Podemos intuir, que el origen de los refranes y dichos populares se remonta a la necesidad del ser humano de comunicarse, y sobre todo, de transmitir el conocimiento acumulado a través de la experiencia.
Bien es verdad que el mundo está en constante transformación, y que cada vez, dichos cambios se suceden a mayor velocidad, haciendo que algunas expresiones y refranes queden obsoletos, o incluso carezcan de sentido. El cambio climático por ejemplo, es clara muestra de lo que venimos contando. No obstante, resulta interesante e ilustrativo conocer de dónde proceden algunos de los dichos más populares que empleamos habitualmente, para utilizarlos de forma adecuada y no desvirtuarlos. No es la primera vez que nuestros oídos están a punto de sangrar por el uso tan inadecuado como vehemente de expresiones, dichos, refranes, léxico, gramática y demás tesoros lingüísticos, tan vilipendiados por una sociedad cada vez más reacia al conocimiento y la cultura.
A lo largo de mi vida, he escuchado de boca de profesionales en posiciones relevantes, muchas y muy variadas expresiones que si bien he entendido, me han llevado a morderme los labios. Frases como “rebanar los sesos” en vez de “devanar los sesos” o “hablar en voz alta” en vez de “pensar en voz alta”.
La locución devanarse los sesos, incluida en el Diccionario de la lengua española, significa ‘fatigarse mucho pensando en algo’, y el verbo que se emplea es devanar, ‘darle vueltas a un hilo’. Tiene su lógica, metafóricamente, hacer una bobina y cavilar sobre un tema tienen en común que hilo y pensamiento giran sin cesar en torno a un mismo punto. Aclarado esto, me solidarizo con los que han deseado “hacer rebanadas” con sus sesos con tal de dejar de devanárselos, si bien esta última es una alternativa mucho más indolora y no definitiva.
La expresión “pensar en voz alta”, hace referencia a que una persona expone sus ideas, las aporta, a sabiendas y avisando, que la misma puede ser disparatada o carente de sentido. Por tanto, cuando uno utiliza dicha expresión, advierte a los demás interlocutores de que lo que va a decir puede no resultar lo más adecuado. Si en vez de emplear el verbo “pensar”, se utiliza “hablar”, la que carece de sentido es la propia expresión, ya que lógicamente si queremos que nos escuchen no hablaremos en voz baja.
Si bien estos son dos ejemplos de expresiones mal empleadas, disponemos de infinidad de ellas, ya que, como es lógico, no se puede saber de todo, y nadie está libre de cometer errores. Desde mi punto de vista, la ignorancia es perdonable, ya que evidentemente todos desconocemos más de lo que sabemos. Lo que ya cuesta más disculpar, es el hecho de que no se quiera saber, que no se busque mejorar y conocer. Pero en este sentido poco puedo hacer, más que tratar de trasmitir a aquellos que me rodean, la pasión por el conocimiento, el gusto por la cultura y las ganas de mejorar.
Como vengo narrando, son muchos los ejemplos del mal empleo de expresiones, tiempos verbales, construcciones gramaticales, etc. Como es el caso del uso del imperativo (“jugar” en vez de “jugad” o “ves” en lugar de “ve” del verbo ir), el de los adverbios de lugar y posesivos (“detrás tuyo” en vez de “detrás de ti”), añadir una “-s” a la segunda persona del singular (“dijistes” en lugar de “dijiste”), etc. No obstante, dejaremos a un lado dichos malos usos y nos centraremos en los refranes y dichos populares, como fuente de sabiduría acumulada a lo largo de la historia. El conocimiento de su origen y la historia que los rodea, ayudará a entender su significado y facilitará su correcto empleo.
Si bien son muchos los refranes y dichos que han llegado a nuestros días, no son tantos los que tienen un origen claro o conocido. Aun siendo así, vamos a tratar de hacer un pequeño compendio, que nos ayudará a acuñar algunos términos y expresiones que nos pueden resultar útiles en nuestro día a día.
