionetas, una novela negra trepidante, con un rotundo éxito en Amazon y unas marcas, en su día, que la hicieron estar entre los libros del año recomendados por dicho portal. Estuvo más de cien días consecutivos en las listas de venta y se convirtió en una de las novelas negras más vendidas del 2013, lo que le supondría la entrada en el mundo editorial. Actualmente la novela está editada Tagus.

Dos años después, publica otra novela corta, con el nombre de De la piel del Diablo, una historia de terror que camina en el filo entre lo real y paranormal, algo que es muy del agrado del autor. La obra tiene buena acogida enseguida llama la atención y es traducida al inglés y al italiano. Actualmente están disponibles las tres versiones bajo los nombres: La pelle del Diavolo y From the Devil`s skin.

En 2016 llegaría la que hasta hace muy poco era su última publicación, se trata de In Articulo Mortis: El último aliento. Una antología de relato corto y medio de misterio y terror psicológico donde se mezclan algunos de sus escritos de los últimos quince años. Es llevada directamente al papel por El Salto Editorial, con una acogida notable.

Recientemente ha lanzado su nueva, esperada y más ambiciosa novela hasta el momento:

“El resurreccionista“, una obra colosal, un drama histórico con documentación cuidada y exhaustiva del mundo a principios del S. XIX, mezclada con la aventura propia de los grandes exploradores y que retrata una sociedad donde las diferencias sociales eran crueles e inmensas. Una historia épica, una epopeya con personajes inolvidables, que supone un soplo de aire fresco para el género y que dará mucho que hablar en los próximos meses.

En lo personal, Lucas Barrera disfruta viajando —de hecho, tiene entre ceja y ceja el proyecto de visitar todos los países del mundo, ahora mismo se va acercando a la mitad— leyendo, escribiendo y viendo y realizando cine. También le apasionan los deportes de riesgo, la aventura e ir siempre donde salga la oportunidad

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