“Irse de picos pardos”: Hace referencia al hecho de salir de fiesta en busca de aventura amorosa. Su origen es de lo más curioso, y se remonta a la época de Carlos III, que obligó a todas las prostitutas a vestirse con una falda de color pardo con picos en el bajo para diferenciarse del resto de mujeres.
“Como Pedro por su casa”: Hace referencia a una persona que se mueve de forma cómoda por un espacio que no le pertenece. Los historiadores explican que se trata de un refrán popular que tiene su origen en la toma de Huesca por parte de Pedro I de Aragón en el año 1096, ya que tras ganar la batalla de Alcoraz, conquistó Huesca sin apenas resistencia.
“Salvado por la campana”: Se emplea cuando algo o alguien nos salva de una situación incómoda o de algo que no queremos hacer en el último momento. En la antigüedad, existía el riesgo de que una persona fuese enterrada aun en vida, por creer que había fallecido. Con objeto de evitar una horrible muerte posterior, se optó por colocar una pequeña campana en el féretro para pedir ayuda en caso de despertar bajo tierra.
“A buenas horas mangas verdes”: Nace en el siglo XV, cuando Isabel la Católica crea el primer cuerpo policial de España, la Santa Hermandad, cuyo uniforme lucía las mangas de color verde. Dicho cuerpo se ganó la mala reputación de llegar siempre tarde a la hora de realizar sus diligencias, por lo que la citada expresión hace referencia al hecho de aparecer cuando la presencia ya no resulta requerida.
“Pelar la pava”: Expresión utilizada cuando una pareja conversa de forma acaramelada, que comenzó a usarse hace más de un siglo en la literatura, si bien hoy en día se ha desvirtuado y se emplea para expresar cuando alguien no hace nada de provecho o cuando se pierde el tiempo. Si bien el origen no está muy claro, la mayoría lo localizan en Andalucía, cuando las mozas aprovechaban la tarea de quitar las plumas al pollo o al pavo para ir a la ventana a hablar disimuladamente con su pretendiente si éste venía a verlas. Cuando las madres o la señora de la casa las llamaban para volver decían: «no puedo ir, estoy pelando la pava».
“Tumbarse a la bartola”: Recogida por la Real Academia desde 1852 y se refiere a la forma de descansar después de la celebración de San Bartolomé, cuando terminaban tradicionalmente las cosechas.
“Hacerse el sueco”: Procede de la antigua Roma, donde los cómicos llevaban “soccus” o zuecos y se hacían los tontos.
“Dar en el Clavo”: Antiguamente existía un juego llamado hito, consistente en fijar una barra al suelo y arrojar anillas de hierro desde una cierta distancia con la intención de colarlas en dicha barra. El hito o barra era una especie de clavo metálico, por lo que «dar en el clavo» significaba ganar la partida. La expresión se extrapoló al hecho de atinar en averiguación de cosas difíciles.
“Quien va a Sevilla pierde su silla”: Este dicho data del siglo XV, cuando un sobrino de Alfonso Fonseca fue nombrado arzobispo de Compostela. Como en aquella época había muchos disturbios en Galicia, Fonseca, prelado de Sevilla, decidió ir personalmente a Santiago para preparar el camino a su sobrino, mientras este último lo sustituía en la capital andaluza. Cuando habían pasado cinco años los problemas prácticamente ya habían desaparecido, por lo que Fonseca conminó a su sobrino a volver a intercambiar sus sillas. Pero muy bien debía estar éste en Sevilla, la ciudad más poblada y próspera de Castilla, porque se opuso a trasladarse a Galicia. Aferrado el sobrino a su silla, el propio rey castellano Enrique IV y hasta el papa Pío II tuvieron que intervenir para que Fonseca volviera a Sevilla y el sobrino se fuera a Compostela. Ahí cuando se acuñó el dicho “quién se fue de Sevilla perdió su silla”.
“Marcharse a la francesa”: Durante el siglo XVIII, entre la aristocracia francesa se puso de moda no despedirse al abandonar una reunión, considerándose de mala educación el hacerlo. En España, esta costumbre dio pie a que se adoptase esta frase, para reprobar el comportamiento de quien se ausenta sin despedirse.
……”Esto es Jauja”: Jauja es una provincia en medio del altiplano del Perú, muy célebre por la fertilidad del suelo, el verde paisaje y el aire saludable. Su fama llegó a España por medio de los indianos enriquecidos en América, y la fantasía popular acabó por atribuirle cualidades casi milagrosas, haciendo que la expresión “esto es Jauja” quedara para describir situaciones de abundancia.
“Perro ladrador, poco mordedor”: Es uno de los refranes más conocidos, y hace referencia a que normalmente el que mucho dice, poco hace. Si bien el origen es desconocido, probablemente sea popular, me gusta la historia que he leído al respecto y que resumo a continuación. Un médico acudió a una finca a atender a un enfermo, y al llegar le salió al paso, ladrando furiosamente, un perro enorme. Al ver al galeno tremendamente asustado, el dueño de la casa trató de calmarlo diciendo: “¡No tema, que está capado!” a lo cual el buen doctor respondió, “¡Si no tengo miedo de que me joda,… me asusta que me muerda!”
“A enemigo que huye, puente de plata”: Se atribuye esta frase al Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), que la empleaba como máxima en sus enfrentamientos. Se refiere al hecho de facilitar la retirada del enemigo para que abandone y deje de causar problemas, evitando la confrontación y manteniendo la cabeza fría.

“En boca cerrada no entran moscas”: Su origen se atribuye al rey Carlos I de España, si bien fue el receptor del consejo o la enseñanza. Hay testimonios que recogen que en un viaje a Calatayud, un lugareño dijo al rey “Cerrad la boca, majestad, que las moscas de este reino son traviesas”. Esta expresión indica básicamente que hay veces que es mejor ser cauto y callar, especialmente en temas de los que se carece de suficiente información.
“De lo que no cuesta, lleno la cesta”: Esta expresión de origen desconocido, refleja a la perfección la picaresca española, la actitud que mucha gente presenta cuando puede conseguir algo sin coste o pérdida, ya que algunas personas tratan de abusar de dicha gratuidad.
“Cambiar de chaqueta”: Esta frase hace referencia al cambio de opinión oportunista, motivado por intereses personales. Su origen se remonta a la época de la reforma luterana, donde los partidarios de cada tendencia se distinguían por sus chaquetas. Estas, tenían el forro de otro color, con lo que no dudaban en colocárselas del revés cuando deseaban despistar o pasar inadvertidos.
“Hecha la ley, hecha la trampa”: El refrán procede del libro “Secreto Tíbet” (1952) de Fosco Maraini, donde nos cuenta como una comunidad de monjes japoneses tenían una regla por la cual solo se les permitía comer carne de animales marinos, por lo que decidieron denominar al jabalí “ballena silvestre”.
“Mandar a la porra”: Antiguamente, en la ordenación militar, el tambor mayor del regimiento portaba un largo bastón (muy labrado y rematado con un puño de plata) al que se le conocía con el nombre de la porra. Éste, era hincado en un lugar determinado del campamento y marcaba el sitio donde tenían que acudir los soldados durante el descanso, para sufrir el arresto impuesto por faltas leves que hubiesen cometido. Las ordenanzas militares de Carlos III hacen mención expresa de este hecho, y si bien esta forma de arresto fue suprimida posteriormente, la frase quedó incorporada al lenguaje popular con una importante carga despectiva.
“Como pedrada en ojo de Boticario”: Esta expresión viene a decir que a veces suceden hechos inesperados que favorecen nuestros planes. La frase, procedente del ingenio popular, se gestó en las antiguas boticas, donde los remedios contra males rebeldes, se guardaban en estanterías ovales a las que se llama «ojos».
“Entrar con el pie derecho”: Proviene de la liturgia de la misa, y significa el comienzo correcto y favorable de algo. En los misales, se prescribe que el cura celebrante de la misa, debe disponerse a subir las gradas del altar iniciando el paso con el pie derecho. Antiguamente la izquierda era atribuida al diablo, de hecho, derecha e izquierda se conocían también como diestra y siniestra. Como anécdota, muy marcada para los niños zurdos que lo padecieron, podemos decir que a nuestros padres y generaciones anteriores, en el colegio, se les obligaba a escribir con la derecha.
“Otro gallo le cantara”: Procede también de la fe cristiana, del pasaje del nuevo testamento en el que Jesús había predicho que Pedro lo negaría tres veces antes de que cantase el gallo, y hace referencia a que algunas cosas hubiesen arrojado mejores resultados de haberse planteado de forma diferente.
Como puede apreciarse, los dichos de uso corriente y refranes, tienen muchos y muy diversos orígenes, teniendo todos su porque. Entre los diversos orígenes podemos marcar:
- La historia: Batallas, personalidades, hechos… que dieron lugar a frases que utilizamos hoy en día como “los últimos de Filipinas”, “armarse la de San Quintín”, “más se perdió en Cuba”…
- La literatura: Fuente inagotable de frases arraigadas como “poner el cascabel al gato” o “peor es meneallo” que Don Quijote dijo a Sancho, y que indica la inconveniencia de volver a tratar un asunto desagradable o que no tiene solución.
- La religión: Con sus fábulas, ejemplos y parábolas que han dejado frases como “tiempo de vacas gordas”, “más años que Matusalen” o “más paciencia que el santo Job”.
- Personas o lugares célebres: Conocidos por ciertas circunstancias o cualidades que originaron dichos populares como “armarse la marimorena”, por la gresca originada en la taberna madrileña de Mari Morena en 1579, o “saber más que Lepe”, por Pedro de Lepe y Dorantes, hombre muy docto nacido en 1641 en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz.
Se trata de frases breves y sencillas, con alguna característica especial para su fácil retención en la memoria y que aportan conocimientos útiles. Pedacitos de nuestra historia que acumulan un ápice del saber de su época, experiencias que nos enseñan, nos aportan y nos muestran la evolución de nuestra sociedad, al tiempo que desgranan nuestra identidad, dejando en la superficie la raíz de nuestro ser. Nuestra historia, nuestra literatura, nuestras creencias y tradiciones, nuestra forma de ser, la picaresca y el saber popular, nuestros héroes y villanos, personajes célebres y populares,… todo tiene cabida en nuestros refranes y dichos populares. Patrimonio cultural de una sociedad que tan necesitada se encuentra de recuperar unos valores relegados en aras de una modernidad malentendida. El correcto uso de la lengua, el respeto y la educación, atropellados por la inmediatez, son más necesarios que nunca para establecer los cimientos que nos permitan avanzar con paso firme.
Démosles por tanto, a nuestros refranes y dichos populares, la importancia que se merecen. Tratémoslos con cariño y utilicémoslos como riqueza cultural y herramienta de comunicación. Expresémonos cada vez mejor, empleando el léxico adecuado, la gramática correcta y los términos idóneos, siempre de forma educada y respetuosa, de modo que seamos capaces de hacernos entender, de que nuestro mensaje llegue claro.
Son muchos, demasiados, y normalmente en posición de poder, los que claman contra sus interlocutores porque estos no los entienden, sin querer asumir que ni se explican, ni se expresan adecuadamente. Resulta excesivamente sencillo culpar a los demás, no asumir nuestras carencias. Pero ese no es el camino, ya que hacer de menos a los demás no nos hace más grandes, al contrario. Es por ello que invito a todos a mejorar, a aprender, a crecer… y es con ese propósito con el que pongo sobre la mesa este artículo, un convite a la reflexión y al aprendizaje. Si al menos retenemos una expresión, un refrán, conocemos su historia y nos interesa, habremos aprendido algo, lo utilizaremos adecuadamente y nos expresaremos mejor. No se trata de saberlo todo, algo ciertamente imposible, sino de conocer más cada día, de aplicarlo y de mejorar. Espero y confío en que mi pequeña aportación sea útil. Con que haya una sola persona a la que le sirva este breve escrito, y lo aplique, ya habrá merecido la pena, “todo esfuerzo tiene su recompensa”.


















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